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El Estado del Vaticano al servicio del Tio Sam -- Óscar Fortín, Québec, Canadá

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Humanismo en Jesús
Es bien importante, para entender correctamente mi planteamiento, no confundir Iglesia con el Estado del Vaticano. La Iglesia es la comunidad de los creyentes que lleva en su actuar y compromisos lo que le ensenan los Evangelios en cuanto a la justicia, a la verdad, a la solidaridad, a la compasión y a la misericordia. Por otra parte, el Estado del Vaticano es un centro de poder político, vestido de la catolicidad de la Iglesia para mejor disimular su alianza con el imperio. Lo que tienen en común es encabezar la gobernación mundial.

Mientras que el papa Francisco, buen servidor de la Iglesia, se pega cada día mas a los Evangelios y a los humildes de la tierra, los dirigentes del Estado del Vaticano se pegan, por su parte, a las instituciones y privilegios para mejor servir los objetivos y acciones del Imperio y de su gobernación en el mundo. Así, nos encontramos con una Iglesia de los creyentes, sutilmente confundida con la Iglesia de los potentes.

Hace unos días, el presidente OBAMA, en una larga entrevista a periodista de Voz, se presento con todas las prerrogativas de un emperador. Dijo, entre muchas otras cosas, que «a veces torcemos el brazo a otros países para que hagan lo que queremos.» ¿Quienes en este mundo puede darse el derecho de imponer a otros países sus cuatro voluntades? Solo un imperio puede permitírselo. Se ubica por encima de todos los poderes y de todos los derechos. El único derecho que vale es el suyo. Lo hace así porque dispone de muchos recursos para poner de rodilla a los pueblos y Estados.

Yo traté de ver o entender una reacción del Vaticano ante tanta prepotencia. Ustedes que me leen ¿Escucharon algo del Estado del Vaticano al respecto?

Nadie se presento para recordar que ningún pueblo puede, por su propia cuenta, improvisarse como el mandato del mundo. En el sistema actual pertenece a las Naciones Unidas que juntan a mas de 192 países, de asegurar el respeto de los derechos de los pueblos y de las personas. Dios no mando a ningún pueblo para dirigir a los pueblos de la tierra. El reino del Padre no se conquista por las armas, tampoco se realiza por dominaciones.

Un silencio que no se explica sino por esta alianza entre los dos Estados. Al igual, podemos subrayar el mismo silencio en cuanto a esta tentativa de golpe de Estado en Venezuela, el día 12 febrero. De lo que sepa, fue un silencio completo tanto en la prensa ligada al Estado del Vaticano que del Episcopado venezolano que no disimula sus alianzas con las oligarquías nacionales y las políticas de Washington.

El papa Francisco, en su Exhortación apostólica Evangelii gaudium, se desprende de todo sistema político, económico, social que no respeta los derechos de las personas y de los pueblos al mismo tiempo que trata la persona humana como un deshecho. Una visión que no cuadra con ningún imperialismo tampoco con ningún grupo que quiere imponerse al mundo.

53. Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes».

“236. El modelo no es la esfera, que no es superior a las partes, donde cada punto es equidistante del centro y no hay diferencias entre unos y otros. El modelo es el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad. Tanto la acción pastoral como la acción política procuran recoger en ese poliedro lo mejor de cada uno. Allí entran los pobres con su cultura, sus proyectos y sus propias potencialidades. Aun las personas que puedan ser cuestionadas por sus errores, tienen algo que aportar que no debe perderse. Es la conjunción de los pueblos que, en el orden universal, conservan su propia peculiaridad; es la totalidad de las personas en una sociedad que busca un bien común que verdaderamente incorpora a todos.

Esta convicción del papa Francisco no logra imponerse al Estado del Vaticano tampoco a todos los que lo representan en el mundo. No se trata solo de los Nuncios apostólicos, sino también de muchos obispos seleccionados por el mismo Estado, Anos anteriores. Tienen por muchos de ellos el mismo ADN ideológico. Así, el papa Francisco, habla como en un desierto, sus interlocutores institucionales teniendo otro maestro que servir.

En otro memento yo había escrito un articulo que se titulaba “No creo en el Estado del Vaticano”. Hoy, añadiría “tampoco en sus pompas y obras” como lo proclamamos en el bautismo al proclamar que renunciamos a Satán a sus pompas y obras.

El día que la Iglesia, la de la fe y de los pueblos, se libere del Estado del Vaticano y de su poder político, las cosas van a cambiar. Los obispos serán elegidos y nombrados por las comunidades y los pueblos serán participantes a todos los niveles del actuar de la Iglesia. Se escuchara la vox del Espíritu que se hará entender por sus profetas, sus pastores y sus fieles.

Urge que la Iglesia se libere del Estado del Vaticano, dominado por Mammon y sus discípulos.

« Nadie puede servir a dos maistros; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. » Mt. 6,24

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