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El Consejo de Seguridad en la guerra del Congo -- José Lucas

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Rebelión

Tercera Información
Estos dias ha aparecido la noticia de la dimisión de Pierre Chevalier, representante belga en el Consejo de Seguridad de la ONU. En un periódico holandes se destaparon en esta semana de Mayo del 2008 una serie de evidencias de su inclusión en la empresa belga: Forrest, que tiene importantes intereses en el la Republica Democrática del Congo (RCD), especialmente relacionados con las minas de cobre y cobalto en la provincia de Katanga, en el este del Congo.

El grupo de empresas Forrest tiene un largo historial en la RCD que le han valido variadas denuncias sobre explotación y abusos de mineros e incluso de su participación en ventas de armas a determinadas guerrillas. No obstante, quisiera centrarme en otros aspectos mas sutiles y difíciles de explicar, relacionados con la actuación, en mi opinión, bastante escandalosa del mismo Consejo de Seguridad de la ONU en relación con el conflicto del Congo (RCD), es decir, en relación a la segunda guerra del Congo, que llegaría a causar mas de cinco millones de muertos.

Lo primero que sorprende en la actuación del Consejo de Seguridad de la ONU es la tardanza en la condena de la invasión del Congo llevada a cabo por varios países limítrofes saltándose toda norma de derecho internacional. Tendrían que pasar ocho meses desde el inicio de la guerra y producirse un millón de muertes para que en Abril de 1999 el Consejo de Seguridad se reuniese y condenase la invasión del Congo por los ejércitos de Ruanda, Uganda y Burundi. En estos primeros años del siglo, Bélgica no formaba parte del Consejo de Seguridad, pero allí estaban Gran Bretaña y Estados Unidos para defender los intereses comunes.

Posteriormente, el Consejo de seguridad no haría nada por implementar ninguna de las recomendaciones del primer panel de investigación de la ONU [1]. Con ellas no hubiese sido difícil para el conflicto. De hecho, alguna de las recomendaciones fueron implementadas de forma voluntaria por las entidades culpadas en el informe y tuvieron efectos muy positivos para la paz en la región, como por ejemplo la decisión de las entidades bancarias señaladas en el informe de cortar las transacciones financieras entre sus sucursales de Bélgica y Suiza hacia Ruanda. Este acto dejo momentáneamente sin financiación a las guerrillas, entre ellas a la mas importante: el RCD-Goma, que posteriormente en las elecciones generales del año 2006, se demostraría que no contaban con ningún apoyo entre la población congoleña. Azarias Ruberwa , antiguo presidente del RCD – goma y uno de los vicepresidentes del Congo gracias a las presiones USA durante las conversaciones de paz, solo fue capaz de obtener un ridículo 1,7 % de los votos.

Aunque el Consejo de Seguridad de la ONU no implemento ninguna de las recomendaciones solicitadas por el primer panel de investigadores de la ONU, si en cambio expulso rápidamente a su presidenta, la costamarfileña: Safiatou Ba-N’Daw. Algo que resulta fácil de entender si tenemos en cuenta que en el informe del panel se culpaba entre otros al Fondo Monetario Internacional e incluso a varios países del propio Consejo de Seguridad de la ONU de beneficiarse de la segunda guerra del Congo

La tardanza en la actuación del Consejo de Seguridad en intervenir en la segunda guerra del Congo, contrasta con la prontitud con que dicho Consejo se reunió a finales del año pasado (aquí ya estaba Bélgica como miembro provisional, aunque en realidad tampoco importa mucho) para tratar el tema del conflicto surgido por la ocupación de las guerrillas L. Nkunda y su enfrentamiento con el ejercito congoleño. El Consejo de Seguridad aprobó un comunicado, solo una semana después del inicio de las hostilidades donde se instaba a entablar negociaciones de paz entre las partes del conflicto: Joseph Kabila, por una parte, presidente del Congo por unas elecciones reconocidas validas internacionalmente y por la otra, Laurent Nkunda, individuo bajo orden de arresto internacional, con varios informes en la misma ONU por crímenes contra la humanidad y sin ninguna representación ni apoyo importante en la zona de ocupación, cuya población se volcó en las ultimas elecciones en apoyo de Joseph Kabila.

La ofensiva de las guerrillas de Laurent Nkunda, fue propagada con bastante eco en los medios de comunicación, incluso se llego a hablar del inicio de una posible tercera guerra del Congo. Todo ello en contraste con el tratamiento que se dio a la segunda guerra del Congo que a pesar de los cinco millones de victimas y la intervención de siete ejércitos regulares de países africanos, paso totalmente desapercibida. En nuestra grupo de estudios africanos nos reunimos para interpretar la ofensiva y las subsiguientes campañas mediáticas, así como la actitud del Consejo de Seguridad y llegamos a la conclusión que se pretendían varias cuestiones: por una lado, la de presionar sobre el presidente congoleño J. Kabila para que no concediese los importantes contratos mineros a los chinos que se negociaban. En este sentido algunos amigos congoleños introducidos en los vericuetos de la política, nos comentaban que aparecerían muchos Nkundas, si se firmaban los contratos con China. Otra de las razones seria la de conseguir una mayor seguridad a las guerrillas de L Nkunda, que garantizasen un sistema de presión a mas largo plazo. Esto se consiguió a través de los acuerdos de paz de Goma, que estuvieron impulsados por el Consejo de seguridad además de por otros organismos, aunque fueron siempre rechazados por una gran parte de las organizaciones civiles locales. En estos acuerdos, L Nkunda ha conseguido en la practica un territorio propio, que le proporcionara impunidad frente a las posibles solicitudes de la Corte Penal Internacional de la Haya (CPI) que se sabe que tarde o temprano ira a por L Nkunda.

Hasta ahora la Corte Penal Internacional ha tenido éxito en la captura de varios dirigentes de guerrillas acusados de crímenes de guerra, pero los acuerdos de Goma, empiezan a interferir la captura de otros acusados. Ahora a finales de Abril la Corte Penal Internacional de la Haya (CPI) ha solicitado la captura de Bosco Ntaganda, actualmente en las guerrillas de Laurent Nkunda, como jefe de su estado mayor, pero que se le buscaba por varias matanzas de población civil ocurridas en los años 2002 y 2003, así como el asesinato de un marroquí y un keniata del cuerpo de la paz en el 2004 y varios trabajadores de organizaciones humanitarias en el 2005, cuando era dirigente de una de las guerrillas étnicas que aparecieron en el Ituri, una zona minera de la provincia Oriental del Congo. En concreto era uno de los jefes de la guerrilla del FLPC, formada casi toda por hemas, quienes estaban apoyados por Ruanda y cuyos combates acabaron con la vida de unos 60 000 congoleños. Ante la petición de la Corte penal Internacional, Laurent Nkunda se ha negado ha entregarlo basándose en los acuerdos de paz de Goma.

En realidad, en los conflictos que han asolado África Central, los únicos organismos internacionales que han dado la talla y han supuesto un freno importante a los apetitos desmedidos de las grandes potencias han sido los tribunales de justicia independientes con competencias internacionales. Aquí incluiría, por supuesto, al CPI con su cabeza visible, el fiscal argentino Luis Moreno. Ocampo y también a la Audiencia Nacional española con F Andreu o a los tribunales de la justicia francesa con el juez Bruguiere. No incluyo a los tribunales internacionales dependientes de la ONU y del Consejo de Seguridad, como el Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR) cuyos magistrados son expulsados cuando investigan lo que no interesa a las grandes potencias, como le ocurrió a la fiscal en jefe suiza Carla di Ponte. Algún día se valorara en su justa medida la actuación de los tribunales independientes y la enorme cantidad de vidas humanas que han salvado en el África Central.

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