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» EL CÓDIGO DA VINCI» Y LA LIBERACIÓN DE DIOS. Leonardo Belderrain

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En mi ciudad todos los cines darán la misma película por primera vez y ya no hay mas entradas. ¿Hay tanta necesidad repensar a Dios de una forma distinta?
Ayer, en la cárcel, un pastor que trajo la película de Mel Gibson para evangelizar, me dijo: padre, a UD. que es medio progresista, no se le ocurrirá proyectar el film del Código da Vinci… Le respondí freudianamente :¿porqué?
Porque propone un Jesús terriblemente antipopular, para feministas de countrys, sin milagros y con erotismo.

Volví a preguntar con cara de pocker: o sea ¿parecido a nosotros?
Se puso un poco mas nervioso y me dijo:
Bueno, algunos pastores hacen milagros. Lo del erotismo, no se qué decirle. Creo que Uds. se la apañan mejor… Pero Ud. me confunde. ¿ Qué tiene que ver todo esto que nos pasa con la visión de Jesús que proponen estos herejes pseudoartistas?.

Bueno, le respondí; yo aún no vi. la película. Me gustó mucho la novela y comprendo que algunos digan que es un gran aporte a la cultura cristiana. Quizás lo más lindo que posee, es que rescata una historia de Jesús basada en un amor más creíble que las historias milagreras de clérigos y pastores, sin la sensibilidad del hombre moderno, Como se sabe en nuestra cristiandad hubo gente que pretendió imponer una forma de pensar la divinidad, más ligada a los intereses del emperador que a los de Jesús.

Pareciera que la propuesta de esta nueva estética es pintar otro estilo de divinización de Jesús, que tampoco es el judío rubio de ojos celeste del renacimiento, no como si hubiera sido el único hijo de Dios. En todo caso, si Jesús fue divino , nosotros también lo somos Jesús, para el Código, cristalizó todos los aspectos en los que se puede manifestar el amor: en la amistad, en la pareja y en el perdón, en la fiesta, en la comida, en la unión sexual, en la magia, en el dolor.., todo fue la excusa perfecta para ser siempre amor. La novela concreta el sentir de este Papa, que dice que el amor de un hombre es caricaturesco cuando se vive el eros sin ágape o su ágape sin eros .

La vida es como el juego de Dios, no hay porqué desangrarse. Por eso, me parece, el Jesús del Código es más sano que el de Mel Gibson, aunque no me apoyen algunos obispos. Incluso creo que coincide , sin saberlo, con el Evangelio de Judas, para quien nadie en el fondo nos hace nada ni nos traiciona, si lo que se busca no es el poder, ni el éxito, ni la aprobación, sino ser el amor y jugar.

Para esta cultura postmoderna no está mal que se piense que Judas no es un traidor sino un benefactor. Ayer me comento un periodista haberle señalado al hermana Pelloni que el gobernador de Catamarca la iva a acecinar y que ella sin mucho turbarse respondió “no tengo miedo mi vida no me pertenece”.
¿Quien a ella la podía traicionar sino amaba el poder sino la justicia?

En la iconografía cristiana, en las imágenes que hemos visto desde niños, Dios es un anciano con barbas. Es un Rey con corona y cetro sentado en un trono. Es también el Dios de los Ejércitos.

Por lo tanto es un General. Según esa iconografía, ese Dios tiene un Hijo, que
«se hizo» hombre, lo que sugeriría que su esencia anterior a ese «hacerse» era masculina. La
tercera persona de esa «trinidad», de esa «familia divina», es el Espíritu Santo. A pesar de que
en hebreo, la palabra espíritu es una palabra femenina, es la ruaj, la fuerza vital y creadora de
Dios, la que lo pone todo en movimiento y anima todas las cosas, el dogma nos enseña que el
Espíritu dejó embarazada a María. Por lo tanto, esa paloma sería en realidad un «palomo».

Comprendamos que esta forma de leer el dogma del arte reclama nuevas lecturas porque para no pocos este conjunto familiar es poco claro y mucho menos imitable. Para alguno incluso algunas lecturas lecturas del dogma pueden ser distorsionadas encumbrando hasta lo indecible a aquella humilde campesina que fue María de Nazaret, con un culto idolátrico que los protestantes justamente rechazan.

El resultado de la mariolatría es la construcción de un modelo también extrañísimo e inimitable de mujer: sin pecado desde su concepción, virgen antes, después y durante el parto y a la vez madre, esposa sin relaciones sexuales con su esposo José, muerta como todos los humanos, pero elevada al cielo en cuerpo y alma… Sólo imitable, realmente, en su sumisa «entrega» al plan de Dios. Creo que uno de los problemas más cruciales que debemos entender para tener una correcta perspectiva de género es saber que las mujeres son enseñadas y aprenden que sus vidas deben partir de la «entrega» al «plan» de los demás. Se realizan amando al marido, a los hijos, a los padres, a los alumnos, a los enfermos, a los pobres… Siempre amándolos más que a ellas mismas,
amándolos a costa de amarse a ellas.

Pastores y sacerdotes han reforzado siempre en las mujeres que su felicidad es el amor a los demás… como María. Esta idea contribuye a reforzar la inequidad, porque también los hombres pueden y deben realizarse en
el amor a los demás. Y así lo enseñó Jesús de Nazaret, que en esto del amor, la compasión, la ternura, la no violencia, no hizo jamás ninguna diferencia genérica.

Donde Dios es Varón, los varones se creen Dios. Donde Dios es Hombre, los hombres son dioses., las iglesias relegan a la mujer a una segunda o tercera categoría, como si fueran seres inferiores, contribuyendo a in visibilizar el importante e histórico liderazgo de las mujeres.

Las iglesias que imaginan o representan a Dios como un varón tienen que hacerse cargo de
esta imagen creada como herejía. Porque donde Dios es varón, el varón es Dios.
Concordemos entonces que cualquier lenguaje es inadecuado para contener todo lo que es
Dios. La Biblia sostiene que Dios es Espíritu. Por ello tenemos que ampliar nuestros
imaginarios para contemplar que Dios trasciende el género, no es ni masculino ni femenino.
Y en la Palabra, hay una riqueza que incluye varias imágenes de Dios, incluso imágenes
femeninas.

Y mientras el pene es sagrado y con la circuncisión se consagra en el órgano masculino la
alianza con el Dios Varón, la sexualidad femenina -su cuerpo, su menstruación- está
tradicionalmente asociada al pecado, a lo sucio, a lo impuro, a la tentación, totalmente
vinculada a la reproducción y nunca al placer. Estas asociaciones que circulan en el acervo
mémico de la humanidad tienen una raíz religiosa y están en la base que legitima la inequidad,
la violencia y el abuso sexual.

En la descomunal afectación que estas ideas – y sus prácticas derivadas- causan, las principales
víctimas son, sin lugar a dudas, las mujeres. Las mujeres y las niñas. En primer lugar, porque
esta cosmovisión las coloca, ya de entrada, en un estatus inferior de humanidad. Igual en la
cosmovisión religiosa tradicional en su versión cristiana, en la que Dio s es un varón
todopoderoso; tiene un Hijo único, el Cristo, también varón, según la idea más generalizada
algo así como un Dios pleno de poderes que vino al mundo disfrazado de hombre a hacer
milagros y a sufrir.

Para reforzar este guión celestial, los representantes de Dios en la tierra son todos varones. Lo
son totalmente en el catolicismo universal. La iglesia católica se ha negado históricamente, en varias ocasiones y de forma terminante, a la posibilidad del sacerdocio o del diaconado femenino, argumentando que Jesús sólo eligió hombres y que Jesús era un hombre. , las mujeres no ocupan nunca en la Iglesia
cargos de poder y de decisión.

Ellos -Dios y sus representantes- «pueden todo» (dictadores); «saben todo» y sus designios son
«misteriosos» (no susceptibles al control, no obligados a la racionalidad ni a la transparencia y
con derecho a la impunidad), «juzgan todo» (arbitrarios, con una legalidad inapelable,
administradores de castigos). Este Dios, construido en la mente humana en estadios primitivos
de su evolución, fue funcional al rey absoluto y al hacendado colonial, y lo sigue siendo al
general de ejércitos, al gobernante autoritario, al caudillo del partido, al papa infalible y al
sacerdote y al pastor controlador de conciencias. A toda la gama de varones con poder.
El espacio público donde se ejercen estos poderes es «naturalmente» y por designio divino el
espacio de los varones.

La cultura patriarcal que ha dominado la historia humana desde hace miles de años explica el sesgo totalmente masculino de las grandes religiones históricas… a pesar de que «Dios nació mujer», como sugerentemente documenta el periodista español Pepe Rodríguez en uno de sus libros, todos escritos con el afán de divulgar ideas provocadoras.

La ley divina ha dibujado las fronteras. El espacio público -la calle, la tribuna, la institución, la ley, el gobierno- para los hombres y el espacio privado -el hogar- para las mujeres, donde todas son «madresposas», aun cuando no tengan ni esposo ni hijos, aun cuando sean niñas pequeñas o ancianas cansadas.

Todas las mujeres cuidan, todas dan, todas se entregan, todas son las responsables de la casa y de las vidas que la casa alberga. Y en ese esfuerzo ingente de cuidar en silencio la vida en el espacio privado, no todas, pero muchísimas de ellas, reciben en pago violencia de manos de los varones, quienes por tener el
poder tienen también el mandato divino de ejercerlo a cualquier costo. La mayoría de la humanidad vive actualmente aceptando como inamovibles esas fronteras diseñadas por ese Dios. La forma de ejercer el poder, esta en la forma de concebir la sociedad.

El lugar más inseguro para las mujeres centroamericanas dice Lopez Ivor no es la calle donde actúan las famosas maras o pandillas ni tampoco es la maquila, donde actúa la voracidad de los inversionistas extranjeros. Donde sus vidas corren más peligro es en el hogar, el lugar en donde comparten la vida con los hombres que son sus compañeros y dicen amarlas.

He leído la novela y creo que su éxito está en responder a las nuevas expectativas espirituales de la nueva cultura postmoderna.
La novela se sirve de acertijos y enigmas para llevar una línea argumental que puede resultarnos atrapante desde sus inicios. Cuenta que una supuesta descendiente del linaje de Jesús y María Magdalena, ayudada por un profesor de simbología, debe seguir las pistas que su abuelo, miembro de una secta secreta, le ha dejado para resolver: el enigma de su origen.

Mientras tanto, un comisionado de la Iglesia trata de impedirlo por todos los medios, incluso manejando la conciencia de un asesino.
La ficción de los acertijos de la novela es claramente tendenciosa: se trata de ridiculizar una teología, para algunos, vigente, que intentó afirmar a Dios a costa del hombre y sobre todo, a costa de desvalorizar a la mujer.

Creo que lo que justifica el éxito de la novela es que se suma a la protesta de los que piensan que el cristianismo actual tiene poco que ver con la causa de Jesús y sí, mucho, con un reino para eclesiásticos, para algunos, más cercano a las viejas monarquías europeas, que al estilo de vida de Jesús.

La creciente sospecha que hay en el ambiente, de que el cristianismo actual y esta Iglesia poco tienen que ver con «el sueño» de Jesús, acompaña el sentido de toda la novela.

Iré a ver el film, porque la novela propone caminos concretos para comprender cómo construyó poder Jesús y qué cercanía espiritual les conviene a los hombres con la mujer ( Maria de Magdalena), para salvarnos de verdad.

También su éxito estriba en que no hay que ser de la Acción Católica, ni ser especialista de lenguas
bíblicas o clásicas, para conocer los misterios de nuestro Maestro.
Sólo a un seminarista aburrido podría interesarle ir al cine con un diccionario o alguna enciclopedia de la cultura expuesta.

Gracias a Dios, si hay belleza en la película, todos comprenderemos algo más de nuestro ser y de una forma de pensar lo «numinoso» y lo “fascinante”, tan en jaque en esta nueva cultura y en el modo actual de hacer teología.

Qué bueno por fin, gastar dinero para ver un film con alcance evangelizador, sin golpes bajos como la Pasión de Cristo que fue recomendada por pastores y clérigos, aunque supieran que la obra podría resultar, por momentos, repulsiva.

Esperemos que ésta nos edifique.

De lo que estoy seguro que es imposible que no nos entretenga. Creo que el film nos nutrirá, pues la novela en que se basa pretende hacer una sana catarsis de una forma de pensar a Dios ligada con el oscurantismo, que tiene su matriz en algunos clericalismos de gente insegura que aún queda con mentalidad de casta.

Qué bueno poder entretenernos con algo que construya puentes con los sectores más lejanos y hostiles a nuestra jerarquía eclesiástica.

Miro el cuadro de la última cena que Leonardo Da Vinci pintó, inspirándose en Jn 13-17 (que con tanta creatividad Dan Brown propone en su interpretación) y encuentro muy oportunas las palabras de Jesús, que podría inspirar también esa escena: «Por los frutos los conoceréis»

Si esta obra nos hace pensar qué cristianismo no lo presento a Jesús como humano haciendo inimitable, y de qué estilo de divinidad intento escaparse Jesús para que lo llenaran de títulos nobiliarios que lo presentaran como un dios pagano.

Si nos hace reflexionar sobre qué vinculo pudo tener Jesús con María Magdalena y qué poder comparte con aquella mujer y por qué hace con ella la primera experiencia de lo numinoso, vale la pena ir a verla.
Ya que al decir del nuevo Papa, hay un éxtasis, incluso erótico, que nos compete en la secuela Cristi a cada humano que, como Jesús, se sienta un nuevo Adán o una nueva Eva.

Incluso para algunos teólogos, la película ayuda a repensar la Mariología reubicando a Magdalena como la nueva Eva no se cae en los vicios de la Mariolatría.
Creo que incluso sin pensarlo, esta novela deja mejor parado José, esposo de María.

Para algunos pastoralistas, la novela o film puede ayudarnos a ver qué rol le compete a la mujer en el Vaticano, y si es tan utópico pensar que en un futuro haya un hombre y una mujer en la cabeza de la diócesis de Roma, y que dicho modelo sea llevado a todas las iglesias en esta nueva diáspora.

Para algunos teólogos latinoamericanos, es la eclesiología que proponen las comunidades indígenas en Chiapas: un hombre y una mujer al frente de sus comunidades, pastoreando coincide con aquella sensibilidad.

Deseo que los cristianos nos sintamos estimulados a profundizar y seguir proponiendo, aunque fuera con el estilo de la ciencia ficción, nuestros relatos de salvación. No pocas veces los que creemos, compartimos con no creyentes la urgencia de una mayor isonomía ( igual medidas) entre los hombres mujeres.

Es probable que el espíritu a través del arte esté sugiriendo la forma de ser y de hacer el poder dentro de la Iglesia.

Sólo los ánimos mezquinos pueden pensar que esta novela es un best-seller para sanar clérigos castrados, o es una lectura para entretener a mujeres resentidas por su escaso protagonismo. Por otro lado es justo señalar que el paganismo siempre mató brujos y brujas. La idea del neopaganismo feminista de que la brujería era una religión feminista precristiana no tiene base histórica.
No creo que sólo gente con mentalidad anticlerical comprara el libro; pareciera que es una necesidad de gente no sólo erudita.

Lo que muchos tiene en común es la búsqueda de una mayor reubicación de lo femenino en Dios.
Y otra integración en las relaciones entre cristianismo, gnosticismo y paganismo tan necesaria para la articulación de esta nueva cultura posmoderna.

Auguramos que esta fantasía de Brown ayude a limpiar patriarcalismo y machismo, y lo queda de misoginia en oriente y occidente, y sirva para seguir construyendo la familia humana disfrutando una tarde de Cine. Muchas veces par repensarnos en humanidad pudo mas el arte que las bombas.

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