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EL CASTIGO DEL ARZOBISPO A ALBUÑOL NO ESTÁ AVALADO POR EL CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO. M. Peláez y M. V. Cobo

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El Ideal

Cura de Albuñol8.jpgAl negar los cultos religiosos al pueblo les impone la misma pena que se reserva para quien agrede físicamente a un obispo o simula un sacramento
Los vecinos de Albuñol llevan sin culto religioso desde el pasado pasado 15 de agosto. No hay misas, no se celebran bodas ni bautizos, los residentes no se pueden confesar, y si se diera la triste circunstancia de que alguno de los seis mil vecinos del pueblo necesitara la extremaunción, tendrían que contar con que el párroco de La Rábita pudiera desplazarse hasta su pueblo.

Este ‘castigo’, que el arzobispo ha impuesto a los albuñolenses, no está avalado por el derecho canónico, que reserva esas medidas para casos mucho más graves, como la agresión física a un obispo o para la persona que simulara la administración de un sacramento sin estar autorizado para ello.

Así lo explica el teólogo y experto en derecho canónico José María Castillo, que considera que «la medida no sólo es desproporcionada sino que el arzobispo no tiene potestad para tomarla».

Castillo hace alusión al canon 843 del derecho canónico, por el cual «los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos a quienes los piden de modo oportuno, están bien dispuestos y no les sea prohibido por el derecho recibirlos». Es decir, que a menos que el pueblo de Albuñol hubiera sido excomulgado o estuviera en situación de ‘entredicho’, no existe motivo para dejar a los feligreses sin sacramentos.

El único comunicado oficial que han recibido los vecinos de Albuñol hasta el momento fue el que les envió el pasado miércoles 15 de agosto el arzobispado, en el que les decían que la actitud de los vecinos «no se corresponde a los procedimientos y modos propios de cristianos». El arzobispado hacía alusión también a la «notoria falta de respeto al templo como lugar sagrado» en alusión a la huelga de hambre que un grupo de vecinos habían llevado a cabo en la iglesia. En ese escrito, amenazaba a los vecinos con no enviar a ningún sacerdote, como finalmente ha hecho, pese a que la huelga de hambre acabó sin que se produjera ningún altercado ni se impidiera ningún acto religioso.

En entredicho

Así, la pena que ha impuesto el arzobispo granadino, Francisco Javier Martínez, al pueblo es la que se aplica cuando se decreta el estado de ‘entredicho’ a una persona o colectivo, la privación de los sacramentos. Y según el derecho canónico (canon 1370) se aplica esta pena grave a quien atenta físicamente contra un obispo, a quien simule un sacramento sin estar autorizado para ello, a quien cobre por administrarlo.

Ninguno de estos comportamientos los han tenido los vecinos de Albuñol, y aunque el arzobispo no ha decretado oficialmente en ‘entredicho’ al pueblo, sí que le ha impuesto una pena correspondiente a este delito. «No parece que el pueblo haya dado pie a este castigo, y con el último comunicado el arzobispo lo que hace es insultarlos», afirma el teólogo Castillo, que se muestra sorprendido por una medida tan grave.

Castillo, que recalca que no ha estado en contacto con los vecinos del pueblo ni con el párroco, ha seguido la información por los medios de comunicación y considera que hay un problema «más amplio». Cita el Concilio Vaticano II, en el que se insta «a los obispos a que tengan a sus sacerdotes como hermanos y amigos» y se preocupen por su bien material y espiritual, algo que contradice la actuación de monseñor Martínez, que en ningún momento ha recibido a los vecinos de Albuñol, pese a la insistencia que éstos han mostrado. Ni siquiera una llamada de teléfono para tratar de calmarlos o convencerlos de que depongan su actitud.

«No se ha creado un clima agradable en la Diócesis», resumía Castillo. Esta situación y el progresivo alejamiento de los fieles de la Iglesia, se debe en muchos casos, «a que no existen dentro de la Iglesia derechos humanos, funciona más como una monarquía absoluta y todo depende al final de una única persona».

Desde el arzobispado, no confirman el cambio de destino del párroco de Válor, que iba a encargarse de la parroquia de Albuñol y que al parecer ha sufrido un cambio de destino a Loja. Lo que sí admiten es que en el pueblo no se celebrará ningún tipo de culto religioso.

mvcobo@ideal.es

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