Egipto y EE.UU.

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Guerra eterna

La televisión gubernamental ha mostrado imágenes de Mubarak visitando instalaciones militares acompañado por el nuevo vicepresidente y el ministro de Defensa. Entra dentro del apartado de guerra psicológica contra el movimiento popular. Es una forma de decir a la gente que sus esperanzas de que el Ejército fuerce una transición pacífica no tienen base real. A la gente o, quizá también, a Washington.

Las declaraciones de Hillary Clinton de la mañana permiten múltiples lecturas. No da por acabado a Mubarak ni condiciona la ayuda militar a lo que ocurra estos días, pero descarta cambios en los que sólo cuente la apariencia como «una democracia durante seis meses o un año para luego evolucionar hacia lo que sería una dictadura militar». Es decir, no serviría una promesa de Mubarak de no presentarse a las elecciones de 2012 mientras se mantiene todo el aparato político y policial que ha convertido anteriores comicios en una burla.

Washington ha hecho la vista gorda siempre ante estos evidentes fraudes electorales. La situación ya es muy diferente.

En los análisis de los medios de comunicación norteamericanos, se repite obsesivamente la idea de que el fin de la era de Mubarak sólo puede preceder el ascenso al poder de los islamistas. Elige entre dictadura o teocracia. Ese ha sido el mensaje de Mubarak a Washington en las pocas veces en que ha escuchado llamamientos a las reformas.

Hay poco entusiasmo en EEUU por la idea de elecciones libres en Egipto, a pesar de lo que dice Clinton. Ahí es donde entra esa idea tan citada de «transición ordenada» (una en que los malos queden neutralizados):

“We should not press for early elections,” Stephen J. Hadley, the national security adviser to President Bush, said in an interview. “We should give the Egyptian people time to develop non-Islamic parties. The point is to gain time so that civil societies can develop, so when they have an election, they can have real choices.”

Creía que la capacidad y valentía de buena parte de la población para deshacerse de una autocracia es una buena señal de la existencia de una sociedad civil. Organizar patrullas civiles para impedir que delincuentes o policías de paisano comentan crímenes es una forma de demostrar que existen lazos sociales que no dependen del Estado. El apoyo (para nada masivo pero sí relevante) a un tecnócrata como El Baradei que llevaba muchísimos años viviendo en el extranjero es una forma de pragmatismo habitual en sociedades desarrolladas no propensas a idolatrar figuras mesiánicas que prometen la liberación en esta vida, en la de más allá o en todas.

No sé qué entenderá Hadley por «partidos no islámicos» en un país mayoritariamente musulmán. Pongamos que se refiere a partidos no islamistas. Ya existen. Si sus resultados han sido muy bajos en anteriores elecciones era porque el régimen no permitía que las clases medias apostaran por partidos que no fueran el gubernamental.

Y eso que la religión ha estado completamente fuera de las reivindicaciones del movimiento popular contra Mubarak. No sé qué dirían si hubiera ocurrido lo contrario.

En cualquier caso, ¿cuánto tiempo hay que esperar a que se ‘desarrolle’ la sociedad civil hasta el punto de cocción admisible por EEUU? ¿Seis meses? ¿Un año? Y hasta entonces, ¿el país queda en manos del Ejército?

Los neoconservadores como Max Boot prefieren un Gobierno de transición presidido por El Baradei, cuya función será retrasar las elecciones el tiempo necesario para que no puedan ganarlas los islamistas. No sé cómo pensarán que un Gobierno puede triunfar responsabilizándose de un legado social y económico terrible. Puede ocurrir que cuanto más tiempo esté en el poder, más fácil se lo ponga a los islamistas.

Sería más conveniente que se intentara impedir la fragmentación política habitual en un país después de una larga dictadura y que se formaran varias coaliciones agrupadas en torno a principios ideológicos claros. Una agrupación de fuerzas liberales y otra de fuerzas de izquierda podrían tener posibilidades de enfrentarse a los conservadores, que en el mundo árabe suelen ser islamistas.

Lo que sólo conduce a la victoria del mensaje religioso es forzar a liberales y socialistas a cerrar filas tras los regímenes autoritarios, supuestamente laicos sólo por el hecho de que meten en prisión a los que van mucho por la mezquita.

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