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Ecuador – Monseñor Leonidas Proaño: símbolo y ejemplo -- Ricardo Zúniga García

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Adital

El pasado 24 de julio (coincidentemente fecha de nacimiento de Simón Bolívar), Mons. Leonidas Proaño, un hombre humilde que supo entregarse plenamente a sus compatriotas indios fue declarado por la Asamblea Constituyente Ecuatoriana ‘Personaje Símbolo Nacional y Ejemplo Permanente para todas las generaciones’.

Dispone la Asamblea que la fecha de su natalicio sea fecha cívica nacional, celebrada por la sociedad en su conjunto y que particularmente las escuelas de todos los niveles rememoren la trayectoria social de Mons. Proaño y den a conocer los valores humanos que orientaron su vida. Las escuelas deberán incluirlo como tema destacado en los programas de estudio y entre las efemérides a celebrar. Se orienta también la celebración del centenario de su nacimiento, el 29 de enero del 2010, difundiendo ampliamente su biografía; mostrando y recordando el sentido de su vida. Acuerdan además erigir un monumento a su memoria en la ciudad de Riobamba donde fuera Obispo por 31 años.

¿Por qué Mons. Proaño, a menos de 20 años de su muerte, provoca tal reconocimiento? En su vida está la clave de la respuesta. Con sus gestos y palabras, encarnándose en la realidad de las comunidades indias de su diócesis, logra hacer una relectura del Evangelio liberador de Jesús. Consiguió realmente anunciar buenas noticias a su gente, y eso es el real significado de Evangelizar. Es por eso que Proaño sigue siendo actual, está vivo en la memoria de los pobres del Ecuador. Por eso puede ser presentado como símbolo nacional, inspirador de la juventud, como profeta que anuncia un mundo mejor.

Él se caracteriza por compartir día a día su vida con el pueblo a quien estaba llamado a servir, orientado e inspirado por una profunda fe en Jesús. Una sus cualidades fue tener el don de enseñar con gestos y palabras concretas. Cambió el modelo tradicional de las visitas pastorales episcopales centradas en la celebración de rituales litúrgicos. Sus visitas ponían como nuevo centro un compartir la vida del pueblo, permaneciendo suficiente tiempo en cada comunidad indígena para ir construyendo relaciones de confianza y creando espacios educativos.

En su labor como obispo, dio prioridad a la educación de las conciencias generadoras de cambios de actitud. Organizó la formación de líderes indios con una perspectiva cristiana liberadora. Líderes que anuncian una liberación que se construye en la historia. Líderes con reconocimiento de la iglesia diocesana que van conquistando un mayor reconocimiento de la comunidad a su autoridad moral de servidores.

Como una muestra de su sensibilidad para captar la realidad y expresar un mensaje motivador de nuevas actitudes -y eso es tener capacidad educativa-, transcribo parte de su Poema «Solidaridad» que, convertido en canción, es cantado desde los años ochenta hasta la fecha por miles de comunidades cristianas de América Latina:

Solidaridad

«Mantener siempre atentos los oídos
al grito del dolor de los demás
y escuchar su llamada de socorro
es solidaridad.
Mantener la mirada siempre alerta
Y los ojos tendidos sobre el mar,
en busca de algún náufrago en peligro
es solidaridad.
Sentir como algo propio el sufrimiento
Del hermano de aquí y del allá
Hacer propia la angustia de los pobres
Es solidaridad…
Compartir los peligros en la lucha
por vivir en justicia y libertad
arriesgando en amor hasta la vida
Es solidaridad.
Entregar por amor hasta la vida
es la prueba mayor de la amistad,
Es vivir y morir con Jesucristo
Es solidaridad».

Su capacidad de comunicación, de usar las imágenes y comparaciones adecuadas para explicar experiencias complejas y multifacéticas queda demostrada con este bello poema.

El magisterio de Proaño fue amplio e inspirador a lo largo de América Latina, Centenares de agentes de pastoral, educadores populares, líderes comunitarios, dirigentes sindicales llegaron a conocer las experiencias pastorales, educativas y organizativas que se tejían en la diócesis de Riobamba. En su quehacer educativo lo que más impactaba era la manera como el obispo y los agentes de pastoral, se relacionaban con los pueblos autóctonos, reconociéndoles su calidad de sujetos, capaces de descubrir su dignidad, sus necesidades y luchar por ellas.

La labor educativa de la diócesis de Riobamba se convirtió en faro, para muchos educadores y constructores de utopía. Quiero citar solo dos casos típicos, a manera de ejemplo: Uno de ellos lo conozco personalmente, quien es hoy el líder sindical rural con mayor trayectoria en Nicaragua, estuvo varias semanas en Riobamba y regresó «tocado», con mayor capacidad pedagógica y con mejor entendimiento y convicción del cristianismo liberador. Hoy treinta y tres años después de su paso por Riobamba, sigue siendo fiel a los valores que ahí captó. El otro testigo representativo del camino de Riobamba, es el presidente electo del Paraguay, Fernando Lugo, que, siendo joven sacerdote, permaneció algunos anos en la diócesis de Monseñor Proaño, inspirándose en la práctica de aquel equipo, para cimentar su posterior compromiso humano, religioso y político. Lugo ha señalado la fuerza e importancia del testimonio de Proaño, como inspiración para mantenerse coherente con sus principios.

La fuerza irradiadora de las comunidades vivas de Riobamba generó procesos de encuentro, reflexión y articulación de personas y grupos. En Agosto de 1976, hubo en esa diócesis un encuentro de obispos, teólogos y educadores. Sumaban cincuenta y cinco personas, entre ellos, 17 obispos. Era un compartir experiencias y métodos de evangelización y una búsqueda de dar continuidad a las líneas de Medellín.

La reacción del gobierno militar ecuatoriano fue represiva, en plena sintonía con la llamada doctrina de «seguridad nacional». La reunión fue allanada por agentes militares y suspendida. Los obispos visitantes fueron llevados detenidos a la policía, interrogados sobre sus planes subversivos y notificados que tenían que abandonar el país en 24 o 48 horas. Monseñor Proaño fue también llevado y largamente interrogado sobre sus supuestas actividades subversivas. El obispo mexicano Méndez Arceo, participante de la reunión cuenta en sus memorias que una vez recuperado de la sorpresa decidió regresar a Riobamba, para dar apoyo y fuerza moral a Mons. Proaño.

Este no se amedrentó, ni paralizó. Junto con Méndez Arceo y otros lideres cristianos del continente continuó su trabajo animando intercambios de experiencias, procesos de formación de lideres y transformación de las conciencias, que, hoy, están contribuyendo a frutos tan significativos, como los procesos de amplia participación y fortalecimiento del poder popular, que están avanzando en países como Bolivia, Venezuela y Ecuador. Ese proceso también tejió redes de comunicación intercambio y solidaridad con grupos cristianos de Europa, USA, Canadá Brasil, y otros países, logrando constituir una amplia red de Comités Cristianos de Solidaridad que se aglutinaron bajo en nombre de Mons. Romero, y que aun hoy día continua sensibles hacia los pueblos de América Latina, siendo más fuertes en España e Italia.

La disposición de la Asamblea Constituyente de Ecuador honrando a Leonidas Proaño, además de reafirmar la fuerza de los valores por los que el obispo luchó: la defensa de los derechos básicos de los pueblos andinos y de los pobres de América Latina, está indicando la vigencia de una nueva etapa de la historia latinoamericana. Estamos llegando a la hora, ciertamente muy importante, en que educadores y profetas, hasta hace poco tiempo reprimidos por los Estados y aun las propias estructuras conservadoras de la Iglesia, van conquistando el reconocimiento oficial de Estados nacionales y de importantes instituciones de la sociedad. Si Ecuador reconoce como personaje símbolo nacional y ejemplo para todas las generaciones a Monseñor Proaño, podemos esperar que otras figuras semejantes serán reconocidas en otros países.

Y más importante aún, hay un reconocimiento continental y mundial creciente de personalidades, educadores-pensadores-profetas, que tuvieron la capacidad de entregar sus vidas y energías por causa de sus pueblos. En Argentina es cada vez reconocida la trayectoria de Mons. Enrique Angelelli, asesinado (1976) por la dictadura militar en un accidente simulado. El juicio fue reabierto, las investigaciones profundizadas, y la figura del Obispo reconocida por sociedad y el gobierno argentino. El caso más evidente es el de Mons. Romero, asesinado por los altos mandos del ejército salvadoreño, queriendo callar su palabra; hoy es cada vez más reconocido, leído y escuchado en el ámbito mundial.

Cada vez inspira a más mujeres y hombres para ser mejores personas humanas y a trabajar por una sociedad más justa. Es sin duda alguna el salvadoreño más universal. Esperamos que en los próximos años personalidades como los obispos Méndez Arceo, Samuel Ruiz, Pedro Casaldáliga… logren un reconocimiento más amplio en toda América Latina.

Este reconocimiento no solo lo deseamos y valoramos por sentido de justicia con estos educadores proféticos, sino también por la efectividad política de las organizaciones populares. Ningún pueblo latinoamericano consiguió hacer transformaciones serias en su sociedad solamente a partir de un programa político teórico muy bien elaborado. Donde hubo transformaciones históricas significativas, fue decisiva la labor pedagógica educativa, clarificadora y articuladora de pastores, educadores, periodistas, de líderes símbolos, que consiguieron cimentar convicciones profundas y duraderas en la población organizada, contribuyendo a que diferentes sectores se unieran en articulaciones amplias, consiguiendo aglutinar a las mayorías en torno a una propuesta transformadora con rostro humano y sentido ético comunitario.

Por otra parte, Mons. Proaño habla tan claramente a partir de la vida concreta, que es muy difícilmente manipulable. El mismo dijo al final de su vida: «Me han dicho que soy un obispo rojo, yo me confieso cristiano. Un sacerdote, un obispo que se ha esforzado por ser cristiano, y, por lo tanto, no debe tener miedo a las calumnias, las amenazas ni a la muerte. Si trabajar cristianamente por la paz, la justicia y los derechos humanos de los más pobres es ser rojo, ojalá que todos nos volviéramos siquiera colorados»

Si se conoce verazmente su pensamiento es prácticamente imposible «usarlo» como prócer de un pasado muerto, para justificar un sistema injusto. Si se rescatan sus escritos y, principalmente, sus gestos de amor al pueblo indio, habrá sin duda una gran fuerza moral que no podrá ser desnaturalizada o falsificada, que nos ayudará a caminar hacia un mundo menos injusto, más próximo a los valores del reino de Dios, anunciado por Jesús.

* Ricardo Zúñiga es colaborador de Adital. Educador nicaragüense. Analista político.

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