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Dos hermanos de Taizé recorren Bolivia

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Taizé

Durante las dos últimas semanas de octubre, dos hermanos de la comunidad de Taizé, uno de ellos boliviano, estuvieron visitando tres ciudades de Bolivia y mantuvieron encuentros en Santa Cruz de la Sierra, Cochabamba y El Alto. He aquí algunas de las impresiones de su viaje.

Llegamos el domingo 25 de octubre a la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, la capital del departamento de Santa Cruz. Es el departamento más grande del país y sin duda el más dinámico económicamente. Con sus recursos naturales – soja, girasol, azúcar, leche, ganadería, madera y gas natural –, Santa Cruz supone el 31 % del producto nacional bruto de Bolivia.

Desde el siglo XIX, Santa Cruz ha luchado por su independencia. Hoy, esta lucha continua. Con los departamentos de Tarija, Beni y Pando, los “cruceños ”, como se conoce a los habitantes de Santa Cruz, demandan más autonomía con relación al gobierno central. Cuando estos departamentos se reunen, se les llama “la Media Luna ”, porque sobre el mapa de Bolivia, de norte a sur forman como la mitad de una luna. Se sienten unidos por su deseo de distingirse de la altiplanicie del oeste (el Altiplano), donde vive la mayor parte de los pueblos autóctonos, y donde el poder político está concentrado.
Estas diferencias son una de las razones de la larga historia de turbulencias políticas y sociales de Bolivia. En la parte oriental del país, está la “media luna ”, con una cultura y un modo de vida particulares, e incluso una manera característica de hablar el español que se denomina “camba ”. A los habitantes de Santa Cruz se les llama “cambas ”. Como constituyen el poderío económico del país, pueden asumir el riesgo de pedir más autonomía.
En el oeste, se hallan los “kollas ” – término utilizado para designar a los descendientes de los Aimaras que viven en los departamentos de La Paz, Oruro, Potosí, Chuquisaca y Cochabamba –, hay un tapiz de culturas autóctonas y urbanas diferentes. Han sido registrados más de treinta grupos étnicos diferentes en Bolivia, los Aymaras y los Quechuas constituyen los grupos “originarios ” más fuertes. Su modo de vida, sus valores y las maneras de ver la realidad son totalmente diferentes de los de los “cambas ”. Ir del oeste al este del país, es como ir de un país a otro.
¿Dónde podemos hallar la fuerza para buscar la reconciliación en un contexto tan dividido como éste ? Para los cristianos, una de las fuentes es la oración. En la oración, comprendemos que es Dios que ha dado el primer paso hacia nosotros, y que ha reconciliado la humanidad en su Hijo Jesús. Jesús ha tomado sobre sí nuestras heridas, todo lo que nos divide. En él, nuestras divisiones se hacen superficiales. Así, al volvernos hacia él en una oración muy simple, nos damos cuenta que somos amados y acogidos tal como somos. Y nuestra manera de ver a los otros se transforma. No somos ya únicamente los “cambas ” o los “kollas ”. Sin negar los que es propio de nuestras culturas, somos capaces de acoger al otro no como una amenaza sino como un don de Dios. Por esto, durante nuestras visitas a Bolivia, hemos sobre todo intentado compartir nuestra oración. En Santa Cruz, 200 jóvenes de diferentes áreas de la ciudad se reunieron en un auditorio de la escuela para una vigilia de reconciliación. Algunos de ellos había participado en el encuentro de octubre de 2007 en Cochabamba.
Cochabamba
En Cochabamba, la catedral estaba llena de jóvenes para la vigilia de oración del 29 de octubre. Mons. Tito Solari, el arzobispo, los acogió calurosamente y expresó su gratitud por su presencia.
Antes de que comenzase, el padre Galo Fernandez, responsable de la pastoral de jóvenes de Santiago de Chile, habló también a los jóvenes. Recordó que 300 jóvenes chilenos habían tomado parte en el encuentro de 2007 en Cochabamba, y que habían vuelto a Santiago colmados de alegría y esperanza. También dijo que la acogida de las familias bolivianas había conmovido mucho a estos jóvenes, hasta el punto que, durante el encuentro de Cochabamba, los jóvenes chilenos habían decidido hacer un gesto concreto de paz y de reconciliación : el sábado después del almuerzo, durante el encuentro por países, decidieron ir al encuentro de los jóvenes bolivianos para pedirles perdón por la heridas del pasado.
Para comprender el significado de este gesto, hay que saber que otra fuente de división en esta región es la guerra que tuvo lugar entre Chile, Perú y Bolivia en 1879. Como consecuencia de esta guerra, Bolivia perdió su acceso al océano Pacifíco. Hasta el día de hoy, esta pérdida es causa de tensiones políticas entre los tres países. En Bolivia, a los chilenos se les considera como “el enemigo ”, los que han quitado a los bolivianos su mar. Estas heridas históricas son a menudo utilizadas para mantener las separaciones entre la gente. Se las alimenta con el miedo y los prejuicios. Sin embargo, cuando la gente se encuentra y se acogen mutuamente, caen en la cuenta que un montón de cosas que se les ha dicho y que han dado por buenas son en realidad falsas. La reconciliación sólo puede comenzar si se crea un espacio de confianza y si el encuentro tiene lugar en un plano muy humano. Para los participantes en el encuentro de Cochabamba, éste fue un descubrimiento muy importante.
El padre Galo Fernandez invitó a las personas presentes a participar en una etapa futura de peregrinación de confianza que tendrá lugar en Santiago de Chile. Del mismo modo que los chilenos han sido acogidos por los bolivianos, esta vez los chilenos ofrecen su hospitalidad.
El Alto
La última etapa de nuestra peregrinación, breve pero intenso, fue en la ciudad de El Alto, situada a 4100 m de altitud. Es una ciudad que nuestra comunidad conoce bien.
Si Santa Cruz simboliza el deseo una mayor autonomía en relación con el gobierno central de La Paz , El Alto es el símbolo del apoyo más decidido al presidente Evo Morales, primer presidente indígens de la historia de Bolivia. Un buen número de eventos políticos que, en 2003 – 2004, condujeron a los cambios que desembocaron en la elección de Evo Morales ocurrieron en El Alto. La oración tuvo lugar en la parroquía de Jesús Obrero. Los jóvenes de esta parroquía vienen a Taizé desde hace muchos años. Lo que llamaba la atención en esta oración, era la belleza de los cantos en español y aymara. El Evangelio se leyó en diferentes lenguas autóctonas. Como en Taizé la tarde del sabado, se leyó el Evangelio de la resurrección. Uno de los jóvenes presente dijo : “Es importante que celebremos la resurrección. Hay tantos problemas en nuestra vida diaria. Nuestro país está dividido y no sabemos lo que va a pasar en las próximas elecciones de diciembre de 2009. Nuestro futuro político es incierto. Celebrar la resurrección es una manera de decir que hay algo más allá de lo que vemos. Ello no significa que nos evadamos de nuestros problemas diarios. Jesús conocía también el dolor y el sufrimiento de la Cruz. Pero él ha resucitado de entre los muertos. Él es la fuente de nuestra esperanza”.
La esperanza de la resurrección y el creer que la vida no se detiene con la muerte se han convertido en una realidad durante estos últimos días en El Alto. El 1 de noviembre, celebramos la fiesta de Todos los Santos y el 2 de noviembre, el Día de los Difuntos. Todos los Santos es una fiesta profundamente enraizada en la tradición cultural de los pueblos autóctonos: el 1 de noviembre a mediodía, los bolivianos preparan en casa lo que llaman la mesa. Sobre una mesa ponen la fotografía de un ser querido fallecido. También ponen sobre la mesa velas, flores y los alimentos preferidos de la persona fallecida. Piensan que a partir del mediodía del 1 de noviembre hasta la media jornada del día siguiente, las almas allegadas visitan a sus familiares. Por esta razón, la puerta de la casa permanece abierta no solamente para acoger las almas de los seres queridos, sino para acoger también familiares y amigos que vienen a rezar por el difunto ante la mesa. A los visitantes se les invita a comer después del rezo. Al día siguiente, a primera hora de la tarde, los restos de la comida se llevan al cementerio, donde, sobre las tumbas de los muertos, se prepara un festín. Hay comida, música e incluso bailes. Nosotros hemos tenido el privilegio de visitar a varias familias e ir al cementerio de El Alto para rezar con la gente. Algunos de los jóvenes que nos acompañaban cantaban los cantos de Taizé. Para los bolivianos, la muerte no se considera el final de la vida, ella es un viaje, una travesía. A su modo, ellos han comprendido lo que significa ser peregrinos de la confianza.

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