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Don Quijote de Entrevías -- Eloy Sanz Pérez

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No te quedes en la puerta...En una parroquia de Entrevías de cuya esencia no quiero olvidarme, hace ya treinta años, una eternidad, que vive un trío sacerdotal de los de Concilio Vaticano en ristre y Evangelio en la lengua y el espíritu. Han sabido y, sobre todo, han querido ver gigantes agresivos en el inmovilismo y los miopes de corazón, mientras que los Sanchos panzudos los consideraban inofensivos y útiles molinos.

Dos “bandos” (detractores y defensores) han manipulado todo lo que han podido las noticias provenientes de esta parroquia y no sabría decir cuál lo ha hecho en mayor medida ni con peor intención. Lo que sí es simple de averiguar es que el único color de esta parroquia es el de la angustia de los drogadictos, la fe de las madres y el miedo esperanzado de los inmigrantes.
Siguiendo la analogía, si nos encontráramos en el Siglo de Oro, muy probablemente
pasarían por nuestras manos u oídos versos anónimos de autor conocido (sirvan estos mismos como muestra) criticando el contrapunto a estos tres sacerdotes que suponen algunos de sus correligionarios:

Ellos, sin embargo, al igual que una gran parte de la Iglesia, prefirieron seguir inseparables de las enseñanzas de Jesús: honrar a los hombres sin nombre, a los príncipes destronados y las princesas de la calle. Han aprendido a convertirse en amigos, confidentes, compañeros y cómplices cuando les han necesitado en esos papeles los que no los tienen o aquellos que teniéndolos no les sirven de nada. Y nos quieren contagiar de este carisma a los que seguimos pasando de puntillas por encima de muchas realidades sociales.

En un par de visitas me he encontrado compartiendo Eucaristía con el parroquiano de siempre, el que es cristiano pero no lo sabe, el del afán de protagonismo y el que dejó de creer por culpa de su maestro nacional-católico, unos padres dogmáticos o la intransigencia de su párroco. Sin verme reflejado en ninguna de estas realidades, sí me he sentido muy cercano y en comunión con todos a pesar de una arbitrariedad en los símbolos que no debería generalizarse.

Sin embargo, estos tres sacerdotes (Enrique de Castro, Javier Baeza y Pepe Díaz) lo suplen con una buena cantidad de teología y otra igual de liberación para todo el que acuda en cualquier momento a ellos. Llevan tanto tiempo en compañía de Jesús que han llegado a ser sacerdotes Llanos, Alegría de Entrevías y Sobrinos carnales de los cuarenta principales del marginado, la banda sonora de sus vidas. Y si nuestro arzobispo ha permitido (después de la polémica por todos conocida) que prosigan el trabajo realizado hasta ahora, no me queda más que desearles que continúen con su lema de hacer inseparable la labor social con la eucaristía y la catequesis. Y a todos los demás repetirles el graffiti que reza (y nunca mejor dicho) en la fachada de la iglesia: “No te quedes en la puerta”.

No te quedes en la puerta...

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