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Domingos sin cura -- M. Romero

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Diario de León

Justina y Juana Teresa recorren kilómetros cada fin de semana para oficiar la liturgia de la Palabra ante la ausencia de sacerdote en varios pueblos de los valles de Alba y Fenar, una alternativa a la misa dominical que ya se consiente en más de cien parroquias rurales

«Que si las cosas han cambia do… Pfff», resopla una vecina de Candanedo de Fenar a las puertas de la parroquia de San Miguel Arcángel. Antonia tiene 85 años y espera la llegada de dos carmelitas misioneras para asistir a la celebración religiosa dominical porque no hay sacerdote. Dos mujeres presidirán hoy el altar, algo impensable cuando esta octogenaria tenía 20 años y ejercía como mayordoma de la parroquia, un cargo que se iba designando entre las jóvenes del pueblo para ayudar en todas las tareas de limpieza y hacer lo que ella llama el «monumento de las sábanas», que era decorar la iglesia con las mejores sábanas bordadas del pueblo en festividades como la Semana Santa. «Mujeres nunca faltaban, había mucha juventud», remata esta vecina de Candanedo.

Junto a ella, un corrillo de mujeres, sólo mujeres, esperan a Justina y Juana Teresa, dos hermanas de la comunidad de Santa Lucía de Gordón que cada fin de semana recorren con gusto decenas de kilómetros para llegar hasta la última parroquia a la que no puede acudir un sacerdote. Visitan cada pueblo dos veces al mes con la mejor de las intenciones, aunque en alguno de ellos se han negado y han preferido la presencia de un cura. En otros, sin embargo, el acercamiento a estas carmelitas misioneras es tal que han empezado a llamar «misas de monja» a sus celebraciones dominicales.

Pero no son misas como tal. El proceso de la celebración es prácticamente el mismo, sólo que en la Liturgia de la Palabra no se leen las oraciones propias del sacerdote ni se consagra la sagrada forma ante el altar. Es decir, en términos litúrgicos la celebración de la Palabra y la misa constituyen un solo alto de culto; en defintiiva, dos momentos celebratorios de un mismo misterio. A excepción de estos matices, el acto es prácticamente el mismo y, dependiendo de la habilidad de las oradoras y oradores, puede ser incluso mucho más ameno que la liturgia eucarística con un sacerdote.

Justina y Juana Teresa, menudas, alegres, comienzan con los ritos de inicio (canto de entrada, el saluda, el acto penitencial…) y continúan con la liturgia de la Palabra. En esta parte se escucha la proclamación de la Palabra de Dios y se hace una selección de textos de la Sagrada Escritura. A continuación se celebra la parte más importante, que es la liturgia de la Eucaristía. En esta fase, las religiosas no pueden consagrar la sagrada forma, pero sí dar la comunión. Finalmente, rezan las oraciones de despedida. En total, media hora de celebración a la que acudió una treintena de vecinas y un solo vecino.

Hoy es la tercera celebración que ofician. Primero estuvieron en Brugos de Fenar y después en Rabanal. La próxima semana tocará Sorribos de Alba y Olleros de Alba, según el calendario establecido por su diócesis. Porque son los obispados quienes deben aprobar la celebración de estos rituales. Lo hacen desde que en 1992 la Conferencia Episcopal Española aconsejara a sus obispos renovar un plan pastoral para abordar la problemática del crecimiento de áreas rurales que no pueden tener celebraciones dominicales en ausencia de los presbíteros. «Dios tiene muchos caminos y aquí las mujeres también pintan», declara Juana Teresa tras ocho años visitando las parroquias de su entorno.

Se trata de una zona especialmente complicada por la orografía de las carreteras, por la dispersión de los pueblos y por el cada vez menor número de fieles. Tanto es así que en Robledo, a muy pocos kilómetros de Candanedo, ha desaparecido la misa dominical y como son muy pocos los vecinos que van a misa, se les ha aconsejado acudir a las que se celebran en Solana o Naredo.

Con autorización. El Obispado de León ha reorganizado recientemente las unidades pastorales en función de las desbordantes obligaciones que tienen los curas rurales durante los fines de semana para decir misa. En total, hay 68 parroquias en las que se permite celebrar la liturgia de la Palabra por parte de religiosas (trece para toda la provincia) o de seglares (siete). Lo habitual es que alternen la celebración semanalmente con el párroco, aunque hay lugares de la provincia que sólo sustituyen la misa tradicional durante los meses de verano, según los datos facilitados por el vicario general, Jesús Fernández.

En la Diócesis de Astorga, el obispado calcula que ya hay entre 30 y 40 poblaciones autorizadas para celebrar la Palabra en ausencia de presbítero. «Responden a las tareas de los sacerdotes, que no sólo se centran en la liturgia de la Palabra; también visitan enfermos, dan catequesis… Es un área importante», confiesa el vicario general de Astorga, Marcos Lobato. Como se sabe, esta diócesis abarca territorio más allá de las fronteras provinciales, incluyendo concejos en Galicia y varios municipios en Zamora.

Precisamente, en los núcleos rurales periféricos que se encuentran en los límites entre provincias están los pueblos con mayores problemas para recibir atención pastoral. Dos equipos de religiosas, entre los que se encuentra una italiana, acuden desde hace un tiempo a pueblos remotos de la Cabrera y del área de Villafranca del Bierzo. Fuera de la provincia leonesa, Sobradelo y O Barco de Valdeorras, en la provincia de Ourense, tienen parroquias que ya han sustituido la misa tradicional por este tipo de liturgia. «En general, la gente está contenta porque por lo menos suena la campana el domingo», asegura el vicario general de la diócesis astorgana.

Vecinos de la Cabrera constatan el trajín del sacerdote en aquella zona. «En Iruela, desde Semana Santa…», quiere recordar una de las vecinos. «El cura tiene muchos pueblos y avisan cuando viene a decir misa». Una manera extraña pero efectiva de comunicar, porque con una sola llamada de teléfono uno o dos días antes la convocatoria está garantizada. «No es que ya se llenen las iglesias, pero casi todos los que estamos por aquí vamos».

«Hay que reconocer que aquí el cura tiene que hacer virguerías para llegar a todos». Habla un vecino de La Baña. «Pero la misa por aquí la tenemos de Pascuas a viernes», bromea. «El sacerdote lleva Truchas y Castrillo y esto es muy, muy grande», añade. En Encinedo, por ejemplo, toca misa cada tres semanas; siempre en domingo.

El problema es sintomático en las dos diócesis. Pero es que las cifras son las que son: Astorga tiene 260 sacerdotes y 960 parroquias que atender, de las que 695 están en Ourense y Zamora; León dispone de 226 sacerdotes para 756 unidades parroquiales, según los últimos datos difundidos por ambas diócesis el pasado año. En ambos casos, ocho de cada diez sacerdotes se encuentran en activo, principalmente en el ámbito rural (45%). Los jubilados apenas suponen el 16% del total. Sin cargo está el 7%. Por edades, uno de cada tres sacerdotes leoneses tienen más de 76 años. De los demás, la mitad está entre los 66 y los 75 años.

«Un sacerdote siempre es mejor porque en la celebración de la Palabra no hay consagración de la sagrada forma, pero cuando no hay lomo, de todo como», resuelve Rosario, vecina de Fenar que se muestra «encantada» y «contenta» con las monjas. Son el segundo equipo pastoral que pasa por esta parroquia y aseguran quienes las siguen que las celebraciones «duran más tiempo con ellas».

Nuevos moderadores. La Diócesis de León fue pionera en la reorganización de unidades pastorales y asciprestazgos en función de los nuevos tiempos. Tras reducir el número y concen trar la actividad en los principales núcleos de población, ha podido organizar a los moderadores, nombre con el que se conoce a los seglares y religiosos que ofician la celebración de la liturgia de la Palabra en ausencia de sacerdote. Hace escasos días, eran convocados por la Vicaría General para coordinar esfuerzos de cara al verano, una de las épocas con mayor actividad para estos equipos. Entre ellos hay monjas Hijas de la Caridad, Carmelitas de la Caridad, Carmelitas Misioneras y Dominicas de la Anunciata -”trece religiosas en total-” y siete seglares: Mario Gabicaechevarría, Feliciano Rodríguez, José Manuel Redondo, Benedicto Fernández, Félix Tovar, José Manuel Redondo y Miguel Ángel Cabezas

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