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DOMINGO 3 DE JUNIO: SANTÍSIMA TRINIDAD

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Koinonía

Trinidad07.gifCarlos Lwanga y compañeros mártires
Lecturas
Pr 8,22-31: El Señor me estableció al principio de sus tareas
Salmo responsorial 8: Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Rm 5,1-5: El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones
Jn 16,12-15: El Espíritu los guiará hasta la verdad
La revelación de Dios como misterio trinitario constituye el núcleo fundamental y estructurante de todo el mensaje del Nuevo Testamento. El misterio de la Santísima Trinidad, que hoy celebramos con gran solemnidad, antes que doctrina ha sido evento salvador.

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo han estado siempre presentes en la historia de la humanidad, donando la vida y comunicando su amor; introduciendo y transformando el devenir de la historia en la comunión divina de las Tres Personas. Por eso se puede hablar de una preparación de la revelación de la Trinidad divina antes del cristianismo, tanto en la experiencia del pueblo de la Antigua Alianza como en las otras religiones y en los eventos de la historia universal.

El Nuevo Testamento, más que una doctrina elaborada sobre la Trinidad, nos muestra con claridad una estructura trinitaria actuando de consuno en la salvación. La iniciativa corresponde al Padre, que envía, entrega y resucita a su Hijo Jesús; la realización histórica se identifica con la obediencia absoluta al Padre mostrada por Jesús, quien por amor se entrega a la muerte; y la actualización perenne de su acción salvadora es obra del don del Espíritu, quien después de la Resurrección es enviado por Jesús de parte del Padre y habita en el creyente como principio de vida nueva, configurándolo con Jesús en su cuerpo, que es la Iglesia.

La primera lectura de hoy es un himno a la sabiduría divina considerada en su doble dimensión inmanente y trascendente. La Sabiduría es inmanente porque es el proyecto de Dios, su voluntad, sus designios, su Palabra, su Espíritu, que han permanecido en Dios desde toda la eternidad; y también es trascendente o encarnada, porque el proyecto divino no se lo guarda Dios para sí, sino que se realiza en la Creación y en la historia; la voluntad de Dios se manifiesta en la Escritura, y a través de su Espíritu se convierte en una realidad interior al hombre. De esta forma la reflexión bíblica radica la Sabiduría infinita en un Dios personal que derrama su infinito amor en bien de todo lo creado, y de modo singular y desbordante sobre su obra maestra, su criatura predilecta, el ser humano.

En los vv. 22-25 de este texto de Proverbios, el autor bíblico nos sitúa “antes” de la Creación, en la eternidad de Dios, presentando la Sabiduría como una realidad divina y trascendente, anterior a todas las realidades cósmicas. Este himno ha llegado a ser en la tradición cristiana un preanuncio de la encarnación de la Palabra (Jn 1), que “al principio estaba junto a Dios, todo fue hecho por ella, y sin ella no se hizo nada de cuando llegó a existir” (Jn 1,2-3), y que al final de los tiempos “se hizo carne, habitó entre nosotros y hemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14).

La segunda lectura (Rm 5,1-5) es una especie de declaración paulina de sabor trinitario sobre la situación del hombre que ha sido justificado gracias a la fe en Cristo: “Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo… y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (vv.1.5). Pablo afirma la dimensión trinitaria de la vida creyente. Reconciliados con Dios por la fe, estamos en una situación de “paz” y de “esperanza”; paz que supera la tribulación, y esperanza que transforma el presente.

El evangelio (Jn 16,12-15) constituye la quinta promesa del Espíritu en el evangelio de Juan. Se habla del Espíritu como defensor (“Paráclito”) y como maestro, llamándolo “Espíritu de la verdad”. La verdad es la Palabra de Jesús, y el Espíritu aparece con la misión de “llevar a la verdad completa”, es decir, ayudar a los discípulos a comprender todo lo dicho y enseñado por Jesús en el pasado, haciendo que su palabra sea siempre viva y eficaz, capaz de iluminar en cada situación histórica la vida y la misión de los discípulos.

El Espíritu tiene una función “didáctica” y “hermenéutica” con relación a la palabra de Jesús: nos la “enseña” y nos la “hace comprender”. El Espíritu Santo no propone una nueva revelación, sino que conduce a una total comprensión de la persona y del mensaje del Señor Resucitado. El Espíritu, por tanto, “guía” (v.13) hacia la “Verdad” de Jesús, es decir, hacia su Revelación, de tal forma que la podamos conocer en plenitud.

Esta función del Espíritu con relación a Jesús y a su Palabra define la profunda relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu: la Revelación es perfectamente una porque tiene su origen en el Padre, es realizada por el Hijo y se perfecciona en la Iglesia con la interpretación del Espíritu. Por eso Jesús dice que “el Espíritu no hablará por su cuenta, sino que dirá únicamente lo que ha oído… Todo lo que les dé a conocer lo recibirá de mí”. Jesús será siempre el Revelador del Padre; el Espíritu de la Verdad, en cambio, hace posible que la Revelación de Cristo penetre con profundidad en el corazón del creyente.

Para la revisión de vida
-¿Cómo puedo hacer que se refleje mucho más claramente en mi vida cristiana el ser “comunitario” de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo?
¿En qué aspectos concretos de mi vida se manifiesta el misterio del Dios trinitario como amor y vida?
¿Cómo podría abrirme más a la acción del Espíritu de la Verdad en mi vida, para que me lleve a un conocimiento existencial y actualizado del evangelio de Jesús?

Para la reunión de grupo
– ¿Con cuáles iniciativas concretas podríamos hacer que nuestra comunidad sea cada día más imagen de la comunidad de amor infinito que es la Trinidad Divina?
– ¿Cuáles diferencias están creando en nuestra comunidad divisiones y egoísmos? ¿Cuáles elementos de nuestra vida comunitaria nos unen, nos hacen crecer como hermanos y fortalecen nuestra misión evangelizadora?
– ¿Somos como comunidad signo e instrumento de salvación de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, a través de la iniciativa del amor (el Padre), el sacrificio y la obediencia (el Hijo) y la apertura a la novedad de los caminos de Dios (el Espíritu)?

Para la oración de los fieles– Dios Padre, misterio infinito y eterno de amor, que nos has llamado a la vida y nos has creado a imagen de tu Hijo Jesús, haz que experimentemos de tal forma tu bondad y tu misericordia que lleguemos a ser constructores de un mundo de amor y de paz. Roguemos al Señor…
– Señor Jesucristo, Hijo eterno del Padre, que en tu vida, muerte y resurrección nos has revelado el rostro del verdadero de Dios y nos has enseñado el camino que lleva a la vida, concédenos la gracia de la fidelidad a tu evangelio, viviendo, a tu imagen, en solidaridad con los pobres y los excluidos de este mundo. Roguemos al Señor…
– Espíritu Santo de Amor y de Verdad, fuente de todo bien y de toda gracia, ayúdanos a superar la tentación del egoísmo, de la cerrazón, del miedo, del legalismo, para ser testigos del reino en el mundo, dóciles a los caminos de Dios y atentos a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas. Roguemos al Señor…

Oración comunitaria
Señor Dios Eterno, Único y Verdadero, misterio infinito de amor y de vida, Trinidad Santísima, haz de la humanidad creada a tu imagen una sola familia, y que la comunidad eclesial, redimida por la sangre de tu Hijo y renovada por el Espíritu, sea siempre un vivo reflejo de tu misterio comunitario de amor, signo de liberación para los pobres y los últimos de la tierra, y fermento de unidad y de paz para todo el género humano. Por nuestro Señor Jesucristo.

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