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DOMINGO 27 DE MAYO: PENTECOSTÉS

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Koinonía

Pentecostés07.gifLecturas
Hch 2,1-11: Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar
Salmo responsorial 103: Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra
1Co 12,3b-7.12-13: Bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo
Jn 14,15-16.23b-26: El Espíritu Santo les enseñará todo
Nota: hay otras lecturas posibles este día, consúltese este fecha en el calendario litúrgico (http://www.servicioskoinonia.org/biblico/calendario).
Pentecostés no es una fiesta originariamente cristiana. Como fiesta de las Semanas o de la Cincuentena fue instituida en Israel para celebrar el inicio de la cosecha.

Se celebraba siete semanas o cincuenta días a partir de la Pascua para dar gracias a Dios por la nueva cosecha (cf. Ex 23,16;34,22; Lv 23,15-21; Dt 16,9-12). En el judaísmo tardío se transformó en festividad plenamente religiosa: pasó a ser memoria del don de la Ley en el Sinaí al pueblo liberado de Egipto.

El Pentecostés que menciona Lucas en el libro de los Hechos de los apóstoles es, pues, la fiesta judía, que se celebraba en Jerusalén. A ella asistían muchos peregrinos provenientes de diversas partes del imperio romano. La celebración centralizada de las fiestas era ya antigua en Israel; surgió con la reforma religiosa impulsada por el rey Josías hacia el 622 a.C. (cf. 2Re 23,4-23).

Cuando ya están prácticamente demarcados los límites entre judíos y cristianos, éstos últimos van adoptando instituciones, celebraciones y conmemoraciones propias cuyo centro es Cristo Resucitado. Por eso Lucas, en Hechos, la segunda parte de su obra, ubica el don del Espíritu Santo por parte del Padre cincuenta días después de la Pascua (Hch 2,1). Resalta así simbólicamente el don enviado por Dios al pueblo que había aceptado su total liberación realizada en la Pascua de Jesús. Para los cristianos que procedían del judaísmo era fácil entender esta mutación del referente de la fiesta judía, y para los cristianos de otro origen era una gran noticia que Dios hubiera derramado sobre ellos su Espíritu Santo.

Así Lucas completa un ciclo entero en su obra: comienza su evangelio con el anuncio del nacimiento del Mesías, en paralelo con el nacimiento de Juan el Bautista; establece después los ministerios de ambos, para determinar cómo la época antigua, la forma “tradicional” como Dios se comunicaba, llegaba hasta Juan; Jesús inaugura la nueva época, el cumplimiento de las promesas de Dios. Jesús realiza su misión mesiánica y deja un grupo de hombres y mujeres formados para que den continuidad a su obra, Y él asciende al cielo, no sin antes prometerles el don del Espíritu.

Lucas toma los elementos simbólicos de resonancia cósmica para manifestar que este suceso es una intervención de Dios. Es la irrupción del Espíritu Santo en la historia humana. Inaugura la etapa definitiva en la historia de la salvación. Es el inicio de la predicación del Evangelio por parte de la Iglesia apostólica. Estos elementos recuerdan también el anuncio profético del “Día del Señor”. Este pasaje entrelaza elementos históricos y escatológicos. El Espíritu empuja a la Iglesia más allá de las fronteras geográficas y culturales. Por eso todos entienden el mensaje en su propia lengua. Otro elemento importante es que los discípulos están reunidos en comunidad, y el anuncio inaugura una nueva comunidad.

En la primera carta a Corintios Pablo enfatiza la acción del Espíritu en la vida de los creyentes y en la construcción de la comunidad eclesial. Consciente de las divisiones que se vivían al interior de esa comunidad, insiste en que los dones, carismas, ministerios y servicios proceden de un mismo Espíritu. Por lo tanto todos ellos existen en función del crecimiento de la Iglesia. La acción del Espíritu cualifica la misión de ésta en el mundo, y no sólo para la santificación individual. El Espíritu articula interiormente la misión de Jesús y la de la Iglesia.

Juan nos presenta dos escenas contrastantes. Primero los discípulos encerrados en una casa al anochecer, llenos de miedo. Luego la presencia de Jesús que les comunica la paz, les muestra sus heridas como signo de su presencia real. Se llenan de alegría, y Jesús les comunica el Espíritu que los cualifica para la misión. El miedo, la oscuridad y el encierro de “la casa interior” se transforman con la presencia de Jesús en paz, alegría y envío misionero. Son signos tangibles de la acción misteriosa y transformante del Espíritu.

Jesús les ha asegurado que nos les dejará solos; que el Espíritu Santo de Dios les asistirá para que entiendan todo lo que él les ha anunciado. Así lo cumple. Ahora les comunica el Espíritu que todo lo crea y hace nuevo. Sopla sobre ellos como Dios sopló para crear al ser humano. Ellos son las personas nuevas de la Creación restaurada por su entrega amorosa.

La violencia, la injusticia, la miseria y la corrupción social nos llenan hoy de miedo, desaliento y desesperanza. Pero él irrumpe en nuestro interior, traspasa las puertas del corazón e ilumina el entendimiento para que comprendamos que no nos ha abandonado; está aquí presente.

Para la revisión de vida

– Hacer un tiempo de oración más profunda, tratando de escuchar las mociones que el Espíritu puede suscitar en mí y que quizá no tengo condiciones de escuchar en la prisa diaria.
-Educar la mirada: lograr «ver» al Espíritu actuando en tantas cosas como Él mueve y dirige…
-No dejarnos deslumbrar por todos los que se remiten fácilmente al «espíritu» y en su nombre se apartan del compromiso del amor, de la atención a los pobres…: hacer «discernimiento de espíritus».
-Ejercicio: leer un libro de espiritualidad comprometida.

Para la reunión de grupo

– ¿Qué reacción nos produce la palabra «espíritu»? Démosle sinónimos explicativos.
– Hoy hablan muchos del «espíritu» y lo encuentran en regiones o en actividades muy lejanos de la realidad, del compromiso social, en lo «puramente religioso»… ¿Es así lo que la Biblia nos dice del Espíritu? Pongamos ejemplos.
– «Hay que ser espirituales, no espiritualistas»: comentar la frase, con razones y con experiencias.
– En el trasfondo de lo que escribe, Lucas, en los Hechos de los Apóstoles (1ª lectura) tiene en el pensamiento el símbolo de lo que ocurrió en Babel: ¿en qué sentido? Explicitar las referencias simbólicas.

Para la oración de los fieles

– Para que el Espíritu de Pentecostés se siga derramando hoy en la Iglesia en todos sus miembros, para animarla a ser fermento y catalizador de todas las transformaciones que el mismo Espíritu produce en todos los hombres y mujeres de todas las razas y credos, roguemos al Señor…
– Por este mundo que en la actualidad tiene en curso varias guerras que apelan a razones religiosas, para que el Espíritu de Dios, que actúa en todos los pueblos, los lleve poco a poco a superar la Babel de la confusión y nos encamine a la reconciliación y la Paz…
– Por esta Humanidad, hija de Dios, que se refiere a Él y lo ama desde las más diversas religiones y tradiciones espirituales; para que, sin perder la identidad espiritual que Dios ha dado a cada pueblo -destello singular de su gloria- todas las religiones dialoguen activa y fructuosamente, como mediaciones que son del único Dios…

– Para que el Espíritu Dios, «padre de los pobres» [Pater páuperum], que siempre les ha dado a lo largo de la historia, sobre todo en los momentos más difíciles y de máxima postración, claridad en la visión y coraje para el compromiso liberador, les dé hoy también en todo el mundo, fe convencida y esperanza activa…
– Para que, como en Pentecostés, todos los pueblos entiendan el lenguaje del amor y de la unidad, sin que ningún pueblo quiera dominar a los demás…
– Para que el Espíritu del Dios creador, «que repuebla la faz de la Tierra» y deposita -también en todas las criaturas- una participación de sí mismo, nos haga a los humanos conscientes de que no poseemos el mundo en propiedad para utilizarlo y consumirlo, sino para co-existir con todas las cosas y con-vivir con todas las criaturas animadas reverenciando así tanto a la Creación como al Creador…

Oración comunitaria

Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de la Gloria: ilumina nuestra mirada interior para que, viendo lo que esperamos a raíz de tu llamado, y entendiendo la herencia grande y gloriosa que reservas a tus santos, comprendamos con qué extraordinaria fuerza actúa en favor de los que creemos. Por N.S.J. [cfr Ef 1, 17ss]

Dios nuestro, Espíritu inasible, Luz de toda luz, Amor que está en todo amor, Fuerza y Vida que alienta en toda la Creación: derrámate hoy de nuevo sobre toda la creación y sobre todos los pueblos, para que buscándote más allá de los diferentes nombres con que te invocamos, podamos encontrarTe, y podamos encontrarnos, en Ti, unidos en amor a todo lo que existe. Tú que vives y haces vivir, por los siglos de los siglos..

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