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Domingo 17 de Enero -- José María Castillo, teólogo

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Somos Iglesia Andalucía

Jn 2, 1-11
En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo: “No les queda vino”. Jesús le contestó: “Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora”. Su madre dijo a los sirvientes: “Haced lo que él diga”. Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.

Jesús les dijo: “Llenad las tinajas de agua”. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: “Sacad ahora, y llevádselo al mayordomo”. Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues había sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú en cambio has guardado el vino bueno hasta ahora”. Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él.

1. Según el evangelio de Juan, el primer “signo”, que realizó Jesús y por el que creció la fe de sus discípulos (Jn 2, 11), fue asistir a una boda en la que se comió y se bebió tanto que se acabó el vino. Además, por deseo de María, su madre, Jesús hizo que allí, de pronto, se encontraron con seiscientos litros más de un vino de tanta calidad que hasta el que organizaba la fiesta se quedó admirado.

2. La vida y los criterios de Jesús son más desconcertantes de lo que imaginamos. Es sorprendente que una familia de pueblo tuviera seiscientos litros de agua “para los ritos de purificación (kazarismós) de los judíos” (Jn 2, 6). La palabra que usa el evangelio se refiere a las purificaciones que imponía la religión (Mc 1, 44; Lc 5, 14; Lc 2, 22; Jn 3, 25; Heb 1, 3; 2 Pe 1, 9), para acercarse a Dios. Las tinajas de piedra y tal cantidad de agua indican la pesadez y la enormidad de aquella religión. Pero más sorprendente es que Jesús convirtió tanta pesadez y tal enormidad en vino de fiesta.

3. El vino, en el lenguaje simbólico de la Biblia, expresa el amor mutuo de los esposos (Cant 1, 22; 5, 1; 8, 3). El primer “signo” (Jn 2, 11) que hizo Jesús fue convertir los rituales religiosos en el amor perfumado del que habla el Cantar de los Cantares. Lo que aumenta la fe no son las observancias religiosas, sino el cariño gozoso de las personas.

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