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Dios Trinidad -- Pedro Serrano García

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La concepción de un solo Dios verdadero como Trinidad, es el núcleo de la fe cristiana, tal y como se expresa en el credo católico. La única esencia divina se manifiesta en la comunidad de tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Aunque la identidad de Dios permanece en el misterio nunca comprendido por los seres humanos, más que hablar de tres dimensiones o tres manifestaciones del mismo Dios, la teología se inclina por concebir la aparente y asombrosa contradicción al afirmar tres personas formando un solo Dios.

En el Antiguo Testamento se comunica la revelación de Dios único a Israel; pero en el Nuevo Testamento, se considera al Hijo igual al Padre en el Espíritu Santo, pues es evidente que Jesús habla con Dios como Padre y envió a los apóstoles su Espíritu que es también el del Padre. Dios es una comunidad de tres personas cuya esencia divina y común es el amor. Entre otros pasajes, en el Bautismo y en la Transfiguración los evangelistas hablan del Padre, del Hijo y del Espíritu.

Ya desde el comienzo de la andadura de las primeras comunidades cristianas, la oración litúrgica se dirigía al Padre por mediación del Hijo en el Espíritu Santo. La Iglesia hispánica durante los siglos V al VII enseñó la fe trinitaria en los concilios de Toledo. Pero la devoción más generalizada a Dios uno y trino fue a partir del siglo X, como se puede observar en el calendario romano de 1331

Aunque según José María Castillo, no está muy claro que Jesús hiciera una declaración del misterio de la Trinidad1, éste se definió durante el siglo IV en los concilios de Nicea y Constantinopla. El Nuevo Testamento afirma a Dios como Padre que no se impone por su poder, sino que atrae por su bondad amorosa; Dios se dio a conocer en un ser humano, Jesús, al que se le denomina el Hijo. Este Dios actúa en el mundo y en la historia por el Espíritu divino.

Frente al monoteísmo absolutista y el politeísmo disperso, la Iglesia afirma a Dios como perfecta unidad en la plena trinidad en relación. Para Leonardo Boff, es de menos importancia que Dios se uno en tres personas, pues lo fundamental es que Dios es amor2. Claro que, si solo fuera único no tendría a quien amar, pero al ser tres, manifiestan a Dios-Amor amándose entre ellos infinitamente,

Por eso el Padre se dona al Hijo enteramente, el Hijo se entrega al Padre completamente y el Espíritu es esa donación y entrega mutua entre el Padre y el Hijo. Así Dios siendo absoluto, en el Hijo se anonada y éste se relativiza en la Encarnación como hombre, y acaba siendo esclavo de todos para terminar como víctima por nuestra salvación. La entrega entre las tres divinas personas por amor, pues, se manifiesta plenamente en la totalidad de los seres humanos por la que somos incorporados a la Trinidad Santa como sus hijos e hijas. Dios armoniza lo divino con lo humano mediante el anonadamiento en la Encarnación y la exaltación en la Resurrección.

Pero al cristianismo le sobran dogmas y le falta compromiso por la vida. La Iglesia de Jesús se ha organizado de forma vertical, jerárquica, como poder absoluto, con un Papa como vicario de Cristo, donde se da culto a un Dios todopoderoso, lo que entra en contradicción con la Trinidad. Según Boff, la monarquía divina es contraria a la Trinidad, pues favorece al poder absolutista en lo político y en lo eclesial3.

En lo político. Frente a las monarquías absolutistas, la democracia con los tres poderes sujetos a la voluntad popular -aun a pesar de sus imperfecciones, conflictos entre partidos y el sometimiento a los poderes financieros-, es una estructura más democrática y conforme a la concepción del Dios trinitario que la de la Iglesia, pues ésta se mantiene estructurada verticalmente en castas (curia, obispos, sacerdotes, religiosos), con poder absoluto en sus diferentes esferas de: Pontífice, obispos y párrocos. Ni siquiera el papa Francisco, a pesar de sus esfuerzos proféticos será capaz de reformar la Iglesia según el modelo trinitario. Estimo que al menos sería bueno que los cristianos nos responsabilizáramos en promover la democracia tanto en las parroquias y movimientos como en las diócesis.

Considerando al pueblo cristiano el verdadero vicario de Cristo y al papa un humilde siervo de los siervos, todos los cargos de la Iglesia -al menos el de Pontífice y los de obispos y párrocos-, deberían de ser elegidos democráticamente; la fe en un Dios Trinidad nos lo sugiere. Todo ello siguiendo el ejemplo de Jesús, que vino a liberar a los oprimidos y a los empobrecidos desde el servicio y no desde el poder, desde la entrega de su vida y no desde la opresión a la vida del pueblo.
Cuenca, mayo del 2021
Pedro Serrano García

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