Mientras escuchaba el discurso que William Barr, el fiscal general, pronunció la semana pasada en la Escuela de Derecho de la Universidad de Notre Dame, me vino a la mente el título de una vieja película, Dios es mi copiloto . Me di cuenta de que los empleados de Donald Trump le han dado un giro a este título que les va mejor: si algo nos dice el discurso de Barr es que su estrategia es convertir a Dios en el cómplice de su jefe.
No sólo declaró que la secularidad es mala; también dijo que el daño que inflige es intencional: ?Esto no es deterioro. Es destrucción organizada??. Si este tipo de mensaje no les da miedo, debería, pues es el idioma de las cacerías de brujas y las matanzas. ··· Ver noticia ···
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