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Desorden público -- Jesus Renau

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Cristianismo y justicia

Cuando escuchamos esta expresión en los medios, normalmente entendemos que se refieren a un alboroto, una gamberrada, un tumulto. Pero también es un desorden público que un niño no pueda ir a una escuela adecuada; que un enfermo muera porqué han alargado tanto la lista de espera que la depresión ha precipitado el final de su vida; que una familia endeudada acabe en la calle por culpa de la especulación.

El desorden público se salta la ley, practica la violencia y utiliza la libertad contra los derechos y la moral. Hay un desorden espectacular, cuando se queman contenedores, se esparce la basura, hay golpes, heridos etc. Todos hemos visto imágenes de este tipo de desórdenes.

¿Y no es un desorden público que tantos millones de personas pasen hambre mientras se destruyen toneladas de alimentos para mantener unos precios competitivos? ¿No es un desorden público la discriminación por razón de raza, inmigración o quiebra económica que ha enviado al paro a una familia entera?

Es correcto que la policía disponga de medios contundentes para hacer respetar la ley, siempre que sean utilizados según las mismas leyes y la moral cívica. ¿De que medios eficaces se ha dotado la sociedad para defender en tiempo de crisis el derecho a ser, el derecho a comer, a la cultura, a la salud?¿No son en gran parte las organizaciones sin ánimo de lucro, la iglesia, las iniciativas de la sociedad civil… las que están amortiguando el golpe de tantos recortes? ¿Por qué la policía va a dotarse de nuevos instrumentos (y no lo criticamos) y los ciudadanos en cambio han de buscar soluciones al margen de sus derechos sociales? ¿Dónde está la policía contra el hambre, contra las largas enfermedades, contra la depresión familiar y contra el derecho a vivir?

Hay una jerarquía de valores. No todo es relativo. El valor supremo es la dignidad de la vida humana, que comporta unos cuantos elementos fundamentales. La democracia representa un conjunto de derechos y deberes. Deber es de los gobiernos, de los parlamentos, de las autoridades que representan el poder popular el servir a los ciudadanos sin recursos con aquellos mínimos que les permitan mantener dignamente su condición de personas humanas. Anteponer otras cosas, por muy importantes y valiosas que sean, es un desorden público.

No es imposible que esto llegue a provocar un desorden público ruidoso y estridente, porqué ya va siendo mucha la gente que está al límite. La forma de prevenir una situación que la gran mayoría no desea, consiste en ordenar la sociedad en tiempos de crisis al servicio de los ciudadanos, con preferencia clara con los más débiles, empobrecidos, enfermos, viejos… etc. No es cuestión de decirlo, sino de hacerlo.

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