El eco en los diarios escritos y digitales, regionales y nacionales, estaba asegurado: el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, vuelve a hablar de los inmigrantes. Lo hace en dos mensajes publicados en su cuenta de X. El más actual es el del 3 de septiembre de 2026. “España escenificó su apoyo solidario a Ceuta y Melilla. También en Covadonga en plena novena a la Santina. Lugar de reconquista que recuerda que hemos de recuperar lo que vale la pena, lo que nos sostiene e identifica ante la pretensión marroquí y la inanición de una gobernanza fallida”. Quizás el obispo esté en Covadonga, pues es tiempo de la novena a la Santina, y, posiblemente por estar allí, el leguaje de reconquista que emplea. Sobre el tema de Ceuta ya antes se había comentado también en X: “Incomprensible avalancha de tantos jóvenes q con algún toque de corneta cruzan por miles las fronteras de Ceuta con sus vivas. Nueva marcha verde ante la debilidad extrema de un gobierno tocado conquistando sin armas ni estrategia la imposible esperanza de su libertad y hambruna”. Podríamos subrayar su visión de Covadonga como “lugar de reconquista”, que llama a “recuperar lo que vale la pena”, y también la masiva entrada que hacía ver la “pretensión marroquí” y sobre manera el calificativo de “gobernanza fallida” del Gobierno.
En los dos textos de Twitter citados ataca, como acostumbra a hacer cuando sube al escenario político, al gobierno de España, que, desde sus criterios, uniéndose a todos los de la oposición ultraconservadora y de extrema derecha, lo califica de gobernanza fallida y de no hacer lo debido, manifestando una “debilidad extrema”, pues quienes han entrado “lo hicieron sin armas ni estrategia”. Indudablemente es mucho decir y, además, regando fuera de tiesto.
Como se ha visto, la gran mayoría de los que entraron en Ceuta, posiblemente no eran de verdad inmigrantes, pero seguro que sí casi todos los que se negaron a retornar a Marruecos. A esos, que son los que crearon un problema humanitario de primer orden, desde el Evangelio lo que hay que recordar es la obligación de acoger, proteger, promover e integrar que tenemos todos empezando por el gobierno central español, el de las autonomías, especialmente con los menores, incluyendo la Iglesia católica española, más si el que habla del tema está en el santuario de la Virgen de Covadonga, a la que en todos los lugares del mundo se invoca como madre de misericordia, palabra que encierra la atención cordial hacia los más empobrecidos que viven en la miseria, acosados día y noche por el hambre, la guerra y otras violencias típicas de los países donde no se respetan los derechos humanos. La presión sobre ellos es tan fuerte que, a pesar de los muchísimos que mueren intentando la huida por el Atlántico o el Mediterráneo para llegar a Europa, corren el riesgo de hacerlo.
El obispo de Oviedo ha querido regar en otra huerta y ha hablado desde su postura política, con la que no todos los asturianos coincidimos, pues hay quien ha visto una prudente respuesta, a la que no se ha puesto aún el punto final, a la espera de más información. Las opiniones políticas al respecto son varias y diferentes, algunas en matices, otras con discrepancias radicales. Es normal. Pero tratándose de D. Jesús Sanz, un obispo, que además está en el ejercicio de su ministerio, se ve en él demasiada política partidista y poco evangelio.
Que este obispo no representa la opinión de todos los asturianos es evidente. Ahí está el reciente Documento de las 100 firmas y el anterior comunicado “ERA INMIGRANTE Y ME ACOGISTEIS” del Colectivo Cristianos de Asturias por una Iglesia Sinodal. Pero, lamentablemente, también es igual de evidente la escasa manifestación de la opinión de quienes no comulgan con él.
La estructura jerárquica de la Iglesia y el modo de entender la autoridad en ella les da a los obispos una poder tan grande que puede anular la capacidad de visión y de libertad de los que viven en las bases del pueblo fiel. Había nacido una cierta esperanza de que este sínodo podía cambiar algo las cosas, renovando en los temas tratados la legislación vigente, pero parece que solo llegará a hablar a la conciencia de las legítimas autoridades para que oigan las opiniones de sus fieles y, en cuanto ellos estimen, les hagan caso. “No se les puede ignorar”, sobre todo cuando hablan desde dentro de una institución eclesiástica. El número 92 del Documento final POR UNA IGLESIA SINODAL: COMUNIÓN, PARTICIPACIÓN Y MISIÓN es contundentemente cortante para poder hacer cualquier revisión sobre el autoritarismo eclesiástico, que es el soporte del tan denostado clericalismo que tantos males ha producido en la Iglesia. Las fuerzas de progreso son tan minoritarias que poco pueden hacer para abrir una nueva etapa que modernice el modo de ser de nuestra Iglesia y ponerla en consonancia con los valores que impulsan los derechos humanos, que gravitan sobre los ejes ya clásicos de la libertad, la igualdad y la fraternidad, tan ultrajados en las relaciones internas eclesiásticas. Recordemos las reivindicaciones de colectivos dentro la Iglesia como el de la mujeres, o el de los LGTBI, o el que pide desligar el sacerdocio del celibato… La Iglesia no tuvo miedo a cambiar para adaptarse al Imperio Romano, incluso alejándose del evangelio de Jesús. Ahora, para modernizarse, lo tiene, a pesar de que se puede ver en ello una exigencia del evangelio cristiano fundacional.
José María Álvarez. Oviedo, 5 de septiembre, 2026

