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DECLARACIÓN FINAL DE LA FEDERACIÓN LATINOAMERICANA PARA LA RENOVACIÓN DE LOS MINISTERIOS. Mario Mullo Sandoval y Rosita, presidentes

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A nuestros hermanos, los obispos que han de reunirse en Aparecida, Brasil, el mes de mayo de 2007.

Queridísimos hermanos:

En la Ciudad de Quito, Ecuador, en el Triduo Sacro del año del Señor de 2006, un grupo de Sacerdotes Católicos Casados acompañados de nuestras esposas y de algunos de nuestros hijos, delegados de Argentina, Colombia, Ecuador, México y Perú, y con la participación epistolar de Brasil, Chile, Guatemala, Paraguay y Venezuela, integrantes de la Federación Latinoamericana para la Renovación de los Ministerios y miembros de la Confederación Internacional de Sacerdotes Católicos Casados, nos hemos reunido para reflexionar sobre la situación de nuestros hermanos latinoamericanos, de la Iglesia a la que pertenecemos, y de las posible soluciones de las que nos sentimos, como con las causas, corresponsables.

Como hermanos vuestros por el Bautismo y por el Sacramento del Orden, nos sentimos con la obligación de exponer a vosotros, los “puestos por el Espíritu para presidir la Iglesia de Dios”, el fruto de esta reflexión.

Al acercarse la V Conferencia del CELAM habéis invitado a todo el Pueblo de Dios a expresaros su pensamiento. Nos hemos sentido interpelados, si bien no particularmente, y después de 30 años de nuestra historia como grupos, creemos que es el Espíritu quien nos ofrece esta oportunidad.

Nos “urge la Caridad de Cristo”. Nos apremia el grito del Apóstol: “Ay de mí si no anuncio la Buena Nueva”. Nos sentimos comprometidos por el llamado que Jesús nos hiciera una vez y para siempre a servir a nuestros hermanos desde nuestra condición de ministros, es decir, de servidores ordenados. No buscamos otra cosa que Su Gloria y la Construcción de su Reino, cuyo advenimiento será para elevar la condición de nuestros hermanos. Lamentamos de antemano tener que señalar algunas realidades que se oponen a este triple objetivo y de las cuales somos igualmente corresponsables.

I. Algunos aspectos de la realidad de nuestra América

1) La situación de nuestros hermanos latinoamericanos:

En estas últimas décadas somos testigos de la agudización de una crisis a todos niveles, propiciada por un sistema económico, político y cultural, neoliberal que ha acrecentado aún más la brecha entre pocos ricos y millones de pobres. Las características de este sistema son:

1- En lo político el debilitamiento de los Estados Latinoamericanos, por la ingerencia de Estados poderosos que atenta contra su soberanía y su libre autodeterminación y que no permite el ejercicio de auténtica democracia, con el único afán de consolidar su proyecto privatizador.

2- En lo económico, la concentración de capitales en manos de empresas transnacionales. La pobreza que de aquí se deriva, clama al cielo. En el año 2005 el informe de la CEPAL arrojó el dato de 222 millones de pobres (44% de la población latinoamericana), de los cuales 96 millones se encuentran en situación de extrema pobreza: viven con menos de un dólar al día. De México hay más de siete millones de emigrantes; de Ecuador más de 2, situación compartida por la mayoría de los países latinoamericanos. En Colombia hay 2 ½ millones de campesinos desplazados, consecuencia de una violencia institucionalizada.

3- En lo ecológico, los recursos naturales y energéticos de los pueblos son saqueados en un 80 % en beneficio de las transnacionales, causando un deterioro severo en las relaciones del hombre con la naturaleza. Presenciamos un ecocidio y un genocidio nunca antes conocido por la humanidad.

4- En lo cultural la imposición de culturas extranjeras que pretenden arrasar nuestras identidades y así convertirnos en pueblos dependientes y serviles. La iniciativa y creatividad del pueblo, además, se agotan ante la imposición de este modelo económico.

Ante este panorama nos preguntamos: ¿qué hacen los estados y qué respuestas tienen las religiones? Más específicamente: ¿qué hemos de responder y qué hemos de hacer los que profesamos la religión mayoritaria en Latinoamérica y en el planeta?

2) La situación de la Iglesia en América Latina

Hay algunos hechos que nos llenan de esperanza:

– Presenciamos ahora cómo emerge de distintas formas la fuerza de la comunidad: un gigante se despierta.
– Se abren foros internacionales cumbres donde se expresa el rechazo del pueblo al sistema opresor.

– En el episcopado Latinoamericano ha habido y hay verdaderos testigos del Evangelio, ejemplares pastores. Algunos han sellado con su sangre su acción profética. Lamentablemente hemos de expresar aquí que, juntamente con el Pueblo de Dios, seguimos desconcertados por el hecho de que no hayan sido aún añadidos al catálogo de los santos, de esos hermanos nuestros propuestos solemnemente por el Magisterio como modelos a seguir, si bien el pueblo, a ejemplo de la Iglesia Primitiva, los venera, invoca y reconoce como tales.

Pero a una con los anteriores, contemplamos y vivimos realidades que apremian y exigen una respuesta creativa, comprometida y valiente:

– La Iglesia Católica Romana, está retrocediendo en número ante otras denominaciones religiosas. Los templos están vacíos y el porcentaje de católicos practicantes difícilmente llega al 15 %. Alguien nos ha dado el dato – que no hemos constatado documentalmente – de que en América Latina diariamente abandonan nuestra Iglesia doce mil quinientos fieles. ¿La sal ya no sala? ¿está la luz bajo el celemín? Lo más grave de todo es que, celebraciones religiosas extraordinarias y multitudinarias sirven para tranquilizar las mentes y las conciencias de quienes deberían no poder dormir frente a estas realidades.

– La percepción generalizada del pueblo es que el compromiso actual de las autoridades de la Iglesia es con las clases política y/o económicamente dominantes, y que ello ha hecho olvidar el adquirido por las Conferencias Episcopales en Puebla y Medellín: la opción preferencial por los pobres.

– De igual manera, el Pueblo de Dios, en general, percibe a sus pastores lejanos de sí y de sus verdaderas necesidades. Esto constituye un escándalo para los fieles y se refleja en la falta de vivencia evangélica en unos y otros. Títulos anacrónicos y principescos, protagonismos de pastores que aparecen en los medios codo con codo con los “príncipes de este mundo” (algunos de ellos odiados por el pueblo o por lo menos vistos con suspicacia como explotadores y ladrones), contaminan los sentimientos de los fieles hacia sus pastores.

– El pueblo a-crítico es ya, por fortuna, una figura del pasado. Sin embargo, el “sensus fidelium” es muchas veces ignorado, como consecuencia de una exacerbada división de la Asamblea en “Iglesia Docente” e “Iglesia Discente”. El Pueblo de Dios se siente ignorado, e ignoradas sus necesidades. Nosotros mismos ¡cómo anhelamos la postura y la sensibilidad paulinas frente a ciertas medidas petrinas que no responden a dichos requerimientos! … No creemos que la situación que originó el episodio de Antioquia haya sido un caso único en la Historia de la Iglesia. Nos preguntamos: ¿qué Eclesiología es ésta que en la práctica ve a los obispos no como Vicarios de Jesucristo en su Iglesia Local, sino como vicarios del obispo de Roma?

– Y a nivel local: ¿cuánto escuchan los obispos la voz de su presbiterio? ¿cuánto son libres los presbíteros para decir lo que realmente ven, viven y piensan y no lo que el obispo quiere escuchar? Muchos de nosotros no acaban de sanar las heridas recibidas mientras fueron parte de ese presbiterio… Nos preguntamos ¿será mejor ahora la situación de quienes siguen en el ministerio, o simplemente se trata de ignorarla?

– Todo lo anterior ha acallado la voz de los pastores. Su voz no es escuchada por el rebaño. Hoy se escucha a la Televisión, a la radio, al internet… ¿Por qué no se está cumpliendo lo dicho por el Maestro: “Ellas no escucharon la voz de los extraños” “Mis ovejas escuchan mi voz”? ¿No debe alarmarnos la cuenta que de esto habremos de dar al Dueño del rebaño?

– Constatamos una alarmante disminución del número de quienes responden al llamado de Jesús para ser ungidos por el sacramento del orden. Estamos seguros de que el Espíritu sigue llamando, pero creemos que lo que dificulta la respuesta es el perfil del Ministro como está diseñado. El hombre de hoy jerarquiza de otra manera los valores, valores que son igualmente evangélicos. ¿Qué impide, en Nombre de Dios, qué impide que los pastores sintonicen estos valores? He aquí un punto sobre el que ha de reflexionarse en oración y en humildad, y en el que hay que evitar respuestas precipitadas y baratas.

– Por añadidura (ved las estadísticas y haced proyecciones matemáticamente correctas), los actuales ministros (=servidores) de la Iglesia son una especie en extinción. En EE. UU. AA. son más numerosos los que superan los 90 años que los menores de 30; la edad promedio de los presbíteros en las naciones, fatalmente sigue creciendo (por ejemplo, 59 años en México; 50 en el Ecuador, etc.), en Europa, Estados Unidos y en algunas partes de Latinoamérica se está ya dando el cierre o la fusión de parroquias por falta de ministros que las atiendan. ¿Qué nos espera dentro de diez o más años?

– Nos entristece constatar que hay quienes no quieren ver. Nos entristece ver inserciones pagadas en los medios donde se pretende captar vocaciones ofreciendo “estudios en Europa” o incentivos semejantes. Nos apena ver el afán de quienes construyendo edificios funcionales e inclusive lujosos para el medio en que vivimos, quieren dar respuesta a la mencionada crisis. Por encima de todo lamentamos que –según lo aceptó el mismo papa- muchas veces los que responden al llamado en ciertos países, buscan consciente o inconscientemente, una promoción social y/o económica más que el Advenimiento del Reino y el Servicio a sus hermanos.

II. Algunas posibles soluciones

Permitidnos opinar y tened paciencia al escucharnos. No hablamos desde nuestra “ciencia”, ni desde nuestra “alta” posición dentro de la Iglesia, como es evidente, sino desde nuestra humilde condición de laicos, de hermanos menores, de compañeros y copartícipes de los que forman la base del Pueblo de Dios,

Necesitamos vivir a plenitud la enseñanza del Señor: “Entre vosotros no debe ser así: de vosotros, el mayor, se haga como el menor y el que manda, como el que sirve”. Hoy en la Liturgia del Jueves Santo así lo hemos recordado. “Uno solo es vuestro Padre, Uno vuestro Maestro, Uno vuestro Señor, y todos vosotros sois hermanos”. Desde luego que no pretendemos con este recuerdo ni aleccionaros ni tampoco confundir las funciones. No son las funciones las que cuestionamos, sino la forma de ejercerlas e inclusive frecuentemente su alcance. No son Constantino ni el Medeievo los modelos, sino el impetuoso y abierto Pedro, el vigoroso, valiente y cálido Pablo, el místico y tierno Juan. Ya el Vaticano II se ha encargado de señalar los caminos.

Nos atrevemos incluso a plantear algunas opciones concretas:

– Necesitamos dar reconocimiento y carta de ciudadanía dentro de la Iglesia al profetismo. Debemos temblar ante la acusación crística: “¿A cuál de los profetas no habéis perseguido?” Es necesario abrir las puertas de la Iglesia a lo que en la sociedad civil se llama “opinión pública”.

– Urgir ampliar ante la Curia Romana el principio de Colegialidad, y ejercerlo valiente y responsablemente.
– Apremia despojar a los ministerios de las circunstancias y condición de “casta”, y pensar en la ordenación de varones casados conforme las enseñanzas paulinas.

– Debe suprimirse la “carrera clerical”. Todos somos testigos… (y quizá hasta en nuestro tiempo participamos) de la competencia por “subir”, por tener las “mejores” (¿con qué criterio? ¡lo sabemos!) parroquias, por lograr títulos más nobiliarios que evangélicos, que nos alejarían más del pueblo, que nos enajenarían aún más. Para ello es indispensable la real escucha del verdadero pueblo cuando se trate de elegir a los pastores.

– Desprenderse con humildad de títulos anacrónicos y alienantes, que no tienen otra justificación que la de mantener la distinción de castas dentro de la Iglesia.

– Proponer (canonizar) como modelos de vida cristiana no sólo a clérigos y monjes, sino sobre todo a hombres y mujeres comprometidos en la lucha por vivir el Evangelio en el corazón del mundo y en medio de la diaria brega.

– Promover dentro de la Iglesia el valor de lo autóctono, resaltando la pluralidad de nuestros pueblos (ABBYA-YALA)
– Promover por todos los medios a nuestro alcance la reivindicación de la mujer; el rol femenino en la marcha del Pueblo de Dios, en el compromiso evangélico, en el testimonio del discipulado. La teología y la eclesiología patriarcales deben ser cosa del pasado.

– Que la Iglesia asuma el compromiso, como parte de su misión evangelizadora, de hacer conciencia entre sus hijos y entre todos los hombres, del respeto hacia nuestra “Pacha Mama” (Madre Tierra) y así conservar, restaurar, la revalorizar y vigilar nuestras especies endémicas en peligro de extinción.

– Y por encima de todo: consideramos que la clave de la renovación de la Iglesia es el servicio a los pobres, entendido como el compromiso con los hombres y su liberación del pecado y de las consecuencias del pecado, la primera de las cuales es la explotación del hombre por el hombre hasta llegar al derramamiento de la sangre del hermano por el hermano. Pedimos una Iglesia más evangélica, que significa para nosotros una Iglesia apegada a los principios de la Buena Nueva de Cristo. Una Iglesia enviada a liberar a los oprimidos, una iglesia fraterna que dentro y fuera de ella, sienta y trate a todos como hermanos, identificándolos como hijos de Dios. Una Iglesia educadora y evangelizadora a través de su propia praxis, menos declarativa y más vivencial. Una Iglesia de grupos pequeños donde los hermanos se conozcan y compartan: una Iglesia comunitaria y no colectiva.

Hermanos obispos: deseamos cerrar esta declaración reiterando nuestra postura como Sacerdotes Católicos Casados citando a un profeta de nuestros días, hermano vuestro en el episcopado, y miembro de nuestro grupo: Jerónimo Podestá que goza ya de la paz de Cristo:

“No estamos dejando la Iglesia, nos estamos acercando a la Comunidad. No estamos haciendo a un lado a la jerarquía, estamos colocando al hombre en el centro. No estamos desechando la estructura, estamos defendiendo la vivencia. No estamos haciendo a un lado el ‘Logos’, estamos permitiendo que el ‘Logos’ se haga carne”.
Fraternalmente en el Corazón de Cristo:

Rosita y Mario Mullo Sandoval Clelia Luro de Podestá
Presidentes de la Federación Vicepresidenta Honoraria Vitalicia

Tere y Lauro Macías R. Teresita y Holger Torres H.
Vicepresidentes para México y Mesoamérica Vicepresidentes para la Región Andina

Giorgio Ponciano y Sra. Nora y Ramiro Pineda A.
Vicepresidentes para el Cono Sur Secretarios

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