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De cómo los biocumbustibles deterioran y empobrecen -- François Houtart

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Atrio

Este “joven” sacerdote sociólogo y pastoralista lleva más de 50 años recorriendo países de América, Asia y África con la vista y el corazón abiertos -como Jesús- a quienes sufren las consecuencias del subdesarrallo o del desarrollo capitalista. No es constructor de teorías sino analista lúcido de hechos y consecuencias. Publicamos una reciente carta que acaba con la promesa de otra. Houtart será de nuevo ponente este año en el XXVIII Congreso de Teología en Madrid.

Montes Claros, Minas Gerais, 22.08.08

Queridos amigos y amigas:

Esta vez les escribo desde Brasil. Participo en un interesante coloquio en la Universidad de Montes Claros, una pequeña ciudad al norte de Minas Gerais. En él ha estado muy presente el tema de los biocombustibles. La oposición en los medios campesinos y en los intelectuales que se preocupan por los problemas sociales es importante. Los desastres ecológicos y sociales son más graves de lo que pensaba. Brasil no escapa a la lógica de los monocultivos ni a todas sus consecuencias: desecación de regiones enteras, deterioro de los suelos, contaminación de las aguas y expulsión de las poblaciones locales.

En este momento, este es el caso de los monocultivos de soya y eucalipto. Lo de estos último es un verdadero escándalo: solamente en este Estado hay 2 millones de hectáreas de plantaciones de eucaliptos. Se utilizan para hacer carbón de madera para la industria siderúrgica. Las plantas son genéticamente modificadas para favorecer su rentabilidad. Se quema la madera allí mismo, lo que produce una contaminación enorme. El colmo es que a esto se lo llama reforestación (la región del Cerrado que era una de las más ricas en biodiversidad ha sido casi completamente deforestada por el monocultivo y la cría de ganado) y que los subsidios oficiales se destinan a este efecto, así como las ayudas exteriores. Y para rematar, los proyectos entran en la bolsa de carbono, prevista por el Protocolo de Kyoto sobre el clima, que permite a algunos países comprar cuotas de emisión de carbono a condición de financiar proyectos de «reforestación». He visto algunas de esas plantaciones y observado desde el aire los efectos de la quema de la madera.

Para realizar estos proyectos (la tercera generación de agrocombustibles prevé la utilización de madera), se expulsa a los campesinos de sus tierras, así como a las comunidades indígenas, una de las cuales he podido visitar. Como la mayoría no tienen títulos de propiedad registrados, es fácil. Los campesinos vienen entonces a engrosar las chabolas o favelas, especialmente en esta pequeña ciudad de Montes Claros y sale a la luz en los proyectos de lucha contra el hambre y contra la pobreza del gobierno, que son evidentemente financiados con fondos públicos. Hermoso ejemplo de utilización de los fondos públicos para pagar las «externalidades» de los intereses del capital. Evidentemente, las grandes empresas nacionales o internacionales son las que realizan esos proyectos.

Se cultiva también caña de azúcar para producir etanol, con condiciones de trabajo lamentables y ritmos de producción insostenibles, sin mencionar la toxicidad de los productos químicos utilizados como abono o pesticidas que afectan a la salud de los trabajadores y de las poblaciones locales. Como muchas plantas producen aceite, Petrobras ha montado una nueva fábrica de aceite en esta ciudad de Montes Claros para biodiesel. De momento es a escala mediana, pero el peligro de desarrollar monocultivos para biodiesel es muy grande.

He podido visitar también una cooperativa agrícola, basada sobre una agricultura orgánica y ecológica, que beneficia a más de 3000 familias campesinas. El principio es la biodiversidad, comprendidas las plantas que producen aceite y caña de azúcar, que en el futuro podrán producir etanol y biodiesel para las necesidades locales. Las tecnologías no son complicadas. La cooperativa centraliza la pulpa y pronto producirán aceite, pero por el momento deben todavía pasar la salida de los productos por los grandes circuitos, lo que las obliga a los precios fijados por éstos, que tienen el monopolio (u oligopolio) sobre el sector.

La productividad de la agricultura familiar va progresando y este tipo de agricultura promete ser más eficaz que los monocultivos, porque respeta los equilibrios suelo-aguas, las plantas tradicionales en la zona de biomasa del Cerrado, y también la diversidad. Este proyecto está apoyado por fondos de las Naciones Unidas y de la Unión Europea. Qué ironía ver que por un lado se gastan cientos de millones de dólares para promocionar un modelo de desarrollo destructor y por el otro algunos cientos de miles de dólares para reparar los «daños». En un coloquio en la Universidad de Montes Claros varias comunicaciones trataban sobre estos temas.

Por otra parte, aquí estamos en la cuenca del río san Francisco, de la que tanto se ha hablado en los últimos tiempos. Hay en proyecto una gran represa, que están empezando a construir. Van a inundar centenares de kms2, desplazando a sus poblaciones y con efectos ecológicos indirectos que pueden ser graves. La oposición es creciente. Un obispo franciscano ha hecho ya huelga de hambre en dos oportunidades para protestar contra este proyecto. Los movimientos campesinos y otros se han movilizado. Se trata de uno de esos megaproyectos que afortunadamente cada vez son más contestados, pero este caso concreto es objeto de intereses económicos considerables. A pesar de todo el proyecto continúa. Han enviado al ejército para mantener el orden y tranquilizar la región. Nadie sabe qué pasará en el futuro, la hipótesis es que finalmente el proyecto será parado ante las desastrosas consecuencias ecológicas y sociales que implica su realización, pero después de haberse tragado centenares de millones de dólares.

La charla que hice para la sesión de inauguración del coloquio se titulaba «Los discursos sobre los biocombustibles y la lógica del capital», mostrando que el carácter de este discurso ha cambiado completamente en los últimos diez años, de un discurso más ecológico que de izquierda a un discurso tecnócrata claramente de derecha, incluso aquí en Brasil, un discurso casi mesiánico (los biocombustibles van a salvar a la humanidad) y a veces (en menor medida) nacionalista. Después abordé el problema de la adecuación entre el discurso y la realidad para finalmente tratar de ver cuales son las funciones reales del desarrollo de los biocombustibles. En efecto, todo indica que no son una solución para el clima (el ciclo de su producción y distribución es poco más favorable a las emisiones de CO2 que la energía fósil, y en algunos casos, menos), su contribución a la crisis energética es real, pero marginal (entre un 5 y un 10%). Entonces ¿por qué ese entusiasmo y esa publicidad en los medios de negocios, incluidos los de capital financiero? La hipótesis es que su función principal es contribuir a la acumulación de capital, con ganancias rápidas a corto y mediano plazo, frente a la crisis de acumulación y la búsqueda de nuevas fronteras. De aquí el interés de sectores importantes del agronegocio, de las industrias químicas, petroleras y del automóvil hasta los fondos de pensiones y las operaciones de especulación.

La reacción ha sido muy positiva porque la mayor parte de los que trabajan sobre el terreno tienen posiciones críticas frente los efectos directos de la producción de biocombustibles en las presentes circunstancias. Una visión más global sobre la cuestión de la crisis alimentaria, que a primera vista concierne menos a Brasil, era útil. No hay que fijarse únicamente en la situación brasileña y los ejemplos de otros países (Colombia) y continentes (Indonesia, África) son importantes para poder hacer una apreciación más general.

En la sesión de apertura, hubo una intervención del Ministro de Asuntos Sociales, Patrus Ananias, que hizo una excelente exposición sobre las políticas sociales del gobierno Lula: lucha contra el hambre, contra la pobreza, bolsa-familia, etcétera. Es impresionante y los resultados son reales. Sin embargo, el gran problema en Brasil es que estas iniciativas necesarias y bastante bien organizadas sobre una base descentralizada entran en contradicción con las políticas macroeconómicas: ausencia de reforma agraria, crecimiento del modelo agroexpotador basado en el monocultivo, beneficios para los grandes propietarios, las multinacionales y el sistema bancario. Antes de iniciar su discurso, el ministro, quiso reconocer en nombre del gobierno brasileño mi trabajo en Brasil, desde la JOC de los años 50, las investigaciones y publicaciones, la colaboración con don Helder Câmara durante el Concilio Vaticano II, y los Foros Sociales Mundiales. No me lo esperaba. Era la sorpresa que los amigos brasileros, siempre llenos de atenciones, me habían preparado.

Después del coloquio, haré algunas otras visitas en la región. Esto me ha servido para conocer los aspectos concretos de los biocombiustibles y para tratar de terminar en el menor plazo posible la obra que estoy preparando sobre estas cuestiones.

Hasta pronto y un cordial saludo,

François Houtart

[El autor ha prometido otra carta sobre las anunciadas visitas a la Región. Traducción de Mª José Gavito]

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