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Critica a la Extrema Izquierda, su visión de que nos hace revolucionarios y que nos posiciona en la Izquierda -- Alonso Salinas García

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Este año es el centenario de la Revolución Rusa, con ello no hace mal para la izquierda –en especial para la atrapada en universidades y en la marginalidad del radicalismo- recordar lo señalado por Lenin en su texto La Enfermedad Infantil del Izquierdismo en el Comunismo; la crítica al extremismo de sectores más preocupados por sueños y romanticismo a la realidad objetiva, más preocupada de demostrar que son más izquierda, más revolución, más teoría –cuando obviamente no es así- que el resto de la izquierda, en vez de pensar cómo hacer más revolución. Pues lo único que justifica la existencia de la izquierda es mejorar las condiciones de vida del pueblo, no es predicar un porvenir o ser los buenos de la historia, son las transformaciones.

En la izquierda, antes los blanquistas, hoy los neo guevaristas e históricamente grupos anarquistas –que de anarquista tenían más la desobediencia que la teoría anarquista como sustento de sus acciones- han golpeado a los socialistas de toda tendencia no solo por el “reformismo”, sino, por la procedencia social. La cuestión de clase es importante aún para la Socialdemocracia como también lo era para la Sociedad Fabiana, pero aun así no eran grupos uniformes en términos de una sola clase. Siempre han sido dirigidos u organizados por lo que podríamos llamar como la pujante pequeño burguesía: profesionales y comerciantes de la clase media con acceso educacional de elite, así fue desde el mismo Marx ha Julius Nyerere en Tanzania, con excepciones exclusivas como Mao por ejemplo, pero aun así, con ese origen “privilegiado”. De ese origen, la evolutiva ultra izquierda, afirma ser más revolucionaria o ser la verdadera “vanguardia del pueblo” al tener orígenes por así decirlo más humildes o populares como a la vez mantenerse homogéneo. Y es ante esta posición que continuamente enfrentamos desde la izquierda por la que desarrollare la siguiente crítica.

No existen movimientos exitosos en ámbitos culturales y/o políticos que sean exclusivos de orígenes humildes. Pues estos para existir requieren de la pequeño burguesía para surgir y agitar, como para su desarrollo a la maduración del movimiento de los trabajadores requieren de todos los oprimidos, no solo una clase específica.

Los partidos de clase, entendiendo esto como una sola clase determinada, poseen el problema de que las masas no se organizan por sí sola, más bien, ante las crisis sociales se movilizan, reaccionan a lo inmediato. Es deber de los partidos dar la Conciencia de Clases para la organización de los trabajadores. Y no puede, y así lo ha demostrado la historia, nacer de forma puritana desde los más pobres y miserables una organización revolucionaria exitosa. De los más cercanos al pueblo nacieron los Ludistas, quienes solo destruían las maquinarias durante la Revolución Industrial, pero nunca afectando el modelo productivo ni la sociedad en que vivimos. Mientras de los privilegiados, la pequeño burguesía, surgen grandes teóricos como Marx, grandes políticos como Bebel, revolucionarios como Lenin o guerrilleros como Che Guevara mismo.

El filósofo creador del Materialismo Histórico dijo en el 18 Brumario de Luis Bonaparte:
“La pequeño burguesía (…) reconocen que tienen enfrente a una clase privilegiada, pero ellos, con todo el resto de la nación que los circunda, forman el pueblo. Lo que ellos representan es el interés del pueblo” (1852, pag. 82. Buenos Aires: Longseller).
A largo plazo los intereses de esa sección oprimida, pero privilegiada en muchos sentidos, es el mismo que de la sección más miserable, como lo es el campesinado, no es antagónico, no hace más revolucionaria o menos a una organización tener militantes en posiciones más acomodadas que el resto mientras estos tengan conciencia de clases. Pues la fijación sobre los proletarios del marxismo ortodoxo no viene de la lectura de Marx, sino de la condición subjetiva de aquellos años, donde la mayoría de la población en los países industrializados exclusivamente era proletaria. No porque los obreros fueran masa revolucionaria de excelencia eran centro de atención, sino, porque fueron y son aun en ciertos países el motor productivo de la Sociedad. El filósofo alemán niega aquella reducción de su teoría, aquella ridícula idea de que un partido para hacer la revolución y ser exitoso solo necesite de obreros exclusivamente o debe ser totalmente compuesto por pobres, eso lo deja muy en claro en una carta a la socialista rusa Vera Zasúlich, donde afirma:
“El análisis presentado en El capital no da, pues, razones, en pro ni en contra de la vitalidad de la comuna rural, pero el estudio especial que de ella he hecho, y cuyos materiales he buscado en las fuentes originales, me ha convencido de que esta comuna es el punto de apoyo de la regeneración social en Rusia, más para que pueda funcionar como tal será preciso eliminar primeramente las influencias deletéreas que la acosan por todas partes y a continuación asegurarle las condiciones normales para un desarrollo espontáneo” (Carta de Karl Marx a Vera Zasúlich. 8 de marzo de 1881. 41, Maitland Park Road, Londres, N. W.).

No es una clase la que hace la revolución y no son los pobres los más revolucionarios. Para asegurar las transformaciones sociales necesitamos de la Voluntad Colectivo Nacional -en términos gramscianos-, y para ello requerimos la Hegemonía sobre las conciencias de la Sociedad Civil para ganar por vías electorales o armadas superando cualquier poder represivo del Estado de Clase o los poderes facticos, requerimos de la Sociedad Civil en su conjunto y no solo; obreros, mujeres o solo campesinos para la reforma o revolución. Mientras los más miserables, excluidos del sistema educativo como a la vez alienados por los medios de comunicación masiva y la jornada laboral, encontraban la proyección de la rabia y frustración en la espontaneidad de la violencia sobre las maquinas que ellos suponían que los oprimían –sin ver quiénes eran los dueños de sus trabajos y responsables de su miseria- como lo hacían los Ludistas, y hoy se descargan en el consumo, lo que Tomas Moulian definió como Ciudadano Creditcard. Sin representantes con el privilegio del bagaje cultural que agiten y enseñen al pueblo, este no podrá madurar y desarrollarse a través del tiempo para la maduración de la revolución. Sin pequeño burguesía, sin clase media, no existe la posibilidad de la existencia de un Ciudadano Marshaliano que no tenga una relación Clientelista con el Estado o sea una relación dócil del Patrón.

No se es más revolucionario por origen social, ni se está más a la izquierda por ser un partido de mayoría proletaria o campesina. Lo revolucionario se ve en los éxitos reales que tienen estos partidos, no en un romanticismo o en una fachada, lo revolucionario se ve en las trasformaciones reales sobre la sociedad, no en cuidar su apariencia o a moverse por su ego.
Alonso Ignacio Salinas Garcia (Chile)

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