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CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE: LAS IGLESIAS NO CATÓLICAS NO SUBSISTEN. Xavier Pikaza

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Xavier Pikaza

El pasado martes, 10 julio 2007, la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe, presidida por el Card. W. Levada, con la aprobación de Benedicto XVI, ha publicado un documento titulado «Respuestas a preguntas relativas a algunos aspectos acerca de la Doctrina sobre la Iglesia». Su intención central ha sido clarificar una afirmación central del Vaticano II, cuando dijo que la Iglesia de Cristo “subsistit” (está presente, subsiste) “in Ecclesia catholica” (en la Iglesia católica). Así lo ha hecho, ratificando una “verdad” que es clara para los católicos, pero que resulta limitada y pretenciosa.

Texto base del Vaticano II

El documento base sobre la Iglesia sigue siendo la Constitución Lumen Gentium, del Vaticano II, donde se dice (en la traducción oficial, que puede hallarse en www.vatican.va/archive/hist_councils/ii )

Esta es la única Iglesia de Cristo, que en el Símbolo confesamos una, santa, católica y apostólica, la que nuestro Salvador entregó después de su resurrección a Pedro para que la apacentara (Jn., 24,17), confiándole a él y a los demás apóstoles su difusión y gobierno (cf. Mt., 28,18), y la erigió para siempre como «columna y fundamento de la verdad» (1Tim., 3,15). Esta Iglesia, constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, permanece en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él, aunque pueden encontrarse fuera de ella muchos elementos de santificación y de verdad que, como dones propios de la Iglesia de Cristo, inducen hacia la unidad católica (Lumen Gentium 8, 2).

La Iglesia de Cristo “permanece” (en latín subsistit, subsiste) en la Iglesia católica. Ese término (subsistit) había sido escogido precisamente por su amplitud y porque permite precisar de modos diversos y complementarios la relación entre la Iglesia de Jesús y la Iglesia católica. Ciertamente, la Iglesia de Jesús “está, permanece, subsiste” en la Iglesia católica de un modo especial, muy intenso; pero no se identifica con ella. Hay más Iglesia que la católica, hay más presencia de Cristo que la que instituida y concretada por los organismos de la Iglesia oficial romana.

Interpretación de la Congregación de la Doctrina de la fe

Desde hace tiempo (sobre todo a partir de la Dominus Iesus: 2000), la Congregación para la Doctrina de la fe ha querido “identificar” de alguna manera la Iglesia de Jesús con la Iglesia católica “precisando el significado auténtico de algunas expresiones eclesiológicas magisteriales que corren el peligro de ser tergiversadas en la discusión teológica”. Así lo hace este documento, ofreciendo una interpretación restrictiva del término “subsiste”

En la Constitución dogmática Lumen Pentium la subsistencia es esta perenne continuidad histórica y la permanencia de todos los elementos instituidos por Cristo en la Iglesia católica, en la cual, concretamente, se encuentra la Iglesia de Cristo en esta tierra. Así dice el nuevo texto de la Congregación:

Aunque se puede afirmar rectamente, según la doctrina católica, que la Iglesia de Cristo está presente y operante en las Iglesias y en las Comunidades eclesiales que aún no están en plena comunión con la Iglesia católica, gracias a los elementos de santificación y verdad presentes en ellas, el término «subsiste» es atribuido exclusivamente a la Iglesia católica, ya que se refiere precisamente a la nota de la unidad profesada en los símbolos de la fe (Creo en la Iglesia «una»); y esta Iglesia «una» subsiste en la Iglesia católica.

Pregunta ¿Por qué se usa la expresión «subsiste en ella» y no sencillamente la forma verbal «es»?
Respuesta: El uso de esta expresión, que indica la plena identidad entre la Iglesia de Cristo y la Iglesia católica, no cambia la doctrina sobre la Iglesia. La verdadera razón por la cual ha sido usada es que expresa más claramente el hecho de que fuera de la Iglesia se encuentran «muchos elementos de santificación y de verdad que, como dones propios de la Iglesia de Cristo, inducen hacia la unidad católica».
«Por consiguiente, aunque creamos que las Iglesias y comunidades separadas tienen sus defectos, no están desprovistas de sentido y de valor en el misterio de la salvación, porque el Espíritu de Cristo no ha rehusado servirse de ellas como medios de salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de la gracia y de la verdad que se confió a la Iglesia».

Verdad parcial de la Congregación para Doctrina de la fe

Desde una perspectiva de principio, yo me alegro de esta Declaración, pues ella nos permite comprender mejor el sentido y amplitud de la Iglesia católico. Si soy católico, es porque creo que en mi iglesia se despliegan “en sentido intenso” los valores y esperanzas, las tareas y promesas de la Iglesia de Jesús. Si no admitiera como base lo que dice la Congregación, si no afirmara que la Iglesia de
Jesús “subsiste” (permanece) en mi Iglesia, yo no sería católico.

Dicho eso, he de añadir que el término «subsistit» del Vaticano II, vinculado a una larga historia teológica, que ha ido matizando el sentido de la subsistencia (aplicada sobre todo a la persona de Cristo), tiene otros sentidos y matices que la Congregación no ha recogido. Dejo ese tema para los especialistas (o para otro momento). Dejo también a un lado el riesgo que veo en la «prisa» por definirlo todo… Los temas de la Iglesia no se resuelven por «definiciones», sino por despliegue de vida. Eso es lo que yo pediría a la Congregación: que ponga de relieve la riqueza de vida de los diversos grupos antiguos y modernos del «movimiento de Jesús». La mejor exégesis e historia del momento actual está poniendo de relieve la riqueza de matices y formas de la eclesiología de Jesús y de su movimiento «pascual» (tras la pascua). Parece que la Congregación ignora todo eso, para restringir el sentido de una palabra (subsistit). Quizá lo hace porque tiene miedo…, pero con miedos no se anda el camino de la Iglesia de Jesús que, evidentemente, «subsistit» (de forma no excluyente, ni piramidal) en la Iglesia Católica (que tampoco se identifica, sin más, reductivamente) con un tipo de interpretación romana (sin dejar de hallarse vinculada historicamente a Roma).

Límites de la Declaración: estrechamiento del Vaticano II

La Declaración me parece impecable, pero ella implica un estrechamiento respecto a lo que dice en Vaticano II. El Concilio dejaba una puerta abierta para el diálogo de la Iglesia Católica con otras iglesias (y con la experiencia religiosa de la humanidad). La Congregación para la Doctrina de la fe tiende a “cerrar” esa puerta o, mejor dicho, la abre sólo en un sentido, sólo hacia dentro, para que todos los restantes cristianos y hombres de todas las religiones entren en la Iglesia.

El Vaticano II dejaba una puerta abierta en las dos direcciones. Los católicos podíamos y debíamos aprender de las otras iglesias y religiones; podía darse un ir y venir, en búsqueda de un “Cristo” más grande. Ahora, la Congregación sólo permite un camino, como diciendo: “nosotros, los católicos, lo tenemos todo”, por eso no tenemos que aprender nada de otros… Que aprendan los otros, que vengan a nosotros.
En ese sentido, este documento supone que las otras iglesias «no subsisten» cristianamente en sí mismas, sino sólo en la Iglesia católica. Estoy convencido de que el Vaticano II no quiso decir esto. Ciertamente, el Documento de la Congregación es «verdadero», pero una verdad llevada hasta el final, unilateralamente, puede convertirse incluso en «falsedad». Pienso que la mente de la Congregación es distinta y que quiere mantenerse en la línea del Vaticano; pero, tomadas al pie de la letra, algunas de sus afirmaciones nos parecen incluso peligrosas (y contrarias al Vaticano II).

Unos criterios estrechos de Iglesia

Ciertamente, la doctrina de la Congregación es verdadera y la admito gozoso… Pero me parece muy parcial y termina fijándose en algo que, a mi juicio, sería secundario para Jesús.
Leo el evangelio, me fijo en el mensaje y movimiento de Jesús, y veo que es muy amplio: el centro de la Iglesia está en el anuncio y venida del Reino de Dios, en el perdón y en el amor, en la acogida de los marginados, en la gratuidad gozosa de la vida compartida… Esos son los valores primordiales de la Iglesia de Jesús, que subsiste en “diversas iglesias” o tendencias eclesiales (de Jerusalén y Galilea, de Santiago y de Pedro, de Pablo y del Discípulo amado, de Antioquía y Corinto, de Roma y de Éfeso…).

Por el contrario, la Congregación para la Doctrina de fe sólo se fija casi sólo en un tipo de “continuidad” ministerial centrada en la “sucesión de Pedro”. Está bien la sucesión de Pedro, que yo vinculo también, históricamente, con la Iglesia de Roma. Pero pienso que la Congregación ha hipertrofiado ese aspecto de la Iglesia, corriendo así el riesgo de olvidar otros aspectos más importantes, que son los vinculados al mensaje de la vida y de la entrega amorosa de Jesús, a la experiencia de la gracia que se abre en amor hacia todos los hombres, al impulso de la trasformación de la humanidad, desde los más pobres… Ellos, los enfermos y pobres, los exilados y desnudos, los hambrientos y encarcelados son el centro de la Iglesia de Jesús (Mt 21, 31-46); en ellos “subsiste” la Iglesia, antes que en la jerarquía de los que se toman como sucesores de Pedro, en un sentido quizá limitado. Parece que la Congregación lo tiene menos en cuenta.

Un riesgo de vanidad infantil

Yo admito todo lo que dice la Congregación…, pero lo admito con rubor y no lo voy diciendo en voz demasiado alta… Leído de un modo “sesgado” (¿o imparcial?), este documento parece un ejercicio de orgullo infantil. Es como si alguien fuera diciendo por ahí: “Yo soy mejor que vosotros, yo tengo más verdades que vosotros… Yo soy de Primera División, vosotros de segunda” (Así me lo ha dicho, al pie de la letra, un amigo). Si la Iglesia católica tiene “más verdad” no puede andarlo diciendo de esa manera, sino que tiene que “mostrarlo” con su vida de evangelio, de servicio a todos, de apertura y comprensión.

Digo otra vez que pienso que este documento es verdadero y así lo admito, sin problema alguno, porque conozco el lenguaje de mi Iglesia Católica y pienso que, en el fondo, ella buena y muy humilde. Pero la forma en que dice las cosas me termina pareciendo un poco contraria a su intención más honda. Pienso que el Jesús histórico no había dicho estas cosas (que van más en la línea de un Evangelio de Juan, interpretado también de una forma sesgada, desde el don de la vida pascual). El que tiene la verdad no va diciendo por ahí “yo tengo la verdad”, sino que simplemente actúa de un modo verdadero, sin desmarcarse por eso de los otros, sin decirles en modo alguno que ellos son inferiores.

En último término, la verdad de la Iglesia son los pobres y perdidos, los humillados y expulsados de la tierra; la verdad de la Iglesia es el anuncio del Reino, en el amor concreto dirigido a los más pobres… Ahí debe estar la palabra de la Iglesia Católica y la palabra de todas las iglesias y de todas las religiones, en un camino abierto desde el misterio de Dios (del don de la Vida) al misterio pleno de Dios (la Vida plenamente realizada).

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