CONCELEBRACI?N EN APOYO A LA PARROQUIA DE SAN CARLOS BORROMEO

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Parroquia de S. Carlos Borromeo

Parroquia de S. Carlos41.jpgPOR LA DIVERSIDAD EN LA IGLESIA
Desde final de marzo estamos viviendo, en cercanía con la comunidad parroquial de San Carlos Borromeo, una situación de desencuentro. Echamos en falta la comprensión y el diálogo entre la manera de vivir y expresar la fe de esta comunidad y la de otros miembros de la iglesia de Madrid.
Por eso queremos manifestar nuestro deseo y petición de que los problemas y la falta de entendimiento se resuelvan por la vía del diálogo. La unidad de la Iglesia se vive en la diversidad.
Sabemos del recorrido que desde hace más de 20 años ha ido viviendo esta comunidad. Ha sabido acoger e integrar a jóvenes en dificultad, a sus madres, a los que salían de las prisiones, a los que se encontraban con carencias de todo tipo, a los que no veían solución y salida a sus vidas.

A través de la acogida, el apoyo incondicional y su defensa en tantas cosas, ha nacido el cariño, la seguridad, la capacidad de autoestima y también el sentido de no devolver el daño que ellos de alguna manera han recibido.
Y con ellos se ha hecho un recorrido en la fe. En momentos importantes de sus vidas; en los funerales por la muerte de algunos de ellos, se ha celebrado con todos la cena del Señor, se ha partido el pan en su memoria y han ido descubriendo el sentido profundo de este gesto.

Y se ha entendido la Buena Noticia de Jesús, sus gestos liberadores, las curaciones y la expulsión de los demonios. La expulsión del miedo: ?¿Por qué tenéis miedo…? Tu fe te ha curado…?? Muchas personas se han ido añadiendo a la comunidad, profesionales que queriendo echar una mano, descubren que son ellos los que más reciben; inmigrantes sin papeles, personas sin vivienda y trabajo; musulmanes con los que al convivir han descubierto que al rezar juntos, lo estamos haciendo al mismo Padre.

Se ha ido formando una comunidad con personas de toda clase social, que al ir compartiendo sus gozos y esperanzas, sus dolores y la búsqueda de soluciones, al ir poniendo en común sus casas y sus vidas han podido también celebrar juntos sus creencias y aliviar juntos el sufrimiento de tantos.

Sus celebraciones son sencillas. Se parte y se comparte el pan, se celebra la cena del Señor y su memoria da sentido a la vida, a las luchas y a los esfuerzos por superar dificultades.

Por eso nos sentimos unidos a esta comunidad:
– A su manera de vivir y celebrar la fe: en comunidad parroquial abiertos y atentos a la situación real de tantas personas marginadas.

– Descubrimos que el lugar social de los excluidos es el espacio vital en donde entendemos mejor el anuncio del Evangelio.
– Desde la realidad de los más empobrecidos, el anuncio de la Buena Nueva es una Palabra ofrecida a todas las personas: ?se anuncia la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, se busca la libertad para los oprimidos y se anuncia la amnistía por parte de Dios.??
(Lc. 4, 18,19)

– No podemos consentir que a los que se encuentran rechazados y marginados en nuestra sociedad, se les margine también dentro de la Iglesia. Tienen derecho a tener su parroquia, Tienen derecho, no sólo a ser reconocidos, sino a ser considerados los primeros ?Te doy gracias,
Padre, porque estas cosas se las ocultas a los sabios y entendidos y se la revelas a la gente sencilla?? (Mt. 11, 25)

– Pensamos que las celebraciones de la fe deben ser significativas y comprensibles para todos los que participan y sobre todo para aquellos que consideramos los primeros: toxicómanos, inmigrantes, presos, enfermos de sida, prostitutas, familias separadas, familias sin recursos,
homosexuales, mujeres maltratadas…

– Vivir la fe en la Iglesia, vivir el Evangelio de Jesús, nos vincula a todo tipo de personas y condición. En la mesa del Señor caben todos, y sobre todo los que tienen fe en el ser humano, los que parten el pan con el hambriento, acogen al extraño, se preocupan del enfermo y del que no tiene libertad, los que se esfuerzan por construir la paz, y un mundo más
humano.