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Comunicado del Movimiento Monseñor Gerardi en el Décimo Segundo Aniversario de su Martirio

Publicado en

Amerindia

Lo que buscamos en el Movimiento Monseñor Gerardi es mantener vivos la memoria y el legado de este gran hombre, testigo fiel del Evangelio, verdadero servidor de la paz, quien vivió una fe encarnada en medio de la Iglesia y del pueblo de Guatemala.

Y en consonancia con esa misión, hemos tomado el lema La Justicia es posible para conmemorarlo en el décimo segundo aniversario de su martirio. Es un lema corto pero con un profundo significado para Guatemala. Recordamos que han transcurrido doce años desde aquel domingo 26 de abril de 1998, fecha que ha quedado grabada en la memoria del pueblo y que hizo volver la vista de la comunidad internacional nuevamente hacia Guatemala.

En esa fecha dolorosa empezó no solo la lucha por la memoria del legado de monseñor Gerardi y tantos mártires de Guatemala, sino también comenzó una renovada lucha contra la impunidad, una lucha por la justicia. Lucha que se resumió en la consigna «justicia para un hombre justo» y que a través de la ODHAG y muchas organizaciones comprometidas con los derechos humanos llevó adelante un caso que podemos catalogar como paradigmático. Se logró la condena por el asesinato de Gerardi como coautores a dos militares. Lima Estrada fue capturado el 22 de enero de 2000 junto a su hijo, el capitán Byron Lima Oliva, y al sacerdote Mario Orantes.

Han pasado diez años de esa histórica condena a la que se suman otras como en el caso del asesinato de Myrna Mack, contra Felipe Cusanero Coj por el delito de desaparición forzada, y la condena de un militar de alto rango y tres comisionados castrenses por el mismo delito, en el caso de «El Jute» en Chiquimula. Son ejemplos de que la justicia es posible. Esperamos que en otros casos como el de las Dos Erres se sigan estos pasos. Deseamos hacer un reconocimiento a los hombres y mujeres que no han perdido la esperanza y que han luchado incansablemente por lograr justicia.

Recordamos que una preocupación en la misión de Gerardi, pero especialmente en los últimos años de su vida, fue el combate a la impunidad. De él escuchamos estas palabras: “Es evidente que el peligro más grave en una sociedad, como colectivo, es olvidar lo que ha ocurrido y para algunos pareciera ser la forma más simple de resolver el asunto. Este olvido tiene un nombre: IMPUNIDAD… No se inculpa a nadie, todo queda guardado bajo un manto de silencio y de miedo. Pero el dolor de las víctimas no desaparece sino que permanece como un aguijón que golpea nuestras conciencias. Los hechores son protegidos por esa impunidad creada por el sistema. La sociedad calla y ese silencio cómplice vitaliza esta situación” (Mons. Gerardi, junio 1995).

Movidos por esas mismas palabras, hacemos un llamado a la comunidad de cristianos y a las organizaciones de la sociedad civil comprometidas con los derechos humanos, a perseverar en la búsqueda de la justicia para los miles de casos de violaciones a los derechos fundamentales que se han dado en Guatemala y que persisten hasta el día de hoy.

Exigimos a los jueces, fiscales, investigadores y a todos aquellos servidores públicos que deben velar por el cumplimiento de la justicia, que se comprometan con las víctimas, apliquen la ley y rescaten el sistema de justicia.

La lucha de Gerardi fue también la lucha por la paz. Y la paz es más que la ausencia de guerra. Es necesario rescatar el espíritu de los Acuerdos de Paz, cada vez más lejanos y en gran medida incumplidos.

Hoy, si estuviera vivo monseñor Gerardi, denunciaría el sufrimiento y escucharía el clamor de las familias campesinas al borde de la inanición y de la desesperación. Por eso, denunciamos las condiciones de pobreza, de exclusión y de marginación que persisten en nuestra sociedad. La recesión económica global ha afectado a los sectores más desposeídos y vulnerables. Como él lo hubiera hecho, denunciamos a quienes los mantienen en la miseria y criminalizan su lucha, no sólo por sobrevivir sino por vivir plena y dignamente.

Nuestro país está minado por el narcotráfico y otras formas de crimen organizado. Enfrentamos otros grandes problemas como la inseguridad en las calles, los escasos ingresos fiscales y las insuficientes políticas sociales. Nuestro pueblo está agobiado y al borde de la desesperanza.

Como monseñor Juan Gerardi queremos soñar, creer y trabajar sin descanso por una “Guatemala distinta” en la que la “Justicia sea posible”. Sabemos que su lucha, su esfuerzo, su trabajo, no fueron en vano. Queremos superar el miedo y superar los obstáculos que encontramos en el camino. Creemos que la semilla que monseñor Gerardi sembró desde su labor pastoral a favor del pueblo maya y en pro de los derechos humanos tiene que seguir creciendo y dar frutos.

A quienes lo sobrevivimos y queremos mantener viva su memoria y continuar su obra, nos toca seguir sembrando, seguir podando, seguir abonando, seguir regando esta bendita tierra con renovada esperanza. Nos inspira la luz de Jesús Mesías, crucificado y resucitado, quien proclamó el Reino de Dios: justicia hecha posible en un mundo otro también hecho posible.

Guatemala de la Asunción, abril de 2010

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