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Cómo ser de izquierdas en la Argentina y no morir en el intento -- Gabriel Sánchez (Montevideo) y Mariana Núñez (Buenos Aires)

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La justicia de las clases burguesas fue nuevamente como una red que permitió escapar a los tiburones voraces, atrapando únicamente a las pequeñas sardinas. Rosa Luxemburgo
Desde estas orillas vecinas en las que vivimos y sintiéndonos hermanos de esta Patria-Matria latinoamericana, nos preguntamos «como ser izquierda real en la Argentina y no morir en el intento».

La cuestión no parece fácil. Por un lado hay un gobierno, el de Cristina Fernández de Kirchner que marca diferencias notorias con el proyecto de la recalcitrante derecha, que con remozado discurso no es otro que el que desarrolló el ex ministro de Economía Domingo Cavallo, desde sus años mozos en la dictadura hasta la cúspide del neoliberalismo durante las presidencias de Carlos Menem-Fernando De la Rúa.

Por el otro, el gobierno ha planteado una serie de iniciativas que, por falta de cintura política o por propia concepción ideológica y política, se alejan bastante de los intereses del pueblo. Estas dos circunstancias deben ser evaluadas para entender el dilema y el posicionamiento de los sectores de la izquierda real.

Es imposible para una izquierda coherente no dejar de ser crítico con muchas de las medidas tomadas por el gobierno, pero a la vez, la situación política y electoral que se plantea de cara al 2011, es la eventualidad de que la derecha secuestre su discurso, justamente para disfrazarse y quitarle espacio al gobierno con la finalidad de llegar al poder, lo cual constituiría una desgracia mayor para el pueblo argentino, e indudablemente para la izquierda argentina y la de todo el continente.

Entonces, surgen dos formas de mirar la realidad y de evaluar una respuesta: la de quienes entienden que el apoyo al gobierno debe ser absolutamente crítico y la de quienes, en su afán de no resignar espacios a la derecha, se acercan al gobierno en forma menos crítica.

Es una coyuntura difícil, no parece haber espacio para una izquierda real y muchos juegan a la polarización. En este marco parecen darse tensiones hacia dentro de las organizaciones de izquierda, lo que nos pone ante un escenario de posibles fragmentaciones respecto de las estrategias a seguir.

Ciertamente el riesgo de fragmentación de la izquierda es real, pero más real y temible es que la derecha llegue al poder, a pesar de que en este momento el sector padece una gran dispersión de liderazgos y tampoco encuentra referentes que cautiven al electorado (basta ver la situación procesal de Mauricio Macri en la ciudad de Buenos Aires como ejemplo). Sin embargo, la derecha tiene en la sociedad argentina raíces profundas y reacciones previsibles -por lo contundentes- ante la mínima sospecha de cuestionamiento o avance sobre sus privilegios.

Seria trágico para el proceso revolucionario e integrador en Latinoamérica que un gobierno de derecha llegara al poder en Argentina. Ni qué hablar de las consecuencias para el bolsillo de los argentinos, para la lucha diaria por vivir dignamente, para la necesidad de concretar proyectos… Todos los sectores se verían perjudicados… excepto claro, la burguesía.

Se hace necesario entonces tratar de comprender ciertas dinámicas y tensiones «que no se ven» y que son propias de cada sociedad, de cada cultura: por más que nos apasione lo que está sucediendo en Bolivia, en Ecuador o en Venezuela es imposible copiarlo en Argentina. Son también distintas las situaciones en Uruguay y en Brasil, con un «sello original». Lo que debemos rescatar es que estas experiencias están dándose en forma simultánea y nos permiten pensar una Latinoamérica muy distinta a la de los ’90.

Por todo esto resulta necesario cerrar filas y buscar los caminos y las estrategias que permitan a la centroizquierda mantener a la derecha alejada del poder. Así lograremos profundizar la distribución real de la riqueza nacional, esa que se genera con el trabajo de los argentinos, y también establecer relaciones de justicia desde una perspectiva clasista. Debemos tener en claro que el advenimiento al poder de la derecha llevaría este objetivo 50 años para atrás.

Sin dejar de lado nuestros sueños, los ideales, y el espíritu de liberación que animó a nuestros hombres y mujeres libertadores, sin dejar de escuchar y conmovernos por el clamor de nuestros pueblos, debemos pensar con los pies sobre la tierra e ir caminando en firme hacia el socialismo
como «creación heroica», en palabras del maestro Martí. La participación de todos hará la diferencia.

(Información recibida de la Red Munidal de Comunidades Eclesiales de Base)

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