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¿Cómo erradicar las Causas de la violencia contra las mujeres? -- Raúl Allain, Escritor, sociólogo y analista político (Perú)

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

En un artículo anterior, reflexionaba sobre la gravedad del problema de la violencia
contra las mujeres en el Perú y la necesidad de una toma de conciencia en todos
los niveles (funcionarios públicos, operadores de justicia, ciudadanía) para acabar
de una vez por todas con este flagelo social.

Y reitero mi preocupación, porque a pesar de las diversas y permanentes
campañas en contra de la violencia contra la mujer y el feminicidio, el problema
persiste y es uno de los más graves en nuestra sociedad actual, junto con la
corrupción de funcionarios, la delincuencia, el crimen organizado y la violencia
familiar.

Si no somos capaces de buscar una solución es que estamos en camino hacia
una deshumanización total de la sociedad. Es clave, además, que se trabaje en
todos los niveles educativos, desde inicial, primaria, secundaria y superior, y esto
solo como una parte de la estrategia.

En este artículo cito plenamente a documentos publicados por el Ministerio de la
Mujer y Poblaciones Vulnerables (https://www.mimp.gob.pe), el Observatorio
contra la Violencia (https://observatorioviolencia.pe), ONU Mujer entre otros
artículos académicos donde hay una serie de conceptos fundamentales y
precisiones para comprender que estamos ante un gravísimo problema social de
alcances que van hacia el ámbito judicial, penal y criminalístico, especialmente en
el caso de los feminicidios.

Hay diversas formas de violencia contra las mujeres: violencia física y psicológica
contra la mujer en la relación de pareja, feminicidio, violencia sexual, violencia en
el trabajo, acoso sexual en espacios públicos (incluso en espacios académicos) y
trata de personas. ¿Cuáles son las causas de la violencia contra las mujeres? La
respuesta es compleja desde los campos de la sociología, psicología,
criminalística o derecho penal.

El Centro virtual de Conocimiento para poner Fin a la Violencia contra las Mujeres
y las Niñas – ONU Mujeres señala que “la inequidad de género y la
discriminación son las causas raíces de la violencia contra la mujer, la cual está
influenciada por desequilibrios históricos y estructurales de poder entre mujeres y
hombres existentes en variados grados a lo largo de todas las comunidades en el
mundo”.

En el estudio “Causas, factores de riesgo y de protección”
(https://tinyurl.com/bdzm6kat) explica: “La violencia contra la mujer y las niñas está
relacionada tanto a su falta de poder y control como a las normas sociales que
prescriben los roles de hombres y mujeres en la sociedad y consienten el abuso.
Las inequidades entre los hombres y las mujeres trascienden las esferas públicas
y privadas de la vida; trascienden los derechos sociales, económicos, culturales y
políticos; y se manifiestan en restricciones y limitaciones de libertades, opciones y
oportunidades de las mujeres. Estas inequidades pueden aumentar los riesgos de
que mujeres y niñas sufran abuso, relaciones violentas y explotación, debido a la
dependencia económica, limitadas formas de sobrevivencia y opciones de obtener
ingresos, o por la discriminación ante la ley en cuanto se relacione a temas de
matrimonio, divorcio y derechos de custodia de menores”.

La violencia contra las mujeres y niñas no solo es una consecuencia de la
inequidad de género, sino que refuerza la baja posición de las mujeres en la
sociedad y las múltiples disparidades existentes entre mujeres y hombres
(Asamblea General de las Naciones Unidas, 2006).

Otra de las formas recurrentes de violencia, es el acoso sexual y la violación,
donde las víctimas son inclusive menores de edad, hecho que es un agravante.
Cristina Cuencas Piqueras afirma que el acoso sexual es “cualquier
comportamiento, verbal o físico, de naturaleza sexual que tenga el propósito o
produzca el efecto de atentar contra la dignidad de una persona, en particular
cuando se crea un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo”.
(https://tinyurl.com/4erab9pd)

Una definición más pormenorizada la aporta el U.S. Department of Education
Office for Civil Rights que detalla que el acoso sexual puede consistir en
conductas como tocamientos de naturaleza sexual, comentarios, bromas o gestos
sexuales, exhibición de fotografías, grafitis o ilustraciones sexualmente explícitas,
llamar a los estudiantes por un nombre con connotaciones sexuales, difundir
rumores sexuales, enviar, mostrar o crear e-mails o websites de naturaleza sexual,
entre otros.

Actualmente, hay un incremento de casos de ciberacoso sexual, es decir “la
persecución continuada e intrusiva hacia una persona, a fin de establecer un
contacto personal contra su voluntad. En esta forma de acoso, el victimario
utilizará los medios tecnológicos para atacar, humillar, difamar, chantajear de
manera persistente con la intención de herir, humillar y doblegar a la víctima. El
ciberacosador puede ser un desconocido o una persona conocida (la situación
más habitual es que suceda después de una ruptura sentimental)”, sostiene
Cristina Cuencas.

Como ejemplos concretos de ciberacoso sexual puede señalarse cuando la
víctima encuentra en su Facebook de forma reiterada imágenes que etiqueta el
acosador, mensajes constantes por los distintos medios electrónicos disponibles,
llamadas telefónicas o whatsapps insistentes. En estos supuestos, el agresor
asedia a la víctima utilizando la tecnología.

Al respecto, Esther Agelán Casasnovas ha publicado un estudio titulado
“Ciberacoso y transmisión de imágenes no consentidas (Sexting). Nuevas
conductas de violencia contra las mujeres” (ver: https://tinyurl.com/43rztsj2) donde
explica que “el ciberacoso sexual se puede llevar a cabo mediante: el envío
de mensajes, fotografías o videos de carácter sexual; la publicación de fotos,
videos o rumores para deshonrar la reputación de la víctima; el envío de
imágenes, videos o comentarios a personas del entorno de la víctima para
denigrarla y el envío repetido de amenazas sobre algún tipo de daño o de muerte”.
El ciberacosador pretenderá con estas acciones coaccionar a la víctima para que
acceda a sus pretensiones. El fin del ciberacosador puede ser: el abuso sexual de
la víctima; explotación pornográfica para uso privado; explotación pornográfica de
las imágenes o videos para redes pedófilas y comerciar con ese material,
extorsión económica o cualquier otro tipo de coacción.

La diferencia entre el ciberacoso sexual y el “grooming” es que en este último la
víctima siempre es un menor. Es decir, mientras que en el “grooming” un adulto
(pedófilo o pederasta) acosa sexualmente a un menor, el ciberacoso sexual ocurre
entre adultos. Tampoco se debe confundir el ciberacoso con el sexting, que
consiste en compartir imágenes eróticas de forma voluntaria.

Citando nuevamente a Esther Agelán, señala que “una de las repercusiones más
preocupantes del sexting es la denominada sextorsión, una infracción que se
configura cuando la tenencia de imágenes íntimas se utiliza para promover la
manipulación de la víctima. En este caso, se le solicita que ‘acceda’ a las
peticiones o voluntad del agresor para evitar la divulgación de dichas imágenes.
Estas peticiones pueden ser la de reconciliarse, favores o incluso reclamos de tipo
económico. Esta variante resulta preocupante, pues esta amenaza latente de
revelación de la información íntima puede provocar que la víctima sea incapaz de
salir del círculo de violencia psicológica”.

En ese mismo estudio, la autora indica que otro aspecto preocupante de la
violencia en las redes es la invisibilidad de los comportamientos machistas que se
traducen en comportamientos de control. Estudios han revelado que los jóvenes

no ven como un acto de violencia el control y lo justifican con expresiones como
“quiere saber de mí”, “es normal”, “es culpa mía”. Existe una confusión entre los
adolescentes entre lo que es el amor y el control permanente. Además, la alta
disponibilidad y versatilidad de los dispositivos electrónicos facilitan la
materialización del acoso entre jóvenes y los convierten en más vulnerables y
manipulables.

Es una práctica común entre las parejas de adolescentes el control manifestado
con preguntas como ¿dónde estás?, ¿por qué apagaste el celular?, ¿observé que
leíste mi mensaje y recién me respondes?, ¿por qué no pusiste nuestra foto
en Facebook?, ¿quiénes son esos chicos que contactas por Facebook?, ¿por qué
tantos chicos te siguen por Twitter?, ¿por qué le diste like a la foto de tu amigo?

Agelán Casasnovas indica que “existen también manifestaciones más agresivas y
manipuladoras” como las siguientes:
 Obligar a la pareja a eliminar de sus redes sociales a personas que no son
de su agrado.
 Vigilar los comentarios que hacen en las redes sociales.
 Revisar las publicaciones y fotos de los amigos o amigas, y utilizarlas para
hacer reproches o cuestionar sus relaciones.

 Publicar las fotos de la mujer o incluir mensajes cariñosos sin el
consentimiento de esta con el fin de que sus contactos conozcan que
mantienen una relación.
 Buscar en el perfil evidencias de engaño.
 Exigir que se le incluya en sus redes sociales.
 Buscar la manera de obtener sus contraseñas para controlar los perfiles y
leer sus mensajes.
 Exigir que elimine fotos de su perfil porque no le gusta cómo te ve.
 Si publican fotos donde aparecen con otros hombres, atosigar para que le
explique quiénes son y dónde los conoció.
 Insistir en que actualice su situación sentimental en su perfil de Facebook.
 Presionar para que lea los correos en su presencia.
 Amenazar con publicar fotos o información íntima en las redes sociales con
el propósito de chantaje.

“Estas conductas en ocasiones son interpretadas erróneamente por las
adolescentes como ‘muestras de amor’ y preocupación por la pareja, que
frecuentemente degeneran en ciberacoso sexual, sobre todo tras la ruptura de la
pareja, cuando el agresor no asimila la separación, con las repercusiones que ya
apuntábamos cuando este no logra sus objetivos”, señala Esther Agelán.
(*) Escritor, sociólogo y analista político. Consultor Internacional en
Derechos Humanos para la Asociación de Víctimas de Acoso Organizado y
Tortura Electrónica (VIACTEC).

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