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Cioran: el amor (im)posible -- Andrés Ortiz-Osés

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Emil Cioran es el filósofo rumano exiliado en París, autor de una filosofía nihilista con un fondo místico o misticoide. Amante de lo español por asumir lo trágico, llega a decir que el futuro de Europa está en Hispanoamérica y no en Estados Unidos. Aquí nos importa su último amor con Friedgard Thoma, una joven y bella profesora alemana, con la que compartirá un intrigante amor mutuo, aunque desgarrado y desgarrador. El rumano preferiría un amor más físico o sensual, pero la alemana propone un amor de amistad enamorada, así pues una amistad basada en el afecto o cariño profundo. Y es que ambos tienen pareja, al tiempo que les separa la vejez y la juventud respectivamente.

Como relata Friedgard en sus memorias Por nada del mundo, entre ambos se establece una amistad íntima basada en la complicidad interpersonal y cultural, una amistad entre el hombre frágil y la mujer fuerte, mediada por la filosofía y la música que comparten. Una filosofía y música entre romántica y barroca, cultural y contracultural, profundamente melancólica. Por eso ronda la muerte como un hada en claroscuro, anunciando tanto la pena sensible del morir como su superación final. Pero es el mutuo afecto o afección el agarradero existencial de ambos amantes, un amor real con un toque romántico, capaz de asumir sus contradicciones. La melancolía dulce, a veces amarga para el filósofo, atraviesa esta amistad apasionada, constreñida por la tensión y el dolor de amor.

La joven alemana define a Cioran como el estar-ahí presente, mientras que el filósofo la divisa como una musa, a veces diosa y aveces bruja. Les une una misma ilusión diferenciada, la ilusión paternal del viejo y la ilusión filial de la joven, intersectados por una especie de erótica intelectual de carácter poético; en donde la ironía y el humor juegan un papel disuasorio o relativizador de los contrastes (para que no den al traste). A Cioran este amor le posibilita enfrentarse a la eternidad inminente, como dice, mientras que para Firedgard significa enfrentarse a un presente complicado abierto por la filosofía del filósofo . Pues interpreta la filosofía del filósofo como una negatividad que horada el mundo para abrirlo, una negatividad positiva por cuanto supera supurando la realidad oclusa u obturada.

La negatividad cioranesca resulta catártica o depuradora de adiciones nefastas, por eso el filósofo provecto es sobrio y lúcido, en medio de su apasionamiento, y por eso es capaz de asumir la negatividad de la existencia y escupirla lejos. Se desespera pero espera, refunfuña pero es amable, porque el amor hace amable, y su amiga resulta inspiradora. Diríase que en este amor, como en otros, la mujer devuelve al hombre la mitad de lo que es y la otra mitad que no es, recomponiendo así su vieja identidad en diferido. También se revela en esta relación amorosa complicada que hay mil formas de amor, aunque todas bajo el común denominador del afecto o cariño. Pues el amor es común y diferente, igual y distinto o único. Es lo que pasma al viejo Cioran, contemplando cómo se ilusiona como un niño perdido.

Porque Cioran sigue perdido en el laberinto de la vida frente al minotauro de la muerte, a pesar de los hilos que le tiende esta Ariadna posmoderna. Es verdad que en situaciones-límite nos abrimos a la trascendencia, pero finalmente la inmanencia nos anega. Al final de la vida se agostan los argumentos teóricos, y solo restan resquicios de una luz violácea, rendijas de un sentido magullado entre los rastrojos o abrojos. Y nuestro filósofo insomne acaba sucumbiendo apático en una residencia de ancianos, donde su enfermedad física absorbe lo psíquico reducido a materia orgánica. Su alma hermana, como llamaba a la joven germana, casi se evapora en una soledad de exilio y desarraigo. Había escrito que todo en la vida es para nada, aunque esa nada lo contiene todo.

Friedgard destaca de Cioran su valentía en exponer las verdades de la existencia, expresadas entre una lucidez fría y una ilusión cálida; por eso es capaz de llorar feliz y desgraciado a un tiempo. Ahora bien, yo destacaría del filósofo la propia asunción de las contradicciones de un amor imposible, revertido en posible. En efecto, la historia de este amor patético e imposible muestra increíblemente que el amor imposible es posible.

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