Cinco fotografías de la fe (IV): El ciego junto al camino -- Salvador Santos

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Continuando el relato de Marcos, encontramos por cuarta vez el término fe en el episodio del ciego junto al camino (Mc 10,46-52; Lc 18,35-43). Mateo presenta dos pasajes paralelos: 9,27-31 y 20,29-34, pero sólo en el primero utiliza este vocablo.

Si nos fijamos en el texto de Marcos, el ciego, que representa la ofuscación de los discípulos, está situado fuera de los límites (“el camino”) donde la acción tiene lugar. Aunque está en actitud receptiva, muestra su dependencia en posición estática:
“estaba sentado junto al camino pidiendo limosna…” (v. 46)

El ciego oye pasar a la gente y reclama migajas. No disfruta de la vida en plenitud. Depende de otros. Sin ver el trayecto, está imposibilitado para seguir la marcha. Se encuentra desplazado, fuera del recorrido. A la orilla del camino crece la pasividad y el conformismo. Su emplazamiento augura carencia de futuro.

Junto al camino no cuajan los proyectos y el mensaje desaparece de
inmediato (recuérdese, en la parábola de la siembra productiva (Mc 4,3-8), la simiente que cae junto al camino; v.4).
El Galileo avanza por el camino. Va delante, a distancia de los discípulos. La separación entre ellos muestra la débil adhesión del colectivo de seguidores.

El grupo camina extrañado de la marcha acelerada de Jesús. Al parecer, al no encontrar lealtad en ellos, manifiesta su enfado llevándoles la delantera:

“Iban por el camino, subiendo a Jerusalén, y Jesús iba delante; ellos estaban desconcertados…” (10,32)
Cerca ya de la capital, Jesús instruye a los discípulos respecto al cambio de orientación que van a tomar los acontecimientos (Mc 10,32-34). Ellos, sin embargo, buscan la manera de situarse en las mejores posiciones (Mc 10,35- 41).
¡Siempre el Poder!

Jesús les explica que el rumbo de la alternativa del Reino se sitúa a 180 grados de la dirección marcada por el orden injusto (Mc 10,42-46). Pero los discípulos son resistentes a ver esa oposición tan radical. Se comportan como ciegos a la vera del camino. Están presos en su inmovilidad.

El personaje ciego, además de no ver, se encuentra incapacitado para progresar por una ruta desconocida. Y reacciona de la única manera que puede, gritando: “Hijo de David, ten compasión de mí” (v.48)
Su forma de dirigirse a Jesús (“Hijo de David”) muestra que considera su Proyecto dependiente de las promesas del Antiguo Testamento.

Aunque no hay proximidad entre ellos, El Galileo oye sus gritos y le manda una invitación a acercarse. El narrador muestra la forma alentadora en que le llega el aviso:
“Ánimo, levántate que te llama” (v.49).

El ciego reacciona con inmediatez. Sale de su cerrazón (el manto se consideraba una prolongación de la persona). Suelta lo que le aporta seguridad, abrigo y cobijo:
“Tiró a un lado el manto”
y recobra la dignidad:
“Se puso en pie de un salto”.

Con su movimiento renace la fe:
“Se acercó a Jesús” (v.50).
Como el paralítico, busca la proximidad al hombre de Galilea. La adhesión se muestra gráfica y físicamente.
La fe es abandono de una posición estática y un acercamiento como respuesta a una invitación del Galileo.

El hombre, a pesar de su ceguera, dio los pasos necesarios para situarse justo al lado de Jesús. Expresa así su deseo de librarse de la limitación que le impide ver el trayecto a seguir. El aferramiento a los ideales del Antiguo Testamento había resultado ser una atadura junto al camino y un muro que impide verlo.

Pero el hombre ciego ha tenido valor para aproximarse. Desiste, así, de su vinculación a las antiguas promesas. Ya no se dirige a Jesús llamándole Hijo de David. Ahora acepta la superioridad de su mensaje: “Rabunni [Señor mío] que recobre la vista” (v.51).

Para poder seguir el camino es necesario poder divisarlo.
Las palabras de Jesús confirman la libertad conquistada por su movimiento:
“Vete, tu fe te ha salvado” (v.52).
Jesús ratifica el carácter histórico de la Salvación. Ahora el ciego tiene libertad para ir por donde quiera.
La fe se describe como:

– salida de la tozudez y aproximación al Galileo
– reconocimiento del carácter definitivo de su propuesta.
– seguimiento por el camino trazado por él.

La narración termina diciendo:

“y lo seguía en el camino”.