Cinco fotografías de la fe (I) -- Salvador Santos

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

La fe se define de ordinario como creencia o conjunto de creencias en algo sin confirmación de su realidad. En sentido restringido su significado está vinculado las más de las veces a una religiosidad relacionada con doctrinas tenidas como verdades inmutables.

Como convicción supuestamente ligada a la trascendencia, se estima que la fe reside en el mundo interior del ser humano,
ocupando el ala espiritual de ese espacio reservado.
Esas ideas tan generalizadas respecto a la fe discurren a notable distancia -por no decir en el polo opuesto- de la información que nos aportan los evangelios.

El término ‘fe’ (??????) aparece más de doscientas veces en el Nuevo
Testamento. En los evangelios, sin embargo, su presencia se limita a unos pocos relatos de los Sinópticos, que, en la mayoría de los casos, ponen esta palabra en el pensamiento o en boca de Jesús.

Veamos su sentido en las cinco escenas de Marcos donde se habla de fe:

1a. El paralítico

Encontramos el vocablo por primera vez en el episodio del paralítico (Mc 2,1-13).
Marcos describió el momento con su maestría habitual. Jesús advierte la fe de unos personajes que han hecho su entrada en el escenario con estrépito, aunque sin haber pronunciado palabra:
“Llegaron llevándole un paralítico transportado entre cuatro. Como no podían acercárselo por causa de la multitud, levantaron el techo del lugar donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico” (vv. 3-4).

La aclaración del narrador mostrando el pensamiento y la actitud de Jesús coincide prácticamente en los tres primeros evangelios (Mt 8,2-4; Lc 5,16):
“Viendo Jesús la fe que tenían…” (v.5)
El verbo destaca en la cabecera de la frase: “Viendo… “
¡La fe es constable; se ve!

Esta comprobación visual guarda continuidad con lo sucedido previamente. El Galileo ha observado los movimientos de los callados sujetos aparecidos de improviso en la escena. Fijémonos en los verbos que determinan el progreso de su acción:

Llegaron
Llevándole un paralítico
Transportado entre cuatro
No podían acercárselo por causa de la multitud
Levantaron el techo del lugar donde él estaba
Abrieron un boquete y
Descolgaron la camilla donde yacía el paralítico.

¡Siete verbos activos! No ha habido un solo instante de pasividad en los personajes.
Las cuestiones doctrinales, intelectuales o religiosas destacan por su ausencia.

Los “cuatro” (símbolo de universalidad), portando al ser humano estático, el paralítico, han permanecido en silencio sin hacer la más mínima manifestación de sus creencias. Tampoco confiesan nada sobre su aceptación sin reservas de los misterios insondables o respecto a su fidelidad a la doctrina religiosa oficial.

Eso sí, como la gente taponaba la entrada, abrieron un boquete en el tejado en contra de toda prudencia, calculando el sitio por donde descolgar al inmóvil para situarlo en el preciso lugar, junto a Jesús, previsto de antemano. Se han limitado a actuar con determinación. Esa actividad prolongada no pasó desapercibida
para El Galileo, quien identifica la fe con una dinámica que se explaya en la vida abriendo caminos nuevos.

Según el relato del paralítico, tener fe se interpreta
como:
La praxis decidida a:
– superar el obstáculo masivo que impide acceder al espacio deseado,
– abrir una nueva vía por lugares tenidos por impracticables y
– situarse justo al lado del Galileo.

La actividad de los cuatro porteadores obtiene sus resultados. Las palabras de Jesús al paralítico son consecuencia de haber observado esa dinámica a la que Marcos ha llamado fe:
“Hijo, se te perdonan tus pecados” (v.5)
Según el evangelista, solo en otra ocasión Jesús se dirige a alguien llamándole “hijo” (??????). Denomina de esa manera a los discípulos con ocasión de lo sucedido en la escena del rico (Mc 10,17-22):
“Hijos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios para los que confían en la riqueza!” (Mc 10,24).

Jesús pronuncia esas palabras tras rechazar el rico su invitación a incorporarse a su empresa. Al haberse marchado en dirección opuesta a la del colectivo donde se vive la igualdad, el Reino de Dios, ¡que también se ve!, el rico renunció a adquirir categoría de hijo, la máxima condición humana. El paralítico, en cambio, optó por adherirse al Proyecto de Jesús incluyéndose en el círculo de
sus íntimos.

Así pues, resulta lógica la afirmación de Jesús al paralítico: “se te perdonan los pecados”. No dice que Dios o él le perdonen. La cancelación de la deuda generada por la injusticia se produce por un efecto automático de la acción que Marcos ha denominado fe. De esa nueva situación a que el inmóvil deje de serlo no hay más que un paso

“Levántate, carga con tu camilla y márchate a tu casa” (v.11).
Por pecado debe entenderse, no la transgresión de una norma, sino la
desorientación provocada por la aceptación de un orden injusto e inhumano que provoca el desconcierto y conduce a la parálisis. Una vez descubierto y alcanzado el lugar que corresponde a la condición de hijo, se acabó el extravío.