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Chile: por una democracia de verdad -- Guillermo Teillier

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Reflexión y LIberación

Enfrentamos las ya cercanas elecciones municipales como un desafío mayor, porque vamos tras un objetivo indispensable de cumplir en un plazo breve. Este no es otro que la superación de lo que hoy se presenta a los chilenos como “la democracia”.
No podemos seguir adelante con un remedo de democracia, excluyente, discriminatoria, represiva, connotada por la injusticia social, las profundas desigualdades y la falta de derechos, en especial para los trabajadores y los más desposeídos.

La comuna debiera ser la base fundamental de la soberanía y de la constitución de los poderes del Estado. Esta concepción no es nueva. Luis Emilio Recabarren, fundador del Partido Comunista, escribió un proyecto de Constitución del Estado, en el que otorgaba a la comuna un papel esencial, junto a las asambleas industriales. Unas y otras deberían elegir sus representantes a una Asamblea Nacional – o Parlamento – en el que se discutirían y aprobarían las leyes de la República.

Si concebimos a la comuna como el espacio que cobija a la familia, núcleo de la sociedad y es la que debe prohijar la vida en comunidad de las personas y velar por la calidad de vida de cada uno de sus habitantes, el poder municipal, por tanto, que es el gobierno de la comuna, debiera tener funciones y capacidades para cumplir con tal cometido a cabalidad.

El Municipio al menos debiera garantizar que ningún habitante de la comuna obtenga menos que la canasta básica para satisfacer sus necesidades. Solucionar las necesidades de vivienda. Procurar el desarrollo de una educación de calidad. Un sistema preventivo de salud eficaz. Mantener un medioambiente acorde a la condición humana. Dotarse de normas para la defensa de los recursos naturales, y de defensa ante la contaminación y depredación. Responder por un transporte eficaz junto a una urbanización racional. Políticas de alto desarrollo cultural, deportivo y formador ante la crisis de delincuencia y drogadicción.

Es evidente que en la actualidad los municipios están lejos de cumplir con estas, que debieran ser sus funciones esenciales. Porque están concebidas como una prolongación de un sistema centralizado, autoritario, excluyente, no participativo, de privilegios, de clientelismo electoral, de subsidios y de concentración extrema de la riqueza en manos de unos pocos.

Entre la necesidad de cumplir con estas funciones y la desesperación de no tener los recursos ni la funcionalidad democrática para ello, se producen contradicciones con los poderes centrales del Estado: está por ejemplo la polémica sobre la administración del sistema de educación, entre: volver a la administración del estado o construir un municipio eficaz.

También se producen contradicciones entre municipios y comunas de primera, de segunda y de tercera, lo que no sólo mantiene, sino que ahonda las desigualdades en las condiciones de vida de los chilenos. Contradicciones entre el desarrollo macroeconómico y lo que efectivamente llega a los chilenos como reparto de las riquezas que produce la explotación de nuestros recursos naturales.

Se Necesita una Profunda Reforma del Sistema Municipal

Reforma en cuanto a la generación de sus autoridades, como en relación al papel del alcalde y los concejales. De una autoridad unipersonal y autoritaria se debe pasar a una autoridad colegiada, con participación: las organizaciones funcionales, que deben tener un papel de asesoría permanente y de decisión en asuntos principales de la comuna.

Se debe delimitar las funciones del municipio y determinar los recursos para esas funciones.

El gobierno municipal debe dotarse de herramientas eficaces para cumplir con esas funciones, por ejemplo planteles educacionales modelos, salud preventiva: con especialistas y consultorios modernos, recursos de impuestos, excedentes, royalty y otros, poder fiscalizador y contralorías comunales, personal idóneo con respeto a sus derechos.

Nada de esto funcionará si no es en un cuadro de profunda democratización del estado y del país, poniendo término a la exclusión.

Es Imprescindible Cambiar la Constitución

En este siglo XXI ya no es posible que sigamos atados a una Constitución impuesta en tiempos de dictadura, cuyo objetivo era prolongar el autoritarismo y establecer una institucionalidad afín al neoliberalismo.

El sistema electoral binominal es la base de esta antidemocracia, es lo que permite su reproducción una y otra vez, favoreciendo siempre a la derecha..

No es posible aprobar leyes de real beneficio popular mientras persista este sistema electoral y el veto que por medio de los quórum calificados – es decir, que una minoría se imponga a la mayoría – puede establecer a su voluntad la derecha.

Estamos en momentos propicios para luchar por una verdadera democracia, que debe quedar consagrada en una nueva Constitución emanada de la soberanía popular, cuya voluntad se exprese en un plebiscito y se represente en una Asamblea Constituyente y en un nuevo parlamento, elegido mediante un sistema electoral proporcional.

Además, deben quedar establecidos constitucionalmente diversos grados de participación popular para todos los niveles de gobierno, debiendo ser mucho más efectiva en los niveles regionales y comunales.

Propiciamos la representatividad de las organizaciones sociales, el respeto a su diversidad, las que deben ser dotadas de derechos y deberes que les permitan contribuir al desarrollo social, al fortalecimiento de las familias, al mejoramiento de la calidad de vida de los distintas comunidades o sectores que representen, jugando un papel determinante en el respeto de los derechos de las personas, en primer lugar el de vivir una vida digna, en una sociedad más solidaria e igualitaria.

Las organizaciones sociales, a nuestro entender, deben jugar un papel fundamental en hacer efectivo el derecho al trabajo, a la educación pública gratuita y de calidad, a la atención oportuna de salud primaria y especializada y a la vivienda social para sectores medios y bajos.

Organizaciones sociales culturales, que dispongan de financiamiento regular y adecuado, deben crearse y apoyarse a lo largo del país con el propósito de elevar la conciencia cívica, estimular el reconocimiento de nuestra identidad, desarrollar una nueva moral en las relaciones humanas con la convicción de que es necesario erradicar la drogadicción, la violencia intrafamiliar, la desigualdad de género y todo tipo de discriminación y exclusión.

Se necesitan nuevas leyes y regulaciones que pongan en el centro de la atención de la sociedad a los niños, a los ancianos y los minusválidos y pongan definitivamente en igualdad de derechos a la mujer respecto del hombre.

El movimiento social y político que representamos como Juntos Podemos Más, debe ser contribuyente a la construcción de una nueva mayoría nacional para una nueva democracia, que tenga siempre en cuenta, en primer lugar, los intereses de la mayoría y sobre todo los del pueblo trabajador.

La elección municipal es sólo una primera fase de una confrontación política mayor que se dará el próximo año en las elecciones parlamentarias y presidenciales, en medio de las cuales tenemos que imponer el término de la exclusión y la participación popular. Será un momento decisivo en la lucha por la democracia, que sin embargo, estará absolutamente condicionada por los resultados de la elección municipal, en especial por el número de votos de concejales.

Nuestra lucha, por tanto, recogiendo los intereses, anhelos y problemas a resolver en las comunas, trasciende hacia una apuesta nacional de carácter estratégico. El valor de lo que hagamos es incuestionable, y por ello desde ya hay que jugársela con todo.

Debemos Pensar un Nuevo Chile

Pensar en un nuevo Chile, unido en una convivencia democrática, libre de injusticias y desigualdades extremas, que construya la felicidad de sus hijos en paz, es hoy día un deber inexcusable. Ello no es fácil cuando el siglo XX perdura dolorosamente en nuestros sentimientos y se proyecta irremediablemente hacia el siglo XXI .Se hace difícil vislumbrar el futuro de nuestro país, en medio de una sociedad todavía estremecida por el temor y que recién comienza a despertar de una especie de letargo, producto de la sumisión a que se le condenó, durante tanto tiempo y con tanta crueldad, por castas de poder que aún hacen ostentación de su dominio sobre nuestras vidas.

La primera condición para elevar la mirada hacia el horizonte de nuestra próxima centuria de vida independiente, es no olvidar nada, ni una coma de lo que ocurrió a partir del 11 de septiembre de 1973.

Reconstruir la convivencia nacional es una etapa necesaria, pero ello será posible sólo si se dan condiciones que permitan el rescate de lo mejor de nuestro pasado, el anterior a la dictadura y el de la lucha para terminar con ella, y se abra paso la ya insoslayable necesidad de instaurar la participación social en la determinación de nuestro destino.

Sería lamentable que se impusiera una tendencia a vislumbrar el futuro de nuestro país sólo sobre la base de promesas de bienes materiales, que sin duda podemos obtener, pero en medio de las profundas desigualdades que nos separan entre unos pocos que lo tienen todo y una gran mayoría que ve menguada sus posibilidades de crecimiento social y cultural, pero que, presa del consumismo, se deja llevar por la vana ilusión de que la felicidad está a su alcance, mientras que el sistema económico neoliberal, que sostiene esta forma de vida, nos acerca cada día más al agotamiento de nuestros recursos naturales, en especial los energéticos, a la escasez de agua dulce y de alimentos, lo que ya trae secuelas de hambre, miseria y guerras en el mundo.

No es este el futuro que queremos para Chile, por ello hay que pensarlo más seriamente, con mayor profundidad y alcance en nuestras reflexiones, de manera que nos permita enfrentar, incluso, la amenaza que se cierne para la sobrevivencia del planeta en su estado actual, con el calentamiento global, la contaminación y las conflagraciones que podrían sobrevenir por la disputa de recursos energéticos o tierras cultivables a escala planetaria, que se verán, además, condicionadas por el crecimiento demográfico en las zonas pobres, que alcanzará en breve al 85% de los habitantes del planeta..

Sistema Electoral, Probidad y Transparencia: Fin a la Corrupción

El país se encuentra cruzado por denuncias sobre corrupción que podrían considerarse como formas de intervención electoral y clientelismo. Existe una base que sustenta este proceder, que proviene de la forma impune como durante años se hizo uso del erario público, entre ellos los fondos reservados, bajo la dictadura sin ningún tipo de control. Suculentas fortunas adquiridas de manera fraudulenta se encuentran cuestionadas en los tribunales de justicia. Al parecer, por los hechos conocidos, los chilenos seguimos sujetos, en mayor o menor medida, a este tipo de administración de los fondos del Estado.

Nada sacamos con comparar si la corrupción fue más extendida durante la dictadura, de la cual participó la derecha, o en el actual período llamado de “transición a la democracia” bajo gobiernos de la concertación. Lo de fondo es como se pone término a una situación vergonzante para Chile, para los partidos políticos, para la sociedad entera.

Si ayer la corrupción tenía por objeto el enriquecimiento personal, hoy aparece como una fórmula para intervenir en los resultados electorales. Se produce una doble perversión, la que impide que partidos y pactos de importante caudal electoral obtengan representación parlamentaria. Por una parte está la exclusión que produce el actual sistema electoral binominal y por otra la intervención electoral con recursos del estado y también de las empresas privadas.

Ha influido en este proceder la permanencia del sistema electoral excluyente, que de alguna manera significa un blindaje para los parlamentarios elegidos por este sistema, pues asegura la reelección de los mismos, con escasas excepciones. La reproducción indefinida, sin cambios, de este sistema, además de constituir una injusticia seguirá siendo factor de corrupción.

En la campaña presidencial de 2004, todos los candidatos se comprometieron a cambiar el sistema electoral. La Presidenta de la República asumió el compromiso de hacerlo durante su período y ha reiterado en varias ocasiones este propósito.

En un documento fechado el 10 de agosto de 2006 Sebastián Piñera comprometió una vez más su propósito de producir una reforma que permitiera incluir a fuerzas políticas significativas en la representación parlamentaria y lo reiteró públicamente a comienzos del 2008.

Todo esto se refiere a una reforma parcial del sistema electoral que en la práctica mantiene el sistema binominal, porque nuestra propuesta de un sistema proporcional, no excluyente, plurinominal y con redistritaje ha sido rechazada por Renovación .Nacional y desestimada por la Concertación. La UDI se niega ciegamente a cualquier reforma.

Por esta razón, el gobierno, con nuestro acuerdo, envió al Congreso un proyecto de reforma electoral que propone aumentar a 140 el número de parlamentarios, eligiéndose 120 por el sistema binominal y para permitir que los otros 20 sirvan como cupo para que los partidos que no elijan, pero alcancen el 5% de los votos válidamente emitidos, obtengan 5 diputados. Si sobran cupos, estos se distribuirán proporcionalmente a cada partido de acuerdo a su votación.

Renovación Nacional, en el transcurso de las negociaciones que llevó adelante con el gobierno, propuso finalmente que los partidos que llegaran al 5% de los votos, sin elegir en la elección binominal, obtuvieran automáticamente 3 parlamentarios, por tanto la cámara de diputados tendría un número variable de miembros según fueran los partidos que lograran superar esta barrera.

Previo a votar cualquiera de estas propuestas, debía reformarse la Constitución para eliminar el guarismo 120 respecto del número de parlamentarios a elegir. Renovación Nacional, tal como lo hizo ante el proyecto que otorga derecho a voto a los chilenos en el exterior y el que propone la inscripción automática en los registros electorales, a última hora votó en contra en la Cámara de Diputados y lo mismo hizo en el Senado después de pedir varias veces postergación para una “mejor discusión”. El rechazo lo hizo bajo argumentos que sólo reiteran la antidemocrática posición de ese partido y de la derecha. Sebastián Piñera faltó reiteradamente a sus promesas y a su palabra.

Acuerdo por Omisión por el Fin de la Exclusión

Tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, los parlamentarios de la concertación votaron a favor de la reforma electoral, también lo hicieron los del PRI, los de Chile Primero y los independientes, una mayoría contundente que se ve burlada por el manejo abusivo que hace la derecha de los quórum calificados que se necesitan para reformar esta ley.

Es por esta razón que los partidos de la Concertación y el Partido Comunista acordaron llevar adelante un Acuerdo por Omisión en las elecciones municipales, al que también dieron su anuencia los partidos y movimientos integrantes del Juntos Podemos Más. Se trata de un acuerdo acotado a la elección de alcaldes de una treintena de comunas con el fin de dar una señal al país, en el sentido que fuerzas que tienen diferencias sobre políticas de gobierno están dispuestas a seguir adelante hasta lograr quebrar la exclusión en el parlamento.

A la derecha le preocupa que este acuerdo tenga proyecciones que debiliten las posibilidades electorales de Sebastián Piñera. Es por ello que el senador Espina y el propio Piñera no han trepidado en recibir “informes” de los servicios de inteligencia del gobierno colombiano a fin de neutralizar, con una campaña anticomunista, las perspectivas que se abren para avanzar en la democratización del país.

Es muy grave que un Senador y un candidato a la Presidencia de la República de Chile se hagan cargo de un montaje que lleva adelante el gobierno de Colombia, que persiste en la represión a dirigentes sociales y políticos, que está sometido a juicio junto a unos cuatrocientos personeros de su entorno, entre parlamentarios, ministros, el mismo presidente Uribe, por sus relaciones estrechas con los paramilitares y el narcotráfico, a tal punto desprestigiado que renunció a la posibilidad de su reelección. La mayoría de la sociedad colombiana está por la salida política a la situación de ese país, Uribe se opone a ello. Es la receta represiva de este personaje la que Espina y Piñera pretenden traer a Chile..

No nos vamos a amedrentar por ello. La batalla contra la exclusión está en sus inicios, más y más voluntades se suman a esta necesidad histórica que contribuirá a la democratización del país, a romper los candados de este verdadero cepo de exclusión y discriminación de gran parte de nuestra sociedad por parte de la derecha.

El próximo año, de nuevo se presentará el proyecto de reforma electoral al Parlamento. Si la derecha de nuevo se opone, es toda la sociedad la que tendrá que buscar la fórmula para poner fin a la exclusión ahora.

Una Democracia Sustentada en un Gran Desarrollo Económico y Social

La democracia no está supeditada sólo a los aspectos políticos, también a aspectos sociales y culturales. No podemos dejar de tener una mirada crítica en estos aspectos y propuestas que no se pueden soslayar, porque si bien es cierto que se ha producido un incremento de nuestra macro economía, también es cierto que el conjunto del país no ha alcanzado un grado de crecimiento suficiente que nos proyecte con fuerza al desarrollo, más acorde con las riquezas y las utilidades que se producen en nuestro suelo.

Es hora de que la mayoría de los chilenos también goce del usufructo de esas riquezas. ¿Cómo podríamos pensar en nuestro futuro de otra forma?

Sería muy importante que se le devolviera al Estado la facultad de fomentar directamente la producción de interés estratégico, como lo hizo respecto a la modernización e industrialización de nuestro país a mediados del Siglo XX, creando, al mismo tiempo, condiciones para el desarrollo a un nuevo nivel de la pequeña y mediana empresa privada.

Una reforma tributaria que grave a los más ricos y libere de impuestos a los más pobres, una mayor compensación al país por las enormes utilidades que obtienen empresas transnacionales, la creación de nuevas empresas estatales y privadas, podrían conformar – junto a la capacitación de los trabajadores y una mayor inversión en ciencia y tecnología – una potente palanca hacia un desarrollo superior, más allá de metas cortoplacistas o coyunturales motivadas por intereses electoralistas o sectoriales..

Junto a lo anterior debiera establecerse acuerdos estratégicos, acogidos por la ciudadanía, de desarrollo energético, en el que la energía limpia alcance un alto nivel de incidencia. Es indispensable replantearse el uso del subsuelo y del agua, estableciendo ambos como patrimonio del conjunto de los chilenos, por tanto no posibles de enajenar, que se deben renacionalizar, que podrían ser concesionables bajo normas que entreguen utilidades al estado y siempre y cuando no se atente contra el medio ambiente o contra otra función económica o social, como ocurre actualmente, por ejemplo, con los pequeños comuneros o el pueblo mapuche.

Nuestro cobre es, sin duda, el factor determinante para nuestra economía. Todo lo que se deje de hacer hoy para desarrollar nuestra capacidad empresarial productiva nacional, a partir de las enormes reservas que se han ido acumulando por el alto precio del metal rojo, influirá negativamente en la situación económica y social del país en la centuria que se inicia, lo que podría transformarse en una pesada carga para las nuevas generaciones.

Es la hora de privilegiar la expansión de la producción estatal del cobre, congelando la entrega de mayores reservas a empresas transnacionales, a menos que se establezcan nuevas normas, más equitativas y favorables para el país, como puede ser el pago de royalty superior al 10% o mayores impuestos y condicionantes como la refinación del metal en Chile.

Será altamente conveniente también para el país pensar y establecer una política alimentaria que garantice el abastecimiento de productos de primera necesidad ante la escasez y el encarecimiento a nivel mundial de los alimentos. Replantearse una política agraria así como nuevas regulaciones de la explotación de recursos pesqueros y marítimos se hace indispensable, con la mirada puesta en pequeños y medianos productores agrícolas, incluyendo la entrega de tierras e insumos, y en los pescadores artesanales y las comunidades, sindicatos o cooperativas cultivadores de algas y mariscos, combinando esta forma de producción con una distribución basada en las Ferias Libres que son una expresión tradicional de nuestra cultura y que se han demostrado como eficaces contribuyentes a los bajos precios y la distribución de productos saludables.

El resultado de estos y otros cambios debiera redundar obligatoriamente en un mejoramiento de los sueldos y salarios de los trabajadores, para alcanzar efectivamente lo que ha dado en llamarse sueldo ético, como base del ingreso.

En el horizonte no lejano debiera producirse también una nueva reforma previsional que contemple todos los factores que ha dejado pendientes la actual reforma y que impiden la instalación de un sistema verdaderamente solidario y justo.

Chile y América Latina

El futuro de nuestro país está estrechamente asociado al futuro de América Latina y el Caribe. Como nunca se necesita de relaciones cada vez más fluidas y sin condicionantes con los países vecinos. Un mayor intercambio cultural, económico, científico-tecnológico y relaciones de colaboración mutua en diversos aspectos como la salud, la educación y otros, puede transformarse en base sólida de nuestro desarrollo y en un sustento permanente de relaciones pacíficas.

Necesitamos una América Latina más abierta al encuentro permanente entre sus pueblos, con una visión americanista, que retome el pensamiento de nuestros próceres de la Independencia, como Bolívar, O’Higgins, San Martín.

Encontrar las formas de colaboración mutua para terminar con la pobreza, el hambre, el analfabetismo, en América Latina y el Caribe se hace necesario para incrementar el paso a un desarrollo superior de todas nuestras naciones.

Es inexplicable, entre tanto, que nuestro país no tenga la capacidad de construir relaciones con países latinoamericanos que nos permitan solucionar nuestro grave déficit en abastecimiento de petróleo o de gas, que no se puede condicionar a cuestionamientos de carácter ideológico o la sumisión a intereses foráneos.

Un Reencuentro Efectivo

El próximo siglo no será ajeno a las confrontaciones políticas y sociales que cada cierto tiempo han sacudido al país y que se han expresado como crisis de diversa intensidad. La pregunta es si estas confrontaciones o las crisis que devengan en el futuro tendrán un cauce de salida democrática, o no.

Más que una simple repuesta, es necesario crear las condiciones para que no se repitan hechos como el golpe de estado, primero, incentivando la búsqueda de la verdad y la justicia en todos los casos de violaciones a los derechos humanos por el Estado y reparando a las víctimas o sus familiares de acuerdo a los tratados internacionales, cerrando el paso a los intentos de establecer la impunidad. Un reconocimiento más claro hacia las víctimas, hacia el propio Presidente Salvador Allende y a todos los que lucharon contra la dictadura sería un paso de reencuentro de extraordinario valor para nuestra sociedad futura.

Se puede avanzar al reencuentro entre distintos sectores civiles, así como de la civilidad con el mundo militar, pero para ello se requiere una gran voluntad política, necesaria, que puede ser hasta dolorosa, pero imprescindible si se quiere evitar situaciones que podrían ser mucho más nefastas que las vividas en el siglo pasado.

Existe la sensación, basada en hechos, de que el mundo militar es una especie de feudo de los sectores de derecha y más pudientes del país, cerrada a la posibilidad para que quien lo desee pueda ingresar a sus escuelas matrices, a menos que cumpla con ciertos requisitos de abstinencia política de “izquierda”.

Este factor, unido a otros, como la exclusión política en el parlamento, la falta de derechos laborales y el menosprecio de la capacidad negociadora de los trabajadores, la criminalización de la movilización social, la discriminación a que son sometidos los pueblos originarios, la falta de credibilidad de los jóvenes sobre la posibilidad de un mundo mejor y ante la actual institucionalidad del país, la ostentación de la enorme riqueza de unos pocos ante la mayoría, la ausencia de valores solidarios en nuestra sociedad, nos llevan en el sentido contrario a lo que los chilenos necesitamos para un reencuentro efectivo.

Aún hay tiempo para que los diversos actores de nuestra sociedad recapaciten. Es lo que podemos esperar para los próximos años, antes de que sea demasiado tarde.

Converger para Cambios Democráticos

En el Chile de hoy, para construir el Chile de mañana se necesitan transformaciones profundas, muchas de ellas estructurales, tanto en la institucionalidad, como en la economía y en la concepción de una cultura democrática de convivencia nacional, que ponga por encima de todo los intereses de las grandes mayorías y que se proponga una sociedad más igualitaria. Con razón o no, por lo conocido hasta nuestra época, se ha tildado de utópicos a los que sostenemos un pensamiento socialista de sociedad futura. Creo que la “utopía” mayor está en sostener que el capitalismo neoliberal será la sociedad que en definitiva va a prevalecer sin poner en peligro la subsistencia misma de la humanidad, como ya está ocurriendo. No hay duda de que las cosas no pueden seguir invariablemente por este camino.

En la mayoría de la sociedad chilena existen fuerzas con capacidad de ir mostrando alternativas; hay pensamientos, corrientes de opinión que de una u otra forma van convergiendo hacia posiciones más progresistas, que sin plantearse un modelo predeterminado, están dispuestos a la búsqueda, para ir más allá de lo que quedó impuesto por una dictadura de derecha que nos mantiene atados a concepciones estrechas y de espaldas al sentir popular.

Tengo la seguridad de que la alternativa y las convergencias para cambios democráticos están naciendo y serán determinantes en el Chile futuro, que podría ser luminoso si fuéramos capaces de aprovechar todos nuestros recursos, todas nuestras capacidades y todo lo que el devenir científico- tecnológico puede traer en beneficio de la humanidad, y si realmente ponemos el bien común por sobre intereses mezquinos o meramente mercantiles.

Separata “Etica Política y Democracia” / Santiago, Septiembre 2008

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