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Celibato, sin cura conocida -- Blanca Eugenia Giraldo y Diego Fernando Hidalgo

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Moceop

LA PATRIA Manizales
Celibato, sin cura conocida Historia de un sacerdote manizaleño que realiza los trámites para obtener una dispensa y poder contar con una familia. Opinión de la Iglesia. Sondeo en la capital de Caldas muestra que de 200 ciudadanos, 126 aceptan el matrimonio de los padres. Miradas.
La verdad hay que decirla¨. Eso lo hizo el padre manizaleño Henry Taborda cuando entendió que su vida sacerdotal necesitaba un cambio.

Después de mucho discernimiento, le informó a la comunidad a la que pertenecía, Misioneros de la Consolata, que quería hacer algo nuevo, luego les contó a sus feligreses que pretendía hacer un alto en el camino y buscar una experiencia nueva. “Los fieles me aplaudieron y me dijeron que era el primer sacerdote capaz de contarle a su comunidad sus conflictos”.

Por estos días es noticia mundial el escándalo del padre Alberto Cutié, reconocida figura de Miami, por un romance con una mujer . También lo ha sido el ex Obispo y ahora Presidente de Paraguay, Fernando Lugo, por tener, por ahora, un hijo reconocido (ver recuadro Casos recientes ).

Cambio en la vida

En Manizales, el padre Taborda, buscando un cambio en su vida, realiza los trámites para obtener una dispensa y poder contar con una familia. Hace dos años el padre Bernardo Pino, luego de renunciar a la iglesia católica, decidió contraer matrimonio con la madre de su hija, en ese entonces, de siete años (ver recuadro “Saquen las mujeres del ’clóset’”).

También sorprende la opinión que arrojó una encuesta telefónica de LA PATRIA. D e 200 personas , 126 consideraron que a los sacerdotes se les debe permitir optar por el sacramento del matrimonio.

Taborda, el sacerdote manizaleño, indica que hace 17 años recibió su ordenación sacerdotal, estuvo en Portugal, Mozambique (África), España y Brasil y los últimos cinco años en Colombia, exactamente en Maríalabaja (Bolívar) y en Medellín. Su vida había estado encaminada a evangelizar, a trabajar con afrodescendientes e indígenas, colonos desposeídos y desplazados, pues su motivación para ingresar al seminario fue ser misionero e ir por todo el mundo “porque la misión es sin fronteras y quería formar personas, evangelizarlas”.

Hoy está en su ’año sabático’, vive con sus padres, estudia psicología y poco a poco se integra a la comunidad parroquial de su barrio, porque quiere vivir su ministerio desde otra óptica.

Afirma que el hombre es un ser cambiante, que siempre busca nuevos proyectos y cuando realiza un sueño nacen propuestas que se convierten en desafíos, algo que en él es muy marcado. “Siempre me ha gustado desafiarme y aventurarme en cosas nuevas y entendí que ya había dado grandes cosas y que ahora puedo construir un proyecto de vida nuevo”.

Por eso, comprendió que podía emprender nuevos rumbos y proyectos y vio el sacerdocio desde otra perspectiva, eso sí, con la misma dimensión del servicio a las comunidades como misión.

Estando en Maríalabaja (Bolívar) encontré unos padres ancianos que se veían como si ya hubieran cumplido el ciclo, cansados, y entendí que yo quiero hacer algo diferente y no quiero repetir historias de otros.

Para el sacerdote Taborda, decir la verdad no cierra puertas, antes las abre: “el problema de las personas, sea sacerdote o no, es que tenemos muchos miedos a enfrentar lo nuevo, por temor a la crítica y a lo que dicen los demás, por ejemplo, me toca afrontar la presión familiar, pero creo que lo voy logrando, además, me apoyo en la oración que siempre fortalece”.

Afirma que cuando se habla con la verdad sobre estos temas la gente acompaña el proceso, mientras, que si se oculta y luego se hace visible las comunidades sienten que las engañaron. “Desafortunadamente ellos piensan al sacerdote como deshumanizado y en un pedestal, que no puede equivocarse, menos cambiar de posición y casi nunca ven al padre humano, que ríe, que llora, que tiene sentimientos y que en muchas ocasiones no maneja bien las emociones, pero que aún así también tiene grandes valores”.

Por la familia

“ No dejé el sacerdocio por una mujer o por hijos, salí porque quería confrontarme en un nuevo proyecto”, dice el sacerdote y agrega que ahora que está afuera ve con otra óptica la vida y ha considerado la opción de una familia, eso sí, después de recibir la di spensa papal, porque quiere continuar dentro de la iglesia católica a la que pertenece, “porque no he pensado en cambiarme de iglesia sólo para poderme casar. Y o salí amando a la Iglesia y quiero continuar dentro de ella, eso sí, desde otra óptica”.

Uno de los puntos que el sacerdote cuestiona dentro de la Iglesia es el celibato, porque lo cree más una cuestión de disciplina, “lo ideal es que no sea una cosa impuesta, ni obligante, hace más daño una sexualidad reprimida por obligación, además, porque Jesús propuso fue un estilo de vida en que las personas que amaran a Dios vivieran como hermanos”.

Sobre los escándalos de los sacerdotes que se han visto en los últimos días, Taborda cree que eso disminuye la fe de los fieles, que se fijan más en la figura del padre y no en el seguimiento a Jesús.

“La gente debe cambiar el cas e te de la formación religiosa que recibió, porque pone al sacerdote en el centro y este solo es una persona más en la comunidad que por su vocación anima, impulsa, coordina, porque el proyecto es de todas las personas”.

Por lo pronto, el padre dedica sus días a estudiar, vive el sacerdocio como lo entendió, haciendo parte de una comunidad, y sus estudios de psicología los ve como un instrumento para acercarse más a las personas.

Tiene una propuesta para trabajar con jóvenes drogadictos del barrio Solferino, “Todas estas actividades me dan una respuesta muy grande, sentir que uno puede vivir esta dimensión religiosa de otra manera, sin tanto protagonismo”.

Q ueda esperar que culmine su carrera, conseguir trabajo y continuar con su apostolado. Es claro que el padre Henry da un paso a la vez para vivir los cambios de su ministerio.

“Cuando regrese, bien sea como padre o como amigo, esta es su parroquia porque somos sus amigos”, fue la respuesta que recibió de su comunidad parroquial.

“Saquen las mujeres del ’clóset’ Bernardo Pino fue noticia hace dos años, en octubre de 2007, cuando se casó en Manizales por la Iglesia católica apostólica latinoamericana. En abril de ese mismo año había renunciado a la vida sacerdotal, pues tenía una hija de siete años.

Hoy, cuando el mundo se escandaliza por lo ocurrido con el padre Alberto Curié y con el ex obispo Fernando Lugo, Presidente de Paraguay, Pino reapareció y le dijo a LA PATRIA, desde el seno de su hogar, que es un signo más que demuestra que la iglesia debe reflexionar porque cuenta con seres humanos.

“El celibato es una opción, no una obligación impuesta como se viene haciendo. A los fieles del mundo no se les debe privar de la gracia de Dios. Es mejor un sacerdote casado que uno que haga escándalos y motive confusión”, relató.

Por eso defiende a su iglesia, la Guadalupana, porque la considera clara, transparente y definida para los sacerdotes que con su esposa e hijos quieren regular ese vínculo ante Dios y los hombres. “Hay que abrirles las puertas a los sacerdotes casados, que se den cuenta que el celibato es una pantomima, una frazada para tapar los desmanes y anomalías que ocurren”.

Consideró que su salida abrupta de la Iglesia no afectó la creencia de los fieles. Por el contrario, la gente equilibró su posición de aceptación endurecida a los jerarcas que: “argumentando la entrega total a Dios tapan el miedo a asumir responsabilidades económicas. Es más sencillo mantener a un célibe que a un hombre con hijos. La propuesta de Jesús fue para solteros y casados”.

Indicó que cuando se retiró no pidió la dispensa a Roma porque esta se solicita cuando el sacerdote renuncia a ejercer su labor. “Soy sacerdote hasta la muerte y la eternidad. Así lo asumo y sigo así”.

Añadió que conoce más casos de sacerdotes con hijos y parejas que no lo dan a conocer a la luz pública por miedo al escándalo soterrado de la iglesia que prefiere esconder casos como los de pederastia.

“Estoy feliz casado y no me arrepiento. Hago un llamado a los sacerdotes a que saquen del ’closet’ a esas mujeres y salgan del anonimato para que desde la vida sacerdotal y la matrimonial les den la casa a la sociedad, a sí mismos y a Dios”, concluyó.

Más un mandato de la Iglesia El sacerdote caldense Jhon William López Duque, de 34 años, capellán del Buque Gloria de la Armada, opinó que el celibato es una verdad proclamada y defendida por la Iglesia, desde las primeras comunidades cristianas.

“Desde el punto de vista práctico, por así decirlo, es de mucho más beneficio para la Iglesia que para los hombres que la conformamos. La Sagrada Escritura muestra cómo los profetas tenían hasta dos o más mujeres. Por esto la doctrina de la Iglesia ha defendido esta verdad por ser producto de la reflexión teológica y no por ser doctrina sacada de algún texto de la Sagrada Escritura, como mandato del mismo Cristo o de uno de los profetas”, sostuvo.

Concluyó que el celibato, que para todo el mundo es un escándalo, es más mandato de la iglesia que del mismo Cristo.

No aceptar es ser obsoleto Orlando Jaramillo, antropólogo de la Universidad de Caldas, opinó que en el mundo moderno, con la liberación de costumbres, imponer barreras en el comportamiento sexual resulta cada vez más obsoleto.

Dijo que si no se ve mal la homosexualidad, ni el incesto (aunque se prohíba), entonces por qué una mujer no puede aceptar a un sacerdote.

“¿Por qué la mujer lo acepta o lo mira como un hombre cualquiera? No es culpa solo de este último, pues la mujer lo ve llamativo y deja por encima de todo su instinto reproductivo. Estar en contra en este mundo nos hace ver como retrógrados. Por ejemplo, al ex Obispo de Paraguay le llamó la atención la política y no se detuvo”.

Comentó que la sociedad está dividida en dos: los mojigatos y los liberales. Para los primeros será horrible lo que ocurre, pero los segundos lo mirarán normal porque las costumbres se han liberalizado.

Casos recientes 1. Padre Alberto Cutié. Al padre Alberto Cutié, de origen cubano y nacido en Puerto Rico, sacerdote católico conocido en EE.UU. por sus programas de radio y televisión, lo sorprendieron besando y acariciando a una mujer en una playa de Miami.

Cutié desde 1998 ha aparecido en los medios de comunicación hispanos de Estados Unidos en programas como el talk show «Padre Alberto» y actualmente dirige «Abre tu alma con el Padre Alberto» .

También publica la columna «Consejos de amigos» en varios diarios hispanos de EE.UU., incluyendo «El Nuevo Herald», ha publicado el libro «Ama de verdad, vive de verdad» y es director general de Radio Paz.

2. Fernando Lugo, Presidente de Paraguay. El ex Obispo y Presidente de Paraguay, Fernando Lugo, también rompió el celibato. Benigna Leguizamón, de 27 años, presentó una denuncia de filiación contra el jefe de Estado, el 22 de abril pasado. La mujer asegura que Lugo es el padre del segundo de sus cuatro hijos, Lucas Fernando, de seis años, que concibió en San Pedro (centro), la región más pobre del país y donde Luego fue obispo poco más de una década. El caso de Leguizamón se suma al reconocimiento legal realizado el 13 de abril último por el Presidente del hijo que tuvo con Viviana Carrillo, Guillermo Armindo, nacido el 4 de mayo de 2007, cinco meses después de haber renunciado a su estado clerical, el 21 de diciembre de 2006, para lanzarse a la arena política.

Además, una tercera mujer, Hortensia Morán Amarilla, de 39 años, dijo ante periodistas el 22 de abril pasado que concibió otro pequeño del jefe de Estado, Juan Pablo, de un año, aunque sostuvo que no pretende demandar al gobernante.

3. Padre Alberto Ortega. El sacerdote Alberto Ortega, de la localidad de Guaymallén, en la provincia argentina de Mendoza, dejó los hábitos el mes pasado porque en unas semanas se convertirá en padre. El religioso, de 59 años, anunció en febrero, durante una misa en la parroquia de Santa Ana, que dejaba la Iglesia pero no explicó las razones.

Hay cientos de maneras de servir El sacerdote caldense Clímaco Franco, incardinado en la Diócesis Dell’aquila Italia, expresó que al sacerdote lo llama Dios a continuar su misión: “id a todo el mundo y predicad el Evangelio a cada persona”.

“Él llama, nosotros respondemos, pero somos libres para responder y observar las leyes eclesiales, entre ellas el celibato. Ninguno está obligado a ser sacerdote, es mejor pocos sacerdotes, pero buenos y santos, viviendo el mensaje de Cristo”.

Añadió que se se trata de una disciplina eclesiástica sujeta a cambio, que de hecho cambió y puede, teóricamente, seguir cambiando. “No se trata de un dogma de fe. La hermana Iglesia Ortodoxa, que ordena sacerdotes ’válidamente’ según el juicio de la Iglesia Católica, admite hombres casados al sacerdocio. Es más, la misma Iglesia Católica en los países donde predomina el rito Bizantino (por ejemplo en Ucrania, por mencionar uno) ordena sacerdotes a hombres casados, los cuales continúan viviendo vida matrimonial después de la ordenación”.

Dijo que en la Iglesia hay cientos de maneras de servir al pueblo de Dios y que si alguien cree que es llamado a ocupar un lugar activo en ella, pero a la vez cree que no está llamado al celibato, sepa que puede ocupar ese lugar según el don que Dios le dio.

“El sacerdocio es un don y oficio sagrado de la Iglesia en bien de la Iglesia, y ella determina, en los diversos períodos históricos de su vida, de qué manera conviene ejercer este oficio. El candidato al sacerdocio tiene largos años para reflexionar y prepararse, entre otras cosas para vivir su vida celibataria con un corazón indiviso, entero para el Señor. Demás está decir que para ello las iglesias locales deben saber preparar a los candidatos debidamente, de modo que puedan aprender a vivir una vida tan particular; en esto está el secreto del ’éxito’ del sacerdote célibe”.

Lo que opina la Iglesia “El celibato lo estableció la Iglesia”, expresa monseñor Alejandro Castaño, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Cali.

“Dice la Iglesia que el Espíritu Santo da a ciertas personas el poder de dedicarse de manera absoluta haciendo un voto que es libre y un ofrecimiento a Dios de un ejercicio que también es sano, pero que en aras de algo mayor opta por decir: ’Me entrego al Señor en estas circunstancias’”.

Esta es una condición física que requiere disciplina, pero ¿se puede pretender que esto sea saludable?

Sí, claro, uno puede dirigir las potencias de su propio organismo, aunque se conoce que los excesos conducen a una patología, de tal manera que esto se hace voluntariamente, es una decisión madurada y para la cual uno se prepara. Esto no quiere decir que sea impecable o que se halle invulnerable ante cualquier asentimiento de la condición humana, pero la Iglesia no lo asegura y por eso nos pide siempre unos elementos adicionales que nos ayudan.

¿Qué elementos ayudan a conservar esta condición?

La mortificación, una vida espiritual intensa, un sentido común de lo que es la mística cristiana, el deseo de consagrarse por entero a Dios. En la vida de la Iglesia muchos santos y santas lo han podido demostrar porque entregaron su vida en aras de un ministerio sin necesidad del ejercicio de su sexualidad.

Dentro de la Iglesia católica hay congregaciones que ya expresan otros conceptos. ¿Cómo se manejan estas diferencias de opinión?

No solo congregaciones, las ideas se multiplican por parte de sexólogos, psicólogos, médicos y una serie de disciplinas auxiliares, pero la Iglesia latina, que es la que tiene la autoridad y la que positivamente estableció esta norma, es la que la puede derogar, como ocurrió en la Iglesia oriental que existe el sacerdocio en la Iglesia y los sacerdotes son casados y tienen familia.

¿No sería mejor dar respuesta a un hecho natural y humano como es la sexualidad?

La Iglesia con eso no le quita la respuesta a un hecho natural como es la sexualidad, ella pretende sublimar algo que es bello, que tiene una dimensión distinta que es por Dios, es por un bien superior que se hace esta renuncia.

¿Qué apoyo le brinda la Iglesia a todos estos sacerdotes que ahora quieren formar una familia y que a la vez quieren continuar cumpliendo con su ministerio?

La Iglesia mantendrá esta norma y si lo juzgase conveniente y oportuno, y en su momento decidiera que va a abolir el celibato, lo puede hacer porque es una ley que ella misma ha creado. A través de la vida de Jesús y a través de la praxis de la Iglesia la vida consagrada da frutos más abundantes en orden espiritual cuando uno voluntaria, consciente y responsablemente renuncia al ejercicio de su sexualidad si se dedica a la práctica de su vocación.

¿Entonces qué pueden hacer estos sacerdotes para no abandonar su ministerio?

Aquí y en todos los lugares del mundo hay muchísimas personas en las mismas condiciones, es más, se ha formado una especie de asociación de sacerdotes casados que están presionando a la Iglesia para no ser eliminados del ministerio sacerdotal y hay ciudades o países donde es más fuerte la presión, pero mientras la Iglesia no dé oficialmente una norma diferente, todos nos debemos acoger a sus normas. Entonces, por el hecho de salirse de estos parámetros están fuera del ministerio sacerdotal.

Evitar la desbandada de presbíteros y fieles Para el sacerdote Jaime Pinzón Medina, capellán del Colegio Santa Inés, de Manizales, las situaciones escandalosas han existido siempre y probablemente seguirán dándose dentro y fuera del clero. Sin embargo, el estado de peregrinos no justifica en modo alguno los escándalos, aunque de alguna manera los explica.

“Los delitos, crímenes y pecados a los cuales me refiero se clasifican en tres categorías: 1. Faltas simples contra el estado celibatario, entendiendo por simples la especificidad que consiste en ser faltas cometidas con mujeres adultas; 2. Actos y comportamientos homosexuales, y 3. Pederastia en conducta o acciones y eventualmente pedofilia”.

Sobre la primera categoría el presbítero Pinzón afirma que esta falla grave está pidiendo -ahora con más razón, fuerza y claridad que antes- un cambio sustancial en la disciplina del celibato, abolir la ley y se propone opcional.

“Hay que hacer dos distinciones. La primera es entre carisma y ley. La Iglesia nunca querrá ni podrá rechazar el carisma del celibato, que constituye un don del Espíritu Santo y una inapreciable riqueza sobrenatural. Pero una cosa es el carisma y otra muy distinta es la ley, la cual es de derecho eclesiástico y no reviste el carácter de necesidad sino de contingencia y a lo sumo (bajo ciertas condiciones sociales e históricas, de suyo cambiantes) de conveniencia”.

Explica que la segunda precisión está relacionada con la anterior. Consiste en que el carisma se reconoce, se protege y se promueve por medio del voto de castidad en el estado religioso, de suerte que los religiosos seguirán siendo célibes en virtud del carisma, del voto y de la ley.

Para el presbítero el celibato opcional sería un elemento de primera importancia en el proceso de desclericalización de los ministerios eclesiales puesta en marcha por el Concilio, pero frenada luego, sin mala voluntad, por la encíclica Saderdotalis celibatus y por muchos otros documentos y actuaciones de la Sede Apostólica.

Por otra parte, el padre Pinzón dice que es preciso defender el celibato y valorarlo como es debido, pero a la vez reconocer que no todos han recibido ese don. “Para quienes lo reciben no es antinatural o inhumano, pero para aquellos a quienes no se les concede, se convierte en una ’carga que ni nosotros ni nuestros padres hemos sido capaces de soportar’ (Hechos v,10)”.

“Estos últimos años han sido terribles para la Iglesia en este tema, por los numerosos casos que se vienen registrando y por el despliegue que los medios de comunicación les dan. Evitemos estos males y con ello continúe la desbandada de presbíteros y de fieles hacia sectas o comunidades no católicas”.

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