Catorce claves filosóficas y teológicas desde la mirada de las víctimas en torno a Magnifica Humanitas: Leandro Sequieros, Presidente de ASINJA (Asociación Interdisciplinar José de Acosta)

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

La revista Digital RELIGION DIGITAL (24 de junio 2024) publica un
interesante resumen de una reflexión parroquial en Barcelona. Este
resumen se presta, no solo a una lectura pastoral, sino también a una relectura interdisciplinar.

La encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV surge en un
momento de profunda transformación cultural y tecnológica. La creciente difusión de la inteligencia artificial, la automatización de los procesos productivos, la expansión de las redes digitales y las nuevas formas de interacción entre humanos y máquinas plantean interrogantes fundamentales sobre el significado mismo de la humanidad.

En este contexto, la encíclica representa una intervención importante y valiente. Su defensa de la dignidad humana, su preocupación por las repercusiones sociales de las nuevas tecnologías y su negativa a considerar la inteligencia artificial como una herramienta moralmente neutra constituyen
valiosas aportaciones al debate contemporáneo.

La transformación tecnológica genera nuevas formas de exclusión: la
brecha digital el desempleo y precarización laboral, la invisibilización de quienes no tienen voz, la vigilancia masiva y control algorítmico, la dependencia digital y economía de la atención, las nuevas formas de esclavitud vinculadas a la extracción de datos y recursos.

En una sociedad postsecular, como la nuestra, la lectura interdisciplinar pretende tender puentes entre creyentes y no creyentes. La Encíclica Magnifica Humanitas no solo tiene una lectura religiosa sino humanizadora.

Debate en Santa Anna
Reflexión de los profesores Ricard Mejías y Peio Sánchez realizada en el Hospital de Campaña de la Parroquia de Santa Anna en Barcelona Para el profesor Ricard Mejía Fernández
Para el profesor Ricard Mejía Fernández, docente de Lógica y Teoría
del Conocimiento en la Facultad de Filosofía del Ateneo Sant Pacià, – y los socios de ASINJA estamos en sintonía con él – Magnifica Humanitas es una encíclica social, histórica y valiente, que afronta la IA no desde el miedo a la técnica, sino desde la defensa radical de la dignidad humana, la fragilidad, el límite, la comunidad y el bien común.

Desde su especialización filosófica en fenomenología, transhumanismo e Inteligencia Artificial insiste en que la encíclica del papa León XIV marca un hito en la reflexión sobre la IA a nivel mundial.
Desde nuestra tarea en ASINJA de tender puentes con otras racionalidades, la Encíclica va más allá: puede ser una herramienta intelectual poderosa para una sociedad marcada por el beneficio económico, el mercado, el individualismo, la incertidumbre, la IA y el poderío de Silicon Valley al servicio de las grandes
corporaciones y potencias poderosas, como USA, China y Rusia.

1. Magnifica Humanitas es una Encíclica histórica y novedosa
Mejía la considera una aportación “totalmente nueva” porque sitúa la IA en el centro de una encíclica social. La compara en importancia histórica con Rerum Novarum: así como León XIII respondió a la revolución industrial, ahora León XIV responde a la revolución digital.

2. Un paso más allá de Francisco: la revolución digital
Según el profesor mallorquín, Francisco hablaba de “cambio de época”, mientras que León XIV habla de revolución digital. Para él, esto es más fuerte: indica un cambio radical, disruptivo y brusco de la historia. Un momento nuevo que exige un cambio de perspectiva.

3. La Iglesia no puede mirar a otro lado

Subrayó que el Papa entiende que la IA no es un asunto secundario ni
meramente técnico. La Iglesia debe entrar en este campo como espacio de evangelización, discernimiento, ética pública y defensa de la persona.

4. Crítica al paradigma tecnocrático
La encíclica denuncia que la técnica no es neutral y que puede convertirse en poder de dominio. La cuestión no es rechazar la tecnología, sino impedir que gobierne lo humano. En una publicación suya recoge la fórmula: “desarmar la IA” no significa renunciar a ella, sino evitar su dominio sobre la persona.

5. No es una encíclica tecnófoba
El profesor de Sant Pacià insiste en que León XIV no condena
indiscriminadamente la IA ni todo transhumanismo. Su crítica va dirigida a las narrativas de fondo: las visiones reduccionistas, posthumanistas o eugenésicas que pretenden superar lo humano eliminando fragilidad, cuerpo, límite y dependencia.

6. El nombre Inteligencia Artificial es ambiguo Para Mejía, una IA que quiera acercarse a la inteligencia humana debe tener en cuenta el cuerpo. No se piensa desde una mente abstracta, sino desde una existencia corporal.

Destaca tres dimensiones olvidadas por la IA clásica: cuerpo, situación e intenciones/necesidades humanas. Por ello propone otros nombres como razón computacional o capacidades cognitivas digitales.

7. El alcance político de la propuesta antropológica y ética
En su lectura del Magnifica Humanitas resalta el capítulo cinco sobre “La cultura del poder y la civilización del amor”. Destaca como propone una gobernanza mundial de la inteligencia artificial basada en el multilateralismo, la cooperación entre Estados y la creación de marcos internacionales vinculantes que protejan la dignidad humana.

Podría decirse que el Papa propone un
«Pacto Internacional por la Custodia Humana de la Inteligencia Artificial», que abarque la egulación internacional de la IA, el fortalecimiento del multilateralismo, la prohibición o limitación de usos bélicos y de control social, la protección de los pueblos más vulnerables, para evitar nuevas formas de colonialismo digital y concentración del poder tecnológico y la participación
de todos los pueblos en la gobernanza tecnológica.

Para Peio Sánchez, rector del Hospital de Campaña y profesor de
Antropología Teológica la pregunta central de Magnifica Humanitas no es qué puede hacer la inteligencia artificial, sino qué tipo de humanidad queremos construir con ella. La respuesta cristiana propone una tecnología orientada al bien común, al cuidado de los más vulnerables y a la construcción de una auténtica civilización del amor.

Señaló estas claves complementarias:
8. La humanidad ante una decisión histórica. 
Magnifica Humanitas presenta nuestro tiempo como un auténtico cambio de época. La revolución digital y la inteligencia artificial sitúan a la humanidad ante una elección decisiva: construir una nueva Babel basada en el poder, el control y la autosuficiencia, o edificar una nueva Jerusalén fundada en la comunión, la fraternidad y la dignidad de toda persona. El criterio fundamental es la vocación
humana a la comunión con Dios y con los demás.

9. La Doctrina Social de la Iglesia como discernimiento histórico. 
No aparece como un conjunto de normas cerradas, sino como una «teología de la comunión en la historia». Desde ella se reinterpretan los grandes principios sociales: bien común universal, destino universal de los bienes, incluidos los datos y tecnologías, subsidiariedad desde abajo, solidaridad y justicia social
como criterios decisivos para evaluar la IA es la situación de los pobres y de las víctimas.

10. El paradigma tecnocrático como riesgo de deshumanización
La encíclica denuncia un modelo cultural que identifica el progreso con el dominio técnico, la eliminación de la fragilidad y el control absoluto. Este paradigma favorece: la concentración del poder tecnológico, la exclusión automatizada, la colonización digital, la explotación de datos personales y colectivos y la subordinación de la persona a la lógica de la eficiencia.

Denuncia que la tecnología deja de ser instrumento y corre el riesgo de convertirse en criterio supremo de organización social.

11. Las nuevas víctimas de la revolución digital. 
La transformación tecnológica genera nuevas formas de exclusión: la brecha digital el desempleo y precarización laboral, la invisibilización de quienes no tienen voz, la vigilancia masiva y control algorítmico, la dependencia digital y economía de la atención, las nuevas formas de esclavitud vinculadas a la
extracción de datos y recursos. Para el Papa las víctimas aparecen como el lugar privilegiado para juzgar ética y políticamente el desarrollo tecnológico.

12. La Encarnación revela la dignidad inviolable de toda persona. 
El núcleo de la respuesta cristiana es la Encarnación. En Jesucristo, Dios asume una carne pobre y vulnerable y confirma que toda vida humana posee una dignidad que no depende de capacidades, productividad, riqueza o utilidad social.

Ninguna persona puede ser reducida a dato, algoritmo, mercancía o
residuo. Los pobres y excluidos revelan el verdadero rostro de la humanidad querida por Dios.

13. La vulnerabilidad y la Cruz frente al mito de la perfección. 
La IA suele promover ideales de optimización y superación de los límites humanos. Frente a ello, la Cruz recuerda que la vulnerabilidad no es un defecto sino una dimensión constitutiva de la condición humana. Los cuerpos heridos, los ancianos, los enfermos, los pobres y las víctimas poseen una dignidad que
ninguna tecnología puede otorgar ni quitar.

La verdadera humanidad se manifiesta en la capacidad de amar, cuidar y construir fraternidad.

14. . Construir la civilización del amor en la era digital
La encíclica propone el modelo de Nehemías y la reconstrucción de Jerusalén como alternativa a Babel. La civilización del amor supone la escucha el sufrimiento de las víctimas, la oración para el discernimiento y acción, la reconstrucción de los vínculos y la comunidad, la conversión de la diversidad en comunión, la promoción de la corresponsabilidad social. Todo ello situando a
Dios en el horizonte, el hombre en el centro y la mirada en las víctimas.

Relectura interdisciplinar
Si la persona humana es inherentemente una relación, entonces el surgimiento de nuevas formas de conexión global no tiene por qué interpretarse como una amenaza a la identidad humana. En cambio, podría representar una nueva vía para que esa identidad se desarrolle y exprese su vocación a la comunión.

Las redes digitales, el intercambio global de información e incluso algunas formas de inteligencia artificial podrían entenderse no simplemente como herramientas externas, sino como elementos internos de un proceso más amplio de evolución de la conciencia.
Aquí emerge la gran contribución de Teilhard de Chardin. Si la encíclica se construye en torno al verbo "permanecer", la obra de Teilhard gira en torno al verbo "llegar a ser".

Para Teilhard, la evolución no es simplemente el escenario en el que se desarrolla la historia humana. Es la historia misma. Los seres humanos no son naturaleza inmóvil en un universo dinámico, sino el punto más avanzado de un proceso cósmico que, durante miles de millones de años, ha buscado alcanzar formas cada vez más complejas y conscientes.

Desde esta perspectiva, la cuestión crucial no es cómo permanecer
iguales, sino cómo comprender en qué nos estamos convirtiendo.

Pierre Teilhard de Chardin
La distinción que hace Teilhard entre transhumanismo y ultrahumanismo surge precisamente de esto. El transhumanismo busca utilizar la tecnología para trascender o reemplazar el cuerpo humano individual. El ultrahumanismo, en cambio, ve la tecnología como un instrumento potencial para la convergencia de la conciencia humana hacia formas más profundas de comunión e interioridad.

La célebre noosfera no representa la desaparición de la vida biológica, sino su desarrollo. Indica el surgimiento de una red planetaria de conciencia que extiende el proceso evolutivo a través de la comunicación, el conocimiento compartido y la cooperación global. La tecnología se convierte así en uno de los medios por los cuales la evolución continúa su curso.

Lo que León interpreta predominantemente como una nueva Babel, Teilhard tiende a leerlo como una posible fase de la cristogénesis
En este sentido, lo que León interpreta predominantemente como una nueva Babel, Teilhard tiende a leerlo como una posible fase de la cristogénesis: el surgimiento progresivo del Cristo cósmico a través de la evolución de la conciencia.

El Punto Omega no coincide con la singularidad tecnológica imaginada por algunos teóricos transhumanistas. No representa el triunfo de la máquina sobre el hombre ni el nacimiento de una nueva especie postbiológica. Más bien, designa la convergencia de todas las conciencias hacia un centro personal de amor y comunión. Para Teilhard, la gracia no interrumpe la evolución; constituye su dinámica más profunda.

La evolución no es una alternativa a la salvación. Es el camino mismo en el que la salvación se desarrolla en la historia cósmica.
Sin embargo, la diferencia más radical entre León XIV y Teilhard radica en la comprensión de Dios.
Desde la perspectiva de la encíclica, Dios aparece principalmente como Aquel que otorga, revela y concede desde lo alto. 

La trascendencia divina se defiende con razón frente a cualquier reducción inmanentista. Sin embargo, el riesgo de este enfoque reside en situar lo divino casi exclusivamente fuera de la experiencia interior.

Teilhard, Tillich y Jung, aunque provienen de caminos diferentes, convergen en un punto fundamental: lo divino no es simplemente un objeto externo a la conciencia, sino el fundamento mismo de la conciencia.
Tillich habla de Dios como el «Fundamento del Ser». Jung sitúa la imagen divina en las profundidades del Ser. Teilhard concibe la conciencia como la faceta interna de la materia en evolución. En los tres casos, lo divino no se reduce a lo humano, sino que se reconoce como la profundidad más íntima de la realidad.

Esta convergencia también nos ayuda a comprender uno de los fenómenos más sorprendentes de nuestro tiempo: el hecho de que muchas personas recurran a la inteligencia artificial no solo en busca de información, sino también de compañía, orientación, alguien que las escuche e incluso consuelo espiritual.

La encíclica denuncia con razón el riesgo de sustituir las relaciones auténticas por simulaciones artificiales. Sin embargo, podría plantearse un diagnóstico aún más profundo. Si lo divino se percibe exclusivamente como una realidad externa, la conciencia humana tiende inevitablemente a proyectar su búsqueda de sentido en otro lugar. La inteligencia artificial corre entonces el riesgo de convertirse en la nueva pantalla sobre la que se
proyectan las aspiraciones religiosas que han permanecido sin lenguaje.

El verdadero desafío no consiste solo en limitar esas proyecciones, sino en recuperar la profundidad espiritual de la interioridad humana.
Otro punto de convergencia y divergencia concierne a la finitud. León XIV tiene toda la razón al defender la fragilidad como un espacio de amor. Ninguna tecnología podrá jamás reemplazar la capacidad humana de sufrir con los demás, de dar libremente o de abrazar la vulnerabilidad como un espacio para la relación.

Sin embargo, cuando la finitud se transforma en una frontera ontológica infranqueable, corre el riesgo de convertirse en un principio estático. La evolución, en cambio, demuestra que toda forma de vida surge de la trascendencia creativa de formas anteriores. Nosotros mismos somos el resultado de una larga serie de trascendencias.

Teilhard no propone abolir la finitud, sino más bien transfigurarla. La evolución no elimina los límites; los asume y los conduce hacia formas cada vez más nuevas de complejidad y comunión.
Esta perspectiva también permite una visión más realista de la condición humana. Los seres humanos no son simplemente magníficos ni
simplemente caídos. Son una realidad inacabada.

Creatividad y destructividad, altruismo y violencia, apertura a lo divino y a la capacidad demoníaca coexisten en ellos. Precisamente por esta razón, la evolución permanece abierta.

Teilhard era plenamente consciente de la ambivalencia de la historia. La misma convergencia que puede generar la noosfera puede producir formas de totalitarismo sin precedentes. La tecnología puede fomentar la comunión o el control. Es precisamente esta conciencia de la dualidad lo que otorga credibilidad a su esperanza.

La cuestión crucial, entonces, no es simplemente cómo usar la tecnología sin perder nuestra humanidad. La pregunta es: ¿qué forma de humanidad está surgiendo a través de la tecnología y cómo podemos orientarla hacia un crecimiento del amor, la conciencia y la comunión?

León XIV propone como remedio la vigilancia, la regulación y la protección de la dignidad humana. Teilhard aboga por profundizar en la vida interior y la maduración espiritual de la conciencia colectiva. Ambas perspectivas no tienen por qué ser opuestas, pero es evidente que pertenecen a horizontes diferentes.

La encíclica acierta al señalar que la persona humana no puede reducirse a datos, algoritmos o rendimiento. Acierta al afirmar que la tecnología nunca es neutral. Acierta al defender la importancia fundamental de las relaciones auténticas. Sin embargo, el marco metafísico que sustenta estas ideas corre el riesgo de resultar insuficiente para interpretar un universo en constante
evolución donde la conciencia continúa transformándose.

Teilhard propone un camino alternativo. No se trata de un cristianismo diferente, sino de un cristianismo capaz de asumir plenamente la realidad de la evolución. Su Cristo no se limita a preservar una esencia preestablecida; atrae al cosmos hacia su plenitud. Su noosfera no representa una amenaza para la persona, sino un espacio potencial para su maduración.

Su ultrahumanismo no es una evasión del cuerpo, sino una profundización de la vida.
La verdadera cuestión que plantea la era de la inteligencia artificial no es solo cómo proteger a la humanidad, sino cómo acompañar su transformación. No se trata de elegir entre tecnología y espiritualidad, evolución y fe, consciencia y gracia. Se trata de comprender cómo todas estas dimensiones pueden converger en una visión más amplia de la humanidad.

Desde esta perspectiva, la salvación que necesita nuestro tiempo no consiste principalmente en la protección frente a la tecnología, sino en la unificación a través de ella y más allá de ella: la reconciliación del ego con su fundamento, de la persona con la persona, de la humanidad con la naturaleza de la que
surgió y de todas las cosas con ese Punto Omega que, para Teilhard, coincide con el misterio mismo del Amor divino.

Ver también:
SEQUEIROS, L. (2026)
https://www.religiondigital.org/opinion/transhumano-posthumano-ultrahumano-pierre-teilhard_1_1456364.html
SEQUEIROS,L 2026
https://www.amerindiaenlared.org/contenido/28721/transhumano-posthumano-ultrahumano/
SEQUEIROS, L. (2026) https://redescristianas.net/teilhard-de-chardin-y-la-magnifica-humanitas/