Catolicismo -- Paul Buchet

Publicado en

Reflexión y Liberación

No haremos un estudio de marketing para la Fe cristiana pero podemos analizar la percepción que tienen nuestros contemporáneos de la religión y de sus métodos…(P. Buchet)
Es tentador poner la religión católica (o otra) sobre el mercado mundial como se lo puede hacer por cualquier producto o servicio comercial sobre todo cuando algunos lo están haciendo sin el menor escrúpulo con la educación y la salud.

No haremos un estudio de marketing para la fe cristiana pero podemos analizar la percepción que tienen nuestros contemporáneos de la religión y de sus métodos para mantenerse vigente y promoverse en nuestra sociedad actual.

Los Obispos Latinos americanos, en Aparecida, prepararon para los misioneros una contundente motivación doctrinal para enseguida dar su visión de la situación tanto social, económica, política, cultural y ecológica del continente. Eso para llegar a definir unas pautas tanto de contenidos como de estrategias para la pastoral. Esta metodología para la evangelización se hizo tradicional en la Iglesia católica chilena. En esta planificación, falta a menudo una evaluación de los proyectos pastorales anteriores. Después de algunos años, seria necesario empezar a evaluar la “Misión continental” que se pretendió iniciar en la conferencia de Aparecida.

Volviendo a leer algunos documentos, resalta la preocupación de la jerarquía para analizar la realidad de la sociedad pero poco se encuentra de una autocrítica por lo tanto bien necesaria.
Recientemente Caritas-Chile patrocinó un seminario para estudiar la vulnerabilidad en el mundo infanto-juvenil, sus realidades y perspectivas. El tema responde a una temática de actualidad: la excepcional movilización estudiantil. Este seminario, lo dirigió el sociólogo Claudio Duarte. Será interesante conocer no solamente su presentación de la problemática pero también las conclusiones que los participantes han podido recoger para inspirar su práctica eclesial.

Las organizaciones eclesiales acostumbran recurrir a la sociología para analizar la realidad pero pocas veces se atreven a prestarse a ser estudiadas, ellas mismas, por estos estudios. Sin embargo, existe una sociología de la religión que estudia los fenómenos religiosos colectivos en su contexto político-social-cultural.

Ayer la sociología “religiosa” se preocupaba de las estadísticas de bautismos, de casamientos, de prácticas dominicales…, felizmente se superó esta reducción.
En el continente, la sociología jugó un rol importante a mitad del siglo pasado.

Se puede recordar que en 1955, antes de la Iª Conferencia de los Obispos Latino-americanos en Rio de Janeiro, el sociólogo A. Houtart impactó con su estudio de la situación de la Iglesia en America latina denunciando la escasez de sacerdotes y los graves problemas sociales del continente. Es el resumen de estos estudios que los Obispos Helder Camara y Manuel Larraín distribuyeron a los obispos al iniciar el ConcilioVaticano II. Son esos estudios que inspiraron también la ilustre carta pastoral de Mgr Larraín : “Desarrollo: ¿Exito o fracaso en America Latina?” Fueron estudios sociológicos como estos que despertaron los movimientos social-cristianos y otros en las políticas latino-americanas, son estos análisis que abrieron el camino a la teología de la liberación.

La sociología ha ganado su espacio en la pastoral de la Iglesia pero un espacio que debe incluir por adelante una valiosa introspección.
Los estudios sociológicos de la religiosidad en general, de sus manifestaciones, de las ideologías que conlleva, de las instituciones que mantiene, de sus estrategias organizativas, de su difusión y de su evolución actual merecen una mejor atención de la Iglesia. La sociología, como ciencia humana ha ganado un prestigio merecido.

En el pasado, las iglesias tuvieron sus razones para esquivar el tema sociológico. La primera es la “leyenda negra” que los iniciadores de la sociología (Marx, Max Weber, Durkheim…) propagaron profetizando la desaparición progresiva, el debilitamiento de la religiosidad y su descalificación por la emergencia de la modernidad y del racionalismo.

Esta visión de la religiosidad ha producido un laicismo antirreligioso militante que se manifestó en la historia en muchas represiones de las creencias religiosas (en España, Méjico, la Unión Soviética, China…). Y esto llevó las ideas republicanas a decretar la separación de la Iglesia y del Estado en la mayoría de los países. La animadversión contra las religiones y la religión católica especialmente sobrevive todavía en manifestaciones como las que se vieron contra los gastos del reciente viaje del Papa para su encuentro con la juventud en Madrid.

La otra razón de este distanciamiento de la sociología tiene unas raíces mas profundas en el fundamentalismo religioso (que volvió a tomar fuerza últimamente) y que pretende dejarse guiar exclusivamente por la inspiración divina del autoritarismo religioso descalificando completamente las vivencias religiosas de la gente..
La reticencia de la Iglesia a dejarse analizar por la sociología la lleva a una crítica fácil de la sociedad calificando de secularismo y de relativismo la desafiliación actual de las iglesias y las resistencias a la evangelización programada.

Sin duda que las explicaciones y las interpretaciones de la sociología, por ser ciencia humana serán siempre sujetas a discusiones pero no deben ser evitadas.
La sociología de las religiones nos muestra como desaparecieron en nuestra época todos los grandes mitos, las grandes cosmologías, como las personas exigen su autonomía y libertad de conciencia mucho más que antes. La sociología muestra como las actividades humanas se diversificaron y como las religiones institucionalizadas pierden su rol integrador.

Estas consideraciones generales llevaron algunos teólogos (desde K Rahner hasta J. Comblin ) a plantear las perspectivas de una Iglesia católica en “diaspora” o sea dispersada en medio de una multitud de otras expresiones religiosas, la perspectiva de una Iglesia democrática sin clero, unas creencias particulares perdidas entre tantas otras.

Las calificaciones de secularismo que los religiosos atribuyeron en general a la sociedad son precipitadas porque después de los años setenta, la mayoría de los sociólogos acuerdan de que, contrariamente a lo que se pensaba anteriormente, la modernidad no debilita la religiosidad sino que puede producir fenómenos religiosos novedosos y estos fenómenos desautorizan los que quieren considerar como decadentes y vestigios del pasado las manifestaciones religiosas persistentes.
Se le ha reprochado al hombre moderno de vivir y pensar como si Dios no existiese pero vale la pena preguntarse si a caso no son las mismas presentaciones preconcebidas de Dios, algunas bien perversas, que le quitaron a Dios su vigencia. La autonomía de pensar no es contraria a la fe, la fe, de por si, exige inteligencia racional y inteligencia emocional.

Las acusaciones repetitivas de secularismo son apresuradas. El ateismo mismo debe ser considerado como una rivalidad agresiva en respuesta a las afirmaciones demasiado impositivas de la existencia de Dios. Cuando los teólogos de la muerte de Dios de los años sesenta escandalizaron a muchos al declarar que “Dios ha muerto” no se equivocaron en revelar como el hombre moderno iba perdiendo su fidelidad obligatoria a las creencias predeterminadas. La fe dejaba de heredarse. El “dios” de las religiones perdía su vigencia. Invitando a vivir como si Dios no existiera, devolvían los hombres delante la posibilidad de un nuevo descubrimiento de Dios, una nueva manera de leer el evangelio. La historia parece darles razón.

Es cierto que la fe misma de los católicos, de los que siguen declarándose como tal en los censos, es muy distinta de la de sus padres, es también muy diversa en sus expresiones y en sus contenidos. Muchos la consideran como esa caja de Pandora que se teme abrir por temor a lo que se podría revelar su interior.

Descartando estos temores y las posturas extremas, permitámonos recorrer algunas observaciones de los sociólogos respecto a la religiosidad de nuestros contemporáneos.
La primera constatación que hacen los sociólogos es una evolución de las creencias: las vivencias religiosas que no están desapareciendo se pusieron mucho más personales e individuales.
Los catecismos universales y las prácticas uniformizadas y disciplinadas perdieron sus ascendentes sobre los fieles.

Se conoce bien poco de las creencias espirituales de las nuevas generaciones pero empiezan a existir algunas encuestas y estudios al respecto. Las mismas encuestas oficiales de INJUV 2010 por ejemplo han revelado algunos datos como que un tercio de los jóvenes chilenos, aún cuando creen en Dios, no se reconocen en ninguna institución religiosa, esta cifra sube a 50% entre los universitarios. De estas encuestas se dice también cosas como que el 25% creen en el tarot o en la astrología que otros tantos creen en la reencarnación…pero muy poco se sabe. Existen también encuestas de opiniones juveniles a nivel mundial pero faltan muchas encuestas y estudios. La Iglesia debería patrocinar ella misma los estudios sociológicos. Valdría la pena, por ejemplo, que existan unos estudios sociológicos de las convicciones de los alumnos que siguen los cursos de religión para evaluar esta estrategia demasiada oportunista de la Iglesia.

La religiosidad ha cambiado. No es que se haya “privatizado” en un afán de tolerancia y de reclusión sino que sea ha individualizado. Los cristianos creen con sensibilidades muy distintas.
Las encuestas sociológicas revelan la proliferación de los movimientos religiosos que van desde las agrupaciones católicas influyentes como el Opus Dei a la diversidad de Comunidades de base y de agrupaciones. Impresiona el auge de los grupos evangélicos y de las sectas en America Latina, la expansión mundial del islamismo, la difusión de religiones orientales como el budismo y el fenómeno de los grupos New-Age también despiertan la atención.

¿Se puede hablar de un re-encantamiento del mundo? Muchos sociólogos no van hasta eso y califican, algunos, de “leyenda dorada” la relevancia que la Iglesia católica vio en la religiosidad popular en Puebla y en la revaloración de la religiosidad indígena en Santo Domingo.
Otro cambio significativo y generalizado es sin duda la desafiliación progresiva de los cristianos de sus instituciones religiosas, un distanciamiento que se marca no solamente por la baja en las prácticas tradicionales pero también en la crítica del autoritarismo religioso, en el desacuerdo a menudo tácito en materia moral, y en la desautorización del clero…

Este alejamiento no significa en ningún caso que el ser humano dejo de buscarle un sentido a su existencia, a lo contrario, se ven los cristianos construirse, cada uno, su pequeño “kit” personal de creencias (como lo describen algunos sociólogos) en la onda “háganlo ustedes mismos y no faltan tampoco los grupos y los gurús que proponen unos “combos” de verdades para los diferentes niveles culturales y sociales.

Acusar de subjetivismo, sincretismo y de laxismo es fácil pero los procesos de validación social y comunitaria que buscan estas nuevas sensibilidades religiosas revelan otra cosa. Por afinidades, se reúnen una multiplicidad de grupos y de asociaciones que encuentran entre ellos respuesta a necesidades precisas que las instituciones religiosas tradicionales no llenan.

Sin duda que estos grupos pueden presentar unos encierros negativos, unas perversiones de liderazgos, una corrupción por clientelismo financiero, todo esto es la deriva conocida de las sectas y las grandes religiones deberían asumir su responsabilidad por haberlas provocado ya sea iniciándolas ya sea dejando los vacíos que lo permitieron.
Las doctrinas oficiales de la Santificación y de la Salvación no logran interpretar los deseos de realización personal y las preocupaciones para el futuro de la humanidad que tienen nuestros contemporáneos.

Estas discordancias entre el sentir religioso y la postura de las instituciones religiosas lleva la sociología religiosa a estudiar el discurso, las estrategias y la pastoral practicadas en organizaciones religiosas. El dirigismo y la burocracia del Vaticano esta en su mira.
Un ejemplo magistral de esta interacción es por ejemplo la definición formal de la Iglesia como “Pueblo de Dios”. Esta expresión acuñada en el Concilio Vaticano II aún cuando no cambió significativamente las estructuras eclesiales, interpretó un nuevo sentir religioso entre los cristianos especialmente en America-Latina.

Los obispos en Medellín tomaron conciencia de la necesidad de una pastoral de masa, reconociendo haber promovido prioritariamente hasta la fecha una pastoral de elites. Su toma de posición marcó no solamente unos cambios pastorales novedosos sino que provocaron algunos cambios socio-políticos importantes como la reforma agraria. Es revelador analizar las reacciones vaticanas a estos cambios locales como fueron las correcciones vaticanas a los documentos del Celam, los nombramientos de obispos especialmente formados en Roma, las condenas de los teólogos de la Teología de la Liberación…

Los viajes del Papa dieron por pensar a los sociólogos. Los incansables viajes de Juan Pablo II impactaron las masas católicas pero sería apresurado creer en un reforzamiento de la fidelidad a un catolicismo romano. La sociología revela la necesidad de símbolos y de imágenes de las masas pero se debe interpretarla en su verdadera dimensión. El “Nooo…” que contestaron en coro los jóvenes chilenos al Papa Juan Pablo II cuando les pedía renunciar al sexo que….(y no tuvo el tiempo de terminar su frase) este grito dice tanto más acerca de la sensibilidad juvenil como el número de jóvenes se reunieron en torno al Papa. Otro ejemplo es la curiosa decisión vaticana de permitir a cualquier sacerdote del evento del encuentro reciente de jóvenes en Madrid de absolver los abortos en las confesiones. A posteriori, valdría la pena estudiar los criterios de selección de los jóvenes que se enviaron a Madrid y de su pertenencia a los movimientos religiosos locales.

La Iglesia oficial busca recuperar espacios promoviendo una cruzada moral a favor de la vida por nacer, en contra del divorcio y contra la unión de homosexuales…lo hace a sabiendas que va a contra la corriente pero será este discurso moral rígido la mejor estrategia de acompañar espiritualmente unas masas que tienen un gran afán de autonomía .
Muchos religiosos buscan reforzar el culto a la Virgen María y se vuelve a una estrategia de canonizaciones y de promoción de santuarios. Cómo conciliar esto con otra tendencia religiosa que quiere asumir como propio la solidaridad humanitaria y la defensa del medioambiente como la mejor actualización del cristianismo. ¿Cómo conciliar una y otra sensibilidad?

La Iglesia empieza a descubrir que sus estructuras parroquiales y educacionales se ven cuestionadas por una modernidad creciente y que también las redes sociales del Internet erosionan sus organizaciones pero ¿Tiene la Iglesia la valentía de analizar estos fenómenos?
Considerando esta personalización y diversificación de la religiosidad, muchos religiosos aplican una amplia tolerancia (doctrinal y moral) para sumar feligreses. Esta pastoral laxista se contrapone al rigorismo teórico de la jerarquía.
La sociología nos lleva a preguntar por “el espacio” de la Iglesia.

Sin pensar en establecer fronteras como lo hicieron los que proclamaron que “Fuera de la Iglesia no hay salvación”, vale la pena reflexionar al ámbito propio del cristianismo. Es difícil creer que el catolicismo es una marca registrada de una serie de dogmas y de un acatamiento de normas y de ritos específicos. Tampoco su estructura piramidal parece la mejor figura para graficar el pueblo de Dios.

En esto, la sociología de la religión puede ayudar a descubrir una nueva dinámica para la fe cristiana. Quizás sea mejor pensar a una convergencia de percepciones, de opciones y de compromisos sociales. Quizás sea mejor pensar en una invitación a compartir una solidaridad inusitada.
Leyendo los signos de los tiempos con la sociología descubriremos la invitación precisa del evangelio, la invitación de Jesucristo, del Padre Dios.
Por eso, volvamos a leer:

“Y Él, alzando los ojos hacia sus discípulos decía: Bienaventurados los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios”(Lc. 6,20).

“Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos… Pero todos a una empezaron excusarse. El Primero le dijo: He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses. Y otro dijo:”he comprado cinco juntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses. Y el otro dijo “Me he casado, y por eso no puedo ir…..Entonces airado el dueño de la casa dijo a su siervo: Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad y haz entrar aquí a los pobres y lisiados y ciegos y cojos…. (Lc. 14, 16ss)”.

Paul Buchet – Consejo Editorial de revista Reflexión y Liberación.

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