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Carta al Papa Francisco -- Adolfo Boy y varias firmas más

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

Buenos Aires, Rep. Argentina, Abril 2013
Estimado Santo Padre Francisco,
Ante todo queremos saludarlo con afecto y felicitarlo por haber sido elegido Obispo de Roma por el Colegio de Cardenales, para presidir en la caridad a todo el Pueblo de Dios. También, queremos desearle un ministerio muy fecundo y tal como siempre nos lo pide, rezamos para que pueda llevar adelante la tremenda obra que tiene por delante.

Ahora, quisiéramos recordarle en este escrito, cuando nos recibiera alguna vez, acompañados por Mario Cafiero y por su esposa Amalia, en el Arzobispado de Buenos Aires. En aquella ocasión, le presentamos las conclusiones de una larga campaña que llevábamos como Grupo de Reflexión Rural, contra las fumigaciones con agrotóxicos y que denominábamos PAREN DE FUMIGAR. Ese día le expusimos las consecuencias dolorosas que habíamos registrado a lo largo de varios años de relevamiento y de resistencia, respecto a un modelo de monocultivos y de agricultura química, expulsión de poblaciones, contaminación del ambiente y por lo demás, la comprobación que más nos afectaba, la de haber hallado gravísimas y extendidas consecuencias sobre las poblaciones, en especial sobre los niños.

No correspondía tal vez exponerlo entonces para no abrumarlo, pero sí corresponde hacerlo ahora, dada las responsabilidades a nivel Planetario que deberá afrontar como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Lo que entonces le presentamos, correspondía a la aplicación en la Argentina, del modelo productivo y de vida implantado en esta fase de la llamada Globalización Económica. Nos referimos a lo que desde una perspectiva rural denominamos como el modelo de los Agronegocios, parte del modelo extractivo de destrucción de vida, paz y felicidad de los pueblos. Ese modelo implantado en la Argentina en los años noventa y sobre las ruinas dejadas por el Terrorismo de Estado, implicaba una economía agro/ exportadora de comodities y de materias primas, para satisfacer las necesidades de los mercados globales. Al menos en nuestro país, el modelo consistió en la decisión política de que el país que, alguna vez había sido granero del mundo y productor de alimentos sanos y de alta calidad, se transformara en un productor de forrajes, de piensos para los animales de Europa en primer lugar y de China más tarde. Estas decisiones fueron tomadas a espaldas de los argentinos, tal como similares medidas se han tomado a lo largo y ancho del Planeta a espaldas de la opinión pública, sin que los pueblos pudieran decidir libre y soberanamente las formas de producción y de vida que les garanticen una existencia digna, con amor y cuidado por la Creación. Se trata de sumisiones a Corporaciones transnacionales, sumisiones que, no dudaríamos en afirmar, implican nuevas y más terribles colonialidades.

En la Argentina, los monocultivos de soja y de otras semillas genéticamente modificadas han ido avanzando con una monstruosa fuerza, imperceptiblemente para los que viven en las ciudades, y trágicamente para las poblaciones rurales que sufrieron su exterminio, alcanzando hoy la pavorosa cifra de 24 millones de hectáreas, ocupando ya una buena parte de las superficies agrícolas. Comienza a entrar en franco riesgo, no ya la Soberanía Alimentaria que se extravió hace años, sino también la seguridad alimentaria de la propia población. Esos extraños desiertos verdes en que imperan las biotecnologías y los derechos de patentamiento de la vida por parte de las Corporaciones transnacionales, para quienes nada es sagrado, han desplazado a millones de personas que, ahora, desenraizados y desterritorializados, se hacinan en las periferias urbanas de las nuevas megalópolis. Marginalidad, fragmentación social, inseguridad extrema, ingesta de comida chatarra, enfermedades emergentes, trata de personas y asistencialismo, narcopoder en las zonas favelizadas, y repetidos desastres ambientales como consecuencia de los cambios climáticos, acentuados por las prácticas agrícolas del desarrollo destructivo, y de la desidia política de los supuestos dirigentes, son la lógica consecuencia de esa urbanización compulsiva que confunde vida en la ciudad con supuestos ideales de progreso. Es el infierno cotidiano al que hemos sido condenados actualmente millones de seres humanos, una sociedad del consumismo carente de todo horizonte sagrado y sin propuestas de porvenir que no sean sucesivas catástrofes.

A nivel planetario, la imposición de estos modelos impulsados por las Corporaciones y los mercados globales han llevado la cifra de hambrientos a bastante más de mil millones de seres humanos, la inmensa mayoría de ellos sometidos además a la expatriación, la desertización de sus tierras, la contaminación de sus aguas o el trabajo servil en las lejanas metrópolis, adónde han debido emigrar abandonando sus raíces y sus memorias. Esta situación no sólo es espantosa, sino que es global, prueba de ello es lo expresado por Monseñor Turkson el 5 de enero del año 2011 «Si los agricultores en África tuvieran mayor acceso a tierras arables fértiles, seguras de conflictos armados y contaminantes, no necesitarían cultivos modificados genéticamente, para producir alimento». Haciendo que los agricultores compren semillas patentadas, «se reproduce el clásico juego de la dependencia económica» la que de alguna manera es «como una nueva forma de esclavitud». A pesar de ésto, los diversos gobiernos del tercer mundo, embelezados por las promesas de el supuesto bienestar que el denominado progreso traerá consigo, está entregando las tierras más fértiles a la agro-industria y a fondos de inversión para garantizar la alimentación a los ricos y poderosos con un costo social y ecológico abominable en sus dimensiones de desastre. Esto ocurre en nuestro país, tanto como en África y en Asia. Las poblaciones rurales parecen sobrar en este modelo depredador y genocida.

Cuando verificamos que más de mil millones de seres humanos sufren hambre, estamos refiriendo a cifras pavorosas y es comprensible que la Iglesia como institución rectora de una moral de convivencia social con justicia, se conmueva y se haya preocupado en los últimos años y a través de las Academias Pontificias, para encontrar soluciones, al terrible drama del hambre en el mundo. El riesgo de abordar estos temas cruciales es que en cambio de revisar las situaciones que nos han conducido a esta pavorosa situación, aceptemos la engañosa propuesta de que necesitaríamos profundizar en el camino que llevamos y que, resulta indubitable, nos conduce al abismo de la catástrofe planetaria y de la pérdida de nuestra propia humanidad. Lamentablemente, tememos que sea el camino que algunos religiosos han tomado. En mayo del 2009 y encontrándose SS en Roma, le enviamos un escrito con información al respecto, que lamentablemente, nunca pudimos confirmar que realmente llegara a sus manos. Lo hicimos a través de nuestro Embajador ante la Santa Sede, denunciándole en esos momentos, la llamada Semana de estudio, de Plantas transgénicas para la seguridad alimentaria en el contexto del desarrollo, y que tenía por subtítulo, Restricciones a la introducción de la biotecnología para mitigar la pobreza.

Ese encuentro supuestamente científico, se llevaba a cabo en esos momentos en la Pontificia Academia de Ciencias, con amplia participación de representantes de la empresa Monsanto y del biotecnólogo Moisés Burachik a nombre del Gobierno Argentino. Durante semanas, habíamos tratado inútilmente de ser atendidos en nuestra disidencia o de que se nos dejara participar para que se escucharan otras voces, pero no habíamos obtenido respuestas. No es un tema menor. Estamos convencidos que ciertas Corporaciones globales necesitan el respaldo moral de líderes religiosos para impulsar políticas biotecnológicas más audaces todavía que las que han implementado hasta el momento. Esos presuntos éxitos científicos tan promocionados por la propaganda, ocultarían las devastadoras consecuencias de sus políticas empresariales, pero además permitirían olvidar algo sobre lo que cada día existen mayores evidencias: que las teorías que sustentan las manipulaciones transgénicas no solo son obsoletas, sino que estarían absolutamente erradas, ya que parten de supuestos que hoy se ha comprobado no son reales, tal como el identificar de manera mecánica un gen con un determinado carácter. El problema ahora, sin embargo, es el inmenso poder alcanzado por la industria Biotecnológica en el mundo y su enorme capacidad de influenciar conciencias y ganar dirigencias.

De todas maneras y al margen de los posibles riesgos que puedan implicar para la humanidad los OGM, nosotros deseamos en este escrito a Su Santidad, enfatizar nuestro convencimiento respecto a que, el creciente problema del “hambre en el mundo”, no necesita para resolverse más agronegociantes sino, por lo contrario, más y más campesinos, campesinos o al menos pequeños y medianos productores que arraigados a la tierra produzcan alimentos. Este es un tema que como comunidad e iglesia no podemos evadir y en este sentido, es nuestra opinión que las estrategias de la Pontificia Academia de Ciencias, en este campo, deberían ser radicalmente revisadas y aún más todavía: reorientadas, con la inclusión de otros referentes científicos en quienes lo prioritario sea el amor por la vida, por la humanidad y en definitiva por la Creación, y que no se motiven por el lucro empresarial, por la eficiencia tecnológica o por réditos científicos.

En el esfuerzo que lo anterior pueda significar para su Santidad, le rogamos cuente con nosotros y que nos tenga en cuenta para los esfuerzos que resulten necesarios. En los últimos años a través de encuentros ecuménicos y páginas de Internet hemos tratado de difundir conceptos de Ecoteología a favor de que el mundo católico recupere los valores del cuidado de la Creación y la inspiración sagrada en la relación con la Naturaleza y el ambiente. En ese mismo compromiso nos dirigimos ahora con enorme respeto al Santo Padre y confiamos en que nuestra palabra sea escuchada y resulte útil. Nos despedimos solicitando su paternal Bendición.

Adolfo Boy

Stella Semino

Lilian Joensen

Fernando Rovelli

Federico Aliaga

Jorge E. Rulli

GRR Grupo de Reflexión Rural

Jorge E. Rulli / Rondeau 812 Marcos Paz 1727 Provincia de Buenos Aires Tel. 54 220 4773545 www.grr.org.ar / www.pararelmundo.com / Ecoteología Ecuménica en Facebook

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