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Carta al Cardenal Claudio Hummes -- Pbro. Jorge Armando Martínez Soto, incardinado a la Arquidiócesis de Hermosillo (México)

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Emmo. Sr. Cardenal Claudio Hummes, Arzobispo Emérito de São Paulo
Prefecto de la Congregación para el Clero
Agradezco la invitación que Ud. está haciendo a mi persona junto con todos los presbíteros en la Iglesia para participar en una concentración masiva de sacerdotes en Roma para los días 9, 10 y 11 del próximo junio para concluir el Año Sacerdotal; con todo respeto, quiero exponerle las siguientes consideraciones.

Mis ingresos como sacerdote, no me permiten, de ninguna forma, hacer un gasto tan dispendioso; no se cómo otros lo pueden hacer pero se que al fin y al cabo, de una o de otra manera “Dios provee” para los que si estén dispuestos a asistir.

Por otra parte, la Iglesia no se mueve por masas y números sino por la dignidad de una vida recta, por lo que el Santo Padre podría enfrentar él solo “los injustos ataques de los que es víctima” si es que sabe que nos tiene de su lado, aunque no estoy seguro que sea así por los argumentos que expongo a continuación:

1o. La jerarquía desde una posición de poder pensó que podría manejar atropellos que no sólo eran de competencia eclesiástica sino del ámbito jurídico-penal en los diversos pueblos y Estados donde la Iglesia se encuentra inserta. Es necesario modificar esa actitud equivocada de poder, reconocer los hechos y hacer lo conducente para resarcir el daño dentro del ámbito propio en cada uno de los Estados que lo están requiriendo respetando las autoridades constituidas, de otra manera, la Iglesia no será creíble.

2º. Desde esa misma situación de poder, la jerarquía no ha sido “atenta a todo aquello que el Espíritu Santo quiere comunicarnos”. Desde esa situación de poder la jerarquía que “oculta y minimiza los crímenes” tampoco ha respetado los procesos de fe propios de los pueblos y culturas sino que los atropelló. Desde esa situación, de poder la jerarquía no sólo no respetó las enseñanzas y directrices del Concilio Vaticano II sino que impidió a la Iglesia entrar en una reforma de la disciplina sacramentaria que respete a las personas y a los pueblos y los conduzca a la madurez.

Ud. dice: “algunos presbíteros (proporcionalmente muy pocos)” han atropellado la integridad de menores, pero me parece que la jerarquía igualmente atropelló a la Iglesia dado que la reforma litúrgica permanece todavía con los parámetros del Concilio de Trento aferrados a una falsa posición de poder respecto de los pueblos y Estados como si todavía la Iglesia estuviera avalada por el imperio en el que todo debe ser forzoso imponiendo criterios desde una perspectiva “teológica” que no respeta la base antropológico-cultural de los pueblos y personas.

Aferrándose a Trento, no se ha querido entender la nueva posición de la Iglesia en el mundo actual que Pablo VI expuso en la Eclesiam Suam previamente al Concilio: la Iglesia ya no se ve a si misma como una barca en la que todos tienen que entrar si no quieren condenarse; Pablo VI y el Concilio Vaticano II propusieron que la identidad de la Iglesia en el mundo actual es de Columna de la Verdad respecto de la cual sitúa todo lo humano; Respetar a los pueblos, culturas y personas en una reforma litúrgica ajustada al Concilio Vaticano II, a mi ver, sería vg. instituir el catecumenado como ordinario y regular en un proceso hacia el bautismo para que sea realizado hasta una adultez consciente; se acepte el matrimonio según usos y costumbres de los pueblos como un estadio válido dentro de un proceso hacia el sacramento; se instituya el celibato opcional y los sacerdotes casados; etc., etc.

Apoyados todavía en los parámetros de Trento, la jerarquía no ha querido reestructurar la disciplina sacramental sino que ha insistido en mantenerla oponiéndose al crecimiento en una fe adulta de las personas, las comunidades y los pueblos.

3º. Por los dos puntos anteriores expuestos, me parece, necesario que antes de esa concentración masiva que Ud. propone como invitación de Benedicto XVI, la jerarquía “no esconda ni minimice tales crímenes”. Si esa concentración de sacerdotes no es en el contexto de decisiones y acciones ya realizadas, considero que participar en esa concentración masiva de presbíteros en la plaza con el Papa en junio próximo, sería avalar la posición de poder que solapa la injusticia sin encararla de frente ante los pueblos y los Estados exponiéndonos a todos los presbíteros, principalmente a los asistentes, a una situación de encubrimiento.

Que las gracias de este Año Sacerdotal nos lleve a discernir con valentía y como Iglesia lo que el Señor Resucitado quiera para nosotros. Respetuosamente le doy las gracias por su atención, le pido disculpas, agradezco su invitación, me encomiendo a sus oraciones.

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