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Carta abierta: «Cristo y esperanza» -- Juan de Dios Regordán Domínguez

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Amigo Jesús, ya Cristo, estamos viviendo momentos difíciles. Muchos están perdiendo sus puestos de trabajo y las familias se empobrecen a la fuerza. Una pobreza obligada no es la pobreza de la que Tú nos hablas; nunca hablaste de resignación, sino de un Reino que se hace presente dando libertad y vida “para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

El Dios que Tú nos presentas no es un “dios sombrío”. Es un Dios a quien nos enseñaste a llamarle ” Padre” porque Él es además misericordioso y nos eleva a hijos. El Dios- Padre que nos has acercado está muy lejos del “dios del poder”.

Jesús, al inicio de tu vida pública, renunciaste a intervenir en la historia a través del poder. En tus tiempos, igual que ahora, las tentaciones hablan de poder político, de poder económico y de poder religioso. Tú aclaraste muy bien que no estabas de acuerdo con el poder idolátrico, al servicio de uno mismo. Dura fue la reprimenda que diste a dos de tus discípulos que querían poder (Mt.20,20-28). Tú supiste convertir el poder en servicio y lo utilizaste en beneficio de los más pobres. Mc 3,7-8 “una enorme muchedumbre le seguía”, Lc. 6, 17-19 “un gran gentío del pueblo venido de todas partes…” Jesús, Tú supiste enfrentarte al poder que manipula, al que engaña, al que extorsiona al pueblo, y sobre todo al que lo intenta hacer en nombre de Dios.

Amigo Jesús, entonces y ahora, nos pides ser un pueblo sencillo y humilde, pasar a ser “como niños”, lavar los pies, colocarse en último lugar y poner la fidelidad a las personas por encima de la fidelidad a la Ley. Por eso tuviste grandes dificultades con los dirigentes políticos y religiosos. Algunos de tu propia familia te tomaron por loco. Tus amigos, los discípulos, tus escogidos, en más de una ocasión discutían para ver quién sería el primero, Pero, en los momentos difíciles te abandonan y, cuando más los necesitabas, el mismo Pedro te niega, como si no te conociera. Un pequeño grupo de gente sencilla y algunas mujeres te siguieron hasta tu muerte…

Compromiso, enfrentamiento y muerte forman parte de tu proyecto para construir el Reino. Mueres víctima de una ley contra la que te rebelaste, la ley del poder que esclaviza. Fuiste condenado por blasfemo, hereje, por ir contra el injusto orden público. Pero tu Padre es” Dios de la vida” y tu muerte es un acto al cual te sometiste en contra de tu voluntad. Te matan como hombre por la presencia del Mal en el mundo. Sin embargo, “Tu muerte” cobra sentido en la Resurrección y en la Comunidad que te consideró Vencedor de la ley y de la muerte. Es Dios quien te da la vida superando la muerte. Conseguiste que tu Resurrección se convirtiera en el verdadero fundamento de la Esperanza en la lucha por un mundo mejor.

“Jesús, ya Cristo”, contigo entra el Dios de la Vida en la Historia y ahora nosotros podemos luchar por un mundo más justo, más humano, más solidario y más apacible. Contigo ha nacido una nueva manera de ver la vida, con todos sus acontecimientos. Si el peor Mal, que es la Muerte ha sido vencida, ¿cómo se explica la presencia del Mal en el mundo? Las preguntas brotan a borbotones :¿ qué sentido tiene que mueran millones de niños de hambre? ¿Cómo interpretar el sufrimiento de un “parado de larga duración” que ve truncada su vida y la de su familia? ¿Dónde está Dios? A través de la historia, todas las preguntas sobre el sufrimiento y la existencia del Mal apuntan a echar las culpas a Dios. Y Tú nos dices que Dios no está allá arriba ni en las disputas teológicas . Dios no está en el poder, está con y en los pequeños, en los crucificados actuales.

Si nos quedamos ensimismados haciendo preguntas y esperando la continua intervención de lo sobrenatural, caeríamos en la tentación de la “resignación” Tú, con tu vida, tu muerte y Resurrección nos demuestras que la divinidad de Dios se revela en el Dios de la Cruz y en la presencia del Mal. Nos dices que nos has abiertos las puertas de un Nuevo Reino que hay que seguir construyendo. La Esperanza se fundamenta en el convencimiento de que la Humanidad entera es la responsable de erradicar el Mal en el mundo. Tú has puesto los cimientos y nos enviaste el Espíritu para guiar la construcción del Reino, marcándonos pequeñas metas que alienten y fomenten la Esperanza.

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