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Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos -- Emilia Robles

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Estimado/a amigo/a:
Hoy es portada en muchos periódicos del mundo la entrevista al papa Francisco, realizada por el P. Antonio Spadaro, S.J. Director de la Civiltà Cattolica.
Le recomendamos leer la entrevista completa, que pueden encontrar en el enlace de la revista “Razón y fe” y que le adjuntamos.
Francisco, en la entrevista, sigue apuntando objetivos globales y caminos que la Iglesia tiene que seguir encontrando para ser más servidora del Reino siempre al lado de quienes más sufren.
Hasta aquí, nada nuevo, todo en continuidad con la línea que ha marcado desde el comienzo de su pontificado.

Aún va más allá, esta vez señalando sin tapujos caminos por los que no se puede transitar, rutas de una moral estrecha, desconectada de las vidas concretas, que no está inspirada con la misericordia y a visión global con la que Dios mira y acoge a sus hijos e hijas, tan perfectamente reflejada en las entrañas de misericordia de Jesús.

Pero por lo que vamos leyendo estos días en muchos medios, hay algo que queremos explicar desde nuestro punto de vista.

Francisco habla de lentitud en las reformas e insiste en ello; y esto es algo que extraña y suscita ciertas desconfianzas, incluso en muchos de los que están verdaderamente esperanzados y se vuelven asentir Iglesia de una forma más plena.

Algunos piensan que esta lentitud es una muestra de los límites a los que se enfrenta, a pesar de su buen enfoque y de sus indudables intenciones de mejorar la Iglesia para que sea más funcional a su misión.

Otros, incluso oponen algunos posibles cambios, en la linea de la revisión del celibato obligatorio, a cambios que tengan en más en cuenta a la mujer.

Desde nuestra visión, la razón para la lentitud que han de llevar las reformas, para conducir a un verdadero cambio son las siguientes:

En primer lugar, tenemos que llegar a grandes consensos de reformas para qué y hacia dónde. Si no hacemos esto no se producirán verdaderos cambios.

Una Iglesia que se aleja del clericalismo y transita en la dirección de la corresponsabilidad y del reconocimiento de los dones y carismas del Espíritu sobre todos y todas en las comunidades, necesita dar muchos pasos que llevan años.

Una Iglesia que se esfuerza en formar comunidades vivas y dinámicas, renovando las parroquias de manera creativa e impulsando las comunidades de base, necesita tiempos adecuados y obispos, curas , religiosos y líderes laicos que empujen y alienten en esa dirección.

Una Iglesia en la que se diferencia la dignidad y la responsabilidad discipular y misionera y no se reduce a la función que desempeñamos, necesita nuevas conciencias que han de ser formadas, desde diversos centros de formación, entre ellos los seminarios y las escuelas teológicas, que han de ser sin duda renovados y acompañados de nuevos centros de formación más popular y conectada con la vida y los lenguajes y culturas de las comunidades.

Hasta ahora la manera de plantear reformas en la Iglesia ha tenido mucho de seguir por caminos trillados, con cambios muy formales y muy centrados en la figura del sacerdote, ni siquiera del presbítero (en cuanto a terminología) e incluso reproduciendo patrones de los que nos queremos alejar.

Pero los cambios significativos tienen que poner el énfasis en las comunidades; y su mirada en la evangelización y en la vida eucaristica de las comunidades, unida al compromiso de todas y todos por la Paz la Justicia y la Vida, desde la perspectiva del Evangelio.

Durante mucho tiempo hemos esperado reformas realizadas por un Papa, cuando esto contradice la colegialidad e ignora la subsidiariedad.

Pero lo que este papa nos está diciendo y coincidimos plenamente con esa visión, es que lo que se vaya haciendo tiene que hacerse con el concurso de todos, que hay que crear nuevos cauces para descubrir e impulsar los cambios profundos que se necesitan, (comision de cardenales y otros) que hay que mejorar los que ya existen (sínodos y otros),
que mientras que las mujeres no vayan encontrando su lugar en la estructura de la Iglesia no se podrán impulsar cambios justos para ellas desde la perspectiva cristiana.

Que hay que tener una actitud orante, al tiempo que profética y dejarse iluminar por el Espíritu, para que sea este el que anime los cambios y nos vuelva realmente creativos.

Por eso, consideramos que ciertas prisas son malas consejeras, pero no porque eso ponga en peligro la vida de Francisco (quedaríamos cientos de miles dispuestos a seguir dispuestos a seguir, imaginamos que unos cuantos también dentro de los cardenales que lo han elegido), sino porque las prisas no nos conducirían a donde queremos llegar.

Y con esta paciencia histórica y escatológica, igual el Espíritu nos sigue dando sorpresas, como las que ya nos está dando; pero no de las que nos dividen y generan temores, sino de las que nos ayudan a sentirnos en la misma barca y a amarnos a pesar de las diferencias. Por supuesto que eso no va a ocurrir con todos, ni todos los intereses son conciliables. Pero podemos crecer en el consenso y en la comunión y no hacer depender el cambio de las decisiones de una sóla persona.

No queremos alargarnos en la reflexión. Preferimos escuchar sus comentarios, si quieren hacerlo, a partir de sus experiencias pastorales y comunitarias.

Un abrazo fraterno y gozoso

proconcil@proconcil.org

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