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Buscar y encontrar a Dios en tiempos de crisis -- Emma Martínez Ocaña

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1 UN MUNDO EN “CRISIS” COMO PELIGRO.
1.1 TIEMPO DE NOCHE.
Estrellas a encender:
la de la consciencia,
pasión por la vida,
compasión,
búsqueda.

1.2 TIEMPO DE CAOS: TORMENTA, TEMPESTAD, RUIDO

Reclama:

permanecer en los compromisos adquiridos

permanecer en fidelidad a Jesús y su Reino

soltar amarras e izar velas

ser diálogo.

cultivar una escucha tolerante y humilde.

cultivar la esperanza evangélica.

UN MUNDO EN “CRISIS” COMO PORTUNIDAD, NOVEDAD

2.1 ARCO IRIS.

Pluralidad

Inculturación,

Diálogo interreligioso.

2.2 TIEMPO DE REDES, NEXOS, RELACIÓN.

Cultivar una espiritualidad de la conexión,

Cultivar una espiritualidad de las relaciones

Cultivar la experiencia mística.

2.3. TIEMPO DE AMANERCER.

Amanece una nueva conciencia planetaria

Amanece un nuevo humanismo

Hambre de espiritualidad.

Necesidad de mistagogos y testigos.

BUSCAR Y ENCONTRAR A DIOS EN TIEMPOS DE CRISIS.

O INTRODUCCIÓN

“Buscar y hallar” a Dios es sin duda una constante de los ejercicios ignacianos, como un hilo conductor de los mismos y es reflejo, sin duda de la pasión personal de Ignacio de Loyola que quiso ofrecer a las personas que se adentran en las sendas abiertas por los Ejercicios

Es sin duda una bella expresión de la vocación cristiana: buscar deseando y hallar eligiendo seguir a Jesús, dejándose alcanzar por el Amor de Dios. Es la persona entera la que entra en esa experiencia: deseo, voluntad, razón, corazón… Así podríamos también contemplar la vida de Jesús desde esta óptica.

Cada época, cada momento histórico nos ofrece una oportunidad y un reto en esa búsqueda, por eso hoy me parece muy acertada y oportuna la propuesta del Centro Arrupe ayudando a preguntarnos ¿cómo buscar y encontrar a Dios en estos tiempos de crisis?

“TIEMPOS DE CRISIS”

Esta actitud fundamental de búsqueda necesita ser aterrizada, encarnada en cada aquí y ahora de la historia y Crisis es la palabra común en los analistas de nuestro tiempo para designar el momento en que estamos viviendo, tanto desde el punto de vista estructural, como socio-político-económico, religioso y en la experiencia vital del hombre y la mujer de hoy.

La palabra crisis no tiene porque ser entendida siempre como negatividad. Hay crisis de maduración, de crecimiento, de cambio… La crisis hace alusión a un momento de cambio, de transformación, en el que una persona, un grupo social, la sociedad…no encuentran a mano respuesta satisfactoria o recursos suficientes para abordar ese cambio. No es necesariamente algo negativo, aunque sin duda las crisis siempre generan desazón y miedo.

Estamos en un tiempo de crisis. Otros analistas lo nombran como cambio de época, etapa de pensamiento postmoderno, globalización, sociedad post-industrial…, los nombres son lo de menos, todos indican una toma de conciencia de cambio profundo de nuestro tiempo. Cambio de época, cambio de costumbres, de mentalidad, de enfocar la familia, de plantearse el trabajo, de pensar el futuro, de vivir la experiencia religiosa.

Un cambio de sociedad…, mucho más, un cambio de paradigma que nos obliga a una revisión en nuestra manera de vivir, de pensar, de situarnos en la realidad. Un cambio sin dude en la manera de vivir y tematizar la experiencia religiosa, en el modo de vivir y expresar nuestra fe cristiana, nuestra espiritualidad.

UN MUNDO EN CRISIS.

En el intento de aproximarme modestamente para leer nuestro mundo “en CRISIS” he elegido para caracterizarlo unos símbolos que trataré de desentrañar en la medida que el tiempo nos lo permita.

Podrían ser otros, dada la enorme complejidad de nuestro momento histórico, pero como no pretendo ser exhaustiva, enumero algunos de los rasgos de nuestro mundo queriendo buscar respuestas, retos, caminos para transitar, puentes para cruzar.

Sobre todo vamos a hacernos preguntas: ¿por dónde pasaría nuestra manera de buscar y encontrar al Dios de Jesús de modo que podamos hacerlo en diálogo con nuestra cultura y momento histórico? o formulado de otra manera ¿qué talante necesitamos cultivar, para ser fieles a Jesús, y a las demandas urgentes de nuestro tiempo?

Los símbolos que he elegido para caracterizar nuestro mundo en crisis quieren recoger las dos acepciones de esta palabra: crisis como peligro y como oportunidad.

Los símbolos para expresar el peligro son: noche, caos y tormenta.

Los símbolos para un mundo en crisis como oportunidad y esperanza son: arco iris, redes y amanecer.

1 UN MUNDO EN CRISIS COMO PELIGRO.

1.1. ES TIEMPO DE NOCHE

Nos envuelve LA NOCHE de un tiempo que se acaba y no se ve aún lo nuevo que alumbra.

La sensación que vivimos la expresó bien el pensador italiano Antonio Gramsci <>

La noche en medio de una crisis económica financiera donde el sistema neoliberal domina imponiéndose a los gobiernos, a la política, a la ciudadanía, a la ética. Una situación que algunos alnalistas nombran como “terrorismo financiero”, los mercados tienen a los gobiernos arrodillados a sus pies. La economía se ha separado de la sociedad, de todo control humano y funciona obedeciendo a su lógica: maximizar los lucros, minimizar las inversiones y acortar al máximo los plazos.

Todo se convierte en mercancía: salud, educación, cultura, religión, órganos, mujeres, niños, el planeta entero.

Estamos en la noche de una crisis global (económica financiera, ecológica, climática, energética, alimentaria, de población…) que no afecta igual a todo el mundo: que provoca una mayor injusticia, marginación, pobreza, paro masivo, hambre de millones de seres humanos que a su vez desencadena migraciones masivas.

La noche de los valores y la ética, la noche de la corrupción y la impunidad; la noche de la compraventa de mujeres y niños. La noche de los intereses colectivos de la humanidad, de la exarcebación de la competitividad en detrimento de la cooperación. Se están viendo afectados los cimientos que sustentan la sociabilidad humana, la confianza, la verdad, la cooperación destruidos por la voracidad del capital. El ser humano termina siendo un producto o un consumidor. Estamos en la noche en el respeto real a los derechos humanos, es noche de humanidad, del predominio del individualismo egocéntrico, de la desconexión con los otros, lo otro y con la Fuente de la Vida

La noche del planeta tierra donde en este imperio de la economía neoliberal dominante se sacrifica la rentabilidad presente a la preservación de los recursos naturales y la protección de la biodiversidad. Los recursos de la tierra son limitados y éste límite no está siendo respetado. Algunos científicos nos avisan de que podemos estar en un punto de no retorno e la desertización, la fusión de los cascos polares, la acidez de los océanos, el cambio climático, la contaminación del aire, de los mares, de la tierra.

La noche de la inoperancia de los organismos de representación mundial como la ONU. Con el sentimiento global de indefensión y del dominio de los mercados y de los países más fuertes, con la sensación de impunidad y el todo es posible si tienes poder y dinero. Lo estamos viendo en el cuerno de Africa donde millones de personas mueren de hambre, lo vemos en Siria donde el tirano masacra a la población y los organismos Internacionales no saben, no pueden , no quieren hacer nada…

La noche de los grandes sueños y utopías de un mundo post-capitalista, de otro mundo posible. Es como si colectivamente se estuviese viviendo la impotencia de un cambio global y por ello mismo a las grandes utopías, conformándonos cada vez más con pequeñas utopías a veces puramente individualistas o de clan (familiar, institucional, grupal)

La noche de las instituciones tanto políticas como religiosas. Noche de las grandes religiones, de un modo especial de la institución eclesial (en el último informe de la Fundación Santa María ocupa entre los jóvenes el último lugar), de las instituciones religiosas.

Vivimos también una noche de sentido, de decepción de todas las instancias de poder, de depresión personal y social. Noche también de ausencia de Dios, de esperanza.

A esta noche global tendríamos que unir nuestras noches más cercanas: las que nos afectan familiarmente, laboralmente, en nuestro entorno cercano…las noches personales, las noches de nuestro no saber, no entender, no poder… ¡Tantas noches!

En medio de esta noche ¿cómo buscar y encontrar a Dios?

Para transitar buscando y hallando en la noche de nuestro tiempo necesitamos surcar el cielo de estrellas que la iluminen:

La estrella de la consciencia, del darse cuenta que es aprender a percibir lúcidamente la realidad propia y la de lo que nos rodea tal como es, no con etiquetas de nuestra mente, ni con fantasías que nos oculten lo que no queremos ver. Tony de Mello ponía en la consciencia el elemento imprescindible del crecimiento, para él la espiritualidad era la consciencia y el pecado la inconsciencia#.

Cultivemos una consciencia lúcida para alumbrar los rincones oscuros del planeta, para hacer visible la espalda del mundo, para denunciar los náufragos del sistema y llamar la atención para que no sean engullidos o escondidos.

Eso reclama de nosotr@s cultivar una espiritualidad de ojos abiertos, lúcidos, de honradez con la realidad fáctica y con lo real que aún está en esperanza, en potencia para desplegarse.

Practiquemos el discernimiento para descubrir los mecanismos de alienación, de presión, de intimidación, de control de todos los poderes fácticos (medios de comunicación, poderes económicos, sociopolíticos y religiosos), que pretenden domesticar y acallar las voces críticas.

Como nunca necesitamos despertar del sueño de nuestra inconsciencia, de nuestro egoísmo individualista para despertar a la verdad de lo que somos, a la consciencia de la Unidad Profunda que nos constituye como el fondo último de nuestro ser, ahí nos descubriremos hij@s y herman@s#.

Despertar y hacernos conscientes de que no podemos caminar solos y aislados sino que más que nunca necesitamos unir nuestras fuerzas, descubrir con lucidez grupos, movimientos de resistencia, colectivos que trabajan por el cambio de un sistema económico injusto que nos destruye a todos. A unos porque los mata de hambre a otros porque nos deshumaniza y adormece

La estrella de la pasión por la vida, por toda vida por insignificante que parezca, especialmente por las vidas más amenazadas. Quizás como nunca tenemos hoy más consciencia que en otras épocas de que la vida de millones de personas, es más la vida como tal está amenazada. Es todo el ecosistema y la biodiversidad lo que está en peligro y éste es el desafío más urgente de nuestro tiempo y no podemos hablar de «espiritualidad» al margen de este reto#.

Esta estrella nos habla de la urgente necesidad de inaugurar una nueva sociedad la sociedad de sustentación de toda vida. Una sociedad que por encima de todo apoye la vida tanto regional y cercana como la vida del planeta. Cuidando no sólo los recursos que consumimos sino también los residuos que provocamos. Urge comprometernos con un modo de vivir sostenible en todos los niveles.

Esto nos exige vivir un consumo alternativo, más austero, mas responsable, más ecológico. Quizás esta crisis económica en la que estamos nos obligue a ello, ya que no hemos sabido hacerlo por responsabilidad ética.

Esta estrella de la pasión por la vida nos habla de ir hacia un nuevo paradigma que redefina la relación con la naturaleza, sus recursos, crecimiento y el nuevo tipo de civilización planetaria desde la clave del decrecer en nuestros primeros mundos para que todos podamos crecer humanamente.

Dar vida fue la pasión de Jesús. De tal manera debió ser así que el evangelista Juan pone en su boca, como expresión del sentido de su vida, estas palabras: «Yo he venido para que todos tengan vida y vida abundante» (Jn 10,10). Dar vida, protegerla, sanarla, cuidarla, defender su dignidad, denunciar todo lo que la amenaza y luchar contra ello fue en definitiva lo que le llevó a perder su propia vida y es el talante que hoy necesitamos cultivar para poder alumbrar la noche de nuestro tiempo.

Esta pasión por la vida reclama también de nosotros un éxodo de una espiritualidad demasiado antropocéntrica a una espiritualidad biocéntrica. Cuidar toda vida, protegerla, alentarla es un reto ineludible si queremos salvar el planeta y salvarnos nosotros en él.

¿Cómo puedes en tu vida cotidiana hacer verdad ese buscar a Dios encendiendo en ti, y en tu entorno la pasión por la vida? ¿Qué realidades de tu entorno esperan de ti esa pasión por la vida? ¿Qué horizontes vislumbras, más allá de tu entorno cercano, que reclaman de ti una respuesta a favor de la vida de los empobrecidos y del cuidado de nuestro planeta?

La estrella de la compasión: la noche es peligrosa para los sin hogar, para los que duermen al raso sin protección alguna, indefensos ante los salteadores de turno de todos los tiempos.

Hoy tirados al raso mal heridos de muerte están continentes enteros. África es uno de los escandalosos. Por eso, en este tiempo de noche, urge encender la estrella de la compasión en nuestro corazón para que se deje afectar por el dolor y movilice nuestro cuerpo con un amor operativo que hace de nuestros pies, pies que inician y reclaman una movilización ciudadana hacia un nuevo orden internacional más justo. Entonces se convertirán en pies samaritanos y nuestras manos serán manos sanadoras.

Esta estrella de la compasión nos ayudará a pasar, como dice bellamente Leonardo Boff, del capital material al capital espiritual. La luz que alumbrará esta estrella no será la de la rentabilidad económica del capital sino la luz de un capital espiritual que no tiene límites, es inagotable. No hay límites para el amor, la compasión el cuidado, la creatividad. Si en el capital material la razón instrumental es su motor en el capital espiritual es la razón cordial compasiva la que deberá organizar la vida en torno a la vida, la felicidad, las relaciones inclusivas, el amor incondicional y la capacidad de trascendencia.

¿Te animas a hacer de tu persona entera una estrella compasiva? Tus ojos aprenderán a mirar, y no pasar de largo, ante las personas tiradas al borde del camino, abandonas a su suerte, tus oídos pueden no cerrarse a las súplicas de quienes esperan que alguien escuche su llanto, tu boca puede aprender a ser ben-dición, tus entrañas pueden estremecerse en vez de pasar indiferentes ante quienes sufren la noche de la injusticia y la pobreza, tu corazón puede aprender a hacerse hogar de acogida para quienes no tienen donde reposar. Todo tu cuerpo puede ser testigo el amor operativo que brota de la com-pasión. Merece la pena con todo ello contribuiremos a que a pesar de la noche las estrellas puedan alumbrar nuestro caminar.

La estrella de la búsqueda. En la noche no se ve claro, los caminos no se distinguen con precisión, el miedo puede paralizar nuestros pies y hay que aprender a caminar con poca luz, convirtiendo nuestros pies en buscadores con otros, peregrinos en búsqueda del Dios de la vida, en búsqueda de sentido, arriesgando a roturar senderos de una paz que se besa con la justicia, abriendo caminos nuevos hacia otro mundo posible. ¡Hay esperanza y hay alternativas#! nos gritan colectivos y economistas que apuntan en otra dirección de la establecida por los mercados. Es posible un mundo nuevo, una economía distinta y otro modo de vivir#. Es posible encontrar otra información alternativa a la controlada por el sistema; es posible otra educación que forme para una nueva ciudadanía más responsable y consciente de la interconexión de tunos con todos y con todo.

En el mundo entero se va levantando un clamor esperanzador, ¡BASTA YA!, ojalá sepamos unir nuestros pasos vacilantes y buscadores en la dirección adecuada, movidos por el dolor de los que más sufren.

Una búsqueda donde se entrecruzan también caminos en múltiples direcciones hacia el encuentro con nosotros mismos, con los otros, lo “otro” y el misterio que llamamos Dios.

Una estrella que nos alienta a caminar no como quien lo tiene todo claro y va dando lecciones a los otros, sino como modestos buscadores de la verdad siempre inasible, sabiendo vivir en la inseguridad, uniendo nuestros pasos vacilantes a otros pasos, de compañer@s de camino, para junt@s ofrecernos nuestros modestos senderos de luz, pero capaces de iluminar el paso de cada día.

Aprender a buscar caminos, respuestas, encuentros… es una pedagogía necesaria para todos pero quizás de un modo urgente para nosotros hombres y mujeres adultas que de muy diversas maneras tenemos la arriesgada tarea de intentar educar a las nuevas generaciones, para nosotros que tenemos que aprender a caminar no sólo como enseñantes sino como aprendices, como discípul@s de la vida. Es mucho también lo que pueden enseñarnos los otros si sabemos buscar con ellos.

La estrella de la contemplación. Necesitamos cultivar no sólo unos ojos que vean la realidad sino que sean capaces de contemplar, en medio de la noche la presencia de la Luz: una luz que brota de lo profundo de lo Real, del fondo del ser donde el Dios, fuente de vida, amor estructurante, lo sostiene todo; una luz que nos descubre nuestro ser esencial: hijos amados y hermanados con todos y con todo.

La noche reclama personas capaces de cultivar la experiencia mística, de ver la presencia del Dios invisible en medio de las realidades sencillas y cotidianas, en lo profundo del corazón de cada ser humano, de cada realidad viviente, de cada palmo de nuestra tierra, en el misterio insondable del universo preñado de gracia.

La noche nos pide abrir la mente, la mirada, el corazón para permitir que la realidad, las personas, las cosas nos desvelen su última verdad, el secreto sagrado último del ser, porque sagrado es el Fondo Ultimo del que todo fluye.

Es tiempo de noche por eso nos animamos a cultivar en nuestras personas y comunidades la luz de la estrella de la consciencia, de la pasión por la vida, de la compasión, de la búsqueda, de la contemplación.

Si así lo hacemos la noche, sin dejar de ser oscura estará iluminada por estas estrellas que harán la noche más llevadera… ¡hasta que amanezca!.

1.2 ES TIEMPO DE CAOS.

Estamos en un tiempo donde la explosión de la pluralidad, la rapidez de los cambios que no logramos asimilar… está provocando una sensación de caos, de pérdida de seguridades, de identidades, de asideros firmes a los que agarrarse, quizás la imagen del caos puede ser expresiva de esa sensación global de estar perdidos, de no lograr ver luz ante la novedad del tiempo en el que vivimos. Las imágenes que he elegido para mostrar este caos es el de “tormenta” y/ o tempestad”

ES TIEMPO DE TORMENTA, DE TEMPESTAD.

En esta mirada a un mundo en crisis entendida como peligro, nos situamos en la segunda imagen: la tormenta.

En este mundo nuestro “atormentado” hay mucho ruido en nuestro entorno: el ruido ensordecedor de los aviones de guerra, de las ametralladoras y los tanques; el ruido de tanta violencia, gritos, maltrato, tanto machismo prepotente que no tolera que las mujeres se vayan poniendo en pie, el ruido de tantas mentiras, verdades a medias, corrupción; el ruido de la intransigencia, intolerancia, fanatismo, condenas, excomuniones, maldiciones, amenazas, silenciamientos forzosos, el ruido de la amenaza de un terrorismo internacional que provoca una estrategia del miedo con la obsesión por la defensa y protección.

En medio de la tempestad se levantan olas de dolor y sin sentido, de paro masivo, de muertes prematuras que hacen naufragar pateras llenas de sueños.

El planeta tierra grita de un modo ensordecedor: los últimos terremotos, sunamis, incendios, vientos huracanados, inundaciones… nos avisan cotidianamente de ese grito del Planeta que no queremos escuchar.

El ruido de tanta información controlada y manipulada que trata de aturdirnos y no nos permite digerirla, cribarla, sopesarla. Incluso termina insensibilizándonos como mecanismo defensivo.

Además soplan otros vientos huracanados que nos amenazan llevándose por delante tantas seguridades que nos han sostenido, tantos transatlánticos en los que nos hemos subido, tantos salvavidas a los que nos hemos agarrado.

Las tempestades y tormentas nos asustan, tienen el peligro de convertir nuestras personas en asustados buscadores de seguridades propias, de suspender toda búsqueda de náufragos del sistema, de huidizos caminantes hacia los lugares de calma.

En medio de este ruido ¿Cómo escuchar la voz de los sin voz, de los naufragos del sistema? ¿Cómo escuchar en medio de ese ensordecedor ruido la tenue brisa que nos alerta de la presencia de nuestro Dios?

En medio de la tempestad urge no perder la calma, tener el coraje de permanecer, no permitir que el ruido nos venza, que los relámpagos nos cieguen, que el viento nos lleve y nos traiga a su antojo.

Permanecer es la palabra clave: permanecer en los compromisos adquiridos, en los pasos que buscan abrir caminos nuevos, aunque sea arriesgado; permanecer en las luchas por defender los derechos humanos en nuestra sociedad y en el interior de nuestra Iglesia, en la incansable denuncia de lo que atenta contra toda violación de los derechos humanos, contra toda vida por insignificante que parezca; permanecer junto a los excluidos de nuestro mundo.

Permanecer anclados en la fidelidad a Jesús y su Reino y consentir en que el viento se lleve todos nuestros viejos patrones mentales, todo lo que ya está caduco pero que, a lo largo de siglos, hemos vinculando falsamente a la fe, para irnos quedando con la imagen de Dios revelada en Jesús, con su persona y su sueño de la humanidad viviendo como una familia de hij@s y herman@s, como el mejor legado que podemos ofrecer a nuestros contemporáneos.

En la tempestad también es necesario soltar amarras e izar velas.

Soltar las amarras y anclas de nuestra riqueza sobrante, de nuestro consumismo, nuestra prepotencia, afán de dominio, exclusivismos, fundamentalismos, militarismos, patriarcalismo, machismo, sexismos, xenofobias, paternalismo.

Necesitamos perder el miedo a los nuevos vientos e izar las velas de la inculturación, de la riqueza de la pluralidad de culturas, religiones, razas, dejarnos mover por el viento de los movimientos de liberación (pueblos en desarrollo, negros, indígenas, los sin tierra, movimientos ecologistas, pacifistas, feministas, homosexuales, movimientos de resistencia global, los indignados del mundo entero…). Como dice bellamente Pepe Laguna: “velas que al izarse, se hincharán con el viento de los signos de los tiempos”#.

¿Cuáles son las amarras que tú sientes que quieres soltar para poder izar las velas que te harán más libre para dejarte alcanzar por el Amor y poder así amar?

Ante el rugir de los vientos de intolerancia excluyente y condenatoria necesitamos practicar el diálogo, mejor aún ser diálogo#, hacer de nuestras personas y comunidades lugares de encuentro. Un diálogo intercultural, interreligioso, intergeneracional, intersexual.

Necesitamos diálogo dialógico y tolerancia crítica introduciendo la dialéctica de confrontación desde las víctimas del sistema.

Cultivar la capacidad de escucha activa tolerante y humilde: saber convertirnos en discípul@s de la vida, ofrecer nuestra palabra modesta y sencilla a otros, desde el convencimiento de que no somos poseedores de la verdad sino que sólo aspiramos a ser alcanzados algún día por ella.

Durante la tormenta aprender a recordar que después de la tempestad viene la calma, para no perder así el horizonte ni la esperanza. . No corren buenos tiempos para la esperanza, incluso parece que las posturas desesperanzadas son más lúcidas, más “realistas”. ¿Es que acaso lo real es sólo lo fáctico? ¿No es real lo que está en potencia, como la semilla y el grano que aguarda su momento de maduración y despliegue del ser?. Esperar es hoy urgente, sin esperanza no se sueña un futuro nuevo y los sueños son los precursores de lo que llegará a ser.

Es tiempo de cultivar la esperanza evangélica, la del grano de mostaza, la que confía en que la salvación viene del abajo del historia, de lo pequeño y débil mostrando así la gratuidad de la salvación.

En la tempestad saber permanecer en los compromisos adquiridos, anclar nuestra barca en la fidelidad a Jesús y su Reino, saber soltar amarras que son lastres e izar velas, saber ser diálogo, cultivar la esperanza evangélica.

UN MUNDO EN “CRISIS” COMO NOVEDAD, OPORTUNIDAD.

Las imágenes que vamos a proponer son: arco iris, redes, amanecer.

2.1 ARCO IRIS,

El arco iris nos habla de pluralidad de colores, la pluralidad es una característica de nuestro mundo, pluralidad llamada a ser vivida en armonía.

La explosión demográfica, el desarrollo de los medios de transporte y de comunicación han alterado las coordinadas espacio-temporales a las que estábamos acostumbrados y esta situación como dicen muchos analistas no ha hecho más que empezar. Cada vez seremos más habitantes del planeta y además cada vez más mezclados.

Hoy ya no es posible pensar al ser humano, al mundo, a Dios desde un único modelo de referencia. Como bellamente dice Javier Meloni: “En estos tiempos complejos necesitamos recurrir al bagaje de las diferentes sabidurías y corrientes espirituales para avanzar juntos como seres humanos y crecer en conciencia planetaria. No importa tanto identificar las denominaciones de origen cuanto poner en común toda esa riqueza para que conspiremos juntos y respondamos con profundidad y lucidez a los retos que tenemos planteado. Ya no es posible comprendernos aisladamente.”#.

El arco iris de nuestro mundo está compuesto por una gran diversidad de razas, culturas, creencia, códigos éticos, sabidurías, religiones no ya a lo largo y ancho de nuestro planeta sino en los pequeños espacios de nuestras ciudades, pueblos y barrios. Forma parte de nuestro cotidiano paisaje cultural.

Esta realidad puede llevar al “choque de civilizaciones”#, al miedo por sentir la identidad amenazada y por tanto al fundamentalismo o bien a la sabiduría de dejarnos fecundar por otras miradas sobre la realidad, por otras sabidurías y vivirlo como riqueza y oportunidad.

Los diferentes bien pueden ser mirados como enemigos, como amenazas o como inexistentes o bien como llamada a acoger la parte de verdad que complementa nuestra mirada, como riqueza que nos enseña otras miradas diversas.

En el arco iris de colores de nuestro momento histórico las naciones, las culturas, las religiones, cada comunidad humana concreta estamos llamados a cultivar la riqueza de la diversidad, desde el respeto a las especificidades y al tiempo ampliar la consciencia de que pertenecemos a un todo más amplio la familia humana, incluso más aún a la comunidad biótica.

Es momento de preguntarnos si nuestra pertenencia a la comunidad cristiana la vivimos sólo como lugar de referencia que nos identifica o también como llamada a trascender la identidad personal y comunitaria en la búsqueda de un Misterio mucho mayor y que está más allá de la propia tradición religiosa para saber beber de otras fuentes interreligiosas y transreligiosas.

Andrés Torres Queiruga dice que lo mismo que hablamos de inculturación también debemos hablar de inreligionización# es decir la capacidad de las religiones de asumir elementos de otra sin perder su propia identidad, transformando esos elementos al integrarlos y adaptarlos a la tradición religiosa que los ha acogido.

Saber vivír la pluralidad del arco iris como riqueza no se improvisa, ni es nada fácil supone una conversión, un cultivo de actitudes de despojo y de apertura que Meloni en el libro anteriormente citado presenta bajo el enunciado: “”Compartir plenitudes en lugar de competir entre totalidades”# (ver anexo1)

2.2 TIEMPO DE REDES, NEXOS, RELACIÓN.

Si algo caracteriza a nuestro tiempo es la nueva conciencia de ser red-comunión-interconexión-unidad.

Las ciencias de la Tierra, la física cuántica, la neurociencia… nos va diciendo cada vez con mas claridad que la capacidad para relacionarse parece ser la esencia primordial del cosmos y lo que hizo posible el proceso evolutivo. Nos va descubriendo que lo que caracteriza la realidad son estructuras de relación y relatividad, procesos de transformación y cambios abiertos. #

Está surgiendo una nueva cosmología alternativa. Ésta se deriva sobre todo de las ciencias del Universo, de la Tierra y del estudio sobre la vida. Sitúa nuestra realidad dentro de la cosmogénesis, el proceso evolutivo surgido del big bang, hace cerca de 13.700 millones de años. Los científicos nos dicen que el universo está continuamente expandiéndose, auto-organizándose y auto-creándose. En él todo es relación en redes y nada existe fuera de esta relación. 2.3. ES TIEMPO DE AMANECER.

Aún no es de día, pero amanece un tiempo nuevo, resuenan como dicho para nosotras las palabras de Isaías “Algo nuevo está naciendo, ¿no lo veis?” (Is 43,18-19)

Como decía al comenzar estamos ante un cambio de paradigma, una transformación de grandes dimensiones. Algunas personas la comparan con lo que supuso el Neolítico para la historia de la humanidad. Los nombres para identificar este radical cambio se suceden: tiempo axial, cambio de eje, nueva conciencia holística, trans-histórica, tras-personal, trans-religiosa.

Muchos analistas nos dicen que el cambio es de tal categoría que no nos es posible comprenderlo porque estamos demasiado encima, nos falta perspectiva para comprender lo que puede suponer para la evolución del planeta tierra y de nuestra especie.

Amanece una nueva conciencia planetaria, una nueva espiritualidad al margen de las grandes religiones.#. Está naciendo una nueva percepción de la realidad, con nuevos valores, nuevos sueños, nueva forma de organizar los conocimientos, nuevo tipo de relaciones, una concepción novedosa del ser humano y de todos los seres, una nueva mentalidad, una nueva forma de ver y comprender la naturaleza, una nueva espiritualidad, una nueva manera de intuir y experimentar la Realidad Ultima, el misterio de Dios,

En contraposición con la cosmología de la conquista, la dominación, explotación y acumulación está surgiendo, como he dicho antes, una nueva cosmología de la pan-relacionalidad.

Lo que caracteriza esta nueva cosmología es el cuidado, el reconocimiento del valor intrínseco de cada ser y no su mera utilización, el respeto por toda la vida y los derechos y dignidad no solo de los humanos sino de todos los seres.

Amanece una sociedad global, planetaria, heterogénea, descentralizada, un ecumenismo planetario; un nuevo humanismo donde el cuidado, la cooperación, la compasión, el amor , el respeto a todos los seres existentes, la búsqueda de la felicidad para todos y la espiritualidad tendrán centralidad, hoy es un anhelo creciente una uto-pía que busca hacerse topía. Es cierto que aún son grupos minoritarios pero son semilla de una nueva cultura.

En esta nueva cultura el nuevo humanismo que amanece no será de sumisión, control, repetición del pasado, ni bloqueo del cambio, ni exclusivismos y exclusiones, sino de incitación a la co-creación, innovación, a la diferencia dentro de la globalidad. #

Este nuevo humanismo reclama el cultivo de un nuevo talante: flexible, capaz de acoger la novedad continua y, al tiempo, lúcido para discernir y vivir de convencimientos profundos, se necesita cultivar una mente lúcida, cooperativa y un corazón compasivo, la “razón cordial” de la que habla Adela Cortina.

Necesitamos cultivar una espiritualidad que nos ayude a desarrollar personalidades con apoyos dentro y, por ello, menos manipulables, sabiendo vivir integradamente el amor a sí mismo, al otro, a lo otro y, en todo ello, a Dios.

Después de un par de siglos de fuerte racionalismo, de ideologías férreas que negaban la existencia de Dios, del misterio, de lo trascendente, que auguraban la muerte de Dios y de las religiones, nos encontramos en el surgir del nuevo paradigma con un inesperado resurgir de la búsqueda de lo espiritual y de un florecer de las diversas religiones.

Al intentar describir algunos rasgos del nuevo paradigma nos encontramos con lo que muchos llaman el “hambre de espiritualidad”, o “el retorno de lo sagrado”. Este acontecimiento es para muchas personas (sociólogos, psicólogos, teólogos#) un “signo de nuestro tiempo”, una reacción sana ante el materialismo chato imperante, una protesta silenciosa ante la reducción humana a la pura rentabilidad.

Basta buscar en Google este concepto# y echar una mirada a la literatura religiosa, psicológica, esotérica, etc. para darnos cuenta del aluvión de literatura que hay sobre ella y, por tanto, de la diversidad de significados que esconde. La palabra espiritual es sin duda un término polisémico y no es fácil llegar a un consenso sobre sus múltiples significados. Sí, hay un rasgo característico de esta búsqueda y es que mayoritariamente se está haciendo fuera y al margen de las grandes religiones

Son muchas las lecturas que podemos hacer de este hecho. Por un lado, es una buena noticia que se haga visible que al ser humano no le basta con tener cubiertas sus necesidades básicas para ser feliz, sino que necesita “algo más” que no siempre acierta a nombrar. Creemos positivo que en el corazón de nuestra sociedad consumista, materialista, utilitarista que nos lleva a valorar lo vistoso, rentable, útil… se haga patente la sed espiritual, la necesidad de trascendencia. Es cierto que no es un movimiento mayoritario y que aún son minorías las voces que nos alertan de que además de la crisis económica estamos insertos en una crisis, no menos fuerte y peligrosa, de valores, de sentido, en una crisis cultural y espiritual.

Pero por desgracia también nuestro sistema capitalista está convirtiendo esta sed en un negocio muy rentable, en un lugar para sacar beneficios, una comercialización de la misma, en un lugar para cultivar nuestro narcisismo, buscando exclusivamente un bienestar personal y para adormecernos ante los graves retos que tenemos que afrontar en este momento histórico. No es una novedad este mecanismo perverso mercantilista.

Por eso, en este deseo de ofrecer un marco teórico que nos ayude a situarnos lo más adecuadamente posible ante el nuevo paradigma que emerge, necesitamos no sólo constatar que una nueva espiritualidad está naciendo sino que ante esta realidad nosotr@s, mujeres y hombres creyentes necesitamos preguntarnos: qué entendemos por espiritualidad, de qué espiritualidad hablamos y cuál queremos fomentar.

Dentro de la llamada “espiritualidad laica” # actual predomina un concepto de espiritualidad que subraya el camino del control y superación de la mente reflexiva, cultivando el silenciamiento mental, para poder acceder a la verdad más profunda del ser humano: la unidad, la totalidad, el Ser. Es la búsqueda de una experiencia de unicidad en la que confluyen las personas místicas de todas las religiones, aunque cada una lo exprese según sus propios relatos religiosos.

Los místicos, cada uno en su tradición religiosa, expresan de alguna manera un encuentro con la Unidad de toda la Realidad, con la presencia de esa Realidad sustentándolo todo, con el nudo de relaciones que es la propia realidad y cada persona en particular. Cuando se despierta a esa realidad ya no se vive en el “ego” individualista y separado sino en la experiencia de la interconexión, con la unidad que todos formamos no sólo como comunidad humana, sino con todo el entramado de la vida.#

En ésta búsqueda confluyen muchas personas creyentes y no creyentes, Es una espiritualidad en la que se encuentran las tradiciones meditacionales y contemplativas de oriente y occidente, descubrimientos de algunas ciencias como la física cuántica, la psicología transpersonal, la neurobiología que va identificando con más claridad y precisión los beneficios psicofísicos de la meditación y el silencio como camino de sosiego, calma, paz, conexión con las dimensiones más profundas de ser humano.

En esta manera de entender la espiritualidad como una experiencia de conexión con las dimensiones más profundas del ser humano encontramos figuras significativas, en el actual panorama de nuestra fe cristiana, queriendo hacer un diálogo fecundo entre la mística, la espiritualidad cristiana, y la de otras tradiciones religiosas.#

Puede ayudarnos a acoger esta comprensión de la espiritualidad el volver a las fuentes de nuestra tradición religiosa y descubrir que en ellas no encontramos el dualismo que prevaleció más tarde, debido a otras influencias culturales ajenas al mundo semita. En la cultural semita, como sabemos por la Biblia, «espíritu»# no se opone a materia ni a cuerpo, sino a maldad, carne, muerte (la fragilidad de lo que está destinado a la muerte), a ley (imposición, miedo, castigo).

«En este contexto semántico, «espíritu» significa vida, construcción, fuerza, acción, libertad. El espíritu (la «Ruah») no es algo que está fuera de la materia, sino que está dentro, que habita la materia, el cuerpo, la realidad y les da vida, les hace ser lo que son, los llena de fuerza, los mueve, impulsa, los lanza al crecimiento y a la creatividad en un ímpetu de libertad»#. Es como el hálito de la respiración. El espíritu no es otra vida sino lo mejor de la vida. Algo es espiritual por la presencia que en sí tenga de espíritu.

Según lo dicho, podríamos decir que «el espíritu de una persona es lo más hondo de su propio ser: sus motivaciones últimas, su ideal, su utopía, su pasión, la mística por la que vive y lucha y con la cual contagia a los demás”#.

Si entendemos, por tanto, que «espiritualidad es el espíritu, el talante, con que se afronta lo real, la historia en que vivimos con toda su complejidad, se podrá entonces hablar de qué espíritu es adecuado y de cuál no lo es en cada momento de la historia, pero cualquiera de ellos está remitido a lo real para confrontarse con ello y para decidir qué hacer de ello»#.

Desde esta perspectiva no sólo podemos alegrarnos de esta hambre de espiritualidad, entendida como hambre de profundidad, interioridad, silencio, experiencia de unidad, de búsqueda de sentido, de valores por los que merece la pena trabajar y cultivar, de compromiso por causas que nos humanizan y hacen nuestro planeta más habitable…sino acogerla como una llamada a profundizar en nuestra espiritualidad cristiana, una espiritualidad de Encarnación, de vivir unificadamente lo divino y lo humano, no separar lo que en Jesús se nos manifestado para siempre unido.

La deriva que este nuevo movimiento pueda llegar a tener no lo sabemos, pero sí podemos nosotros, mujeres y varones, como creyentes en Jesús, darle la bienvenida, aprender de él y en lo que está en nuestras manos vivir y ayudar a vivir este hambre de espiritualidad no como evasión de la realidad, ni para aumentar el ego y el narcisismo sino para despertar a la consciencia de la unidad que somos con toda la humanidad y toda la creación y por tanto al despertar de la compasión, la defensa de la vida, el coraje en la búsqueda de la justicia.

Sí podemos nosotros y nosotras vivir la búsqueda de espiritualidad como experiencia de liberación del ego, (es decir del egocentrismo, no de pérdida de identidad personal,) como despertar de nuestra inteligencia espiritual #, como lucha por la liberación de toda opresión movilizándonos en la militancia en los distintos movimientos de liberación actuales: pobres, sin tierras, indígenas, mujeres, negros, homosexuales, transexuales…

Es decir a la lucha contra toda exclusión social, económica, patriarcal, racial, sexual para hacer verdad la defensa de los derechos humanos, la defensa de la vida, de toda la riqueza de la biodiversidad entonces esta hambre de espiritualidad que se manifiesta en este momento histórico puede convertirse en una Buena Noticia liberadora.

Aparece también como novedad una nueva lógica cultural del movimiento, innovación constante, creación de ciencia y tecnología. Caminamos hacia una sociedad dinámica basada en la continua transformación, indagación, verificación.

Albert Nolan en su análisis de los signos de los tiempos habla de una globaizacion desde abajo #. Por todas las partes del mundo hay una amplia presencia de alternativas, de estilos nuevos de convivencia, de formas diferentes de producción y de consumo. Se generan sueños de otro tipo de geo-sociedad donde muchos grupos sociales están en movimiento. Apuntan signos de esperanza de un nuevo despertar a una mayor lucidez y consciencia de los problemas planetarios: los Foros Sociales Mundiales, de donde brota un clamor unánime de otro mundo es posible y necesario; la proclamación por parte de la ONU de los Objetivos de Desarrollo del Milenio para ir erradicando la pobreza en el mundo. El movimiento mundial de mujeres y hombres indignados ante la supremacía de los mercados por encima de los intereses de la ciudadanía, por encima de los poderes democráticamente elegidos…

Los movimientos de liberación del mundo entero: los movimientos feministas, los sin tierra, hambrientos, súbditos aplastados que quieren quitarse a los tiranos de encima, ecologistas, pacifistas…

El desafío es como colaborar para ayudar a hacer el tránsito entre el sistema actual de mercado, donde todo es mercancía, a un sistema de sostenimiento de toda vida respetando los limites de cada ecosistema y una distribución equitativa de los bienes naturales e industriales.

Como pasos previos necesitamos luchar dentro de este sistema vigente por normas ecológicas y con una distribución equitativa de los bienes y servicios que hemos producido.

La nueva cultura emergente lo es de la cooperación personal, social, mundial, no de la competitividad.

Junto a la desesperanza dominante amanecen grupos de personas que siguen apostando por que otro mundo es posible y luchan por ello, grupos que no renuncian a las utopías ni a la esperanza para ellos sigue siendo verdad lo que decía Ernest Block: <>

Esta situación de novedad requiere de nosotr@s una espiritualidad adecuada a este momento histórico. Jesús de Nazaret ofreció a sus contemporáneos una novedad radical que pocos fueron capaces de acoger. ¿Seremos capaces nosotros hoy de vivir esa radical novedad y trasmitirla a nuestra mundo?

Estamos todos hart@s de palabras que nos suenan a vacías, repetitivas, estereotipadas…, que nos dejan frío el corazón e indiferente nuestra cabeza. Nuestro tiempo requiere no predicadores que invitan a creer sino personas que impulsan a encontrarse con el Misterio de Dios. Necesitamos mistagogos y testigos#.

Mistagogos: mujeres y hombres que, porque han hecho el camino, pueden invitar, orientar y ayudar a otras personas a buscar por sí mismos, a introducirse en el umbral de ese misterio amoroso que llamamos Dios: el misterio en el que vivimos, respiramos, somos.

Mistagogos que saben ofrecer un camino, un proceso, un método y saben esperar que cada persona verifique por sí misma ese Encuentro que, sí es con el Dios vivo, será un encuentro también fraterno.

Necesitamos testigos es decir mujeres y hombres que a través de nuestro cuerpo hagan visible y por ello creíble al Dios de Jesús.

Testigos de la pasión de Dios por lo perdido, por lo pequeño, pobre y sencillo, por el abajo de la historia.

Testigos del Dios-relación sin exclusivismos ni dominaciones.

Testigos de la entrañable misericordia de nuestro Dios.

Testigos del Dios de la vida, de su Ser-cuidado para su creación

Testigos de su presencia discreta en el corazón de la realidad.

Testigos del Dios festivo, buena noticia.

Y eso ¿cómo?

Dejándonos alcanzar por su Amor, por la experiencia de su Ser-en-nosotros, y permitiendo a nuestro cuerpo ser un cuerpo espiritual#. Entonces:

Nuestros ojos no sólo quedarán prendados de su hermosura sino que, como los suyos, mirarán el dolor del pueblo, se convertirán en lugar de encuentro. Serán ojos que al mirar reconocen y devuelven dignidad, perdonan, animan, levantan, aman.

Nuestros oídos escucharán la brisa tenue que descubre la presencia del Misterio en la cotidianeidad de la vida; sabrán distinguir, a pesar de los ruidos, los gritos de dolor y los cantos de alegría del pueblo; sabrán escuchar respetuosos y atentos.

Nuestra boca sabrá hablar y callar como lenguaje de amor; denunciará con valentía; cantará la buena noticia; compartirá con gozo lo que da sentido a la propia vida, se cerrará a la maledicencia. Besará para convertirse en sacramento del amor, aprenderá a gustar, en la vida cotidiana, los sabores del reino y ofrecerá a los demás esa sabiduría degustadora.

Nuestras manos serán capaces de colaborar en el nacimiento de la vida nueva que alumbra por todos los rincones del mundo. Serán manos que comparten, acarician, levantan, curan, ayudan a demoler los muros de la exclusión.

Nuestros pies se convertirán en samaritanos y peregrinos, compañeros de viaje que desandan los caminos de la violencia y abren senderos de paz. Serán pies danzadores, festivos, que saben disfrutar de la vida sencilla, del placer compartido.

Nuestro corazón será cada día más amoroso, grande, sin pequeñeces, sin resentimientos, casa abierta, misericordioso, compasivo, será un corazón de carne no de piedra.

Nuestras entrañas sabrán estremecerse de dolor y de gozo, no permanecerán indiferentes, serán entrañas siempre fecundas, generativas de vida nueva para las generaciones futuras.

Viviremos nuestra realidad sexuada sin hacer de la diferencia exclusión, ni marginación, discriminación. Seremos capaces de vivir nuestra sexualidad desplegando nuestra capacidad de amar sin miedo y sin tabúes, sin obsesiones por la genitalidad, convirtiendo nuestro cuerpo en lugar de generación de vida, espacio de fecundidad para los que viven a nuestro lado.

Nuestra piel será lugar de contactos sanadores, lugar para el encuentro, nunca para el despelleje de los otros. Nuestra piel nos ayudará a no confundir los contornos de nuestro cuerpo con la verdad profunda de nuestro ser que abarca a toda la humanidad, a toda la creación y a Dios mismo.

Cuando todo esto sea verdad en nuestros cuerpos, nos pasará lo que lo que le pasó a Jesús, que los que viven a nuestro lado dirán: lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que han oído nuestros oídos y tocado nuestras manos es que el Dios de los cristianos es amor y merece la pena creer en El (Cf. 1Jn 1,1).

En medio de la noche, a pesar de la tormenta, nuestras personas aprenderán a buscar y hallar a Dios en nuestro mundo en crisis queriendo ser estrellas que iluminen…, anclas centradas en Jesús y su Reino…, barcas con velas desplegadas al viento de la Ruah empujando hacia un mundo más justo…, vínculos que unen…, puentes que se hacen lugar de diálogo y encuentro…, testigos visibles del Dios invisible…

www.emmamartinezo@movistar.es

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