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Brasil: El deber de desobedecer -- Marcelo Barros, monge benedictino, teólogo e escritor

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Obediencia es una virtud aconsejada por todas las tradiciones religiosas. La espiritualidad ecuménica comprende la obediencia como apertura personal y libre que lleva a las personas a escuchar interiormente y acoger positivamente la palabra y las propuestas del otro. Esta obediencia, adulta y responsable, basada en la libertad del corazón y realizada a través del diálogo franco y abierto conduce a la persona a superar sus límites interiores y a aventurarse por los caminos del amor.

En un mundo que privilegia el individualismo y se organiza en función del lucro, esta obediencia propone la colaboración mutua en lugar de la competencia y contiene un elemento subversivo para la mezquindad del mundo. Nada tiene que ver con el servilismo o la simple sumisión, muchas veces sugeridas por la sociedad actual que valoriza la obediencia como cuestión de disciplina.

En sociedades que estimulan el militarismo y el uso de las armas, muchas personas de fe han desobedecido las leyes y se han negado a participar de guerras y de violencias. Son miles los jóvenes israelitas que se niegan a luchar contra los palestinos. En el mundo entero, cada día, aumenta el número de jóvenes de ambos sexos que practican y divulgan la objeción de conciencia. Se trata de la actitud de quien, por convicción religiosa, social o política, se niega a tomar las armas y a participar de guerras o actos violentos.

La Onu propone que se consagre el día 15 de mayo y toda esta semana para profundizar este derecho y para divulgar esta actitud pacifista. Sólo se reconoce la dignidad humana donde la conciencia individual y la fe de cada grupo sean respetadas. En varios países, la objeción de conciencia es un derecho civil, reconocido por ley. En Brasil, la Constitución garantiza a todos los brasileros el derecho de realizar un servicio civil en lugar del servicio militar obligatorio. Mientras tanto, las leyes complementarias no fueron sancionadas y, es por ello que este derecho todavía no se puede ejercer, y son pocos los brasileros que tienen conciencia de esto.

Hombres y mujeres, admirados en el mundo entero, algunos hasta premiados con el Nobel de la Paz, fueron o todavía lo son en sus países, considerados como rebeldes y desobedientes. Para los budistas tibetanos el Dalai Lama es la 14a reencarnación del Buda de la Compasión, mientras que para el gobierno chino, es un disidente, desobediente de las leyes. El premio Nobel de la Paz fue concedido a dos latinoamericanos: Rigoberta Menchú que vivió años sin poder volver a Guatemala para no ser asesinada. Y Adolfo Pérez Esquivel que estuvo durante años, amenazado de ir a la cárcel en la Argentina.

En Brasil en los tiempos de la dictadura militar, Don Helder Camara, que por presión del gobierno no recibió el premio Nobel, era escuchado en el mundo entero, mientras que en nuestro país, los medios de comunicación no podían divulgar nada que se dijese en su nombre. En el pasado, Gandhi y Martin Luther King fueron detenidos y condenados como desobedientes de las leyes vigentes. Para los católicos, muchos mártires son testimonios de la fe. Muchos de ellos fueron condenados a muerte por negarse a reconocer al emperador como divino, y otros, por objeción de conciencia al servicio militar. Desde el punto de vista de la fe, son héroes, pero la sociedad de la época los condenó como incumplidores de las leyes vigentes y hasta delincuentes.

De acuerdo con la Biblia, cuando las autoridades de Jerusalén prohibieron a los apóstoles hablar en nombre de Jesús, éstos respondieron: «Entre obedecer a Dios y a los hombres, es mejor obedecer a Dios» (Hechos: 5, 29).

Objetar es oponerse determinadamente a cumplir una ley que hiere la conciencia. Existe objeción de conciencia cuando la persona se niega a cumplir órdenes anti-éticas, o que hieran la vida. En algunos países, los ciudadanos adquirieron el derecho de saber el destino exacto del dinero que resulta del pago de sus impuestos. En Perú, un soldado fue muerto por su oficial porque se negó a torturar a un prisionero. En Estados Unidos, unas religiosas fueron detenidas porque, para protestar contra la guerra de Irak, transpusieron el portón de la Escuela Militar de las Américas.

Si la objeción de conciencia es un derecho de toda persona ante el poder social y político, con más razón todavía, las religiones e Iglesias deben reconocer el derecho a la disidencia y a la objeción de conciencia ante un poder religioso autoritario o, por cualquier razón, injusto. La negación de este derecho abre la puerta al fundamentalismo religioso, hoy, responsable de tantos actos de intolerancia y violencia. Lo que en la Biblia, caracteriza a la fe cristiana es el aprendizaje de la libertad interior y social. Pablo escribió a los Corintios: «Donde se encuentre el Espíritu del Señor, ahí habrá libertad» (2 Cor 3, 17). Y a los Gálatas: «Fue para que seamos libres que Cristo nos liberó. Ustedes no deben aceptar, bajo ningún pretexto, volver a la situación de no libertad» (Gl 5, 1. 13).

[Autor de 32 libros, entre los cuales podemos leer «La Fiesta del Pastor», novela sobre el Pentecostalismo. (Ed. Rede – Goiás)].

Traducción: Daniel Barrantes – barrantes.daniel@gmail.com

* Marcelo Barros Tem 30 livros publicados.

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