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«Bonum ex integra causa, malum ex quocumque deffectu» -- Luis Alberto Henríquez Lorenzo

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

Palabras preliminares:
Desde hace un lustro, se vienen encendiendo en Internet todas las luces de alarma: del pontificado de Jorge Mario Bergoglio, lo más «suave» y contemporizador o amable que se dice es que es «extraño, algo confuso, impreciso»; de ahí para arriba, la impresión que uno tiene es que cada día que pasa aparecen más voces alarmadamente críticas y decepcionadas: «papado de la confusión, la heterodoxia, la complacencia con el mundo, la protestantización de la Iglesia, el rechazo a aspectos nucleares de la Tradición…»

Que algunas de tales críticas procedan del sector cismático del tradicionalismo extremo (lefebvrista y sobre todo sedevacantista) ni sorprenden siquiera, pues lefebvristas y sobre todo sedevacantistas llevan décadas echando pestes del Concilio Vaticano II y, por ende, de todos los Papas a partir de san Juan XXIII hasta Francisco; lo que sí debiera sorprendernos es que un considerable grueso de esas críticas, perplejidades y desencantos procedan de sectores y grupos de católicos que no son lo que se dice tradicionalistas al uso desafectos o conculcadores del Vaticano Segundo, y sí católicos deseosos de fidelidad a Cristo y a la Iglesia a través de la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio.

Y por último, el cierre de filas en torno a Francisco llevado a cabo por casi toda la progresía dizque católica  -la mismita que se encargó de crucificar vivos a los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI, a los que invariablemente calificaban de reaccionarios e integristas incluso conculcadores-paralizadores del citado concilio-, a mí al menos me trae sin cuidado, pues los postulados de la progresía me parecen en general despreciables por anticatólicos: los progreeclesiales sí que siguen siendo un cáncer para la Iglesia, ni que decir que incomparablemente más grave que el que puedan representar los extremistas del tradicionalismo cismático católico.

Porque los adeptos del integrismo católico, al menos lo que manifiestan es un celo inconteniblemente devorador por mantener la doctrina tradicional católica, en tanto los progreeclesiales lo que desean es cargarse la doctrina católica: mundanizarla a tope a base de proponer que la Iglesia incorpore las «conquistas» de la modernidad: feminismo radical, mentalidad antinatalista, neomarxismo, movimientos LGTBI, homosexualismo, ideología de género, desdivinización de Cristo, desarticulación de la noción de Iglesia como sacramento salvífico…

En este estado de cosas o estado de la cuestión, hace unas cercanas fechas me ocupé de una de esas páginas del extremismo sedevacantista, cuyos responsables ni que aclarar que firman todos sus trabajos con seudónimos: parepatados en esas trincheras, disparan a todo lo que no lleve el cuño del rigorismo doctrinal más extremo; vamos, que no toleran ni la más mínima propuesta de innovación doctrinal, ya sea incluso en cuestiones que no son en principio nuclearmente dogmáticas: a las primera se cambio y si te mueves un poco, no sales en la foto y te endilgan encima en lo que el diablo se traga un ojo el sambenito de hereje. Lo señalan esquemáticamente pero con claridad Juan Ramón Calo y Daniel Barcala en El pensamiento de Jacques Maritain (Madrid, Cincel, 1987, págs. 176-185). Ahí va:  

No dejan de sorprenderme los que entran a esta bitácora de Internet, de cuyo nombre no quiero acordarme y llevada por fanáticos integristas sedevacantistas, con el propósito de dialogar. ¿Dialogar? Tal empresa es misión imposible, pedir peras al olmo, vamos, que ni Harry el Sucio lo lograra, pues un cismático integrista sedevacantista no dialoga, como tampoco es capaz de reconocer la bondad, el bien, la justicia, la belleza, la nobleza, lo positivo, la verdad de quien se aparta de sus fanáticos, integristas y sedevacantistas juicios. Creyéndose siempre en posesión de la verdad absoluta, dueño de las esencias del ser católico, atacará de malos modos a todo el que piense, crea, sienta o ame distinto a ellos. Y nunca reconocerá nada bueno en los que no lleven el cuño del fanatismo integrista sedevacantista pata negra sin mácula alguna, sin aditivos ni conservantes, aunque eso bueno provenga de Edith Stein, Maximiliano Kolbe, Juan Pablo II o el mismísimo Marcel Lefebvre: maestro teológico de los sedevacantistas, el artífice del pistoletazo de salida, el que cortó la cinta para la estampida, pero a la postre devorado por los más radicales o extremistas de entre sus hijos.

Porque lo propio del fanático integrista sedevacantista es el juicio y la condena sin entrañas de misericordia, la implacable caza del hereje sin piedad de ningún género. En el nombre de Cristo se atreven a decir estos soberbios, maestros refinados de la intolerancia. 

Y desde luego, hay que tener muy malas entrañas (entiéndase, ninguna caridad cristiana, pero ninguna) para referirse a una personalidad tan fuera de lo común como Mahatma Gandhi con los calificativos de “multihereje y sodomita”; personalidad, la del pensador, naturalista, vegetariano, abogado, pacifista y político hindú, llena de luces y de sombras, qué duda cabe, como sucede con todo humano, con todo mortal -que no sea integrista sedevacantista y cismático, por supuesto, pues sabido es que los especímenes de este selecto grupo se consideran ultraperfectos sin tacha, los mejores católicos que hay y aun los únicos que quedan-, por más que ustedes, fieles al ideario integrista rigorista y cismático sedevacantista que profesan, solo vean lo negativo en la vida, en este caso, del Mahatma Gandhi.

Ni siquiera considerando el hecho de que casado y con 4 hijos ya a los 35 años, muy joven, desde luego, decidiera vivir con su esposa el matrimonio en abstinencia sexual total el resto de sus días, ni considerando el influjo que su filosofía de la no violencia activa y la desobediencia civil ejerció sobre personalidades de la talla de Martin Luther King y Dom Hélder Cámara (¡ah, qué bobo!, como que se me iba a pasar: hereje y cismático el primero, hereje el segundo, así sin más ponderar la vida y la obra de uno y de otro), se les ablanda a ustedes esa capacidad tan robusta que exhiben de criticar, juzgar y condenar sin contemplaciones a prácticamente toda la humanidad.    

 

 

Fanáticos integristas sedevacantistas de mil pares de demonios (inmisericordes entre los inmisericordes, cabría aplicarles a ustedes), juzgar de una atacada, de una dentellada, de un plumazo, la vida y la obra de una personalidad como Mahatma Gandhi, con ese despectivo e injurioso “sodomita”, es de una bajeza tal que ustedes quedan perfectamente retratados. Aunque por lo demás, sabido es que ese es su modus operandi con toda persona que no lleve el cuño de fanático y soberbio integrista sedevacantista, ya sea que esas personas se llamen Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI, Madre Teresa, Faustina Kovalska, León Tolstoi, Edith Stein, Maximiliano Kolbe, Hans Urs von Balthasar, I. Congar, Henry De Lubac, Karl Rahner, Emmanuel Mounier, Martin Buber, Jacques Maritain, Jean Guitton, Mahatma Gandhi, Emmanuel Levinas, Buda, Martin Luther King o la cantante reina del góspel Mahalia Jackson (¡no digamos las grandes divas del jazz, el blues, el rock…!), ¡todos herejes y por tanto merecedores de la crítica, el juicio y la condena más inmisericordes!
 
 
Menudos fanáticos recalcitrantes y agresivos son ustedes, Dios nos libre (integristas, inmisericordes, soberbios, fanáticos, sedevacantistas y cismáticos), siempre al acecho, desde el parapeto del anonimato, a la caza del hereje, el ateo, el comunista, el masón, el satanista, el hebreo cabalista, el judío deicida, el luciferino, el poseso, el apóstata, el conciliar hijo de la falsa Iglesia de la Vaticueva y el Conciliábulo… ¿Cómo demontres se creen ustedes asistidos de no sé qué autoridad apostólica para juzgar y sentenciar que la sede de Pedro está vacante y que asimismo o por ende la autoridad apostólica en la Iglesia ha dejado de ser válida? 

Desde luego, ante sujetos y sujetas tamañamente intolerantes, ni ganas le dan a uno de desear que el Señor no sea con ustedes lo rigoristas e inmisericordes que son con el prójimo ajeno al ideario rigorista integrista y cismático sedevacantista que ustedes profesan. Porque, ya sabemos, con la medida con que juzgues serás juzgado y… tolerancia cero con el intolerante.

11 de mayo, 2018. Luis Alberto Henríquez Lorenzo: profesor de Humanidades, educador, bloguero, escritor, militante social.
  

 

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