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Ante el escándalo de la pederastia. Memoria de una drama inacabado -- Benjamín Forcano

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

pederastiaI-QUE SECRETOS ENCIERRA LA PEDERASTIA
Que el escándalo de la pederastia haya saltado a la opinión pública, y se oiga como clamor de una investigación independiente, debe servir para poner sobre las mesa su origen y los presupuestos desde los que poder entenderla.
La pederastia=”abuso deshonesto con los niños”, aunque puede darse en toda la sociedad, allí donde los ciudadanos viven , trabajan , se hospedan o transitan, en España la investigación se la ubica ahora más directamente en el ámbito “sagrado” de la Iglesia, representado por los sacerdotes y religiosos en todo el abanico de
instituciones y actividades que dependen de ellos.

No sin cierta razón, surge desde una y otra parte la pregunta:
¿Por qué no hacer la investigación al ámbito de toda la sociedad?
Porque la pederastia no es abuso exclusivo del ámbito eclesial.
Acaso, la respuesta pudiera estar en que la parcialidad de la
investigación se debería a una reacción vengativa, en el sentido de
que la sociedad quiere castigar la altanería moral de la Iglesia
clerical, presumidora de mayor excelencia ética y látigo severo de
la inferior vida del laicado; un echarles en cara su desvergüenza e
hipocresía, un llamarles a la humildad y al respeto del mismo valor
del matrimonio y del celibato y acabar con la desigualdad por tanto
tiempo profesada en la Iglesia: “La comunidad de Cristo no es una
comunidad de iguales, en la que todos los fieles tuvieran los mismos
derechos, sino que es una sociedad de desiguales” Constitución
sobre la Iglesia, Vaticano I, 1870).

“Por su misma naturaleza , la
Iglesia es una sociedad desigual con dos categorías: la jerarquía y la
multitud de fieles: sólo en la Iglesia Jerarquía reside el poder y la
multitud no tiene más derecho que el de dejarse conducir y seguir
dócilmente a sus pastores” (Pio X, Vehementer nos, 12).

Partimos para aclararnos de un hecho esencial: la Iglesia
católica cobra fundación de Jesús de Nazaret, cuya enseñanza y
proyecto ella se propone asumir, proclamar y difundir en el mundo.
Nada, por tanto, de cuanto se establezca en ella , será válido y
coherente si contradice ese proyecto. Lo cual exige saber de alguna
manera cómo se ha desarrollado ese proyecto desde el inicio hasta
hoy, pues la Iglesia tiene larga historia.

Y a la luz de ese inicio y de esa historia, poder analizar la
razón de la pederastia en toda su extensión y contenido, valorarla
judicialmente y aplicar cuantas medidas se requieran para reparar
sus daños y eliminar las causas que los han producido.
A centrar y conseguir tal efecto, pueden servir s tres
anotaciones especiles:
Primera: Ser casado y seguidor de Jesús, (sin ceremonia de ser
ministro ordenado), es un derecho apostólico.

El celibato existe en la Iglesia, pero no aparece unido al clero
diocesano hasta que se impone por ley en el siglo XII. Los seguidores
de Jesús, partiendo de los mismos apóstoles, pudieron hacerlo como
casados. Y por esta razón se dice que éste es un derecho apostólico,
que sigue vigente en la Iglesia Oriental, pero no en Occidente, donde
por ley se establece en el siglo XII la incompatibilidad de ser casado
y sacerdote.
Resulta importante señalar esto, porque en el concilio Vaticano
II tuvo fuerte acogida, una corriente mayoritaria de querer igualar la
disciplina Occidental con la Oriental, que admite los sacerdotes
casados.

El Vaticano II la abordo y se pronunció a favor de esta
propuesta, simplemente como una ley de Derecho positivo,no divina.
Fue Pablo VI quien,sin negar la validez de la propuesta, logró se
siguiera manteniendo la disciplina vigente para el futuro.
Segunda: Doctrinas dualistas no cristianas.
A la par, importa conocer las doctrinas condenatorias de la
realidad corpóreo-sexual, que arraigaron en la iglesia generando
normas que calificaban de indigna, maléfica e ilícita toda relación
sexual matrimonial no procreativa; el matrimonio pasaba a ser un
contrato apto únicame nte para procrear e inepto para el sacerdocio.

Se creaba de esta manera, una doble clase dentro de la Iglesia: una
superior, la célibe porque la renuncia sexual acerca más a Dios y
otra inferior, las matrimonial porque degrada y aleja de EL.
Tercera: Ausente la razón fundamental del celibato
Al tratar de averiguar la raíz de la pederastia en la situación
actual de la Iglesia, se deduce que puede provenir de haber dado
como cristiana la enseñanza maniquea, que establece la maldad
intrínseca del cuerpo y de la sexualidad, sin acentuar la razón del
celibato según lo vivió y enseñó Jesús de Nazaret, siendo evidente
que tal enseñanza no pudo incidir en la vida matrimonial de los
apóstoles.

II- LAS CAUSAS REALES DE LA PEDERASTIA
En cualquier tema y más en éste, resulta difícil entenderse, si
previamente no fijamos el contexto histórico de su desarrollo. En
unos y otros países se publican investigaciones sobre la pederastia,
acompañada de denuncias particulares, con cifras que alarman el
sentir popular. En España, los medios de comunicación reiteran la
queja de que la Jerarquía eclesiástica se resiste a ampliar la denuncia
y a aplicar la justicia civil, según las penas legalmente establecidas y
con las reparaciones debidas. A lo más, admite los abusos como algo
excepcional o de poca monta.

1. El celibato del ministerio sacerdotal no es un derecho
apostólico.
Seguramente, la mayoría de la gente, creyente y no creyente,
piensa que la cuestión del celibato es algo propio de los sacerdotes
desde el comienzo del cristianismo, cuando la verdad es que ese
nexo clero secular -celibato no se produce hasta el siglo XII.
Es en el concilio de Letrán (1139) cuando se establece por ley
que la ordenación sacerdotal no puede darse sin el celibato. Y por ley
se anulan los matrimonios ya existentes de los sacerdotes y los del
futuro.

La sorpresa llegará a más, si se piensa que el celibato es una
tradición que arranca de los mismos apóstoles, primeros seguidores
de Jesús. Lo cierto es que todos ellos eran casados y podían llevar
consigo sus esposas: “¿Acaso no tenemos derecho a viajar en
compañía de una mujer cristiana como los demás apóstoles,
incluyendo los parientes del Señor y a Pedro? (1 Cor. 4-5).
La Iglesia, que se sabe portadora de un mensaje igualitario,
comprueba que le resulta imposible alcanzarlo en una sociedad con
costumbres y normas generadoras de desigualdades. Pero como esa
sociedad funciona mediante el predominio del varón, el mismo
funcionamiento –se piensa- podrá lograrse en la Iglesia, si se
trasplanta a ella ese predominio del varón, reforzado con la
imposición del celibato.

2. Condicionamientos culturales impositivos del celibato.
Se han dado ciertos planteamientos socioculturales (Estoicismo
Jansenismo, Puritanismo, etc.…) que, filtrados, contribuyeron a
ignorar o negar la verdad original del cristianismo sobre este punto.
Me limito a destacar la influencia más relevante de Manes
(Maniqueismo), con raíces en el dualismo de Zoroastro, Babilonia y
Mitra y del Platonismo-agustiniano , por ser doctrinas que cobran
fuerza a partir del siglo III y logran extenderse a muchas regiones
cristianas.

a) El Maniqueismo

El Maniqueismo concibe la creación del cosmos como obra de
un doble principio: uno bueno y otro malo. El mundo material
corpóreo estaría bajo la acción y dominio del principio malo; y el
mundo espiritual bajo la acción y dominio del principio bueno.
El ser humano sería unión y resultado de ese doble principio y,
como consecuencia, sostendría en su interior una enconada lucha. El
cuerpo, cárcel y enemigo del alma, hay que someterlo, liberarse de
él, despreciarlo y castigarlo.

Lógicamente, el hombre, en su actividad sexual, no puede sino
pecar, ya que toda su constitución anatomo-fisiológica está orientada
y hecha para el pecado. El cuerpo y su “sexo” son partes impuras,
deshonestas; malas metafísicamente y reprobables moralmente.
b)Platonismo agustiniano
Esta doctrina implica una excesiva separación del cuerpo del
espíritu. Separación que impide unidad y relación entre ambos y les
otorga autonomía e independencia. El espíritu trataría de desasirse
del cuerpo mediante la ascesis, la mortificación y la contemplación.
Para San Agustín, la sexualidad del varón y de la mujer va unida
exclusivamente al cuerpo, sin que nada tenga que ver con el espíritu.

Y sirve únicamente, al igual que en los animales, para engendrar y
asegurar la perpetuación de la especie. En ella, el varón realiza una
función esencial (aporta la semilla) y la mujer una función secundaria
(aporta el terreno para acogerla y desarrollarla).
En este proceso no hay presencia ni comunicación del espíritu.
El hijo sería fruto de un proceso biológico ciego y no fruto de un
amor interpersonal. Y toda unión sexual, incluso conyugal, no
orientada a la procreación, estaría injustificada y sería ilícita y
pecaminosa.

En esta perspectiva, con identidad y diferencia de aspectos, se
mueven en posteriores momentos históricos, el Jansenismo, el
Puritanismo y otros planteamientos que abordo en mi libro “Nueva
Ética Sexual” (Trotta, 1996, pgs. 19-37, 7ª edición, agotada).
3. Base de la supuesta superioridad de la clase clerical-religiosa
Desde este marco doctrinal dualista, se fueron tejiendo normas
que establecían que:

-La Castidad y no la Caridad es la reina de las
virtudes. -No existir en el campo sexual parvedad de
materia, “todo es grave”.

-Ser la impureza el pecado más abominable, el más
indagado y reprobado en el confesonario y la causa
mayor de condenación, etc.

– La imperfección y pecaminosidades propia del
siempre que la relación sexual se busque sin que
sea de hecho o intencionalmente procreativa: “Tota
enim quanta est propter generationem”, “toda ella
es para la generación”.

Se llega así a mantener el principio de que la perfección se da
únicamente en el ámbito célibe sacerdotal-religioso, que se
distingue por la renuncia a todo tipo de relación sexual. Y sólo la
clase clerical que profesa la castidad, puede conseguir la santidad y
unión perfecta con Dios. En el fondo, el invento pretende negar la
igualdad esencial de todos los miembros de la Iglesia: casasados o
célibes, constituidos con idéntica idoneidad para el sacerdocio, la
santidad y la unión perfecta con Dios.

De modo que, sin perspectiva ética ni fundamentación
teológica, la pederastia se debería en muchos de sus casos a una
instintiva reivindicación de la realidad matrimonial indebidamente
negada y reprobada; reivindicación que puede ser repudiable
éticamente, por los efectos procreativos extramatrimoniales que
puede producir.
Con fallos y todo, la clase clerical pretendería ratificar la
superioridad del celibato y la inferioridad y subordinación de los
casados, en cuanto supeditados a la maldad intrínseca del cuerpo y
de la sexualidad.

Necesario, por tanto, recalcar que esa bipolaridad negativa
dentro de la Iglesia, no es concorde con la acción creadora de Dios
universalmente amorosa y positiva. En el ser humano, figura como
impronta constitutiva la sexualidad que, integrada en la persona, es
obra de Dios y no se precisa para llegar a un mayor grado de
perfección, renunciar a ella como si fuera impropia de la creación
divina.

La severidad de este enfoque ha sido extremadamente
obsesiva hasta el punto de considerar ilícito y reprobable cualquier
asomo de placer sexual por sí mismo, incluso dentro del matrimonio.
No es, pues, cristiana la dicotomía: “Cuanto más alejado de lo
sexual, más cerca de Dios”, que se rubricaría por un celibato
impuesto por ley.
III-EL CELIBATO A LA LUZ DEL EVANGELIO
Creo que los datos aducidos ilustran algunas cosas
fundamentales:

1ª) Que la Iglesia jerárquica se aparta en este punto
del derecho apostólico impidiendo por ley que todo seguidor de Jesús
–varón o mujer- pueda hacerlo sacerdotalmente siendo casados, ya
que la ley obligatoria del celibato para ser sacerdote es contraria a su
origen.
2ª) Que la relación masculino-femenina de
compenetración e intimidad sexual es efecto y expresión de un amor
interpersonal, no pecaminosa, aunque no resulte procreativa de
hecho, ni intencionalmente.

3ª) Que, divina como es, la natural tendencia
masculino-femenina a la unión, lo es también la libertad de poder
prescindir de ella, no por ser vil e indigna, sino porque toda persona
es libre para una entrega de amor a otras tareas y objetivos de noble
y gratificante valor. Y lo es la entrega explícita y reafirmada,en
cuantos en diversidad de congregaciones e instituciones, célibe y
libremente ejercen el ministerio sacerdotal para instaurar, la
fraterna, universal y nueva sociedad anunciada e instaurada por
Jesús.

1- El celibato de Jesús: “Hay quienes se hacen a sí mismos eunucos
por el reino de Dios”
Si atendemos a la cultura dominante en la sociedad judía, el
hecho de que Jesús no estuviera casado resultó para quienes los
acechaban insólito , pues se apartaba de lo que era realidad y ley
común: que el varón y la mujer estaban hechos para amarse y
asegurar la descendencia humana. Insólito resultaba también el
comportamiento no discriminatorio de Jesús con las mujeres,
consideradas como seres inferiores al varón, equiparable su
condición a la del esclavo, del niño, del ignorante y ser excluidas de
muchos aspectos de la vida religiosa y civil.

El varón tenía que dar gracias a Dios, entre otras cosas, por no
haberle hecho mujer (CREO QUE ESTA FRASE ES POSTERIOR A JESÚS).
Pero, hay una frase en el Evangelio, que nos lleva directamente
a comprender el celibato de Jesús. Se trata de una frase, que pudo
llegarle como un insulto, el de ser impotente al verle célibe contra
toda todo ambiente y costumbre . Y es entonces cuando Jesús les
replica: “Hay algunos que se hacen eunucos a sí mismos por el Reino
de los cielos” (Mt, 19,12).

Jesús no les habla de eunucos con impotencia física
involuntaria, sino de los que, siendo potentes físicamente, se hacen
moral y metafóricamente eunucos, libremente.
Y es lo que resulta incomprensible y desconcertante, que
Jesús se haya dejado seducir y absorber de tal manera por la
importancia y urgencia de ese Reino, que le ha poseído hasta el
extremo de hacerse eunuco y volverse incapaz para dedicarse al
matrimonio.

Pero, hay más, ese Reino de Dios, del que habla Jesús, ha
llegado a este mundo, es y se identifica con su persona, la cual va a
ser motivo de división entre los hombres.
Jesús conoce bien la sociedad en que vive, cómo está
organizada. Y ante ella, y ante el mundo, se presenta con un nuevo
proyecto de vida que abarca la total liberación del hombre, de todo
lo que le estigmatiza y encadena.

Se trata de un proyecto nuevo, que abarca e incluye a todos,
construido sobre unas nuevas relaciones de amor y fraternidad
universal, que hace saltar todos los estrechos círculos de la sangre,
de la familia, de la raza, de la religión.
Un Reino que se fragua ya aquí en la tierra, en todas las
acciones que propugnan la dignidad humana y sus derechos, la
justicia, la libertad, la paz.

Y, además, es un reino que no tiene término y plenitud en este
mundo, es transcendente a la tierra y a la historia; o sea de
inauguración progresiva en la tierra y de plenitud consumada en el
cielo. Reino que en este caminar de la historia, lleva en su entraña la
aspiración a la cumbre, a lo que un día será su plenitud.
Meridianamente claro, pues, que el celibato de Jesús no se
impone por ley, es de opción libre por el Reino de los cielos. La
predicación de esta novedad y plenitud de vida le exigió a Jesús
total dedicación y le llevó espontáneamente a ser célibe
La ausencia de esta su razón, estaría a la base de las
deficiencias y fracaso de no pocos célibes cristianos, de ayer y de
hoy, sin que se pueda negar por ello la autenticidad de muchos que lo
viven de verdad.

Tal ausencia puede ir acompañada de otras causas, presentes
en la formación y evolución de toda persona y que pueden operar y
explicar también la pederastia en el ámbito de personas casadas.
2- Relación del celibato cristiano con el amor humano.
Resulta de interés para todos, creo, mostrar la poco conocida
relación, pero real y significativa, del celibato con el matrimonio, una
relación de alerta, sincronía y perfeccionamiento. El celibato avisa y
alerta a los casados:

Que su íntima relación sexual no deja de ser
universal. Que su mutua entrega se hace desde la conciencia del
conocimiento, respeto y afirmación de la autonomía del otro,
pudiendo darse con ternura, sin afán posesivo. Que la soledad, en
compañía con los demás o a solas con su pareja, queda superada,
pero no del todo, pues siempre nos asiste la conciencia que nos
interroga en qué va a quedar esa soledad. El celibato apunta más en
directo a otra presencia plena que interroga y nunca acaba ni
desaparece con la simple compañía humana.

3-Novedad subversiva del celibato
Las deficiencias por carencia de motivación en el celibato de
quienes lo abrazaron, no niega su validez ni anula su significado
provocativo y subversivo. Los célibes lo son por exigencia y necesidad
de un amor que rebasa los límites y aspectos concretos del amor
sexual, pasan a profesar el amor desde una frontera nueva, donde
aparece en primer plano la calidad fundamental de ese amor, con una
calidad humana, profundamente igualitaria, fraterna, universal, que
supera todos los particularismos y los hace válidos en cuanto poseídos
por ese mismo amor.

“No se es casto para sí, sino para los demás”
Estamos, en opinión de Eric From y otros autores, dentro de
una sociedad donde impera el hedonismo radical y el egoísmo en la
que anteponemos nuestros intereses y éxitos a los intereses y
responsabilidades sociales, donde la meta suprema es el tener y
donde el consumir es una actitud devoradora.

Una sociedad en la que, prácticas sexuales inhumanas y
enfoques mediáticos de gran influencia, consideran el sexo como un
objeto de consumo y el amor es algo que encierra, aprisiona o
domina al objeto amado y donde la realidad de la vida basada en el
amor, en el dar, en el compartir y en el sacrificarse está
desacreditada ; en una sociedad donde resulta insoportable admitir
que el amor no pasa necesariamente por la relación genital de los
sexos.

Ahí, también, el celibato, mostrado y visibilizado en obras de
amor desinteresado y gratuito, resulta signo sugeridor y fehaciente
de una sociedad nueva, de la cual Jesús es el símbolo real y la
garantía irrevocable.
Al fín, todos ganaríamos si, después del abuso, del sufrimiento,
de la reparación y de la enmienda, admitiéramos:
Primero: Que la realidad humana masculino-femenina es, en sí
misma y en su natural relación matrimonial, buena e irreprochable
éticamente. El despliegue de su amor interpersonal sexual,
procreativo o no, es idóneo para acceder y ejercer el sacerdocio.

Segundo: Que toda persona humana, varó o mujer, puede elegir
libremente, consciente o no y a jemplo de Jesús de Nazaret, ser
célibe, no por condena ni desprecio de la realidad mala e indigna del
matrimonio, sino por adhesión plena a anunciar y conseguir el Reino
de Dios.
El célibe vive tan impulsado y poseído de ese amor , que no se
limita al marco concreto de una pareja con familia, sino que se
vuelca ampliado a otros muchos, que lo necesitan y los colma de
bien con su presencia y ayuda.

Estar libre del vínculo matrimonial y sus obligaciones lo
disponen y le facilitan poder llegar a muchos y mostrarles su amor:
“Es de nadie, para poder ser de todos”, repito yo. O dicho de otra
manera: “No se es célibe o casto para sí mismo,sino para los
demás”. Los célibes, ellas y ellos, se hacen a sí mismos eunucos por
ese Reino. Un proyecto de convivencia tan importante y urgente,
que les posee con tal fuerza y radicalidad, que no les deja tiempo y
los hace incapaces para el matrimonio.

Ni que decir tiene que la mayor facilidad de libertad y entrega
de de la que dispone el célibe, no olvida ni minimaliza lo que de
enorme amor y entrega expresan muchos casados. Son también , y
quién sabe sin con mayor estímulo, signo de ese nueva sociedad del
Reino de Dios tan soñada como Jesús por unos y por otros.
En su externa soledad, virginidad y celibato son portadores de
un amor interior universal. Y esa soledad, que nunca desaparece
bajo la conciencia autonómica de cada uno, hace soportar la soledad
y apunta y reclama la plenitud de Otra presencia trascendente.

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