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América Latina, entre conflictos y esperanzas -- Fernán Gustavo Carreras

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Las últimas semanas del mes de marzo de 2013, se nos presentaron cargadas de acontecimientos trascendentes y de impacto mundial. En efecto, fallece un líder emblemático de la causa continental como el presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías (de marzo), cuando aún estábamos asimilando este acontecimiento, ocurre un hecho sin precedentes mundiales: el 13 de marzo, el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, es elegido papa, el primer papa e un país no europeo en más de dos mil años de iglesia católica.

Finalmente, hace pocos días, el 11 de marzo Corea del Norte declara completamente nulo el armisticio firmado en 1951 y el pasado 30 de marzo, se declara en estado de guerra con Corea del Sur. Otro hecho de no menor importancia lo constituyen las inundaciones ocurridas en la provincia de Buenos Aires, que dejaron como saldo más de 68 víctimas fatales.

Cada uno de estos hechos justificarían un extenso tratamiento, de hecho los periódicos, y los analistas les dedicaron un abundante número de páginas, escritos desde perspectivas variadas, contrapuestas algunas veces, lo que muestra la riqueza inagotable de estos hechos.

No es nuestro propósito ocuparnos de cada uno de estos acontecimientos, sino sólo presentar algunas reflexiones en el intento de caracterizar el momento, a la vez que mirarlos desde la esperanza, y desde allí tratar de interpretar su riqueza significativa, los desafíos que nos propone el momento. Procurando de este modo asumir el mandato de “estar atento a los signos de los tiempos”.

Datos de la coyuntura.

Los datos de la coyuntura económica y política de America Latina son moderadamente alentadores. En efecto, en lo político hemos transitado más de treinta años de vida democrática. Por otra parte, la última década ha sido de avance económico y social, con importantes logros en la reducción de la pobreza.

De acuerdo al informe Perspectiva Económicas Para America Latina. En el corto plazo, América Latina crecerá a tasas relativamente altas y tiene margen para actual contracíclicamente en caso que fuese necesario. Las proyecciones más recientes indican que el PBI regional crecerá un 4 % en el 2013, lo que significa una desaceleración a la vez que se proyecta una caída de la inflación. En el corto plazo, este escenario supone un desempeño aceptable en comparación a la situación mundial y la continuidad de la estabilidad económica regional. Lo riesgos se manifestarán principalmente por la vía comercial, con diferente impacto entre los países de la región según la diversificación de sus exportaciones. La potencial disminución en el corto plazo del precio de algunas de las materias primas afectaría a muchos países que las exportan, aunque representaría un alivio para los países importadores netos de alimentos y combustibles, especialmente para los de Centroamérica y el Caribe. Si bien existe el riesgo de un impacto por la vía financiera, la región ha fortalecido sustancialmente su posición en términos de reservas internacionales que representan en promedio el 16% de su PBI. Muchos países Latinoamericanos tienen niveles relativamente bajos de deuda externa, (en promedio la deuda externa latinoamericana se situó cerca del 15 % de la deuda total) y buen acceso a líneas contingentes de liquidez internacional. Estos factores permitirían a la región evitar una contracción de la actividad económica por falta de financiamiento externo.

Sin embargo, la región enfrenta un escenario de mediano plazo complejo. La menor demanda externa pondrá al descubierto las limitaciones del actual patrón de crecimiento basado en la escasa incorporación de valor agregado y la exportación de recursos naturales en muchos países de la región.

El informe señala la necesidad de asegurar la coherencia entre las políticas de estabilización en el corto plazo y las medidas estructurales para aumentar el crecimiento potencial. Una mayor integración regional constituye una respuesta efectiva al menor dinamismo de la demanda de los países desarrollados. Además permitirá desarrollar ventajas en sectores y actividades no tradicionales y aumentar la diversificación exportadora. Además se puede promover inversión en infraestructura, innovación y capital humano que favorezcan la transformación y diversificación productiva.

Para mantener y consolidar los avances en la reducción de la pobreza y la desigualdad de los últimos años hay que incrementar el nivel de crecimiento potencial y hacerlo más inclusivo. La mayoría de los países latinoamericanos han logrado combinar las tasas altas de crecimiento económico de los últimos años con una reducción en la pobreza y desigualdad, gracias a más y mejores políticas sociales y el incremento de los salarios gracias mercados laborales dinámicos. En la última década 73 millones de personas dejaron de ser pobres. Sin embargo, la región sigue siendo de las más desiguales del mundo y un 31 % de la población sigue siendo pobre. Para superar esta deuda pendiente y crónica, se recomienda más inversión en educación, en infraestructura para aumentar la competitividad, e incorporar tecnología para favorecer la innovación.

2013 Año clave en lo político.

El año que hemos iniciado se nos aparece como un año clave en lo político. Febrero lo inició con elecciones presidenciales en Ecuador, con un amplio triunfo de Rafael Correa. A estas le seguirán otras cuatro: la de Venezuela para elegir el sucesor de Chávez (14 de abril), las presidenciales del Paraguay (21 de abril) Elecciones presidenciales en Chile (17 de noviembre) En Honduras (24 de noviembre). Junto a ellas, otras cuatro elecciones marcarán la agenda 2013: las parlamentarias en Cuba, legislativas y municipales en Haití, municipales venezolanas, y las legislativas argentinas. Estas últimas son clave para definir si la presidente Cristina Fernández de Kirchner tendrá opciones de reformar la constitución en búsqueda de su tercer mandato presidencial.

Para empezar, vale la pena analizar los resultados electorales en Ecuador y extraer de allí algunas consecuencias útiles para otras naciones del continente. Como lo habíamos señalado, ganó Rafael Correa con una mayoría absoluta. Según las últimas cifras, consiguió el 57% de los votos; el candidato de la derecha el 23% y el candidato de los movimientos indígenas, sociales y ecologistas menos del 4%.

El resultado está decidido por varios cambios importantes llevados adelante durante su Presidencia: Los cambios positivos en Salud, establecieron casi un tratamiento gratuito y generalizado, asegurando el acceso de los sectores populares. Segundo, la reforma educativa, que han facilitado -con el ingreso gratuito a la Educación- la mejora de la situación educativa. Tercero, algo que mucha gente no ha reconocido, es la construcción de muchos caminos, vinculando pueblos, aldeas y pequeñas localidades, con mercados; y también para el transporte y los viajes. Esto fue muy importante, porque da un gran empuje a los empleos y al pequeño comercio, beneficiando particularmente a los sectores muy distanciados de los mercados. Era una de las reivindicaciones de muchos años y con esto, Correa ha ganado mucho apoyo incluso en áreas donde los movimientos indígenas tenían gran apoyo. En cuarto lugar, se ha generado mucho empleo, particularmente en el sector de la Construcción y otros sectores, donde las inversiones públicas –provenientes del petróleo- han generado mayores oportunidades. En quinto lugar, han bajado las cifras de pobreza, por lo menos a un 15%, eso también facilitó el voto popular para Correa.

Por otra parte, los sectores que critican desde la derecha, no tenían el monopolio de los medios que tenían en el pasado. No tienen nada que ofrecer a la gran mayoría para mejorar lo que han alcanzado en el primer gobierno de Correa. Con poca demagogia de parte del candidato del Movimiento Creo, el ex banquero Guillermo Lasso, no tenían ninguna resonancia más allá de los sectores acomodados.

El gran fracaso del candidato de la izquierda, Alberto Acosta de la Unidad Plurinacional de las Izquierdas, creo que muestra muchas cosas que podríamos comentar. Pero fundamentalmente no tenía espacio tanto en política económica, como en política exterior; porque Correa por ejemplo cerró la Base militar norteamericana de Manta, ingresó al Alba, apoya a Venezuela, recibe mucha ayuda de China, particularmente financiera, ampliando y diversificando los mercados. Uno tiene que preguntarse si la izquierda debe presentar candidatos opuestos a Correa desde afuera: fueron cabeza a cabeza y perdieron. Debería existir ahora en Ecuador un debate respecto a qué hacer frente a esta victoria abrumadora de Correa.

Hay terreno de lucha dentro del movimiento PAIS que es el partido de Correa. Entendemos que tiene tendencias centralistas y personalistas, pero en todo caso, las grandes masas populares están vinculadas con este proyecto y hay un programa populista nacionalista que podría servir como contrapeso frente a las tendencias neoliberales y extractivistas.

En otras palabras, la táctica de funcionar como oposición desde afuera no marcha. Hay que reconocer que el poco voto electoral indica que las grandes masas populares creen, por razones prácticas, que todo lo que puede pasar en Ecuador, pasa por adentro del proceso político que encabeza Correa. Entonces ¿qué hacer? Entrar en el movimiento y tratar de presionar el proceso hacia políticas menos perjudiciales al medioambiente, profundizar la política nacionalista hacia la expropiación de empresas extranjeras, una reforma bancaria y agraria? Hay mucho más que hacer y hay críticas válidas, pero no me parece muy efectivo quedarse al margen de este proceso.

Estos resultados y la desaparición física de Chávez podrían encontrar en Correa un sucesor y continuador de su liderazgo regional.

En cuanto a las elecciones Venezolanas, parece que van a resultar una victoria contundente para el candidato Maduro por varias razones. Primero, el voto sólido del chavismo del 55% que está casi garantizado. Segundo, el voto sentimental por la muerte de Chávez y, tercero, que hay mucha gente en la oposición que entiende que no hay futuro con el derrotado candidato Capriles. Maduro va a conseguir por lo menos 10 millones de votos, un 60% del electorado. Más allá de esto, el legado de Chávez, tanto institucional como en la conciencia, va a crear una situación de estabilidad. La economía está creciendo un 5%, el presupuesto está más o menos balanceado, con una deuda manejable, las cuentas externas son bastante favorables, tiene relaciones con toda una serie de mercados diversificados, la fidelidad del ejército, por lo menos de los principales mandos. La economía, la política y la institucionalidad son sólidas.

En Paraguay, los analistas prevén una victoria del partido colorado de manos de su candidato Horacio Cartes, y con ello la normalización democrática y el retorno de ese país al MERCOSUR y a la UNASUR.

En Chile, Michel Bachelet se presenta claramente como la figura con más posibilidades de triunfo, aunque aún no confirmó su candidatura.

En honduras no hay indicios claros de superioridad por parte de ninguno de los candidatos.

Procesos políticos relevantes.

En México, pese al incremento de la violencia, reina un clima de moderado optimismo a raíz del pacto de México, que contiene temas fundamentales para el buen desempeño de la vida institucional, política y social en el futuro.

En Colombia, las gestiones de Santos impulsando un nuevo proceso de paz, será clave para el futuro de ese país. Ello significará la superación de un conflicto de medio siglo, y fortalecerá la figura del presidente Santos en sus aspiraciones reeleccionistas.

Perú tendrá en el 2013 uno de los mayores crecimientos de la región, junto a ello, el presidente Humala mantiene una popularidad que no la tuvo ninguno de sus antecesores (Toledo y García)

En Brasil, el 2013 será un año decisivo para las aspiraciones reeleccionistas de Dilma Russeff, para ello es imprescindible que retome el camino del crecimiento, logre controlar la crisis energética y dar respuestas a las demandas sindicales. Por otra parte, que la economía brasileña se recupere o no, incidirá en toda la región del MERCOSUR.

En síntesis los datos de la coyuntura permiten avizorar un futuro optimista en el corto y mediano plazo. Roberta Jacobson, Secretaria Adjunta para el hemisferio Occidental del Departamento de Estados Unidos declaró en Madrid que la región “nunca ha sido tan estable, pacifica y prospera”, calificándola como “un respetable actor” en el panorama internacional.

Un mundo que se reconfigura.

Consideramos imprescindible echar una mirada al panorama mundial como nuevo contexto de oportunidades para nuestro continente.

El avance de las ciencias históricas nos permite contemplar nuestro mundo y sus distintas configuraciones en una mirada de largo alcance. Desde esta perspectiva vemos un mundo que cambia más de lo que se podría uno imaginar. En tal sentido, podemos reconocer cuatro grandes sistemas regionales que estructuraron la humanidad y tuvieron vigencia durante siglos. El sistema Egipcio- mesopotámico (IV milenio antes de Cristo) sin centro, abarcando a Egipto y la Mesopotamia. El sistema Indoeuropeo (XX siglos antes de Cristo), con centro en Persia y el mundo helenístico. El sistema Asiático- afro- mediterráneo. (Siglo IV de nuestra era), con su centro en la región Persa y Turquía, y finalmente el llamado “sistema mundo” (desde 1492) con Europa occidental como centro.

El denominado “sistema mundo” se inició, por tanto, hace unos 500 años, se ha extendido a todos los rincones de la tierra por imperio del proceso de globalización, y paradójicamente, ha excluido de sus entrañas a la mayoría de la humanidad.

Ahora bien, este redondeamiento geográfico ha ido a su vez, reconfigurándose en el devenir histórico a una velocidad inusitada. En efecto, Europa fue el centro indiscutido hasta la segunda guerra mundial, luego de 1945, el mundo queda configurado en dos grandes bloques, uno el occidental capitalista liderado por los Estados Unidos de Norte America y el de los países socialistas con su polo ubicado en la Unión Soviética. Es el mundo bipolar con tantas consecuencias políticas, económicas y sociales para América Latina. Luego de 1988, la caída del socialismo real abre paso a la hegemonía de los Estados Unidos, constituyéndose un mundo unipolar. Esto fue interpretado con gran entusiasmo por sus ideólogos como “el fin de la historia”.

Este entusiasmo se apagó por la crisis financiera del año 2007, que al modo de un huracán conmovió a los Estados Unidos y Europa, extendiéndose luego por el mundo. Este hecho por una parte, y la emergencia de otras potencias permiten augurar un mundo post estadounidense.

¿Un mundo multipolar?

Indudablemente, el poderío estadounidense sigue en pié. Sin embargo se visualiza la emergencia de otros centros de poder en Pekín y Nueva Delhi, en Brasil y Moscú. El fracaso de las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el callejón sin salida de la crisis nuclear iraní, así como las peripecias de las negociaciones con Corea del norte, confirman que Estados Unidos, aún aliado a la Unión Europea, no es capaz de imponer sus punto de vista y necesita otros socios para resolver la crisis.

Al mismo tiempo, algunos Estados emergen reposicionándose en este nuevo reordenamiento. China, India, Rusia y Brasil reafirman sus ambiciones y cuestionan el orden internacional que los marginaba. Otros países desde Irán, a Sudáfrica, y los países sudamericanos defienden sus intereses.

Ninguno de estos Estados está animado por una ideología global como lo estaba la Unión Soviética, pero defienden sus intereses nacionales. Cada uno pelea en primer lugar por el control de sus materias primas, que se han hecho cada vez más escasa y caras, para proteger su capacidad de alimentar su población con una producción agrícola amenazada por el cambio climático, sus interese geopolíticos basándose en una visión política y en una historia muy larga. Esto genera conflictos que movilizan a grandes masas de sus poblaciones.

Una mirada al mapamundi indica que la gran mayoría de esas tensiones se despliegan en torno a un “arco de crisis” que desde el Atlántico al Océano Indico. Se alerta sobre el riesgo de conexión entre esos conflictos que se van esbozando, entre el Cercano y Medio Oriente y la región de Pakistán y Afganistán. La existencia de programas de armas nucleares y químicas, que conceden importante poder militar a los países que los realizan. Esto provoca que el epicentro de la política exterior estadounidense se haya desplazado de Europa hacia el cercano oriente. Por otra parte, el hecho de que está región encierre la mayor parte de las reservas petroleras del mundo contribuye a incrementar el carácter estratégico del gran Medio Oriente. Así se explica la concentración si precedentes de tropas occidentales en la región, desde irán a Chad, y de Afganistán al Líbano. Al englobar todas estas luchas en el marco de su “guerra contra el terrorismo”, Estados Unidos ha generado una resistencia internacional, heterogénea y dividida cuya única causa común es el rechazo a la hegemonía estadounidense.

Esto se ratifica en el ámbito de la economía en el que la mayoría de los países deudores se han ido despegando del FMI y del Banco Mundial.

Pareciera que estamos al final del Consenso de Washington y a la búsqueda de nuevos consensos. Hay quienes anticipan el consenso de Pekín, en medio de recelos y objeciones críticas. Lo cierto es que se tejen nuevas relaciones como lo prueban las cumbres de China – África, y la reunión de ministros de relaciones exteriores del BRIC (Brasil, Rusia, India, China). Los países pueden decidir políticas económicas sin pasar por los condicionamientos del extinto “Consenso de Washington”.

Otra transformación importante que afecta a la arquitectura geopolítica del mundo es el recalentamiento global. Una reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones unidas el 17 de abril de 2007, dedico varios días a tratar las consecuencias políticas y económicas del problema. Condiciones extremas afectarán a las cosecha, .favorecerán el desarrollo de epidemias, y la subida de las aguas no sólo generará millones de refugiados ecológicos – 150 millones en 2050 según algunas estimaciones – sino que reavivará la lucha por la división de los territorios, ya que la desaparición de atolones e islas afectara la extensión de las Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) Y en lo referido al incremento de los precios de los productos alimenticios, pondrá en peligro la estabilidad de muchos países.

A partir de ahora, con la afirmación de una multitud de vías para el desarrollo, con la multipolaridad, ya no es sólo la dominación económica de Occidente lo que se cuestiona, sino también su derecho a establecer el bien y el mal, a definir el derecho internacional, a inmiscuirse en los asuntos del mundo en nombre de la moral o de la humanidad. El camino hacia la multipolaridad generará nuevas resistencias de quienes no se resignan a perder su hegemonía, pero a la vez, puede ser percibido como un camino hacia un nuevo y más amplio universalismo.

Las inversiones de China en America Latina.

Durante 2005 China ha concedido aproximadamente 86 mil millones de dólares en compromisos de préstamos a países latinoamericanos. Monto mayor que el otorgado por Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco de Exportación e Importación de Estados unidos en el mismo periodo. China se ha convertido en una fuente adicional de financiamiento en la región, sobre todo para aquellos países que tienen problemas para acceder a los mercados mundiales de capital.

La relación económica que China ha establecido con America Latina y el Caribe es la tradicional establecida entre un país desarrollado y la periferia, consistente en importar commodities e hidrocarburos y exportar manufacturas e inversiones directas para desarrollar fuentes de abastecimiento de dichas materias primas estratégicas. La diferencia es que China todavía es un país en desarrollo- o una economía emergente- que por su enorme tamaño y rápido crecimiento, en buena parte basado en la exportación de manufacturas para consumo intermedio y final del exterior, se ha convertido en un actor central del comercio mundial de bienes y servicios, y en un creciente exportador de capital, aunque siga siendo receptor neto del mismo.

Si bien es cierto que China tiene una visión integrada sobre ALC y una estrategia de corto y largo plazo para relacionarse con ella, nuestra región en conjunto carece de la correspondiente política hacia China. Algunos países más que otros tienen la visión estratégica que se requiere para aprovechar las oportunidades que ofrece el desarrollo de China y superar o modificar los retos que impone.

En tal sentido son dos zonas las que están mejor preparadas para el desafío: El MERCOSUR, y el grupo Andino; México y Centro América debieran trabajar en la identificación de intereses compartidos ante China, habida cuenta que en esa zona, hay cinco países que no tienen relaciones diplomáticas con la Republica Popular y la tercera zona es el Caribe, donde hay seis países que mantienen vínculos diplomáticos con Taiwan.

Un primer objetivo para nuestro continente podría ser el de alcanzar consenso por zonas para la presentación de un programa general de intenciones e intereses conjuntos sobre lo que China les significa, similar aunque de énfasis diferente por tratarse de una posición multilateral, al documento de posición política hacia ALC que divulgó la Cancillería de China en noviembre de 2008.

Desafíos pendientes y búsquedas de alternativas.

En este contexto favorable, dos cuestiones quedan pendientes y constituyen el mayor desafío para la humanidad. Ellas marcan una prioridad para quienes queremos participar en la construcción de ese otro “mundo posible”. Me refiero a la erradicación de la pobreza, y la cuestión ambiental.

Las desigualdades sociales.

El Informe Regional para America Latina y el Caribe 2010 producido por el PNUD, señala: “La desigualdad es una de la características que definen la historia de America latina y el Caribe. Una muy alta y persistente desigualdad, que acompañada de una baja movilidad social, han llevado a la región a caer en una “trampa de la desigualdad”. En un circulo vicioso muy difícil de romper”. Consideramos con el informe, que la lucha contra la pobreza y la desigualdad es una cuestión prioritaria para las políticas públicas de nuestros Estados. El documento analiza las características y las causas de las desigualdades. Entre ellas, y es lo quiero puntualizar está el funcionamiento del sistema político. En efecto, si la igualdad constituye uno de los fundamentos del sistema democrático, y su principal objetivo añadimos, “cabe preguntarse cuáles son los factores que en la democracia, en un contexto de alta desigualdad, siguen impidiendo que dicho efecto favorable se realice plenamente”. Entre las debilidades de nuestras democracias se puede señalar la distancia entre las aspiraciones, necesidades de la ciudadanía y su capacidad de lograr sus objetivos a través de sus representantes políticos. El documento señala tres factores que inciden negativamente en “cadena de delegación democrática”:

El clientelismo. “es la relación asimétrica que se establece entre un patrón y un cliente, en la cual el primero entrega al segundo bienes y servicios a cambio de obtener apoyo político y el voto del cliente en las elecciones”.

Este debilitamiento del poder ciudadano ocasionado por el clientelismo favorece este otro fenómeno denominado la Captura del Estado. Fenómeno que se materializa cuando aquellos que ocupan cargos públicos deciden representar directamente los intereses de los individuos o grupos más poderosos a cambio de la obtención de beneficios políticos o económicos particulares.

La corrupción. Esto se produce cuando el agente publico o funcionario, dadas sus ventajas en materia de información con respecto al ciudadano (que en realidad es el agente principal porque le da su mandato con el voto) falta al compromiso de delegación al emplear los recursos públicos en su propio beneficio.

Ciudadanía débil. El percibir estas irregularidades genera efectos perversos en la ciudadanía, o la sensación e impotencia porque la política no sirve para resolver problemas y obtener el bien común, o el concebir la política como negocio privado y camino para el logro de fines individuales.

El señalamiento de estos déficits indica un camino para actuar en pro de recuperar la política como ciencia y arte del bien común. Una ciudadanía activa, formada, participativa y movilizada es el camino para el logro de un estado que resuelva enfermedades sociales crónicas como las desigualdades sociales y la pobreza.

Los límites del crecimiento.

En una entrevista publicada por pagina 12 el Economista y filosofo Franza Hinkelamert, se refería al problema en estos términos: “Se pone en evidencia en el hecho de que un crecimiento lineal, alto, no es sostenible, y esto se hace presente hoy en el plano del petróleo y de los cereales. En el caso del petróleo, la experiencia empírica demuestra que una tasa de crecimiento del 5%, más o menos, presupone un crecimiento del consumo de petróleo del 2% al 3%. Si lo calculamos a veinte años, un crecimiento así representa un aumento de 1/3 en el consumo de petróleo. Imagínate: ¡no hay suficiente petróleo para eso! Y entonces ¿cómo quieren sustituir el consumo del petróleo? Con los cereales. Entonces, aumenta la producción de cereales y baja la de alimentos de seres humanos. ¿Quiénes aparecen ahora como los hambrientos más urgentes y con poder de compra suficiente para desplazarlos? Los automóviles; ellos demandan ahora cereales, y tienen poder de compra. En cambio, la gente hambrienta no tiene poder de compra. ¿Entonces, quién gana? Los automóviles, ellos devoran a la gente.

Entonces, tienes las dos energías básicas: la energía básica para el cuerpo humano es el cereal, y la energía básica para las máquinas es el petróleo. Fíjate, ya el barril de petróleo está en 90 dólares. Y se habla de que va a subir de nuevo a 100 dólares (1). Bueno, con 100 dólares todavía podemos vivir. Pero ¿si la tasa de crecimiento sigue alta a nivel mundial? Entonces va a subir más y llegará a 140 dólares, como en 2008, y habrá otra crisis, que será considerada como una nueva crisis financiera. Eso está en el tapete”. Se trata de una crisis global, “Los impactos están todos interrelacionados: la falta de alimentos para la gente, la escasez de energía para las máquinas y la crisis del medio ambiente. Es todo una gran crisis, una crisis global”.

Los datos de la crisis son bien conocidos, una certeza ampliamente divulgada indica que si se pudiese elevar a toda la humanidad al nivel de vida de un ciudadano norteamericano medio, se necesitarían ocho planetas tierras para sostener ese nivel de consumo. Lo que urge es crear conciencia de esta situación y buscar alternativas. En tal sentido, se puede señalar que estamos aún en la etapa de búsquedas, y no tenemos aún soluciones definitivas. Nuestro amigo Pedro A. Ribeiro de Olivera señala en su valioso aporte, algunos caminos que están en ensayo: El buen vivir, o Sumak Kawsay que propone formas de vivida (1) en armonía consigo mismo, (2)con otras personas del mismo grupo (3)con grupos diferentes, (4)con la pacha mama o madre tierra (5) sus hijos e hijas de otras especies, y (6) con lo espiritual. Más que una propuesta socioeconómica, es una propuesta de reconstrucción de la sociedad humana para armonizarse con las otras formas de vida sobre la tierra.

Otra importante propuesta que nos indica es la de la economía solidaria: “ella podrá abrir un nuevo horizonte para la resolución del viejo problema económico: satisfacer los ilimitados deseos humanos con recursos naturales limitados. Ella no quiere ser una política social- focalizada en la satisfacción de las necesidades de personas excluidas del mercado- sino una política económica- un nuevo modo de producir, distribuir y consumir bienes y servicios”.

Conclusiones:

En este largo y desordenado recorrido, he querido describir el contexto de nuestra coyuntura latinoamericana, sus debilidades y oportunidades. Pero sobre todo he pretendido reafirmar rumbos y compromisos en función de nuestra utopia común del Reino o del “otro mundo posible”.

Santiago del Estero.

Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales

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