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Algunas reflexiones a propósito del aborto -- Marisa Vidal Collazo

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El tema del aborto no me deja indiferente. La ley está suscitando debates y comentarios bastante faltos de humanidad, por lo que quiero proponer algunas reflexiones por si pueden ayudar la humanizar toda esta cuestión.

Resulta escalofriante, por ejemplo, ver como se compara el aborto con las operaciones de estética, frivolizando un tema tan espinoso. Propongo otra comparación alternativa: todos sabemos que puede haber alocados suicidas que cojan el coche para ponerlo la doscientos por hora y provocar un accidente. Cuando tal sucede, la propaganda que hace la prensa bien nos puede hacer llegar a pensar, por un momento, que esos locos son los responsables de todas las muertes en las carreteras. Las estadísticas muestran, desgraciadamente, que eso no es cierto, que los alocados irresponsables son una minoría bien pequeña para nada representativa de la media de las personas que tienen la desgracia de tener un accidente. Tanto en el caso de los alocados del volante como en el de la supuesta frivolidad de las mujeres cuando abortan estamos ante dos esperpentos alimentados por los discursos diferenciadores de los estereotipos de género: ni las mujeres tienen que ser necesariamente frívolas ni los hombres alocados prepotentes.

Estoy en contra del aborto. Hay que luchar contra él con todas las fuerzas. Pero veo que el aborto es el resultado de una cadena de previos no resueltos que quiero ir desgranando en esta colaboración. Si de verdad queremos reducir el número de abortos habrá que resolver esos previos, para que no se tenga que llegar al caso extremo de tener que decidir abortarse o no.

El aborto es un mal, y no hay disculpa que valga. Y no creo que nadie, que ninguna mujer, pueda quererlo de buen grado. Las mujeres somos las que cuidamos y alimentamos la vida: la llevamos en nuestro seno. Son muchas las mujeres que están en las puertas de los colegios esperando por su prole, al lado de las camas de la gente enferma y atendiendo a los ancianos y ancianas en las familias. Son mayoritariamente mujeres las que buscan los recursos en el planeta para alimentar a su familia. En los cuidados que dispensamos las mujeres descansa el futuro de la humanidad, como bien reconoció la ONU, que fija como uno de los objetivos de desarrollo del milenio alcanzar la igualdad de géneros y el desarrollo de las mujeres. “Quien educa a una mujer educa a una nación”, se dice, y yo añadiría: quién respeta y apoya a las mujeres está respetando y apoyando el futuro de los pueblos, de todos los pueblos.

1. Los previos no resueltos.

El aborto directo, la interrupción voluntaria del embarazo, es una situación límite, a la que si llega después de un embarazo no deseado (no siempre: la gran mayoría de los embarazos no deseados no terminan en aborto). Y se llega a un embarazo no deseado porque por el camino fallaron una serie de previos que toda maternidad debe tener para poder disfrutar de un mínimo de calidad.
Cuando se habla de embarazos no deseados aún hay hombres y mujeres que no tiene perfectamente deslindado en su cabeza sexualidad y maternidad. Aún se escuchan comentarios del estilo de: “si no quería quedar preñada que no hubiera hecho lo que no tenía que hacer” Y más o menos a todos nos sale esa vena patriarcal ancestral que culpa a las mujeres de todas las cuestiones relacionadas con el sexto mandamiento. No voy a entrar a discutir el papel que los roles de género nos asigna a las mujeres, porque no es este el lugar, aunque quiero dejar constancia de la presencia real que estas ideas machista tienen aún en nuestra sociedad.
Repasaré con detalle las circunstancias que pienso pueden provocar un embarazo no deseado y las circunstancias que pueden llevar a hacernos pensar en la posibilidad de un aborto, de una IVE. Estas circunstancias se pueden presentar aislados o pueden concursar en grupo, agravando la situación de la mujer que las padece. Tales son las relaciones sexuales forzadas, la mala educación sexual que le estamos dando a la adolescencia, la objetualización de la mujer, los hombres de esperma distraído y las discriminaciones laborales que padecen las mujeres.

1.1. Las relaciones sexuales forzadas.
Las relaciones sexuales forzadas son humillantes y asquerosas, y las veces, incluso pueden terminar en un embarazo. A poco que hablemos con mujeres prostituidas (aquellas que decía Jesús que nos iban a preceder en el Reino) podemos constatar que muchas ya tienen a sus costas uno o varios abortos. En el siglo XXI deberían estar abolidas todas las esclavitudes. Sin embargo la esclavitud sexual se mantiene, y el “negocio” produce pingües beneficios a muchos abusones. La marginalidad en la que viven estas mujeres contrasta as veces con los lugares donde las vemos anunciadas. La prensa, incluso la que pasa por más seria y rigurosa, se lucra con anuncios llamados “de contactos”, de los que parece no pueden prescindir para mantenerse (¿dónde está, pues, la independencia de la prensa?). Más de un 90% de las mujeres esclavizadas por la prostitución en este país son extranjeras. En el caso de que sean inmigrantes, sí no hay una ley que las ampare y les dé una mínima seguridad sanitaria, serán un colectivo muy vulnerable.
En estos casos de relaciones sexuales forzadas están también los casos de violación. Los embarazos fruto de una violación en cifras soy muy pocos pero constituyen, a mi modo de ver, una de las principales grietas que tiene el razonamiento de los anti-abortistas. La misma Iglesia institucional, tan apasionadamente en contra del aborto, de la IVE, mira para otro lado cuando si trata de aborto en embarazos resultantes de una violación (sobre todo si la víctima de la violación es una religiosa).
Es obvio que resultaría monstruoso obligar a la una mujer a hacerse cargo de un embarazo en estos casos. Pero… ¿qué es lo que hace el aborto menos reprobable en caso de violación?. ¿No estaremos aceptando y justificando el aborto por tratar de “corregir” excesos derivados de las conductas machistas?
Estas preguntas me cuestionan acerca de la validez que se otorga a las decisiones de las mujeres. En el caso extremo de la violación ya no son las mujeres las que deciden. Es la sociedad, los hombres mayormente, quien en un arrebato de contrición personal y colectiva, deciden por ellas y le da visos de validez al aborto. ¿Es que acaso las decisiones de los hombres son más válidas¿ que las de las mujeres? ¿Estamos viendo a las mujeres aún como medias personas, inmaduras, incapaces para las decisiones importantes? O lo que es peor, ¿vemos a las mujeres como propiedad de un varón, propiedad que, en el caso de la violación, le fue “arrebatada” sin permiso de su dueño? Esto nos retrotraería al discurso de la honra de las mujeres y el honor de los hombres, que pienso ya está superado, ¿o no?.
Para poder impedir que un embarazo fruto de unas relaciones sexuales forzadas acabe en aborto, igual había que empezar por hacer desaparecer la esclavitud sexual, la prostitución y la violación de mujeres, moneda de cambio e incluso arma de guerra en las luchas de los hombres. Y para acabar con estos servilismos también tendríamos que modificar el concepto de sexualidad que se vive en esta sociedad patriarcal, un concepto nocivo para mujeres y para hombres1.

1.2. La mala educación sexual de la adolescencia.
Soy profesora de enseñanza secundaria y os aseguro que da escalofrío escuchar a los chicos y chicas hablar de sexo, de anticoncepción y de embarazo. Es denigrante la mala educación sexual que tienen los que se inician, cada vez más xóvenes, en las relaciones sexuales, empujados por una sociedad de consumo que le mete el sexo por los ojos a todas horas. Estamos manejando con los chicos unos conceptos de sexualidad, asignándoles desde la infancia unos roles de género tan estereotipados, que hacen que reproduzcan lo peor de los comportamientos sexuales de los adultos. Aquello excesos que los adultos disimulamos, a veces por simple sentido del ridículo, los adolescentes lo muestran con desparpajo, consiguiendo elaborar con sus conductas el esperpento de la sociedad que los está criando. Y siguen acumulando mitos y leyendas urbanas sin fundamento sobre sexualidad, que leen en esas revistas “para adolescentes”, dirigidas sobre todo a las chicas. Son publicaciones nada edificantes, centradas en envenenar las confusas ideas sobre sexualidad y relaciones de pareja que puedan tener sus lectoras. Tienen como tema preferido el sexo, son fruto de mentes adultas nada inocentes, y reproductoras de los esquemas de género del más rancio patriarcado, rayando ya en la misoginia. ¿Cómo vamos a reducir los embarazos adolescentes si no modificamos los esquemas de género patriarcales que le estamos transmitiendo a nuestra juventud? Nos limitamos a desarrollar una educación fragmentada, de cuerpos fragmentados, mostrando cada parte del cuerpo y lo que hace, y no les damos una visión integradora y plena del conjunto que ayude a trabajar las relaciones interpersonales desde la propia aceptación y el respecto al otro/a.

1.3. El cuerpo femenino como objeto de consumo.
Irremediablemente ligado al argumento anterior está la utilización pública de la imagen de la mujer. Personalmente me resulta molesto el tener que ir apartando de la vista a mujeres semidesnudas a todas horas. Los hombres desnudos no se prodigan tanto por aquello del estereotipo de género: La que se exhibe-el que domina con la mirada, estereotipo presente en cada anuncio publicitario. En la publicidad, en las tele-series, en el tele-basura,… es denigrante la objetualización de las mujeres. También la sobrevaloración del sexo como único bien y razón y la manipulación de los valores humanos y sociales. Esto lo sabemos todos, pero nadie hace nada para frenarlo. Paradógicamente, escándalos de personajes como el presidente italiano Berlusconi, Primer Ministro italiano con muy buenas relaciones por cierto con el Vaticano, lejos de provocar la ignonimia de tal individuo, lo catapultan a la fama haciéndolo aparecer a todas horas en los medios de comunicación. Un auténtico asco!!.

Nuestra sociedad ha convertido al sexo femenino, a las mujeres, en un objeto de consumo más, como si formáramos parte del equipamiento de los coches o los desodorantes. ¿Cómo os parece que nos hemos de sentir las mujeres cuando nuestros cuerpos se ponen al mismo nivel que una maquinilla de afeitar, que se usa y se tira?
No quiero dejar pasar por alto el tema de la pornografía, otro negocio bien rentable a cuenta de la explotación del cuerpo de las mujeres. No entiendo que principio de salud pública puede retirar de los quioscos la venta de tabaco y no retira las revistas y películas pornográficas. ¿Por qué las tengo que ver allí colgadas cuando voy a comprar la prensa?. Me siento agredida y cabreada, porque del mismo modo que la veo yo la tiene que ver cualquier niño o niña que va a comprar golosinas. En las casas, los cigarros no se le esconden de la vista del niños y niñas, la pornografía sí. Si la escondemos debe ser porque no la consideramos digna. Si no la consideramos digna y humana, ¿por qué tiene que existir? ¿Por que no acabamos de una vez con este patriarcado asqueroso y apostamos por un desarrollo armonioso de las personas?

1.4. Los hombres de esperma distraído.

Las estadísticas de aborto hablan de mujeres mayoritariamente sin pareja estable. Hay pues una cuestión que me parece destacable cuando se habla de concebir y hacerse cargo de los hijos, y es el papel del padre. Si la madre lleva a un hijo o hija en su seno, y se hace cargo de sus patadas y de su crianza, como es que hay hombres capaces de eximirse de esta responsabilidad? Recuerdo la película Solas, de Benito Zambrano, y aquella dolorosa escena en la que el hombre se zafa de la mujer, su pareja, que le dice que va a ser madre con un: “Conmigo no cuentes, yo no quiero saber nada. Igual ni siquiera es mío, así que deshazte de él”.
¿Si queremos rebajar las cifras de aborto no habría que empezar por erradicar estas conductas masculinas? ¿No tendría que haber una ley que obligara a un padre a mantener a un hijo o hija aunque no quiera vivir con él? Y tendría que ser automática una vez que una prueba de ADN corroborase la paternidad. Si las multas de tráfico de verdad tienen tanto efecto coercitivo como aseguran las autoridades, ¿porque no se aplica algo así a los hombres que quieren deshacerse de la responsabilidad de criar a su descendencia? En nuestro país aún hay muchas madres solteras “por accidente”. Si conseguimos que si rebajasen los accidentes de tráfico, seguro que también conseguiríamos rebajar el número de mujeres que se tienen que afrontar a la maternidad en solitario. Estoy segura de que si una mujer, en el caso de quedar embarazada, le pudiera exigir al dueño de ese “esperma distraído” una pensión alimenticia como mínimo durante los primeros 18 años de vida de la criatura, se reducirían, y mucho, los embarazos no deseados y, por tanto, los abortos.

1.5. Las discriminaciones laborales.

En nuestra sociedad las exigencias de la crianza de los hijos son aún demasiado asimétricas. También las exigencias laborales son asimétricas. En una entrevista de trabajo a las mujeres normalmente se les pregunta si piensan tener hijos, y a veces, ese puede ser un motivo de peso para no contratarlas. También los embarazos pueden ser motivo de despido. Cada poco tiempo, como la punta de un iceberg, aparece en la prensa algún de estos casos que llega hasta los tribunales. Además, la maternidad, si no le cuesta a la mujer su puesto de trabajo, si que la abliga a retirase del mercado laboral una buena temporada, porque la conciliación entre vida familiar y laboral prácticamente no existe en este país. Peor en el caso de madres solteras. ¿Como se puede hacer frente a la maternidad sin pareja estable y viendo peligrar tu puesto de trabajo? Si queremos rebajar los índices de abortos, deberán existir más medidas reales de apoyo para las familias monoparentales.
En este ovillo, quería quitar aún de otro hilo, que es la idea de maternidad ligada a la del sacrificio de la mujer. Si una mujer acepta una maternidad en solitario, y contra viento y marea dedica su vida a criar, cuidar y alimentar a ese hijo o hija, la convertimos automáticamente en una heroína, en una “santa”. Y hasta hacemos lo posible para que cunda el ejemplo. ¿Y que pasa cuando una mujer no tiene fuerzas para aceptar tal reto y lo rechaza? Entonces también automáticamente la convertimos en una madre [desnaturalizada], en una “bruja”. El modelo de vida que el patriarcado impone a las mujeres es el “sacrificarlo todo por los hijos”. Va siendo hora de romperlo. Tiene que haber otras opciones además de la heroína y la bruja. No es humano que un embarazo no deseado sólo sea a costa de la mujer. Tampoco que no le demos ninguna alternativa ni apoyo. Para muchas mujeres, la maternidad es la mejor experiencia de su vida, sobre todo cuando es algo querido y deseado. No quiero ni pensar el “castigo” en que se puede convertir cuando se convierte en una imposición, tanto para la madre como para el hijo/a.

2. El aborto, decisión de mujeres.
Pues sí. Hay a quien esto le suena mal. Muchas mujeres trabajan y crían solas a hijos e hijas, y desarrollan todas las capacidades necesarias para tal fin (que no son pocas), pero para decidir un aborto hay quien no les concede estatuto de personas con capacidad para tomar decisiones correctas que afecten a si misma y a otras personas. Me inclino a pensar que lo que no gusta es la idea de que las mujeres puedan tomar decisiones sin contar con los hombres. Un hijo es cuestión de dos, no de una sola, pero las estadísticas muestran una amplia mayoría de mujeres que afrontan solas la maternidad, el embarazo y el aborto. Igual si hubiese varones capaces de asumir la responsabilidad de una paternidad no deseada, si descendiese notablemente el índice de “esperma distraído”, la aceptación de un embarazo no deseado sería menos gravosa para las mujeres y descendería también el número de las que tubieran que afrontar solas esta disyuntiva.

¿Y que hace falta para tomar una decisión, máxime una de este calado? Pues escucha, acompañamiento, apoyo psicológico,… y de esto la Iglesia sabe mucho. La iglesia acompaña incluso a los convictos condenados la muerte. ¿Por que en los casos de aborto se cierra a tal posibilidad y no quiere admitir su capacidad de maestra y consejera? En la iglesia alemana, hace años, gracias a la nueva mentalidad derivada del Concilio Vaticano II, funcionaban equipos de acompañamiento a las mujeres que si veían en el trance de decidir un posible aborto. Trataban de acompañar, escuchar, ayudar a las mujeres en su proceso de discernimiento… Desgraciadamente, la involución eclesial de los últimos tiempos los hizo desaparecer. Los equipos hoy existen, pero al margen de la Iglesia (seguro que animados por muchos cristianos y cristianas de base), y con eso la institución eclesial ha perdido, una vez más, una muy buena oportunidad de ser escucha y acompañamiento allí donde más falta hacía. ¿No sería este actuar más acorde con el estilo de Jesús que la penalización o la condena? “Aquel que esté libre de culpa que quite la primera piedra”, dicen que dijo.
Y sí todas las prevenciones no son suficientes para atajar el problema, y a pesar de todo llegamos al extremo del aborto sin poderlo remediar, habrá que tener una mano de misericordia y otra de solidaridad, manos que nunca le deben faltar a nuestra Iglesia. A mí me ha dolido y dado mucha pena ver que el mensaje que más caló en la sociedad por parte de la Iglesia en todo el debate del aborto hubiera sido para cuestionar la protección de los linces ibéricos. Ciertamente, me pareció un despropósito que nada tiene que ver con el Dios de Jesús ni con el Dios de Francisco y Clara de Asís.

3. Conclusión abierta.
El debate sobre la ley del aborto en este país lo presentó el Ministerio de Igualdad, no el de Sanidad, y me parecen claras las razones. Entiendo que en este país hay mucha desigualdad manifiesta hacia las mujeres, que se muestra, sobre todo, en el escaso reconocimiento de sus derechos sexuales y reproductivos. Pero hay aún demasiadas circunstancia jugando en contra de las mujeres, derivadas todas ellas de un modelo de sexualidad patriarcal poco humano, desintegrador, que hay que corregir enseguida sí queremos que sus efectos se dejen de notar en la sociedad.

Las mujeres no queremos el aborto. No podemos quererlo de buen grado porque el aborto supone cortarnos por la mitad en nuestro centro, en el lugar donde reside la vida, esa vida de la que somos expertas cuidadoras y multiplicadoras. Todas sabemos del drama y el trauma que el aborto supone, sobre todo quien le haya tocado vivirlo en primera persona o acompañar a una amiga. El aborto es una agresión al cuerpo de las mujeres y es una agresión a una futura y posible nueva vida.
El cuidado de la vida es responsabilidad compartida y precisa unas mínimas garantías. El aborto apenas es una solución fácil para un problema demasiado complejo, una decisión in extremis, hecha a cuenta de una agresión al cuerpo y la integridad de las mujeres y de los no nacidos. El aborto es un remiendo tardío de sociedades que no quieren acabar con las desigualdades entre hombres y mujeres, que ya se acostumbraron a vivir con ellas. Me da lástima esta sociedad que legisla el aborto y no legisla ni pone coto a los excesos del patriarcado, porque da la impresión de que ya “quitó la toalla” en la lucha por el cambio de los modelos sociales y sexuales y no quiere apostar por la humanización de la sociedad.
El empeño y ardor que algunos colectivos están poniendo en la penalización, incluso la criminalización, del aborto deberíamos dirigirlo a erradicar los servilismos sexuales, la prostitución, las agresiones al cuerpo y a la integridad de las mujeres, la pornografía, la falta de responsabilidades de los padres solteros, la mala formación sexual de los jóvenes, la censura contundente de toda objetualización del cuerpo de la mujer, la búsqueda de la igualdad real en las condiciones laborales de las mujeres, el apoyo a las familias monoparentales, etc. y no limitarse a condenar a las mujeres que abortan.

Soy hija de la Iglesia, por eso también le pido a la jerarquía eclesiástica que en vez de confundir el debate con argumentos fáciles y falaces, que no son fruto para nada de las enseñanzas de Jesús ni constructores del Reino, dedique sus ánimos y esfuerzos a apoyar y acompañar a aquellas personas que están padeciendo en su carne los excesos de esta sociedad machista, las víctimas de la discriminación más antigua y vigente hoy: las mujeres. Tengamos presente a las mujeres que se ven delante de una decisión que les va a truncar la vida, una decisión que tienen que tomar en muy poco tiempo y a veces sin un mínimo acompañamiento y escucha, que si sienten acorraladas, que vislumbran las implicaciones personales y afectivas que la decisión lleva consigo y que, a pesar de todo, en algún momento de su vida, tienen que sopesar la posibilidad de tener que abortar.

Marisa Vidal Collazo
Asoc. Mulleres Cristiás Galegas-Exeria.

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