Otra flagrante transgresión de la Constitución española -- Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

Acabo de leer en «Redes Cristianas» un artículo, firmado por Juan G. Bedoya, y titulado «España ignora el ?año Lutero?». En él cita a Mariano Blázquez Burgo, el secretario ejecutivo y representante legal de las Iglesias protestantes, quien, en la audiencia que el rey Felipe VI concedió la semana pasada a la Comisión Permanente de la Federación de Entidades Religiosas de España (Ferede) y a los organizadores del Congreso Evangélico con que los protestantes lanzaron la penúltima semana de julio los actos del 500º aniversario de la Reforma luterana, manifestó lo siguiente: «En los últimos 500 años, sólo en 50 ha habido libertad religiosa. Queremos revertir esa estadística y construir un nuevo escenario con mayor comprensión, tolerancia y concordia??.

Los representantes de FEREDE se lamentan de que en España ni siquiera se haya acuñado un sello conmemorativo, algo que han hecho la mayoría de naciones europeas, incluido el estado Vaticano. Incluso resaltan con agradecimiento que fue el propio papa Francisco quien inauguró en Suecia los fastos del 500º aniversario de Lutero. De alguna manera aseguran que su situación, a pesar de la instauración de la Democracia y de la constitución española, es muy parecida a la que vivieron durante el Franquismo, y citan cómo el Gobierno español no ha respondido a sus preguntas y demandas en temas como la cruz en la declaración del IRPF, o de la mejora información de los funcionarios públicos sobre la posibilidad de la realización legal de matrimonio evangélico.

Es muy interesante y chocante su queja de la celebración de los funerales «mal llamados» de Estado, (el entrecomillado es mío, y de la FEREDE), sobre los que afirman lo siguiente: «Cada vez que se produce un suceso catastrófico, las autoridades civiles convocan duelos con el nombre de funeral de Estado. Son, en realidad, vistosas ceremonias en templos de la Iglesia romana, presididas por un alto prelado de esa confesión, sermón incluido y como único interviniente». Explico lo del entrecomillado. Varias veces me he pronunciado por la equivocada denominación de «funeral de Estado», cuando éste ni siente, ni sabe qué es, ni celebra funerales. Los que los celebran , en la liturgia cristiana, sea católica, evangélica, ortodoxa, o de otra confesión, con la condición de que celebre verdaderamente la Eucaristía, algo que realizan con total garantía casi todas las confesiones cristianas serias, no son otros que los miembros creyentes y practicantes de los sacramentos cristianos.

Y como afirmaba en mi reciente artículo «El obispo de Ibiza parece desconocer varias cosas que debería saber», los ministros cristianos tenemos que velar porque la celebración de la Eucaristía no se convierta en un espectáculo eminentemente civil, en el que se manifieste y se cultive el buen entendimiento de las autoridades civiles y «religiosas». La Eucaristía no es un medio para nada, sino un fin en sí mismo, para que los seguidores de Jesús podamos vivir, y practicar, estas dos cosas fundamentales para todo cristiano, sea de la confesión que sea: escuchar la Palabra de Dios, y partir y compartir el pan de la Vida. Cualquier otra finalidad, o la conversión de la Eucaristía en un espectáculo grandioso, con la presencia de las autoridades civiles, no solo está fuera de lugar, en el espíritu y sentido de la liturgia cristiana, sino es una flagrante transgresión de la Constitución española, que proclama la aconfesionalidad del Estado.

Pues bien, es o que ha sucedido hoy en la celebración religioso-civil de la Eucaristía en la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona. Algunos informadores radiofónicos y televisivos, en su ignorancia, fomentada y ayudada por la jerarquía eclesiástica, se entusiasman tanto que afirman que el «Funeral por las víctimas de los atentados de Barcelona » ha sido presidido poro el Rey». convirtiendo a nuestro monarca en un soberano de tipo anglicano, que es, al mismo tiempo, Rey, y Pontífice soberano de la Religión de sus ciudadanos (¿o todavía súbditos?).