La crisis económica y financiera que afecta al conjunto de las economías occidentales, y de forma especial a España entre otros países, no debe servir para ocultar la crisis estructural, crónica y grave de nuestro mundo global que afecta a cerca de la mitad de su población que no puede alcanzar la satisfacción de sus necesidades y derechos fundamentales. Aún hoy, hay 1.400 millones de personas que viven con menos de 1?? al día.
El alza en el precio de las materias primas, está incrementando la cifra de personas pobres en 100 millones al año. Junto a ello, en las últimas décadas se han producido avances significativos en aspectos relevantes para el desarrollo, como la salud y la educación, lo que demuestra que si existiera voluntad política, compromiso estable y recursos, sería posible alcanzar metas como las recogidas en los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
La política de cooperación al desarrollo en España ha experimentado considerables cambios y un importante crecimiento a lo largo de los últimos años. No obstante, el impulso modernizador se ha visto notablemente afectado por la crisis económica y ha sufrido un estancamiento que ha impedido la culminación de las reformas necesarias y la consolidación de los cambios realizados.
Los fuertes recortes sufridos en la Ayuda Oficial al Desarrollo desde 2009 constituyen un grave incumplimiento del Pacto de Estado contra la pobreza y de los Pactos Autonómicos y Locales suscritos. La política de cooperación al desarrollo cuenta con un amplísimo respaldo social y debe responder a los compromisos internacionales y nacionales. No es, por tanto, una política superflua para épocas de bonanza, ni una política secundaria respecto de otras políticas internas. Su continuidad no puede ser cuestionada en tiempos de crisis sino que, por el contrario, creemos que es signo de un humanismo solidario, desarrollado y moderno apostar por mantener, en estos momentos de dificultad, las políticas sociales en general y de cooperación en particular, priorizando y siendo creativos. Los principios y propuestas que siguen apuntan en esa dirección.
Atención a las personas excluidas
Creemos que es en esta época de mayores limitaciones y dificultades cuando nos jugamos la verdadera calidad de nuestra solidaridad, y nuestra altura moral como sociedad, en el modo en el que cuidamos las políticas que favorecen a las personas y grupos más vulnerables, aunque éstos no nos den votos. Mantener y mejorar la política de cooperación orientada a la lucha contra la pobreza, es una responsabilidad moral y un compromiso internacional y nacional.
Fraternidad universal
En un mundo crecientemente interdependiente, en el que la globalización nos ha interrelacionado de forma acelerada y en el que las fronteras nacionales se han ido diluyendo, nuestras responsabilidades sociales no pueden limitarse al interior de nuestras fronteras, sino que deben extenderse a ese espacio compartido constituido por el mundo entero globalizado.
Desafíos globales
Un mundo global, como el que vivimos, plantea desafíos universales que deben ser abordados de forma conjunta. El primer desafío global lo constituye la brecha social y económica existente en nuestro mundo.
Responsabilidad
Para afrontar retos globales, son necesarias políticas redistributivas a nivel global que permitan: paz, estabilidad, sostenibilidad medioambiental y vida digna para todas las personas. Es necesario seguir profundizando en la necesaria relación entre cooperación internacional para el desarrollo y la construcción de la paz.
[Extraído del documento de propuestas ?Crisis prolongada, solidaridad reforzada?? elaborado por el Apostolado Social de la Compañía de Jesús de cara a la próxima legislatura. Puedes ampliar la información y leer las propuestas en el documento aquí.]
Véase también ?Crisis prolongada, solidaridad reforzada [1]?
Véase también ?Crisis prolongada, solidaridad reforzada [2]?