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6. La Parábola
Como explicación de ese mal traducido texto de Marcos exigiendo a los administradores del reino de Dios asumir su responsabilidad de hacerlo producir:
“…pues al que produce se le dará, pero al que no produce le quitarán hasta lo que había recibido”, el evangelio de Mateo usó una parábola: la muy conocida por su desacertado nombre: ‘Parábola de los Talentos’.
El término griego ???????? (leído: ‘tálanton’ y transliterado a nuestra lengua como ‘Talento’) no habla de una destacada facultad intelectual. El Tálanton (????????) era una medida de peso tomada como la mayor unidad del sistema monetario griego.
Un Talento de plata (entre 26 y 41 kilos) equivalía aproximadamente a 6000 denarios. Si se tiene en cuenta que con un denario se pagaba una jornada de trabajo y con ese dinero el jornalero podía mantener a su familia durante un día, sabremos que un Talento daba para la subsistencia de una familia durante ¡DIECISEIS AÑOS! Un Talento era un dineral.
7. ¡Un dineral a cada uno!
La parábola de Mateo explica a qué se parece el reinado de Dios, el Proyecto (lógos) del Galileo. El texto habla de una realidad social actual en progreso, no de un futuro celestial. Y dice asemejarse a la iniciativa tomada por un hombre al salir de viaje.
Dejó a sus empleados encargados de sus bienes y les entregó, teniendo en cuenta las capacidades de cada uno, unas cantidades de dinero escalofriantes:
“Es como un hombre que, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco Talentos de plata, a otro dos, a otro uno, según sus capacidades; luego se marchó” (Mt 25, 14-15).
¡Un dineral a cada uno!
Los dos primeros optaron por la productividad y doblaron el capital. Ambos recibieron la felicitación del dueño de los bienes (vv. 21.23). Al tercero, en cambio, le embargó el miedo. Distorsionó la personalidad de su señor, ignoró el sentido de su encargo y optó por esconder el capital recibido:
“Señor, supe que eres hombre duro, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; me asusté y fui a esconder tu Talento bajo tierra” (vv. 24-25).
El dueño reaccionó de inmediato. Recriminó al empleado indolente su gandulería. Había demostrado estar incapacitado para administrar el valor de la gran riqueza que se había puesto en sus manos. No es merecedor de tenerla. El desarrollo narrativo de la parábola y la conclusión a la que se llega obligaba a la acción final del amo:
“Quitadle el Talento de plata y dádselo al que tiene diez” (v. 28).
El apunte indicando que el dueño decide quitarle al improductivo su Talento para dárselo al empleado con mayor renta conseguida solo es un artificio literario, útil exclusivamente para dar entrada y servir de explicación a la difícil y maltratada cita tomada de Marcos:
“…porque al que produce se le dará hasta que le sobre, mientras que al que no produce se le quitará hasta lo que había recibido” (v. 29).
8. Aclarando el asunto
Los elementos con que está construido el ejemplo: personajes, decorado, medios (Talento), movimientos, situaciones, están todos al servicio de la conclusión final: La importancia de que el colectivo integrante de la sociedad reino de Dios no fracase y cumpla el cometido exigido por su propia naturaleza: Ser luz para quienes están atrapados por el orden injusto en la negrura de una vida que no es vida.
La parábola no nació del Galileo. De otro modo, Lucas, que la recoge en su texto no habría cambiado esos elementos que convergen en el ejemplo. Su pedagogía sitúa la parábola en un contexto muy diferente (Lc 19,11-28). El Galileo con los Doce está cerca de Jerusalén. Los seguidores piensan que está llegando el momento en que el reinado de Dios se imponga (v. 11). De ahí arranca la parábola que trata de aleccionar al grupo respecto a lo que está por llegar: un tiempo indeterminado que exige ser productivos.
El hombre protagonista de la parábola de Mateo se transforma aquí, en Lucas, en un noble que se marcha para obtener un título real (v. 12). No llama a tres empleados, sino a diez. No les entrega cantidades desiguales, sino la misma para todos. No son Talentos sino Minas, unas cantidades más modestas (una Mina (en griego: ???) equivalía a cien denarios, no a 6000 como en el caso del Talento).
Les ordena negociar con ese dinero (v.13). Entran en escena unos personajes anónimos, enemigos del noble y opuestos a tenerle como rey (v. 14). Aunque él vuelve con el título real (v. 15). A su vuelta llama a tres de sus empleados y no, al resto (vv. 16-20). El ahora rey premia a los productivos con el mando de ciudades (vv. 17.19). El empleado indolente guarda su Mina en un pañuelo y no, bajo tierra (v.20).
La narración de Lucas hace modificaciones importantes en el texto de Mateo. No obstante, a medida que se aproxima el final de la historia los dos textos se acercan para converger en su conclusión. Llegados a ese punto, Lucas introduce nuevos personajes anónimos que reciben la orden del rey de quitarle la Mina al empleado improductivo y dársela al que había conseguido diez (v. 24).
Dichos personajes intervienen por propia iniciativa:
“Le replicaron:
¡Señor, si tiene ya diez Minas!” (v. 25).
La extrañeza mostrada por estos personajes al ver que el dinero iba a parar al que más había conseguido es un dato añadido por Lucas para dar entrada al mensaje de la parábola dirigida exclusivamente a los discípulos:
“Os digo que a todo el que produce se le dará, y al que no produce se le quitará hasta lo que había recibido” (v.26).
9. Concluyendo en el sentido del Reinado de Dios
El objetivo de la sociedad alternativa es iluminar. Solo así podrán tener luz aquellos a quienes el orden injusto ha obligado a vivir en la oscuridad, haciéndoles creer que lo real y definitivo eran las sombras. El candil no tiene otra función que dar luz. Se vuelve estéril al taparlo. El encargado de llevarlo para alumbrar la casa está obligado a ponerlo en su lugar. Es tarea de su exclusiva responsabilidad. Si el tal encargado se queda absorto y encandilado, además de haber perdido el norte, le cae encima la desgracia de:
Ser fiel colaborador y encubridor del Adversario, el orden injusto que arrambla con todo, llevándose hasta las diez de últimas,
y convertirse en cómplice de los generadores de la miseria y el hambre, los acaparadores del dinero.

