InicioRevista de prensaespiritualidad 29 DE OCTUBRE :DOMINGO 30-B. Juan García

29 DE OCTUBRE :DOMINGO 30-B. Juan García

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Escucha de la Palabra

Estas hojillas, que podéis bajaros, nacieron en la Parroquia de San Pablo (Fuentepiña, barriada obrera de Huelva) y la siguen varios grupos desde hace años en su reflexión semanal. Queremos ofrecerlas desde la sencillez y el compromiso de seguir a Jesús de Nazaret.
Juan García Muñoz

Jr 31,7-9. Guiaré entre consuelos a los ciegos y cojos.
Sal 125. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Hb 5,1-6. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de
Melquisedec.
Mc 10,46-52. Maestro, haz que pueda ver.

Camino de fe. El profeta anuncia un nuevo éxodo, el ciego de Jericó comienza un camino nuevo y Jesucristo es el sumo Sacerdote. Jeremías ve una multitud que retorna a su patria, como un nuevo éxodo (1 Lect.). El ciego de Jericó, curada su ceguera por Jesús, se incorpora en su cortejo (Ev.). Cristo, es el sacerdote eterno (2 Lect.).

1. CONTEXTO

A LA SALIDA DE JERICO

En medio del desierto de Judea, Jericó aparece como un oasis, verde y fértil. Se le llama también «la ciudad de las palmeras», árboles que no eran mero adorno, sino que se cultivaban a causa de sus dátiles. Fue precisamente en tiempos de Herodes la época de mayor cultivo. Durante el período romano Jericó se mantuvo en alza como centro productor de bálsamo y otros árboles aromáticos. Herodes consiguió canalizar las aguas del oasis y llenó Jericó de hermosos jazmines.

Esta frondosidad perdura hoy día. El oasis, gracias a las abundantes fuentes y a los sedimentos dejados por los meandros del río Jordán (el-Gor) ocupa hoy una extensión de más de 5 kilómetros de diámetro. Su fertilidad y la benignidad del clima en invierno hacen del área de Jericó un lugar residencial envidiable. Es la ciudad más baja del mundo, situada a 300 metros bajo el nivel del mar. La actual Jericó tiene unos 13.000 habitantes. En 1967 Israel ocupó la ciudad y desde entonces está bajo su dominio, aunque teóricamente siga perteneciendo a Jordania.

Eran conocidas y famosas las rosas de Jericó (Ecl 24,14), aunque no se tiene seguridad de que estas rosas sean las flores que hoy conocemos por tales. Algunos creen que se trataría de las adelfas, flores típicas de los climas cálidos. En todo caso Jericó es un autentico vergel. Un oasis en la hondonada del río Jordán situada a 250 metros bajo el nivel del mar. Su fertilidad se la da a esta tierra la llamada Fuente de Eliseo. La tradición decía que había sido Eliseo, el profeta discípulo del gran Elías, quien había purificado y hecho fecundas estas aguas, antiguamente salobres (2 Reyes 2,14-22)

Jesús estuvo familiarizado con todo el distrito de Jericó. El lugar de su bautismo por Juan no estaría lejos de la ciudad. Y el escenario de la tentación al mostrarle y ofrecerle, desde un monte alto «todos los reinos del mundo y su gloria» (Mt 4,8) la tradición lo sitúa en el monte de la cuarentena a 4 Km. de la actual Jericó; desde su cumbre podía contemplarse perfecta-mente el fascinante mundo creado por la dinastía de Herodes en el oasis de Jericó. Jesús hizo que ruta que lleva a Jericó se convirtiese en escenario de su parábola del Buen Samaritano (Lc 10,30) El camino que Jesús tomo en su última visita a Jerusalén, camino de muerte, le llevó a Jericó. Aquí devolvió la vista al ciego Bartimeo, convirtió al rico publicano Zaqueo y se hospedo en su casa (Lc 19, 1-9); en esta ciudad de aduanas y bancos pronuncio su parábola pronunció su parábola de la 10.5 y 1 «minas» (moneda tipo en Grecia), que debían negociarse en ausencia del amo (Lc 19,11 ss)

El texto evangélico apenas da datos sobre quien es Bartimeo – aunque conserva su nombre, detalle poco frecuente en las historias de milagros- y sobre el origen de su ceguera, etc.
En este episodio, Bartimeo tiene algo del Job bíblico, este personaje que se rebeló frente a Dios porque consideraba que eran inmerecidos sus dolores: enfermedad, ruina, abandono por parte de sus amigos (Job 3,1-14; 20-23; 6,2-4) Al final del libro de Job, éste le dice a Dios las mismas palabras que aparecen en boca de Bartimeo:»Yo te conocía solo de oídas, pero ahora te están viendo mis ojos» (Job 42,5) Aunque debemos huir del dolor, tratar de esquivarlo, reducirlo y combatirlo, para ser fieles a la voluntad de Dios de la vida, a veces no podemos escapar de él. Y tenemos que someternos a nuestra limitación.

En este caso, la aceptación activa del dolor, puede hacernos más maduros, más tolerantes, más comprensivos. En una palabra, más sabios ante la vida. Y también más sabios ante el misterio de Dios. El dolor puede servir de puerta a una nueva forma de ver la realidad de Dios. Como sucedió con Job y con Bartimeo.
(Hermanos López Vigil. Un tal Jesús. nº 88)

2. TEXTOS

1ª Lectura: Jeremías. 31, 7-9.

Pues así dice Yahvé: Dad hurras por Jacob con alegría, y gritos por la capital de las naciones; hacedlo oír, alabad y decid: Ha salvado Yahvé a su pueblo, al Resto de Israel!
Mirad que yo los traigo del país del norte, y los recojo de los confines de la tierra. Entre ellos, el ciego y el cojo, la preñada y la parida a una. Gran asamblea vuelve acá.
Con lloro vienen y con súplicas los devuelvo, los llevo a arroyos de agua por camino llano, en que no tropiecen. Porque yo soy para Israel un padre, y Efraín es mi primogénito.

Después de la muerte de Assurbanipal (año 631), renace la esperanza de los desterrados al ver que se desmorona el poder de los asirios. Jeremías se hace eco de esta esperanza y anuncia la repatriación de los exiliados del Norte (Efraín históricamente se refiere al reino del Norte; esto es, del reino de Israel), el restablecimiento de la unidad nacional y la renovación de la Alianza.

El destierro es como un nuevo desierto en donde el pueblo encuentra a su Dios. A través de la prueba se manifiesta el amor eterno del Dios fiel; es Dios en la cercanía del amor y en la lejanía del misterio (Jr 23,23). El pueblo debe ponerse en marcha, venciendo el miedo y la inercia. Los centinelas van repitiendo el mensaje. La alegre romería transforma el desierto

El destinatario de este párrafo es desco-nocido. Podemos leer estos versos como una invitación a Judá (reino del sur) para que reciba con alegría a su hermano exiliado que llega. Este nuevo éxodo cantado por la fe es alegre (Sal 125), pero no disimula la realidad: está formado por una procesión de inválidos que regresan.

Salmo responsorial: Sal 125

R/ El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llena de risa,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte, como los torrentes de Negueb.
Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares.
Al ir, iba llorando, llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas.

2ª Lectura: Hebreos 5, 1-6.

Porque todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados; y puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, por estar también él envuelto en flaqueza. Y a causa de esa misma flaqueza debe ofrecer por los pecados propios igual que por los del pueblo. Y nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios, lo mismo que Aarón.

De igual modo, tampoco Cristo se apropio la gloria del Sumo Sacerdocio, sino que la tuvo de quien le dijo: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy. Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, a semejanza de Melqisedec.

El sumo sacerdote, tal como se nos presenta en el modelo de Aarón, tiene una doble relación: con los hombres, por su condición de hombre, y por estar constituido oficialmente en su favor; y con Dios, del que procura las buenas relaciones con los hombres. Cristo tiene la dignidad y el honor del sacerdocio no porque lo haya arrebatado, usurpado, comprado o robado, sino por la humilde aceptación de una encomienda, de un don. El mismo Dios, que lo ha proclamado su Hijo, lo ha nombrado, declarado y proclamado solemnemente sumo sacerdote, como lo atestigua otro texto de la Escritura (Sal 110,4). El hecho de ser el Hijo da a su sacerdocio una categoría, una gloria, dignidad y calidad suprema, porque lo coloca en una relación personal íntima, perfecta, plena, con Dios.

EVANGELIO: Marcos. 10, 46-52.

Los cuatro domingos marcados por el «camino hacia Jerusalén» terminan hoy. La referencia topográfica es lo bastante importante para que ninguno de los sinópticos la olvide: Jericó.
El hecho -con variante- es también el mismo: Jesús ilumina al ciego -o ciegos, según Mateo- para que puedan caminar con él hacia Jerusalén.

46-47 Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: << ¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!>>

El camino que viene del Norte (Galilea) hacia Jerusalén, pasa por Jericó. Jesús y sus discípulos llegan a esta ciudad, la más antigua de Israel. Había estado habitada desde siete mil años atrás y allí vivían la mayoría de los sacerdotes y levitas que servían en el Templo. Jerusalén estaba a una jornada de camino (unos 30 Km.)

Este camino comenzó hace seis domingo después de la confesión de Pedro. Un poco antes de iniciarlo, había sucedido la curación de un ciego (Marcos 8,22-26). Aquel ciego era figura del discípulo. Entonces se nos dijo que Jesús tuvo que imponerle las manos dos veces; tras la primera sólo veía confusamente («veo hombres; los veo como árboles, pero caminando»). No es fácil dar una vista «limpia» al discípulo. Necesitará limpiar rebabas, posos densos de ideología dominante (poder, prestigio, falta de confianza y fe…)

También ahora, en el último episodio antes de entrar en Jerusalén, nos habla de otro ciego y de la ceguera del discípulo. De un ciego al otro ciego ha transcurrido el CAMINO, o sea, la subida a Jerusalén que Jesús ha recorrido decididamente, y que ha anunciado con tres avances lo que va a pasar. El «camino» es también la vida del discípulo. Inmediatamente antes del relato de la Pasión, el evangelista quiere aclarar una vez más qué es la fe y qué implica seguir a Jesús.

El ciego está sentado «a un lado del camino» y no puede seguir a Jesús porque «no ve». Se puede confesar a Jesús como Mesías (…Hijo de David…) y no poder seguirlo.
El ciego, condenado por su enfermedad y reprimido por la gente, percibe lo que no ven los demás. Su fe, aunque imperfecta, es un órgano más penetrante: «no teniendo ojos ve».
Junto al camino también es el lugar donde cae el mensaje y no da fruto, porque Satanás lo arrebata (4,15). El poder y la ambición de los mejores puestos (los hijos del Zebedeo) hace que el mensaje no arraigue en ellos.

Solo cuando vea lo «seguirá por el camino». El proceso de los discípulos está retratado de manera simbólica, paso a paso. Igual que el ciego está mendigando, -no es autónomo, esta a merced de la ayuda que otros quieran prestarle-, los discípulos tampoco son autónomos, dependen de la ideología dominante, como hemos visto en los domingos anteriores. Los discípulos «están ciegos y son mendigos», pero cuando vean…se abrirá su horizonte y se caerán las dependencias.

Pero sigamos el evangelio en esta narración sencilla y fresca de un fuerte encuentro y de un seguimiento. El ciego está sentado y al percibir que pasa tanta gente, le extraña y pregunta. Le dijeron que era Jesús el de Nazaret. Algo le bulle por dentro, – quizás su infancia cuando tenía el regalo maravilloso de ver, quizás su dignidad pisoteada en la mendicidad,- que grita con todas sus fuerzas un grito profético: Hijo de David, Jesús, ten piedad de mí. ¿No es sencillamente grande que un ciego mendigo proclame Mesías a Jesús ya cerca de Jerusalén?

48 Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: « ¡Hijo de David, ten compasión de mí!»

Muchos son los que le desaconsejan, incluso le gritan para que no se acerque a Jesús, porque la adhesión de un desarrapado podría estropear el ingreso triunfal del hijo de David. Al igual que el padre del niño epiléptico (9,24) el ciego muestra al mismo tiempo fe y falta de fe y pide la ayuda de Jesús. Esta es la petición que necesitan todos los discípulos de todos los tiempos.

49-50 Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle.» Llaman al ciego, diciéndole: « ¡Animo, levántate! Te llama.» Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús.

Jesús atiende inmediatamente la súplica del ciego, y por medio de los presentes lo llama. Cuando Jesús interviene, la gente cambia de parecer, y le dan animo. El gesto de arrojar el manto es revelador. Lo deja todo, «desnudo de equipaje» sale corriendo detrás de Jesús.
El «manto» puede haber sido la ropa, pero más probablemente sería la tela que se extendía para recoger las limosnas. O sea, que deja su abrigo y su «lugar de trabajo».

51-52 Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: « Qué quieres que te haga?» El ciego le dijo: «Rabbuní, ¡que vea!» Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado.» Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.

La pregunta de Jesús: « ¿Qué quieres que te haga?» es la misma que hizo a los Zebedeos (10,36). Marcos muestra así de nuevo que el ciego representa a los discípulos. El ciego sabe lo que quiere: recobrar la vista. Ya no llama a Jesús «hijo de David», lo llama Rabbuni (mi señor), titulo que se daba a Dios mismo: ha reconocido en Jesús al Hombre-Dios.
Las palabras de Jesús tu fe te ha salvado, son las que dijo a la mujer con flujos (5,34) y señalan la comunicación del Espíritu, respuesta de Jesús a la adhesión que le ha manifestado el ciego

3. PREGUNTAS… PARA VIVIR HOY EL EVANGELIO

1. Un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino.

Hay mucha gente sentada al borde del camino. Mucha gente excluida, tanto de los bienes materiales como los del espíritu. Noticias como la del premio Nóbel de la paz de este año nos alegran cantidad.

Muhammad Yunus creó hace 30 años los microcréditos concedidos por su propio banco, en el que los clientes son considerados «socios». A muchos les pareció una quimera la idea de este economista, pero hoy está extendida en 130 países y millones de personas han logrado salir de la pobreza gracias a esta herramienta. Nadie se ha hecho rico, ni siquiera Yunus, pero con pocas excepciones las mujeres de Bangladesh que han recibido microcréditos no sólo han logrado salir de la cruel pobreza que azota este país de 147 millones de habitantes, sino que han visto como sus vidas, y las de sus hijos, han sido imbuidas de esperanza y dignidad.

Concede préstamos a gente pobre sin garantías; basándose exclusivamente en el respeto y la confianza, no en contratos firmados. Y lo extraordinario es que a lo largo de los 30 años desde que creó desde la nada un banco que ahora tiene 20.000 empleados y que ha generado 18 empresas más (una de ellas, la operadora de teléfonos móviles más grande del sur de Asia), el porcentaje de incum-plimiento en los préstamos ha sido inferior al 1,5 %.

• ¿No es para alegrarse y sentir sana envidia de este buen hombre?

2. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: << ¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!>>

Se dice que Francisco de Asís dictó su cántico al sol cuando ya estaba ciego. Y que Juan de la Cruz dictó su «Cántico espiritual» -hablando de «montes y riberas», de «bosques y espesuras», de «flores y verduras»- después de pasarse meses encerrado en una prisión sin luz.

El anhelo de ver, de vivir, de amar, puede romper la muralla de la habitual ceguera, de la rutina cotidiana, del egoísmo que nos corroe. Todos somos ciegos, pero todos podemos hallar la luz para caminar. Tan solo hay gritar, desear, buscar. El evangelio no será nunca acogido por los que creen ver, sino por los que se saben ciegos, paralíticos, leprosos…. Es la gran lección del Evangelio

• ¿El tedio y la apatía nos dejan anclados?
• ¿Nos creemos salvados y sin necesidad de pedir ayuda, de cambiar de vida, solo por seguir algunas prácticas religiosas?
• ¿Rezo con frecuencia esta oración tan sencilla como real?

3. Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más.

No ve pero tiene oído y voz. Con lo que tiene a mano, actúa. Hay mucha gente que vive quejándose por lo que no tiene. La pobreza de medios no debe anular el deseo, la búsqueda. Es preciso anhelar la salvación, desearla, para acogerla. Es el ejemplo del ciego Bartimeo.
Gritar, -aunque los que nos rodean nos exhorten a callar- para romper y superar las murallas que nos rodean.

La primera muralla la tenemos en nuestro corazón cansado y pasota. Después encontraremos la de los demás, que nos madan callar para dejar las cosas como están. Molesta el grito, molesta el cambio.

Pero el ciego tiene reaños para gritar más.
Es el tesón, el no dejar que los comentarios de los demás le influyan hasta hacerle desistir. La perseverancia en la lucha a pesar de los vientos en contra. Porque de nada sirve continuar «sentado al borde del camino». La salvación que Dios ofrece exige levantarse y caminar.

4. Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle.» Llaman al ciego, diciéndole: « ¡Animo, levántate! Te llama.» Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús.

Jesús no pasa de largo. Se detiene y llama. Con este gesto nos enseña el Maestro a hacer lo mismo ante tantos gritos, a veces casi hasta sin voz, que los excluidos de hoy nos lanzan. Es verdad que hay mucho por hacer, pero con la fuerza de la fe y la unión de todos podemos lograr que muchos vean, coman, tengan vivienda digna, trabajo etc. Lo primero es no pasar de largo sino detenerse, después vendrá la tarea común.

También nos enseña este evangelio lo que Jesús quiere que sea su COMUNIDAD. En un primer momento, la comitiva rechaza al ciego, se le manda callar. Se está en camino y la comunidad no puede detenerse, no puede acoger a uno que, a causa de su minusvalía, seguirá mal por el camino.
Jesús da el toque de alerta: cuidado de crear una élite de discípulos «perfectos» que rechacen o bien de plano o por el estilo de comunidad creada, a aquellos discípulos de lento caminar o con carencias. El maestro, a pesar de que la comitiva lo manda callar, detiene a la comunidad e incorpora a ella al que camina más lento.

5. ¿Qué quieres que te haga?» El ciego le dijo: «Rabbuní, ¡que vea!»

De la misma manera que a los hijos del Zebedeo, -como vimos la semana pasada- también Jesús pregunta al mendigo: «¿Qué quieres que haga por ti?» La respuesta es bien distinta en unos y otro. Mientras que los hermanos deseaban «sentarse» junto a Jesús, el ciego Bartimeo, cansado ya de estar sentado, desea recobrar la vista para poder seguir a Jesús. El contraste es grande. El ciego pasa a ser modelo para todo discípulo. Ya no está sentado «mirando sin ver». Acompaña a Jesús. Con El entrará en Jerusalén, y proclamará el Reino, desde la «sabiduría de la cruz».

Cuando se esta ciego el único que puede curar es Jesús. Estar ciego es no ver al hermano como un hermano. Es ambicionar el poder, acaparar. La insistencia de los evangelistas en esta cuestión indica que el deseo de dominar a los demás era una tentación no superada entre los primeros cristianos. Hoy también es actual este evangelio porque muchas veces el ejercicio de gobierno en la comunidad cristiana se ha confundido con el ejercicio del poder mundano.

El caso del ciego es un ejemplo para nosotros los actuales seguidores de Jesús: un hombre que ora con insistencia, con perseverancia, que invoca a pesar de las dificultades, que recibe ánimo, que sale al encuentro, ligero de equipaje, se deja interrogar, se deja abrir los ojos y sigue a Jesús en su camino.

La petición, «Jesús, Hijo de David, ten compasión de mi» ha traspasado la historia de veinte siglos cristianos. Debió de ser la súplica de muchos discípulos de las primeras comunidades que pedían «entender» cuando les tocaba a ellos acompañar a Jesús en la Pasión.

• ¿Puedes hacer una Historia de tu seguimiento a Jesús?
• ¿Qué alegrías y dificultades encuentras?¿Qué me enseña el ciego Bartimeo?
• Jesús también me dice: ¿qué quieres que haga por ti? ¿Que respondo?

Juan García. Parroquia San Pablo. HUELVA
http://www.escuchadelapalabra.com/

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