InicioRevista de prensaespiritualidad25 DE MARZO : DOMINGO 5º DE CUARESMA

25 DE MARZO : DOMINGO 5º DE CUARESMA

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Koinonía

5 de Cuaresma1.gifLecturas
Is 43, 16-21: Apagaré la sed de mi pueblo
Salmo 125: El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Flp 3,8-14: Por amor a Cristo acepté perderlo todo
Jn 8,1-11: El que no tenga pecado, tire la primera piedra
Análisis
El texto del discípulo de Isaías es característico de su teología. Se lo ha llamado con frecuencia el “profeta del nuevo éxodo” (35,6; 41,18ss) y el texto que comentamos lo muestra claramente.

Con la fórmula clásica del “enviado” (“así dice…”) comienza la unidad; como ocurre con mucha frecuencia Dios es presentado por lo que “hace”. La misma concluye en el v.21 ya que en v.22 comienza un nuevo oráculo de estilo muy diferente, con lo que el texto de la liturgia presenta claramente una unidad “redonda”. El estilo es hímnico, como se nota en los paralelismos (semejante a 40,22s; Sal 104,2ss; 136,5ss).

Es interesante que presenta una larga introducción (vv.16-17) sobre el pasado haciendo memoria de los acontecimientos del éxodo (Ex 13-14), pero con una serie de tiempos verbales que debemos tener presentes ya que se los dos primeros son participios (que traza, que hace salir), los dos segundos son imperfectos (se echarán, no se levantarán) y recién los dos últimos son imperfectos, y claramente pasados (se apagaron, se extinguieron), por lo que el marco principal es el presente que pone al lector “en medio” de los acontecimientos, con lo que recuerda a Israel que su fe no radica en los acontecimientos del pasado sino en Dios que “hace” esas cosas.

Lo llamativo es que después de toda esta introducción nos viene a decir en v. 18: “no se acuerden de las cosas pasadas” (no debe leerse como pregunta, como hacen algunas Biblias); las cosas “pasadas” son las del éxodo, como vemos en 41,22; 42,9; 43,9; 49,9; 48,3. ¿Por qué no recordar lo que acaba de poner en la memoria? La memoria (“¡recuerda!”) es fundamental en Israel (Sal 78), y por eso es importante la historia. Ciertamente porque lo que viene “es nuevo”, ya no estamos ante un río que se seca para que un pueblo pase, sino ante un desierto que se llena de agua para que el pueblo beba; lo nuevo es el camino en el desierto (35,8-10; 40,3-4), y el agua y la vegetación en ese lugar (35,6-7; 41,18-19). Es interesante recordar que el desierto es -para el tiempo del éxodo- un lugar terrible (“enorme y temible”, Dt 1,19; 8,15), allí Dios dio agua de la roca, y alimento del cielo; lo que ahora va a realizar -y realiza- es notablemente superior que hace empalidecer lo “antiguo”.

Los acontecimientos que narra nos recuerdan lo que nos dice que no debemos recordar, y ahora en imperfecto: es algo que “se está haciendo”. Entre la doble referencia al agua en el desierto, aparece una extraña imagen: los que glorifican a Dios son los animales del desierto, no el pueblo (aunque estos parecen ocupar su lugar, como es frecuente, por ejemplo en los sacrificios, y se confirma en el relato con la doble referencia “mi pueblo, mi elegido”). Es este pueblo el que contará las alabanzas de Yavé (ver 43,10; 44,8), y es presentado como el pueblo que “me modelé”, con lo que regresamos a las imágenes de creación, muy frecuentes en el discípulo de Isaías (ver 43,1.7).

Lo que quiere destacar el autor es que no hay que quedarse en los acontecimientos del pasado por más maravillosos que hayan sido; quedarse en los acontecimientos y no en Dios es una forma sutil de idolatría, lo que hay que recordar es a Dios que es quien las hizo, hace y hará. El éxodo es el acontecimiento arquetípico y por eso es modelo de acontecimientos nuevos, no es algo en lo que Dios se ha estancado en el pasado. La “sola memoria” puede ser peligrosa, no puede ser un permanecer “estancados”, no tiene valor si no va acompañada de la esperanza, si no prepara futuro.

El Salmo tiene una serie de elementos que nos recuerdan la primera lectura: con frecuencia ha sido leído entendiendo que hace referencia a los que vuelven del exilio en Babilonia, e incluso en el v.4 se habla de agua en el desierto y las grandes cosas que Dios hizo por su pueblo. El contexto parece semejante. El texto parece ser un canto de acción de gracias que termina con un pedido de que esos favores alcanzados lleguen a su plenitud. La estructura es evidente y podemos presentarla de esta manera:

v.1 Yavé cambió nuestra suerte + alegría exultante + profesión de fe

v.4 cambia Yavé nuestra suerte + lagrimas/alegría exultante + simbología campesina

La referencia a la intervención de Dios en el “cambio de suerte” con muchísima frecuencia alude al regreso del destierro (Dt 30,3; Jer 29,14; 30,3.18; 31,23; 32,44; 33,7.11.26), aunque otros textos aluden a otras situaciones, no es improbable que se refiera a esto, aunque también puede hacer referencia a la restauración de Jerusalén. Ciertamente una u otra situación eran un sueño para todo el pueblo, y verlas realizadas les parece mantenerse en esa “somnolencia”.

Los juegos de contrastes refuerzan la imagen y el paso de la tristeza a la alegría (semejante al paso del creer soñar al descubrir que la buena noticia es real): el desierto y el agua recuerdan el éxodo, una de las “grandes cosas” (recordar Is 35,1.6-7; 41,18; 43,19-20; 48,21), y la siembra y la cosecha (especialmente la siembra de los pobres que debe hacer el esfuerzo de comer poco para sembrar más) vistas como “ir con llanto” y “volver con risas”. Ciertamente en ambos elementos se hace presente el camino de los desterrados, el pueblo puede “reconstruirse”, especialmente porque zr‘, semilla también es semen (Jer 31,27; Os 2,25; Lev 12,2; Is 65,9) con lo que la esperanza tiene motivos.

La carta a los Filipenses presenta un problema con respecto a la unidad de su composición. No sólo porque Ignacio de Antioquía en su carta a los filipenses (3,2) les habla de “las cartas que Pablo les escribió”, sino porque el mismo dice “volver a escribirles las mismas cosas (?) no me es molestia” (3,1b). Pablo no les había escrito que nosotros sepamos. Dado que muchos han pensado (quizá por no poder aceptar que si esas cartas existieron podrían estar perdidas) que muchas de esas cartas “perdidas” se encuentran en los “pliegues” de la misma carta, veamos brevemente esto: la frase “alégrense en el Señor” (3,1a) parece dar un tema por terminado, y sin embargo comienza abruptamente una apología de Pablo que aparentemente no tenía sentido por el tono de la carta; 4,2-3 tiene apariencia de conclusión y saludo y en 4,4 retoma “estén siempre alegres en el Señor, se los repito”.

Por eso muchos han pensado que 3,1b-4,3 representan una breve esquela separada que Pablo les envía alertado por algunos peligros que se han introducido en la comunidad, y que al reunirse el “corpus” de las cartas paulinas se introdujo en el medio de la carta “para que no se perdiera”. Sea como fuere, lo que aquí nos interesa es que 3,1b-4,3 parece una unidad (ya literaria, ya cronológica) alertando sobre los peligros en la comunidad preferida de Pablo (“mi gozo y mi corona”, 4,1). El texto de la segunda lectura de hoy pertenece a una parte de esta “carta 2″ o “paréntesis apologético”.

Dentro de esta unidad, Pablo pone en estado de alerta a los filipenses poniéndose él mismo como ejemplo (vv.2-17), y criticando abiertamente la posición de los adversarios (vv.18-21). Dendro de la primera unidad, una primera parte (vv.2-3) alerta sobre los adversarios, que parecen judeo-cristianos que quieren insistir en la circuncisión y las leyes judías insistiendo que los cristianos que provienen del mundo pagano deben hacerse primero judíos para poder gozar der las bendiciones de Dios. Pablo se presenta a sí mismo (de vv.4 a 14 se usa la 1ª persona del singular) como verdadero judío fiel (vv.4-7) y desvaloriza todo eso que había vivido porque Cristo Jesús da plenitud a todo lo pasado (vv.8-14) y relaciona -como al principio- esto con los discípulos (1ª persona del plural, vv.15-17) que deben imitar a Pablo. Este es el contexto del párrafo que ahora debemos comentar brevemente:

Lo que ha cambiado a Pablo dando un nuevo enfoque a su vida es el “conocimiento de Cristo Jesús”.

Es cierto que otro “conocimiento” puede ser inútil o hasta perverso, pero si de conocimiento de Cristo se trata, ese llegará a su plenitud al final de los tiempos donde “conoceré, como soy conocido (por Dios)”, 1 Cor 13,12. Todo es “a causa de Cristo” (v.7). La esperanza judía en el mesías era ciertamente futura, pero Pablo es consciente que ya ha conocido. Sin embargo, todas las esperanzas de Israel, que tan bien quedan expresadas en Rom 9,4-5 no han “conocido” y han quedado al margen. Esto es, para Pablo, un motivo de gran dolor, como lo manifiesta especialmente (9,3). Pero para Pablo, todo lo que preparaba la llegada de Cristo, ya no tiene sentido, como el pedagogo (Gal 3,24-25) no tiene sentido una vez que el niño ha llegado a la escuela a la cual él lo llevaba. Es importante notar como Pablo empieza a poner los cimientos para una marcada separación entre Israel y la Iglesia, todo lo anterior, en comparación con Cristo es nada menos que estiércol.

El lenguaje que Pablo destaca es económico “pérdida – ganancia” pero sobre todo deportivo. Pablo pretende (notar la semejanza con el lenguaje de 1 Cor 13 que acabamos de mencionar): “ganar a Cristo y ser encontrado por él”. Las imágenes deportivas no son extrañas a Pablo (1 Cor 9,24-27; 2 Cor 4,8-9), y le sirven a Pablo como un ejemplo más para destacar algo que ya ha comenzado pero aún no ha concluido. Sin embargo, Pablo no pretende quelas imágenes sean suficientes, él no corre con sus propias fuerzas, no espera llegar con su “justicia”, no lo ha alcanzado sino que fue él mismo alcanzado por Cristo . Aunque más “al pasar” que en Gálatas y Romanos, queda planteado el tema de la fe y las obras. Pablo sabe que colabora con la obra de Dios, pero sabe que no son sus fuerzas las que le permiten alcanzar la meta (notar esto tan característico de Pablo: conocer – ser conocido, ganar – ser hallado, alcanzar – ser alcanzado). La justificación -la meta- sólo puede venir de la iniciativa de Dios, no por la ley sino por la fe.

Notemos dos cosas más: los adversarios de Pablo parecen creer “haber llegado ya a la meta”, por eso el apóstol insiste tan vehementemente en que todavía no ha llegado, que sigue en carrera. Por otra parte, los adversarios parecen rechazar la imagen que da Pablo (esto ocurre en otros textos, particularmente en la gran apología de 2 Cor 10-12), parece que la “debilidad” la “comunión en sus padecimientos” causa rechazo. Pablo, sabe ver en su propia persona alguien que puede ser imitado, pero no por su “confianza en sus capacidades” sino por su confianza en la cruz, cruz que se manifiesta en sus incapacidades.

Sólo haciéndonos semejantes a él en la muerte podremos participar de su resurrección, con lo que alcanzaremos la meta. En realidad, ambas cosas son una misma mirada: estar en camino es participar de la cruz, creer que ya hemos llegado a la meta es creer que ya hemos resucitado. Esta sensación de “haber llegado” es lo que adormece la vida creyente, adormece la colaboración con la que Dios cuenta en su gracia para anunciar el evangelio a los hermanos. Porque pone su confianza en Dios y no en sus fuerzas, Pablo es un modelo creíble (v.17), la gracia actúa en él y se derrama -por su intermedio- a toda la querida comunidad de Filipos. Los adversarios, confiando en sus propias fuerzas, y creyendo haber llegado a la meta, terminan siendo “enemigos de la cruz de Cristo” (v.18), la misma cruz que Pablo lleva en su vida.

El Evangelio de hoy es un texto ligeramente complicado. Veamos algunos elementos aislados antes de introducirnos en lo fundamental.

Para comenzar, el texto no se encontraba originalmente en el Evangelio de Juan, sino que circuló “aislado”. De hecho el vocabulario, el estilo y algunos temas no son propios de Juan, y son más semejantes a Lucas. No es improbable que -para que no se perdiera- haya terminado donde ahora lo tenemos por la idea del juicio, de que Jesús no vino a condenar, que se desarrollan en Jn 7-8. Es posible que el texto no fuera incorporado en los primeros tiempos y anduviera errante debido a una posición muy rígida de la Iglesia frente al adulterio (ver 1 Cor 6,9s; Hb 13,4; 2 Pe 2,14; Mt 19,19 y Lc 16,18) que acá parece mitigada. Jesús es dador de perdón gratuito de parte de Dios.

Al recibir un texto aislado, hay muchas cosas que nos quedan “en el aire” y no las comprendemos ni tenemos forma de descubrirlas, por ejemplo: ¿dónde está el amante con el que fue “sorprendida” la mujer?; ¿dónde está el marido?; todo parece indicar que la mujer era casada, pero puede haber sido “comprometida”; ¿cuál es la “trampa” que le ponen a Jesús?; ¿por qué llevan la mujer a Jesús (no es una discusión de escuelas lo que se plantea, como otras veces)?; ¿qué escribe o que significa que Jesús escriba en tierra?; ¿Jesús debe intervenir en la sanción o esta ya fue decidida por el Sanedrín?; ¿el marido -en connivencia con escribas y fariseos- prepara una trampa a la mujer?; ¿Jesús rechaza que alguien pueda ser juez de otro por el hecho de ser aquel un pecador?; ¿la lectura es simbólica, legendaria o histórica? ¿los judíos podían aplicar pena de muerte?… las preguntas podrían multiplicarse, pero muchas respuestas sólo quedan en el terreno de las hipótesis. Veamos algunos elementos del relato y avancemos un poco en su interpretación.

El relato comienza en 7,53, donde “cada uno va a su casa y Jesús -como es claro en Lc 21,37- va al Monte de los Olivos. La presencia en el Templo es coherente con los últimos días de Jesús (Lc 21,1.37; 22,1.53), y va al amanecer (orthrou sólo lo encontramos en Lc y Hch, ver Lc 21,38).

La mujer que le es presentada es una mujer casada o comprometida ya que no se consideraba adulterio que un casado fuera con una mujer soltera; la mujer es propiedad del esposo, pero el esposo puede moverse con libertad. Una duda es si era casada o “comprometida” ya que la Mishna establece estrangulamiento para la casada adúltera y apedreamiento para la comprometida; pero no parece que las leyes de la Mishna se aplicaran ya en el NT, sino más tarde. La ley habla de apedrear (Lv 20,10 no aclara el tipo de muerte; Dt 22,21 manda apedrear a la comprometida; pero por Ez 16,38-40 sabemos que se aplicaba la lapidación).

No sabemos con certeza si los romanos impiden a los judíos aplicar la pena de muerte o no; una tradición en sentido negativo se ve en Jn 18,31; en sentido positivo, en 8,59 y Lc 4,29; las opiniones de los estudiosos no son unánimes; parece que en algunos momentos y para algunos temas los judíos podían aplicarla y no en otros. La trampa podría ser, si Jesús dijera que debe ser apedreada, estaría violando una prohibición romana, si dijera que no, violaría un mandato de la ley de Moisés. Sin embargo, es más probable que la trampa fuera: o no es obediente a la ley, o no es tan misericordioso como dice. El esquema, de todos modos, es semejante al de la moneda del impuesto al César (Mc 12,13-17p).

La pregunta por la escritura de Jesús es complicada. Lo más simple es pensar que su actitud es de desentenderse de una trampa que quieren aplicarle, pero algunos -es la lectura más común dentro de las diversas lecturas simbólicas- creen que Jesús escribe el texto de Jer 17,13: “Esperanza de Israel, Yavé: todos los que te abandonan serán avergonzados, y los que se apartan de ti, en la tierra serán escritos, por haber abandonado el manantial de aguas vivas, Yavé”. Otros piensan que la insistencia en “inclinar” (vv.6.8) e “incorporarse” (vv.7.10) alude simbólicamente a Jesús que se inclina hacia nuestra naturaleza caída por el pecado para levantarnos, pero no parece que se haga referencia a eso, además se inclina para escribir, no sobre la mujer. Muchas de estas lecturas, por ingeniosas, olvidan que Jesús escribe dos veces, por lo que difícilmente se aluda a un texto particular. Personalmente nos parece que un signo de no querer inmiscuirse en una trampa, con una ligera desatención es la lectura más simple.

Cuando alguien es acusado a muerte, los testigos son responsables de la primera piedra, con lo que quedan comprometidos con esa muerte (Lv 24,10-16;: Dt 17,2-7); es una nueva manera de garantizar que el testimonio sea verdadero y no cargar con una sangre inocente en la espalda cuyo clamor sería escuchado por Dios…

La frase “el que no tenga pecados…” se puede prestar a malos entendidos, como por ejemplo rechazar cualquier capacidad judicial, o ser libertinos con cualquier tipo de pecados. Hay que notar que, sea cual fuera la situación, la mujer no está allí porque preocupe su pecado, sino que ella es una excusa para poner una trampa a Jesús. La mujer no interesa. Una vez que Jesús se queda a solas con la mujer, ahora sí se dedica a ella; hasta ahora Jesús estaba cara a cara con los acusadores. Que la mujer es culpable no cabe duda, y no es tema en cuestión (no hay una sospecha de falso testimonio, como es el caso de Susana, en Dn 13), Jesús mismo sabe que ha pecado y la invita a no repetir el pecado. Pero Jesús, frente a la mujer, no toca el tema de su culpa o no, sino de la acusación, suyo sentido ha caído al no quedar nadie que la sostenga.

La ausencia de acusadores hace que se levante la sesión, Jesús no la condena, pero invita a la mujer a que “no vuelva a pecar”. La mujer estaba preparada -al menos narrativamente- para la muerte, pero Jesús la despide viva. Propiamente, Jesús no la perdona, pero no la condena, que es lo que estaba en juego en el relato, él vino a salvar, no a condenar. Es notable cómo Jesús encarna la actitud de rechazo al pecado y amor al pecador. Esto fue magistralmente expresado por Agustín que dice, cuando quedan solos Jesús y la mujer: “sólo quedaron dos, la miserable y la misericordia”.

Comentario

Como no conocemos el contexto de este relato, que es añadido al Evangelio, no sabemos las razones por las cuales a Jesús quieren “ponerle una trampa”. Pero dada la semejanza con los acontecimientos del final de la vida de Jesús, según nos cuentan los Sinópticos, podemos pensar que el drama ya se ha desencadenado y se pretende por todos los medios encontrar argumentos para un juicio que ya está decidido. En ese sentido, el texto es semejante al de la moneda del impuesto al César. Tampoco es fácil saber exactamente cuál es la trampa, pero parece ser ponerlo en la disyuntiva entre ser fiel a la ley de Moisés, y consentir en que la adúltera sea apedreada, con lo que su insistencia en la misericordia se revela “hipócrita”, o insistir en la misericordia con lo que se manifiesta como infiel a lo mandado por Moisés.

A Jesús no van a buscarlo porque confíen en su buen criterio o porque reconozcan autoridad a su palabra, o porque él pueda decidir la suerte de la mujer. En realidad, en este drama ni Jesús ni la mujer son importantes. Ambos son rechazados por los escribas y fariseos. Jesús, porque buscan atraparlo, la mujer porque es una simple excusa para ese objetivo. Por eso, porque su palabra en realidad no importa es que el Señor se inclina para escribir en tierra. Manifiesta su desinterés por la cuestión, como ellos también la manifiestan.

Somos tan prontos a juzgar y condenar, nosotros los hombres. ¡Es tan fácil en este caso! Nada menos que una adúltera, descubierta en plena infidelidad. Hay que aplicarle el rigor de la ley: ¡debe ser apedreada! De paso, veremos cuánto de fiel a la ley es Jesús. La actitud del Señor no parece ser muy atenta; casi, hasta parece indiferente … Juzgar y condenar, en nuestras actitudes, muchas veces van de la mano, se le parecen. Los hombres ya condenaron, falta que hable Jesús, para condenarlo también a él.

¿Sexo? ¡Horror! Para tantos, todavía sigue siendo el más grave y horroroso de los pecados. Es cierto que muchas veces nos hemos ido al otro extremo, y no hablamos ya del tema, pero cuántas veces nos encontramos con actitudes o comentarios que parecen que el único pecado existente es el pecado sexual. La envidia, la ambición, la falta de solidaridad, la injusticia, la soberbia, y tantos otros, parecen no existir en la “lista”. El sexo es «el» pecado. Esa es, también, la actitud de los acusadores de la mujer: fue descubierta en pleno pecado, ¡debe ser apedreada! «-Muy bien, el que no tenga pecado, tire la primera piedra». Y, casualmente, los primeros en retirarse son los ancianos, los que ya no tienen «ese» pecado. Muchos pecados hay, no uno, pero nosotros juzgamos, ¡y hasta condenamos!

Sería casi sin sentido hacer una lista de todos los pecados de nuestro presente; sería sin sentido porque sería interminable: basta con leer casi cada página de los diarios… ¿Quién considera pecado sus opciones políticas que miran sus intereses y no lo que mejor beneficie la causa de los pobres? ¿Quién considera pecado su falta de solidaridad con los marginados de su mismo barrio o región? ¿Quién considera pecado su «no te entrometas», o su falta de compromiso político para que los pecados desaparezcan?… Y, en esa misma línea: ¿quién no considera un pecado atroz y gravísimo a una madre soltera, o todo lo relacionado con el sexo?, ¿quién no considera verdaderamente intolerable toda cercanía siquiera con prostitutas…? Este, que hoy leemos, fue el texto comentado por monseñor Romero en su célebre última homilía: “No encuentro figura más hermosa de Jesús salvando la dignidad humana, que este Jesús que no tiene pecado frente a frente con una mujer adúltera… Fortaleza pero ternura: la dignidad humana ante todo… A Jesús no le importaban (los) detalles legalistas… Él ama, ha venido precisamente para salvar a los pecadores… convertirla es mucho mejor que apedrearla, ordenarla y salvarla es mucho mejor que condenarla… Las fuentes (del) pecado social (están) en el corazón del hombre… nadie quiere echarse la culpa y todos son responsables… de la ola de crímenes y violencia… la salvación comienza arrancando del pecado a cada hombre.» «-No peques más».

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 76 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. LÓPEZ VIGIL, titulado «La primera piedra». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí:
http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1400076
Puede ser escuchado aquí:

Para la revisión de vida
– ¿Cómo va mi esperanza? ¿Qué es lo que yo realmente más valoro?

Para la reunión de grupo– Si quiero ser boxeador me preocupo por mis músculos; si cambio de esperanza y decido ser mestro de escuela, ya no me preocuparán mis músculos, sino mi buena o mala letra… Es decir: valoramos nuestro presente en función de nuestra esperanza. Según eso, a la luz de lo que ocupa y preocupa a la sociedad de hoy, ¿cuál es su esperanza?
– “Consolad a mi pueblo”. ¿Necesita hoy el Pueblo ser consolado? ¿Qué Pueblo? ¿Por qué? ¿En qué? ¿Cómo se le puede consolar?
– Se dice que hace unos años los cristianos buscaban libros religiosos para alimentar su “compromiso”, mientras que ahora leen “para tranquilizarse, para aumentar su autoestima…”. ¿Es cierto este cambio? ¿A qué se debe esta apreciación? ¿Es bueno o es malo el fenómeno?

Para la oración de los fieles
– Responderemos: “Despierta, Señor, nuestra solidaridad y nuestra esperanza”
– Para que tengamos entrañas de misericordia ante todos los que sufren…
– Para que sintamos como en la propia carne las alegrías y tristezas de los hombres y mujeres que nos rodean…
– Para que seamos especialmente sensibles al dolor y el sufrimento de los más pobres…
– Para que nuestra vida sea “consuelo” de todos los que se crucen con nosotros en el camino de la vida…
– Para que tengamos claros nuestros valores y nuestras opciones fundamentales según el evangelio…

Oración comunitaria
Oremos. Haz Señor que en medio de los tiempos que vivimos, que no los sentimos tanto como una época de cambios cuanto como un cambio de época, nuestos corazones estén firmes en las grandes Causas y Opciones que nos orientan, para que entre las dudas y las sombras, siempre encuentren “aquella Paz” que consuela con consuelos inefables. Nosotros te lo pedimos inspirados en Jesús, nuestro hermano mayor, Transparencia tuya.

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