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¿Para cuándo una mujer sacerdote? -- Carmen Bellver

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Religión Digital

La verdad es que no tenía previsto tocar este tema. Pero el blog vecino de Espada de doble filo, tiene pendiente una respuesta a la pregunta ¿por qué no es posible el sacerdocio a la mujer?. Y yo añadiría ¿por qué no es posible que sean obispos, cardenales o Papa?. Existe una tradición cultural de dos mil años basada en una sociedad patriarcal. Pero todos sabemos de otros tipos de culturas con sociedades matriarcales.

Y también reconocemos en la actualidad que la paridad de cargos, es un intento de equiparar a la mujer a posiciones reservadas exclusivamente a los hombres. La igualdad de oportunidades para todos nos ha llevado a una sociedad donde tanto el hombre como la mujer pueden acceder a cualquier profesión o cargo. Aunque los datos se empecinen en reservar los puestos de subordinación a la mujer.

Este tema entra de lleno en la ideología de género y mezcla sentimientos muy contrapuestos. A mi juicio la mujer tiene que sacar partido de su feminidad porque ello es un don. Ser madre es algo especial, dar vida, cobijar a un hijo en tu interior. Todo ello no se puede equiparar a la paternidad, se vive de diferente modo, porque ambos sexos son diferentes. Tienen funciones diferentes. Otra cosa es que en el ámbito laboral la mujer esté tan preparada como el varón, incluso si me apuran mejor preparada. Pero tiene en su contra toda una serie de prejuicios que le impiden ganar igual salario en razón del mismo puesto de trabajo, o sacrificar su maternidad para alcanzar un status social, mientras que ese mismo sacrificio no se le pide al varón.

El hecho de que ambos salgan a trabajar, ha cambiado la mentalidad y hoy es fácil que el hombre vaya al supermercado, que ayude en las tareas del hogar. Incluso algunos saben poner la lavadora. Algo impensable cuando la sociedad educaba a la mujer para ser “ama de casa”, un papel extraordinario que suponía muchas ventajas para el varón y la familia, pero pocas satisfacciones para la mujer, que vivía a la sombra de su cónyuge. Mucho ha cambiado el panorama para que ahora sea posible el permiso de paternidad y maternidad, aunque todavía quede camino para que un hombre consiga desenvolverse con la misma soltura que una mujer en la tareas domésticas.

El caso es que la familia ha cambiado adecuándose a los nuevos tiempos. Pero la Iglesia se ha quedado con una estructura que padece cierta esclerosis en cuanto a la igualdad con la mujer. Cuando hoy en día hay muchas religiosas y laicas con suficiente formación para alcanzar responsabilidades hasta ahora reservadas al varón. El tema se las trae, porque es evidente que la mujer queda sometida a su confesor, no a su confesora. A su obispo, no a su obispa, a su Papa no a su Papisa. Y aquí todos empiezan a temblar, a sacar de la manga razones teológicas que no se sostienen en pie. Hay que reconocer que la Iglesia no es una organización donde impere la igualdad de derechos y deberes. De la misma manera que hay que asumir que no es una democracia aunque existan órganos colegiados, en los que se evidencia la ausencia de la mujer.

Lo curioso es que las Iglesias están más llenas de mujeres que de hombres, que en las labores de colaboración en la parroquia hay más voluntarias que voluntarios. Que detrás de un sacerdote siempre hay una mujer ocupándose de sus cuestiones domésticas. Que las residencias de sacerdotes retirados están regidas por religiosas. Podríamos ir aumentando los ejemplos. Es paradójico que existan muchos comunicadores sacerdotes a los que nadie pone en tela de juicio su vocación, mientras que aquí en religión digital un blog ha puesto en la picota a la hermana Virtudes Parra por opinar sobre un libro religioso. Los comentarios al respecto han llegado a rozar lo personal. Hasta insinuar que una monja está para rezar y confeccionar dulces, no para pensar ni debatir en público. Como dando por hecho que eso es cosa de eclesiásticos, a quienes por supuesto no reprochan que olviden sus rezos.
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Se puede ser periodista y sacerdote, pero ¡cuidado, no eres una buena religiosa si además tienes una ocupación intelectual!. Ocuparse de un blog está bien si detrás hay un varón, si es una mujer, la casa estará desatendida, será una ociosa. Si es religiosa, olvidará sus rezos y se contaminará del mundo. Es decir, hay todavía en algunos sitios, un profundo prejuicio hacia la mujer en general y en particular hacia las religiosas.

Pues mira por donde pongo ahora la cuestión del sacerdocio, aunque no va conmigo. Pero sí existen mujeres y hombres que se preguntan por qué esa discriminación. Parece que es propio de protestantes desear que las órdenes sagradas no se reserven exclusivamente al varón. Cuando lo propio de una sociedad moderna, es que se ofrecieran en razón de su preparación y vocación, una vez probadas ambas cosas. Y no hacerlo supone un anacronismo que pasará factura en el futuro.

Somos mayoría en muchas profesiones. Algunas tienen una formación superior a quienes deben obediencia. Y sólo la fuerza del Espíritu Santo hace posible que sigan saliendo vocaciones a la vida consagrada, en una sociedad donde la libertad y el individualismo es la moneda corriente. Se pongan ustedes como se pongan, la mujer ha conseguido a pulso cada una de sus reivindicaciones. En la estación lunar han convivido meses con varones astronautas, ahora queda pendiente el Vaticano y o mucho me equivoco o este tema será recurrente en los próximos años.

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