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¿Cómo ser discípulos?… -- Gabriel Sánchez (Montevideo-Uruguay)

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QUINCE PUNTOS EN LA BUSQUEDA DE UNA ESPIRITUALIDAD LIBERADORA
(Pbro. Ronal Vargas Araya, 31 de mayo, Pentecostés de 2009)
1. A muchos agentes de pastoral (obispos, sacerdotes, religiosos(as) y laicos) nos cuesta establecer el vínculo entre nuestra práctica de fe y nuestra práctica social y política, sobre todo por la influencia dominante de una teología muy conservadora, empeñada más en buscar la salvación personal que en hacer del mundo el Reino de Dios;

es la llamada teología salvacionista, que está alejada de la práctica de Jesús y del Evangelio mismo; a esto sumamos toda la corriente individualista de la ideología capitalista que enfatiza la dedicación total a conseguir bienestar personal por encima del bienestar colectivo, dando riendas sueltas al ego… Su tesis es: “Si soy bendecido, tengo prosperidad (material) y bienestar (familiar)”.

2. El papa Juan Pablo II afirmaba que “son muchas en nuestro tiempo las necesidades que interpelan la sensibilidad cristiana. Nuestro mundo empieza el nuevo milenio cargado de contradicciones, de un crecimiento económico, cultural y tecnológico que ofrece a pocos afortunados grandes posibilidades, dejando no solo a millones y millones de personas al margen del progreso, sino a vivir en condiciones de vida muy por debajo del mínimo requerido para la dignidad humana. ¿Cómo es posible, que en nuestro tiempo, haya todavía quien se muere de hambre, quién esté condenado al analfabetismo, quien carece de la asistencia médica mas elemental, quien no tiene techo donde cobijarse?”

3. Nuestra pregunta como creyentes con una espiritualidad “no infantil” debería ser: ¿Cuáles son los desafíos para mi fe desde la perspectiva de Dios? ¿Cómo mira Dios estas situaciones? El capítulo 3 del libro del Éxodo nos ayuda a comprender esta situación, pues nos presenta un Dios que ante Moisés se autodefine por el otro, y por el otro sufriente:

6 «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.» Moisés se cubrió el rostro, porque temía ver a Dios.
7 Dijo Yahveh: «Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he escuchado su clamor en presencia de sus opresores; pues ya conozco sus sufrimientos.

8 He bajado para librarle de la mano de los egipcios y para subirle de esta tierra a una tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los perizitas, de los jivitas y de los jebuseos.

9 Así pues, el clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto además la opresión con que los egipcios los oprimen.

4. ¿Cómo es la mirada divina?: Dios tiene una mirada atenta para percibir y descubrir lo que sucede en el entorno. Una mirada acompañada de la escucha, para que sea más completa la percepción, a fin de evitar distorsiones y equivocaciones en los juicios. Esta mirada siempre está acompañada de amor. El conoce los sufrimientos, sólo el que ama puede dolerse del sufrimiento y penetrar en lo profundo del dolor. Dios tiene una mirada comprometida, que no es la simple curiosidad o el saber por el saber, sino asumir la suerte del otro. Tiene una mirada política, tiene la decisión de cambiar lo que se ha visto como contrario a la dignidad y a la vida del otro.

5. También su hijo Jesús se conmueve con el dolor y busca como eliminarlo. (Lc 7, 11-16). Tiene una mirada compasiva y solidaria que invita y urge el compromiso (Lc 10,25-37). Una mirada personalizada y responsable. Jesús se detiene para darle la importancia al otro y da respuesta a su demanda, pasa del dicho al hecho (Lc 19,35-43). Una mirada que integra e incorpora a las personas a la vida, a la familia a la sociedad. Elimina su mendicidad y los hace dueños de sus vidas (Lc 18,35-42). He aquí el camino para una verdadera espiritualidad cristiana: mirar con los ojos de Dios.

6. Por eso, ante la cruda realidad de nuestro tiempo la espiritualidad del verdadero cristiano debe manifestarse, entre otras, en actitudes como la siguientes:
 Indignación ética ante la negación de la vida, provocada por el hambre, la desnudez, el irrespeto a los derechos humanos, el desconocimiento de la dignidad humana., por el menosprecio, el analfabetismo. Frustración por las situaciones de injusticia.

 Extrañeza ante lo que sucede, por no encontrar justificación a lo que provoca daño a la humanidad, ¿cómo es posible que esté sucediendo tal hecho tan deplorable en países que se llaman cristianos?
 Escucha de los clamores del oprimido, que son como un grito que lo escuchan sólo aquellos que son sensibles y no han endurecido su conciencia ante las peticiones del necesitado, ante el grito de la Vida.
 Rechazo de todo fatalismo, no aceptando como normales las cosas que no andan bien en la sociedad, ni como ley divina lo que es producto de injusticias humanas.
 Rebelión ante lo inhumano, como una protesta interior ante lo que no parece humano o anula la dignidad de las personas o de los pueblos.

7. El Papa Juan Pablo II a propósito nos dijo ya “es la hora de la nueva imaginación de la caridad, hoy quizá se requiere mayor creatividad”. También el documento de Aparecida nos dice que ya es hora de “imaginar y organizar nuevas formas de acercamiento a ellos para ayudarles a valorar el sentido de la vida sacramental, de la participación comunitaria y del compromiso ciudadano. Tenemos un alto porcentaje de católicos sin conciencia de su misión de ser sal y fermento en el mundo, con una identidad cristiana débil y vulnerable” (n.286). “En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros” (Juan 13,35). ”Si hemos contemplado el rostro de Cristo, nuestra programación pastoral debe inspirarse en el mandamiento nuevo que Jesús nos dejó, “la caridad de las obras corrobora la caridad de las palabras”.

8. El mismo Papa nos decía hace años que para descubrir “la concreta voluntad del Señor sobre nuestra vida son siempre indispensables la escucha pronta y dócil de la Palabra de Dios y de la Iglesia, la oración filial y constante, la referencia a una sabia y amorosa dirección espiritual, la percepción en la fe de los dones y talentos recibidos y al mismo tiempo de las diversas situaciones sociales e históricas en las que se está inmerso.”

9. La liberación que la Iglesia nos propone no sólo consiste en la liberación de la dependencia, esta debe comenzar por la libertad interior que cada uno debe recuperar de cara a los bienes y a sus poderes, eso sólo se logra guiados por un amor trascendente y por una disponibilidad efectiva de servicio, afirmaba con mucho acierto el también Papa Pablo VI.

10. El reciente documento de Aparecida al proponer la nueva espiritualidad del creyente latinoamericano parte de una constatación: “Nos preocupa una espiritualidad individualista” (n. 100 C). Y no es para menos, pues si aceptamos con Aparecida que “la experiencia bautismal es el punto de inicio de toda espiritualidad cristiana que se funda en la Trinidad” (n. 240), salirnos de ese misterio de amor trinitario y solidario que se manifiesta en la comunión hasta caer en el individualismo, es una terrible blasfemia al bautismo recibido.

11. Todos los grupos, movimientos y comunidades eclesiales “han de estar animados por una espiritualidad de comunión misionera: Sin este camino espiritual de poco servirían los instrumentos externos de la comunión. Se convertirían en medios sin alma, máscaras de comunión más que sus modos de expresión y crecimiento”. (n. 203)

12. Y ante los que desde su orgullo teológico o su fanatismo religioso desprecian la fe de los más sencillos por sus formas tan espontáneas de expresarse, reafirmamos con Aparecida que “no podemos devaluar la espiritualidad popular, o considerarla un modo secundario de la vida cristiana, porque sería olvidar el primado de la acción del Espíritu y la iniciativa gratuita del amor de Dios… Es una espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos, que, no por eso, es menos espiritual, sino que lo es de otra manera” (n. 263)

13. La pastoral que desde la iglesia se proponga en las zonas urbanas debe desarrollar un modelo de espiritualidad propio y directo, que “desarrolle una espiritualidad de la gratitud, de la misericordia, de la solidaridad fraterna, actitudes propias de quien ama desinteresadamente y sin pedir recompensa” (n. 517 C). Y ante el aumento de la migración de los pobres del interior del país hacia la ciudad y de las personas de países pobres hacia los países con mayor bienestar, el documento de Aparecida es claro al afirmar que “Considera indispensable el desarrollo de una mentalidad y una espiritualidad al servicio pastoral de los hermanos en movilidad” (n. 412).

14. ¿Y cómo ir haciendo camino en esta nueva espiritualidad liberadora? “Es necesario formar a los discípulos en una espiritualidad de la acción misionera, que se basa en la docilidad al impulso del Espíritu, a su potencia de vida que moviliza y transfigura todas las dimensiones de la existencia. No es una experiencia que se limita a los espacios privados de la devoción, sino que busca penetrarlo todo con su fuego y su vida” (n. 284). Ya el camino se ha comenzado. “Se constata que, en los últimos años, ha ido creciendo la espiritualidad de comunión y que, con diversas metodologías, se han hecho no pocos esfuerzos por llevar a los laicos a integrarse en pequeñas comunidades eclesiales, que van mostrando abundantes frutos. Para la Nueva Evangelización y para llegar a que los bautizados vivan como auténticos discípulos y misioneros de Cristo, tenemos un medio privilegiado en las pequeñas comunidades eclesiales” (n. 307).

15. Con el documento de Aparecida siempre abierto “Invocamos al Espíritu Santo para poder dar un testimonio de proximidad que entraña cercanía afectuosa, escucha, humildad, solidaridad, compasión, diálogo, reconciliación, compromiso con la justicia social y capacidad de compartir, como Jesús lo hizo (n.363)

¿COMO SER DISCIPULOS?…
…el ámbito de lo político aparece para los cristianos como ámbito para la santidad… Jon Sobrino

Montevideo, 16 de junio de 2009 – Gabriel Sánchez

Es francamente erróneo el intentar ser discípulos , aisladamente de los procesos históricos que vivimos en tanto personas dentro de un pueblo y de una época…ni con indiferencia ante el sufrimientos de miles, por hambre, expoliación, injusticia, abandono…el clamor de los oprimidos, no puede ni debe ser indiferente al discípulo de Jesús de Nazareth…(Gadium et Spes No1)

La com – pasión (es decir padecer junto con)…los oprimidos de este mundo, nos lleva por coherencia al compromiso por liberar de esas opresión a los hermanos que la sufren y al intentar descubrir y atacar sus causas, el compromiso, nos sitúa en la dimensión política que implica tanto la opresión como la liberación que se dan en el seno de nuestro tiempo y en nuestras sociedades…

Si guardamos coherencia con el anuncio del Evangelio…cuando por este más pequeño lo hiciste por mi lo hiciste… (Mt. 25,40), la lucha contra las causas de la marginación y de la opresión se trasformarán en praxis (Cfr. Lc. 6, 47-El que escuche mi palabra y la ponga en practica), necesariamente se enfrentara a la dimensión política de la opresión…las posibilidades ante esta situación es combatirlo o apoyarla, incluso si no hacemos nada, estamos apoyándola, porque se mantiene el status quo… Esto necesariamente nos exigirá respuestas con una dimensión política…por esto podemos decir que ser un discípulo hoy, optar por lo que Jesús opto, como todo lo que el hombre hace, tiene esa dimensión política, que es también económica y social…

El ausentarse de este proceso de compromiso con los oprimidos, el refugiarse en una espiritualidad evasora e individualista e incluso el poner más energía al culto que a esta otra praxis liberadora, nos saca del camino del discipulado en este primer fin de década del tercer milenio…

Tal vez nos ayude en la visualización de esta realidad el comprender que estamos obligados a hacer historia, ya que hagamos lo que hagamos, incluso si no hacemos nada estamos tomando partido por los oprimidos o por los opresores, el instalarse en la indiferencia, el embarcarse en una eclesíologia lejana del sufrimiento, fundamentalmente cultual, nos sitúa en una situación de ruptura con las verdaderas dinámicas Eucarísticas y Trinitarias…esto parece muy bien descrito en el Nº 14 de la Encíclica Dios es Amor, en donde se explica que la Eucaristía tiene una dimensión social…

Y no hay ninguna liberación posible de los oprimidos si una transformación sustancial, que haga los (nos) haga protagonistas de ese camino-proceso de liberación…que deberá ser creativo, incluyente, imaginativo y comprometido con todas las dimensiones del hombre…espiritual, económica, social y política…y afectiva…

Para lograr esto, la organización, la lucha social y política y la parcipación de todos en la toma de decisiones se vuelve vital…Es por esto que la comunidad eclesial de base o la pequeña comunidad se transforman en elementos necesario desde donde alimentar ese compromiso, desde donde sentirse enviado y confrontando la realidad cotidiana, con la Palabra de Dios, se logre “comunitariamente” descubrir los signos de los tiempos y la presencia de Dios mismo en ella impulsando determinados procesos, que para ser liberadores…como dijimos serán inclusivos, pero también son abiertos a lo nuevo…a lo sorprendente y a lo creativo…

En resumen seria imposible entendemos ser discípulos del Señor en nuestras realidades, sin un compromiso real con las transformaciones que este tiempo exige, para liberarnos todos los oprimidos e ir construyendo en Él, El Reino…en medio nuestro…

(Información rcibida de la Red Mundial de Comunidades Eclesiales de Base)

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