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El Pueblo Cubano y su Revolución, su experiencia en la lucha por la liberación nacional y la construcción del socialismo, ha sido siempre un referente para todos los que luchamos por la justicia social, la emancipación y la autodeterminación de los pueblos frente a la amenaza del imperialismo estadounidense.
No podemos repetir con el pueblo cubano lo que se cometió contra el pueblo haitiano en 1804. Este país fue solidario con los procesos de liberación nacional de América Latina, enviando soldados para ayudar a Simón Bolívar, Sucre, Frei Caneca, San Martín y Bernardo O’Higgins, y, sin embargo, fue víctima del bloqueo económico y naval de Napoleón Bonaparte.
Haití sufre las consecuencias de ese bloqueo criminal hasta el día de hoy. Mientras tanto, Estados Unidos les dio la espalda a sus hermanos y hermanas haitianos.
Desde el 3 de febrero de 1962, el pueblo y su revolución han sido víctimas de un bloqueo económico criminal. Iniciado por el presidente católico y demócrata John F. Kennedy y practicado por todos los presidentes del espectro republicano y demócrata.
Los mismos que fueron derrotados por campesinos en los pantanos y arrozales de Vietnam (1962-1975) y en el desierto afgano (2001-2022). Quienes asesinaron y encarcelaron a presidentes como Salvador Allende, Maurice Bisoph, Lubumba, Antonio Noriega, Omar Trujillo, Saddam Hussein, Anwar Gadafi y Nicolás Maduro, y depusieron a Jean-Bertrand Aristide.
Promovieron invasiones y golpes de estado, las dictaduras militares en el continente americano.
El problema del bloqueo surgió en 1960, tras el triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro y sus camaradas en la Sierra Maestra. Decidieron hacer lo que los gobiernos nacionalistas de Perón, Cárdenas y Vargas habían hecho en sus países: nacionalizar empresas estratégicas en manos extranjeras.
Como la reforma agraria, la nacionalización de las refinerías de petróleo, el cierre de casinos y burdeles, y la lucha contra la prostitución infantil y femenina, esto les devolvería la dignidad.
La Revolución se convirtió en un objetivo para los magnates y mafiosos estadounidenses que se beneficiaban del turismo sexual en la isla.
La acción de Kennedy empujó a la isla y a la revolución popular hacia el Pacto de Varsovia, haciéndola totalmente dependiente de los países de Europa del Este y de la Unión Soviética (1962-1991).
Incluso los dirigentes de esta organización vieron que desde 1985 algo andaba mal en la URSS y en los países del Consejo de Ayuda Económica Mutua.
No estaban preparados para el colapso del bloque del socialismo real.
Tuvieron que afrontar el llamado período especial (1991-1999), tras el colapso del bloque del que dependían. Esto los llevó a buscar alternativas como el turismo y la apertura a la iniciativa privada.
Durante estos 64 años, hemos seguido las medidas adoptadas por el gobierno de Estados Unidos como la Ley Torricelli (1992) de autoría del representante demócrata Robert Torricelli, de 74 años, y la Ley Helmans-Burton (1996).
Durante 64 años, tras ser derrotado por la población cubana en la invasión de Playa Girón por Bahía de Cochinos, el imperialismo estadounidense ha intentado aislar a Cuba del resto del mundo. Mediante un embargo económico inhumano, el gobierno estadounidense busca asfixiar al pueblo cubano, con el objetivo de derrotarlo por hambre y agotamiento.
Después de numerosos intentos de acabar con la revolución y el proceso socialista, la administración de Donald Trump está tratando de estrangular por la fuerza la revolución y entregar el control de La Habana a su aliado y leal secuaz, Marcos Rubio.
Eso convertiría a la isla en una base pretoriana gobernada desde Miami, ya que el republicano no entraría al Palacio ni pisaría la Plaza de la Revolución. Habrá resistencia popular ante cualquier invasión de territorio cubano.
Al igual que las innumerables invasiones fallidas desde el inicio de la administración Trump, esta busca invadir el país para desviar la atención del caso del depredador Jeffrey Epstein. Esto incluye a altos funcionarios de su propio gobierno e incluso al propio Marcos Rubio.
Estados Unidos acusa a Cuba de apoyar y promover el terrorismo. Sin embargo, los isleños siempre han combatido el terrorismo y sus prácticas, actuando incluso dentro del país agresor para denunciar y desmantelar células terroristas radicadas en territorio estadounidense.
Mientras el Tío Sam exporta guerras, noticias falsas, armas y narcóticos, Cuba exporta solidaridad, como médicos e ingenieros, para ayudar a países y poblaciones en situaciones socialmente vulnerables en el Sur Global.
Incluso los propios agresores, tras el huracán Katrina (2005) y los atentados a las Torres Gemelas (2001), ofrecieron ayuda y abrieron sus aeropuertos para acoger a los pasajeros que necesitaban entrar a EE.UU., demostrando que «hay que poner la otra mejilla».
Ante la decadencia del imperio, se intentó estrangularlo, obstaculizando la economía y la vida social del pueblo. En estas seis décadas, los daños causados ??por el bloqueo ascendieron a 170.677 millones de dólares, o 2,103 billones de dólares ajustados por la apreciación del oro.
Es imposible traducir en cifras el dolor y las privaciones que esta política criminal impone a las familias cubanas.
La isla carece de recursos minerales. Toda su energía proviene del exterior, principalmente del petróleo, que proviene de otras fuentes.
Con las políticas actuales de la administración Trump, los turistas europeos, canadienses y otros turistas internacionales tienen miedo de visitar el país por temor a que se les niegue la entrada en los consulados o aeropuertos de Estados Unidos.
Las empresas hacen lo mismo, tienen miedo de hacer negocios con la isla y ser rechazadas por el magnate.
El petróleo es parte de la vida cotidiana de las personas, ya que no existen centrales hidroeléctricas ni ríos caudalosos con cascadas para construirlas.
La dependencia del petróleo está presente en todo, desde la electricidad y el transporte hasta las fábricas, la agricultura, la educación y la atención sanitaria.
Aun con los avances de la revolución, el pueblo, los jóvenes que nacieron después del embargo, están cansados.
¿Cómo podemos decir que el socialismo ha fracasado o no ha funcionado, si no dejan que Cuba viva en paz y siga su propio camino, el camino que escogió la revolución, como lo exige la autodeterminación de los pueblos?
Cuba es un símbolo de resistencia y libertad frente al imperialismo estadounidense. Como la aldea de Astérix y Obélix, de los indomables galos que resistieron la invasión romana en el año 70 d. C.
Trump quiere destruir el simbolismo que representa para todos los que luchamos y soñamos por otro mundo posible y necesario. Un mundo donde no haya explotación del hombre por el hombre y los medios de producción estén al servicio del bien común.
En estos momentos debemos ayudar a este heroico pueblo con toda la asistencia necesaria, desde alimentos, medicinas, víveres, materiales escolares, semillas nativas y mejoradas, y exigir al gobierno que proporcione combustible, fertilizantes y materiales tecnológicos.
En este momento crítico que vive el pueblo y su revolución, es momento de reafirmar nuestra solidaridad y fortalecer nuestra convicción en el socialismo. La caída del último bastión de la libertad y el socialismo, su declive, el colapso de una alternativa popular al capitalismo y la extrema derecha.
Es necesario poner fin a la ofensiva imperialista contra los países que reafirman su soberanía nacional.
La solidaridad con el pueblo cubano es un deber imperioso para todos los pueblos de América Latina y del mundo.

