Sobre la felicidad -- Antonio Zugasti

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

EE.UU, el país que se considera más avanzado científicamente, es totalmente sordo a los repetidos avisos de los científicos sobre el cambio climático y la imposibilidad de mantener esta civilización consumista. No solo no hay proyectos para abordar este problema, sí no que los principales productores de combustibles fósiles del mundo (desde EEUU a Rusia pasando por Arabia Saudí, Brasil, India y hasta casi una veintena de países) prevén aumentar todavía más su producción.

¿Qué hay en el interior de los seres humanos para que, no sólo en EEUU, cerremos los ojos a una realidad que nos interpela apremiantemente? Nos interpela diciendo que es imprescindible contener el calentamiento global para que no pase de 1,5ºC al final de este siglo. Superar esa cifra provocaría unos cambios que harían muy problemática la continuación de la vida humana en el planeta Tierra. Y, desde luego, imposible nuestra actual forma de vida.

¿Qué nos empuja a volver la espalda a esa realidad y caminar tranquilamente hacia el desastre? López Aranguren, catedrático de ética y sociología, nos dice que los seres humanos ante lo único que no somos libres es ante la propia felicidad. Reflexionando sobre la felicidad, hace dos mil años que Lucio Anneo Séneca escribió: “Todos quieren vivir felizmente, hermano, pero al considerar qué es lo que produce una vida feliz caminan sin rumbo claro. Pues no es fácil conseguir la vida feliz, ya que uno se distancia tanto más de ella cuanto más empeñadamente avanza, si es que se da el caso de haber equivocado el camino”

Hoy el capitalismo, la cultura, la mentalidad capitalista, nos asegura que sí hay un rumbo claro para conseguir la felicidad: una gran riqueza que nos ofrece placeres sin cuento y un consumo inagotable. Esta mentalidad –alimentada por el aproximadamente billón de dólares que se invierten cada año en publicidad- lleva por un camino equivocado: la riqueza no garantiza la felicidad, los millonarios raramente se consideran satisfechos, y luchan para llegar a multimillonarios. Y lo más importante: es lo que nos lleva a esa situación insostenible de la que nos advierten los científicos.

La realidad es que una persona se siente feliz cuando se encuentra a gusto tal como está, con lo que tiene, no aspira a cambiar su vida en ningún aspecto. Consume sólo lo que necesita para mantenerse en ese estado. Vamos, una ruina para una economía basada precisamente en el consumo, que necesita fomentar la insatisfacción con lo que tenemos para que consumamos más y más. Pero lo que vemos es que una sociedad consumista es una sociedad insatisfecha porque siempre aspira a algo más. Y si alguien en un momento dado se encuentra suficientemente satisfecho, la publicidad se lanza sobre él, ponderando todas las maravillas que podría tener y todavía no tiene. El capitalismo no nos quiere satisfechos.

Teniendo en cuenta que no podemos renunciar a la búsqueda de la felicidad, tendremos que explorar otros caminos